Vidas soñadas
- Автор: Филдинг Лиз
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Vidas soñadas». Краткое содержание книги:
Pero cuando en su huída Mike se encontró con Willow en una gasolinera de la autopista, se dio cuenta de que se amaban y de que tendrían que solucionar sus problemas en vez de salir corriendo. No sabía cómo, pero Mike tenía que recuperar a su novia, convencerla de que estaban hechos el uno para el otro… y esta vez esperarla en el altar.
– No podía.
– ¿Es que no has aprendido nada? Los secretos son corrosivos. Se comen una relación hasta que no queda nada.
Willow murmuró algo que Mike no entendió.
– ¿Qué has dicho?
– Que me daba vergüenza.
– ¿Vergüenza? ¿Y por qué te daba vergüenza?
– Estaba dispuesta a echarlo todo por la borda… -empezó a decir ella. Tenía las mejillas coloradas, pero el resto de su cara era de una palidez preocupante-. El hombre al que quiero, mi trabajo en un periódico estupendo, un periódico con corazón, y todo por un salto adelante en un periódico asqueroso que no vale nada…
– Willow, por favor…
– Tú me lo advertiste, pero yo creí que era más lista. Ahora sé que no -murmuró ella, secándose las lágrimas-. Mi orgullo ha hecho que me equivocara…
– No aceptar la propuesta del Globe es un gesto muy valiente, Willow. No esperaba menos de ti.
– ¿De verdad? ¿Y quién va a contratarme ahora? Quería irme del Chronicle porque no me parecía suficiente y ahora no sé si alguien va a tomarme en serio…
– Yo te tomo en serio -la interrumpió él-. Muy en serio. El puesto en el Chronicle sigue siendo tuyo.
– Nunca se debe volver atrás. Es un error. Además, Julie estaba deseando quedarse con mi puesto desde que anunciamos la boda.
– ¿Por qué? Tú no le dijiste a nadie que pensabas marcharte.
– Ella asumió que después de casarme no seguiría trabajando porque me quedaría embarazada inmediatamente.
– Ah, eso. Pues sería muy grosero por tu parte decepcionarla -sonrió Mike. Willow levantó los ojos, esperanzada. ¿Estaba diciendo lo que ella creía que estaba diciendo?-. Entonces, habrá que buscar otro sitio para ti.
– Sí, ¿pero dónde?
Era una crueldad tomarle el pelo, pensó Mike. Especialmente cuando había visto todo lo que necesitaba ver en esa mirada.
– Hay otro puesto vacante en el Chronicle. Y uno de los dos debería tener un trabajo serio, ¿no crees?
– ¿Qué puesto?
– Mi padre sigue buscando a alguien que ocupe su lugar.
Willow se puso rígida.
– ¡Tú no! ¡No puedes hacer eso, Mike! ¡Prométeme que no lo harás!
Él se puso la mano sobre el corazón.
– Tienes mi palabra. Pero entonces solo hay otra persona que pueda hacerlo.
– ¿Quién?
– Tú, cariño.
Willow lo miró, incrédula.
– Pero… yo no sé nada sobre cómo dirigir un periódico.
– Sí lo sabes. Y lo probaste ayer. Lo primero que hay que tener es corazón. Cualquier persona puede llevar la contabilidad y el resto son pequeños detalles. Mi padre estará encantado de quedarse hasta que los conozcas todos.
– ¿Has hablado con él?
– Hace una hora.
– ¿Y de verdad cree que yo…,? Pero, Mike, tu padre quería que el periódico siguiera siendo de la familia… No, ahora lo entiendo. Tu padre cree que así volveremos a estar juntos…
– Es posible -dijo Mike. Su padre, después de todo, era un romántico incurable-. Debería haber imaginado que tú te darías cuenta de la estrategia -añadió, tomando su cara entré las manos-. Mi padre quiere que sea un Armstrong quien dirija el periódico, alguien que se lo deje a la próxima generación. Si quieres el trabajo, cariño, me temo que tendrás que casarte conmigo.
