Placer Y Trabajo
- Автор: D'alessandro. Jaquie
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Placer Y Trabajo». Краткое содержание книги:
Los ejecutivos de publicidad Matt Davidson y Jilly Taylor tenían dos cosas en común: ambos odiaban perder y se deseaban el uno al otro. Pero ninguno de los dos estaba dispuesto a arriesgar el ascenso por rendirse a la atracción que sentían. No contaban con que su jefe les encargara llevar la misma cuenta… y dormir en el mismo hotel. Aquello estaba al rojo vivo, tanto laboral como sentimentalmente, y pronto se dieron cuenta de que no podían centrarse en el trabajo…
Después, Matt dio un paso adelante, la alzó en brazos y la recostó sobre la cama. Se arrodilló frente a ella y suplicó:
– Abre las piernas, Jilly. Déjame tocarte y disfrutar de tu sabor.
Con el corazón a punto de estallar, ella separó las piernas. Lo observó excitarla con los dedos, acariciarla lentamente con movimientos que la impulsaban a arquear las caderas y a rogarle en silencio que siguiera. Sintió cómo le besaba, lamía y mordía la cara interior de los muslos. Se rindió al placer del momento y disfrutó de la visión de su cabeza entre sus piernas, del roce de la barba contra la piel y de las cautivadoras caricias en el centro de su ser.
Cuando él le aferró las nalgas y la empujó contra su boca, Jilly soltó un largo gemido de satisfacción. Luego dejó caer el peso de su cuerpo sobre la espalda, cerró los ojos y se deleitó con la increíble sensación de la lengua, los labios y los dedos de su amante, acariciándola por dentro y llevándola al borde de la locura. Un intenso orgasmo convulsionó su cuerpo y, mientras temblaba con agitación, murmuró el nombre de Matt entre gemidos.
Él levantó la cabeza y disfrutó al verla retorcerse de placer. Con el sabor del sexo de Jilly en la boca, se incorporó y se apuró a desvestirse. Después de ponerse un preservativo, se inclinó sobre ella.
– Mírame, Jilly -dijo.
Ella abrió los ojos lentamente. Cuando sus miradas se encontraron, con un rápido movimiento, él se introdujo en el calor y la suavidad del sexo de su compañera. Le sujetó las muñecas y comenzó a moverse acompasadamente contra ella. Jilly lo miró con los ojos cargados de renovada pasión. Él la besó con labios, dientes y lengua. La boca de Matt se movía al ritmo de sus caderas. Se concentró en cada uno de los matices del cuerpo de Jilly, en cada curva, cada gesto y en la adorable humedad que lo envolvía.
Sintió que la tensión iba en aumento e interrumpió los besos para tratar de prolongar el placer. Pero perdió la batalla cuando ella le rodeó la espalda con las piernas y gimió su nombre.
– Matt…
Él decidió acelerar el ritmo y, unos segundos después, flexionó los brazos, apoyó la cara en el pecho de Jilly y se estremeció. Entre jadeos y estertores, gritó el nombre de su amante.
Jilly…
Pasó un largo minuto antes de que pudiera levantar la cabeza. Cuando lo hizo, descubrió que Jilly lo miraba con una expresión grave en los ojos. Sin duda, se estaba preguntando lo mismo que éclass="underline" ¿cómo harían para olvidarlo todo cuando volvieran al trabajo al día siguiente?
Matt quiso hacer alguna broma al respecto, pero no pudo. Seguía dentro de Jilly, podía sentir los latidos del corazón contra su pecho, todavía estaban tomados de la mano y ella seguía con las piernas abrazadas a su cadera. Definitivamente, no podía hacer bromas sobre el tema.
– Ha sido increíble -suspiró ella, tratando de sonreír-. Y bien, ¿cuál es el siguiente plato del menú de postres?
– Puedes tener todo lo que quieras.
Ella lo miró con detenimiento.
– Es la segunda vez que me lo dices.
– Es que sigues sin reclamar el premio por haber ganado la pelea en la nieve.
– No lo he olvidado. Sólo estoy esperando el momento perfecto
Matt se movió dentro de ella y ronroneó complacido.
– Esto es lo que yo llamo un momento perfecto -murmuró.
– ¿Existe alguna limitación temporal para mi premio?
– No.
– Genial. En ese caso lo postergaré hasta que cambies tu coche por un jaguar descapotable.
– Creo que estás olvidando la cláusula que se refería a que los premios debían estar dentro de lo razonable.
