Vidas soñadas
- Автор: Филдинг Лиз
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Vidas soñadas». Краткое содержание книги:
Pero cuando en su huída Mike se encontró con Willow en una gasolinera de la autopista, se dio cuenta de que se amaban y de que tendrían que solucionar sus problemas en vez de salir corriendo. No sabía cómo, pero Mike tenía que recuperar a su novia, convencerla de que estaban hechos el uno para el otro… y esta vez esperarla en el altar.
– Lo intentaré -sonrió Mike, besándola de nuevo en la frente-. Buenas noches, cariño. ¿Has llamado a tu madre para decir que has llegado bien? Sigo teniendo tu móvil en la bolsa de viaje.
Los móviles habían tenido que pasar por el aparato de rayos X del aeropuerto y después, Mike los había guardado distraídamente en su bolsa.
– No hace falta -dijo Willow-. La llamé desde el teléfono de mi habitación nada más llegar.
Quizá era porque habían pasado varios días desde la última vez que durmió en una cama de verdad o quizá su mente se apiadó de ella y dejó de darle vueltas a todo, el caso es que Willow se quedó dormida en cuanto puso la cabeza sobre la almohada.
Se despertó al escuchar un golpe en la puerta, la luz del amanecer tiñendo el techo de color dorado.
– ¿Willow, estás despierta?
Willow no se movió, con los ojos cerrados, pensando en nadar con Mike, sus cuerpos rozándose, tocándose… preguntándose cómo podría soportarlo.
Si no contestaba, se marcharía. Quizá eso sería lo mejor.
Mike esperó un momento. Si Willow estaba dormida, no quería molestarla. Pero algo le decía que estaba despierta. Y triste. Que él había vuelto a estropearlo todo.
Hasta aquel momento, no había dudado de que ella lo amara. Aunque no había acudido a la iglesia, no había sido porque no lo quisiera. Pensó que mantener las distancias sería lo mejor, que una vez que viera a Crysse su entusiasmo por la boda volvería a aparecer.
Quizá se estaba engañando a sí mismo. El día anterior, en el avión, Willow había dejado claro con su actitud que no quería hablar del trabajo en el Globe. Quizá la idea de lo grande que iba a ser, del salto que iba a dar en su carrera, la había hecho pensar.
¿Estaría esperando hasta que Crysse y Sean estuvieran casados para decirle que no tenían futuro?
Mike se dio la vuelta. Quizá era el momento de que él pensara también. Que dejara de jugar y le dijera que ella era más importante que ninguna otra cosa en el mundo. Que quisiera lo que quisiera, a él le parecía bien.
Mientras siguiera queriéndolo.
– ¿De verdad no lo sabe?
Habían pasado toda la mañana arreglando los papeles para la boda. Sean lo había hecho unos días antes, de modo que sabía qué hacer.
– No. Y por favor, no se lo digas a Crysse. Estoy empezando a pensar que esto ha sido un error. Si sale mal, prefiero que Willow no sepa nada.
– ¿Y no crees que se dará cuenta cuando lleguen vuestros padres?
– Van a alojarse en otro hotel.
– He estado en fiestas sorpresa, pero una boda sorpresa es algo arriesgado. ¿Cuándo piensas decirle a la novia que va a ser una boda doble?
Mike había pensado que sería fácil una vez que estuvieran en Antillas. Pero empezaba a pensar que iba a necesitar algo más que unas palmeras y un sol brillante para conseguir su objetivo.
– Había pensado dejar que descansara un poco antes de sacar el tema.
– En otras palabras, que me meta en mis cosas.
Mike negó con la cabeza.
– Estás dejando a un lado parte de tus vacaciones para ayudarme con el papeleo… así que también es cosa tuya. Y en este momento, agradecería cualquier sugerencia.
– Yo tenía una playa a la luz de la luna y la seguridad de que Crysse iba a decir que sí.
– Qué suerte.
– Sí. Y espero que tú también la tengas. Ahora solo nos falta ir al mercado y comprar un par de peces enormes para convencer a las señoras de que hemos estado de pesca toda la mañana.
