Placer Y Trabajo
- Автор: D'alessandro. Jaquie
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Placer Y Trabajo». Краткое содержание книги:
Los ejecutivos de publicidad Matt Davidson y Jilly Taylor tenían dos cosas en común: ambos odiaban perder y se deseaban el uno al otro. Pero ninguno de los dos estaba dispuesto a arriesgar el ascenso por rendirse a la atracción que sentían. No contaban con que su jefe les encargara llevar la misma cuenta… y dormir en el mismo hotel. Aquello estaba al rojo vivo, tanto laboral como sentimentalmente, y pronto se dieron cuenta de que no podían centrarse en el trabajo…
Pero Jilly había demostrado ser extraordinariamente íntegra y no sólo se había ganado su confianza y admiración, sino que además le había robado el corazón. Sin embargo, sabía que era una situación muy delicada porque competía con ella en el trabajo; y en breve, uno de los dos se convertiría en jefe del otro.
Se dijo que aquello ya no era relevante. Se había enamorado de ella y no podía hacer nada salvo decir qué hacer al respecto. Estaba aturdido, pero había algo que tenía muy claro: quedarse en casa mientras ella salía con otro hombre era un completo desatino. Había llegado la hora de hacer planes.
Capitulo 12
Jilly se pasó el resto de la semana haciendo todo lo posible para dejar de pensar en Matt. Dedicó las horas de oficina a trabajar en varios proyectos que no requerían consultas entre compañeros. Permaneció en su escritorio y evitó acercarse al cuarto de descanso.
El miércoles por la mañana, se cruzó con Matt en varias ocasiones y en todas sintió que se le paraba el corazón. Por suerte, él paso gran parte del miércoles y todo el jueves reunido con clientes fuera de la oficina. Pero, por desgracia, no verlo no quería decir no pensar en él.
En lugar de volver a su casa después del trabajo, el miércoles y el jueves Jilly siguió yendo a bares con Kate. Bailó con banqueros y corredores de bolsa, charló con oficinistas y vendedores, y rió con abogados e ingenieros. A pesar de los esfuerzos, odió cada uno de los minutos que pasó en esos lugares.
Además, se torturaba a sí misma preguntándose qué estaría haciendo Matt mientras ella iba a los bares. Tal vez, estuviera haciendo lo mismo. Bailando con alguien más; tocando a alguien más o haciendo el amor con alguien más.
El viernes, Jilly estaba dispuesta a admitir la derrota. Se suponía que saldría con Kate y Ben a conocer un par de clubes nuevos, pero después de tres días saliendo, Jilly sabía que no podría soportarlo más. Había tratado de olvidar a Matt conociendo a otras personas, sin embargo, ninguno de los hombres con los que había estado le habían despertado el menor interés. Su plan para quitárselo de la cabeza y del corazón era un espectacular fracaso. El único hombre que le interesaba era Matt y era hora de que hiciera algo al respecto.
No sabía por dónde empezar. Pensar en la posibilidad de admitir sus sentimientos la horrorizaba. Seguramente, él huiría espantado si, de pronto, ella le decía que estaba enamorada de él. Pero como no había ninguna ley que le exigiera admitir todos sus sentimientos, podía limitarse a proponerle que siguieran con la aventura que habían iniciado en Long Island. El problema era que, si bien su cuerpo y sus hormonas se inclinaban por la segunda opción, su corazón le imploraba a gritos que dijera la verdad. En el fondo, sabía que involucrarse en un relación con alguien que no sentía lo mismo que uno era ponerse en peligro.
De pronto, sonó el teléfono; por los números que aparecían en el monitor del aparato, supo que se trataba de una llamada interna. Levantó el auricular y oyó la voz de su jefe que le pedía que se reuniera con él.
– Tengo novedades sobre el contrato con Jack Witherspoon y la campaña para ARC – dijo Adam.
Jilly colgó el teléfono y salió corriendo hacia el despacho de Adam. Estaba tan ansiosa, que sentía como si cientos mariposas le estuvieran revoloteando en el estómago. El tono amigable de Adam no le permitía saber si las noticias eran buenas o malas. Pero, en cualquier caso, su vida y su carrera estaban a punto de cambiar.
Cuando llegó al escritorio de Debra, la secretaria sonrió.