– Puede ser -reconoció ella, entre risas-. Ahora bien, en cuanto a la oferta de postres… acabo de tener un antojo.
Él inclinó la cabeza y le recorrió el labio inferior con la lengua.
– Si es algo parecido a lo que se me ha antojado a mí, encantado de complacerte. ¿Dime qué deseas?
– Quiero que llenemos la bañera con agua caliente -declaró Jilly-, que conectemos el hidromasaje y que, mientras disfrutamos del baño, comamos esas frutas deliciosas y bebamos el vino. ¿Qué opinas?
Opino que queremos las mismas cosas.
Capitulo 11
Jilly despertó lentamente. Estaba recostada de costado y las mantas la tapaban hasta el cuello. Abrió los ojos, miró el reloj y vio que eran las 11.43. Gracias a las gruesas cortinas de terciopelo, la habitación permanecía a oscuras. De todas maneras, no necesitaba ver, sólo sentir.
Matt dormía abrazado a ella, con las piernas presionadas contra sus muslos y una mano abierta sobre el seno derecho. Respiraba pausadamente contra su nuca y, al hacerlo, le rozaba los hombros con el vello del pecho.
Jilly cerró los ojos y se deleitó con la sensación del calor de su amante recostado a su espalda. Cientos de imágenes de la noche anterior volvieron a su mente. Sabía que algunas de esas imágenes la perseguirían durante mucho tiempo. Recordó una escena en la bañera, Matt y ella alimentándose el uno al otro con uvas y fresas, bebiendo vino y haciendo el amor mientras el agua caliente burbujeaba a su alrededor. También se acordó de cuando regresaron a la cama y pelearon por los bombones que habían comprado en la tarde. Estaba casi convencida de que los fabricantes jamás habrían imaginado que alguien pudiera disfrutar de sus golosinas como ellos dos.
Habían pasado toda la noche riendo, charlando y haciéndose el amor hasta caer rendidos de cansancio. Pero la llegada del lunes señalaba el final de su romance.
Aquella era la última vez que Matt la abrazaría de esa forma. La última vez que ella sentiría el calor de su piel. Le dolía el pecho de solo pensarlo. Se preguntó si acaso él lamentaría la pérdida tanto como ella. Cuando pensaba que al día siguiente tendría que verlo en la oficina y pretender que nada había pasado, Jilly tenía ganas de llorar. No podía precisar si Matt estaba tan angustiado como ella o si sería capaz de olvidar la intimidad que habían compartido y volver a la relación de siempre. Había gestos que la hacían dudar. La intensidad con la que la miraba, cómo la tocaba y la pasión con la que le hacía el amor permitían pensar que a él le pasaba algo parecido. No había hecho ningún comentario, pero los ojos le brillaban con una emoción particular.
Jilly no se había atrevido a preguntar. Le aterraba que la respuesta fuese negativa porque entonces se sentiría una idiota que había permitido que una aventura de fin de semana le tocara el corazón. Y si decía que sí, que no soportaba la idea de tener que separarse, la situación no sería más fácil. No podían permitirse anhelar una relación de otro tipo porque una vez que Jack Witherspoon eligiera una de las propuestas, Matt se convertiría en su jefe, o ella en la jefa de Matt. En esas circunstancias, una relación entre compañeros de trabajo estaba fuera de discusión. Además, tenían personalidades muy distintas. Matt quería controlarlo todo y ella odiaba que se entrometieran en sus asuntos. Eran diferentes y, además, competían por un mismo puesto. Definitivamente, debían poner punto final a su historia.
En cuanto ese pensamiento cruzó por la mente de Jilly, Matt se desperezó a su espalda. En silencio, le acarició los pezones. Ella se arqueó hacia atrás para apretarse contra él y ronroneó de placer.
– Buenos días, preciosa -le susurró Matt al oído.
– Buenos días, grandullón -murmuró ella y le acarició la cabeza-. Aunque la verdad es que casi es mediodía.
Jilly se sorprendió al ver que ya era la una de la tarde. No podía creer que hubiera pasado más de una hora entre cavilaciones y recuerdos.
Matt hundió la cara en el pelo de su amante e hizo lo imposible para tratar de olvidar que esa sería la última vez que la tocaría, pero no lo consiguió.
Acto seguido, le recorrió el torso con la mano y visualizó la piel de Jilly mentalmente. Las pecas que le decoraban el pecho; el pequeño lunar debajo del seno derecho y los bordes del ombligo. Le mordió la nuca con delicadeza y luego la lamió desde el cuello hasta los hombros.