Willow miró aquella cara tan querida y vio las arruguitas alrededor de sus ojos, el hoyito que se formaba en su mejilla cuando reía.
– Michael Armstrong, esta es la proposición de matrimonio más horrorosa que nadie ha hecho nunca.
– Desde luego que sí -sonrió él-. Pero me da igual. ¿Cuál es tu respuesta?
– No podría ponerse por escrito. ¿Por qué no empezamos otra vez?
– ¿Quieres casarte conmigo?
– Sí -contestó Willow-. Por favor.
– Qué niña tan educada. Tu madre se sentiría orgullosa de ti -rio Mike. Ella respondió con una palabra que haría que su madre se desmayase-. Vale. Ahora que está decidido, será mejor que vuelvas a ponerte esto -añadió, sacando el anillo del bolsillo de la camisa.
– Creo que deberías besarme antes de que me ponga a llorar.
– Pienso hacer mucho más que eso, cariño. Pero hay una cosa más que tenemos que solucionar. Sobre la boda.
– ¿No podríamos escaparnos?
– Eso ya lo hemos hecho. He pensado que el sábado podríamos celebrar una doble ceremonia.
– ¿El sábado? ¿Con Crysse y Sean? Pero…
– Tus padres y los míos llegarán mañana por la mañana. Tu madre traerá tu vestido. Sean y yo hemos pasado toda la mañana arreglando el papeleo.
Willow abrió la boca, pero no pudo decir nada.
– Tú… Lo hiciste antes de saber nada sobre el trabajo, ¿verdad?
– El optimismo es herencia familiar.
– Me encanta el optimismo. Y te quiero, Michael. Viviría contigo en una choza, comiendo pan y cebolla.
– Mejor no. Pero podemos vivir en mi casa durante un tiempo -sonrió él, besándola suavemente en los labios-. Hasta que la maternidad nos obligue a buscar un sitio más grande…
– ¿Maternidad?
– ¿Eso no te lo había dicho? No solo tendrás que dirigir el periódico, también tendrás que suministrar una nueva generación.
– Parece que voy a estar muy ocupada.
– Cuenta con ello. Pero no te preocupes. Yo estoy encantado con ayudar en esa parte del plan.
– Eso no suena mal. Pero cuando dices eso de buscar un sitio más grande…
– Cuando digo grande, me refiero a algo suficientemente grande. Para nosotros, la próxima generación, los juguetes, los peces de colores…
Aquella vez, cuando la besó, Mike dejó bien claro que el momento de hablar había terminado.
Willow y Mike y Crysse y Sean se colocaron bajo un cenador blanco cubierto de flores tropicales. Sin damas de honor y como invitados, solo sus padres y algunos clientes del hotel que decidieron ir a echar un vistazo.
Hubo muchos brindis y en cuanto pudieron escaparse, Mike llevó a Willow a dar un paseo por la playa, descalzos a la luz de la luna, sus pantalones de color crema subidos por encima de los tobillos, el vestido blanco de ella rozando la arena.
Cuando llegaron al muelle, Mike la llevó hasta un bote.
– ¿Nos vamos?
– ¿Dónde? -preguntó Willow, sorprendida.
Mike la besó suavemente en los labios antes de tomarla en brazos.
– Una boda doble está muy bien, cariño, pero no tengo intención de compartir mi luna de miel con nadie. He alquilado un chalé en la costa durante dos semanas.
– Pero…
– ¿Alguna objeción?
– No, es solo que… bueno, voy a necesitar algo más que el traje de novia…
– ¿Ah, sí? -sonrió él-. ¿Para qué?
Willow sacudió la cabeza, riendo cuando vio las maletas dentro del bote.
– Estás empezando a ser un maestro en esto de las escapadas.
– Estoy mejorando. Pero esta vez, el novio y la novia se escapan juntos.
Mike la estaba mirando a los ojos y ella tuvo que contener el aliento.
Willow levantó una mano y acarició la cara del hombre.
– Juntos es la palabra más bonita que conozco -murmuró, acercando su boca a la de su marido-. No creo que haya ninguna mejor.
Liz Fielding