– Pasa, Jilly, te está esperando.
Jilly estaba tan nerviosa, que le temblaban las piernas, pero a pesar de todo consiguió entrar en el despacho. Sin embargo, no esperaba lo que estaba a punto de oír.
– Jilly, siento tener que decirte esto, pero no has conseguido la campaña de ARC.
– Comprendo -dijo, intentando mantener la calma-. Me siento decepcionada, claro está, pero me alegro por Matt. Sé que hará un gran trabajo para ARC.
– No dudo que lo haría, pero él tampoco lo ha conseguido. Jack Witherspoon no os ha elegido a ninguno de los dos.
– ¿Qué has dicho?
– Que ha optado por otra empresa a pesar de todo lo que hemos hecho.
– No tiene sentido… ¿Se lo has dicho ya a Matt?
– No.
– ¿Y con quién van a firmar?
– Con la agencia Enterprise. Una mujer que procede de Opus, de Los Ángeles, les ha presentado un proyecto que les gusta más. Se llama Carol Weber.
Jilly se quedó helada al oír el nombre.
– ¿Carol Weber? ¿La conoces?
– Sí, la he conocido esta misma mañana. Me la han presentado.
– ¿Es una rubia alta y atractiva con una marca sobre un labio?
– En efecto. ¿Tú también la conoces?
– Por desgracia, sí. Obviamente sabía que Jack iba a estar allí y fue a intentar seducirlo.
– Cosa que hizo, supongo.
– Exactamente.
– Bueno, eso ya es agua pasada. Ahora hay otra cosa más importante: Millenium Airlines quiere cerrar un trato con nosotros y estoy buscando a alguien que se encargue de la campaña. El trabajo incluye una bonificación importante, por no hablar de los vuelos gratis. ¿Te interesa?
– Sí, por supuesto, pero creo sinceramente que le deberías dar esa cuenta a Matt.
– ¿A Matt? ¿Por qué lo dices? -preguntó sorprendido.
– Porque hará un gran trabajo. Es un magnífico profesional y ya tiene experiencia con líneas aéreas porque el año pasado trabajó con Global Airways. Además, me consta que sus ideas para ARC eran brillantes. Jack ha cometido un tremendo error.
– ¿Me estás diciendo que sus ideas eran mejores que las tuyas?
– Creo que tanto las suyas como las mías eran buenas, pero francamente las suyas me gustaban más. Tiene mucho talento. Y yo también, claro… Sin embargo, estoy segura de que él es más apropiado para esa campaña.
Adam entrecerró los ojos.
– ¿Ha pasado algo durante el fin de semana, Jilly?
– No, en absoluto. Sencillamente creo que es la persona adecuada, nada más. El noventa y nueve por ciento de las veces creo que yo soy la persona más adecuada. Pero en este caso, creo que deberías dárselo a él.
– Bueno, tomaré en consideración tu consejo.
Adam se levantó, en inequívoco gesto de que la reunión había terminado, y Jillian salió del despacho y se dirigió rápidamente a los ascensores. Tenía una reunión con un cliente en media hora, pero sus pensamientos estaban muy lejos de la campaña que debía presentar.
Sólo podía pensar en Matt. Y estaba segura de que haría un gran trabajo con Millenium Airways.
Cuando Jilly dejó a su cliente, eran las seis en punto. Sólo estaba a tres manzanas de la estación Penn y decidió volver directamente a casa en lugar de regresar al trabajo. Estaba cansada y había cancelado su cena con Kate.
Durante el trayecto en tren, no dejó de pensar en su amante. Todavía no podía creer que hubiera renunciado a la oferta de Adam para dársela a Matt, pero había sido sincera al decir que era más apropiado para aquella campaña.
Unos minutos después, ya había descendido del tren y caminaba lentamente hacia su pequeña casa de Cape Code. Nevaba suavemente, lo que le recordó de inmediato la batalla de nieve con Matt. Y justo entonces, poco antes de llegar, divisó a lo lejos la inconfundible silueta de su deportivo negro.
En cuanto llegó a su altura, una de las portezuelas se abrió y Matt se plantó ante ella. Llevaba un abrigo negro, un pañuelo y una bolsa marrón. Y estaba tan atractivo, que lo habría devorado a besos allí mismo.
– Vaya sorpresa -dijo ella.