– ¿Y no podemos decirles que volvimos a tirarlos al agua?
Sean sonrió.
– A los pescadores les gusta presumir, Mike.
– Es posible que tengas razón -suspiró él. En ese momento, su móvil empezó a sonar-. Será mi padre para preguntarme qué vuelo deben tomar.
Mike apretó el botón antes de darse cuenta de que no era su móvil el que estaba sonando. Cuando se dio cuenta de que era el de Willow, escuchó una voz de hombre.
– ¿Willow?
– No, Jake. Soy Mike Armstrong. ¿Te importa decirme…?
– ¡Mike! Estupendo. Dile a Willow que todo está arreglado. He llevado a la tía Lucy a casa de unos amigos, así que no hay por qué asustarse.
– ¿Asustarse de qué?
– ¿No te lo ha contado?
– Hemos estado muy ocupados. ¿Por qué no me explicas de qué no hay que asustarse? ¿Y para qué llamas a Willow?
– ¿Vas a contarme qué pasó?
Había sido fácil entretener a Crysse mientras estaban de compras, pero con el traje de novia colgado en el armario y sentadas frente a la piscina, su prima no iba a darse por vencida.
Pero no pasaba nada.
Willow había tenido mucho tiempo para pensar qué iba a contarle. El relato hilarante del encuentro en la carretera duró casi una hora. Y después, que a los dos se les hubiera ocurrido esconderse en la residencia…
Su prima reía, pero no parecía muy convencida.
– Vale, esa es la versión para el público. Cuando tengas ganas de contarme qué ha pasado de verdad, dímelo. Siempre tendré dispuesto mi hombro para que llores en él -dijo Crysse-. ¡Ay! ¿Qué es eso?
Sean había aparecido por detrás, con un enorme pez en la mano.
– Un pez. Podemos cocinarlo para cenar.
– Ni lo sueñes.
– ¿Dónde está Mike? -preguntó Willow.
– Dándose una ducha. Y ahora que os he enseñado lo que hemos pescado, yo pienso hacer lo mismo.
– Muy bien. Pero la próxima vez compra el pescado en la tienda -sonrió Crysse.
– Me parece que yo también voy a darme una ducha -dijo Willow-. Y después me echaré un poco. Estoy cansada.
– Se lo diré a Mike. Aunque a lo mejor, no hace falta. Supongo que sabrá que estás intentando evitarlo.
– No estoy…
– Por favor, Willow. Hazte la tonta, pero conmigo no te vale -la interrumpió su prima, mirándola por encima de las gafas de sol.
Willow entró en su habitación y se apoyó en la puerta. Había subido corriendo para no encontrarse con Mike y estaba sin aliento. No quería enfrentarse con él. Todavía.
La habitación era fresca y las cortinas se movían con la brisa del mar. Willow frunció el ceño. Ella no había dejado la terraza abierta.
– Mike…
– Willow -respondió él, tumbado en la cama, con las manos detrás de la cabeza.
– ¿Cómo has entrado aquí?
– ¿Eso importa?
– No, supongo que no. Creí que estabas duchándote.
– Eso es lo que le dije a Sean. Quería comprobar si estaba siendo paranoico o de verdad me estabas evitando. Ahora lo sé. ¿Por qué no me lo contaste?
– ¿Contarte qué?
– Esta podría ser una conversación muy larga. O muy corta. ¿Podríamos intentar la versión corta, ya que hay tanto que decir?
– Mike…
– Te lo pondré fácil. Yo hago las preguntas y tú me das las respuestas. Háblame del trabajo en el Globe.
– Tú sabes…
– O quizá debería decir que no tienes trabajo. Que le dijiste a Toby Townsend lo que podía hacer con su precioso trabajo cuando te percataste de lo que tendrías que hacer.
Willow empalideció.
– ¿Con quién has hablado?
– Con Jake. Esta mañana, contesté una llamada de tu móvil por error… -iba a decir «desgraciadamente», pero lo pensó mejor. Bajo su punto de vista, había sido un error muy afortunado-. Quería decirte que la tía Lucy está fuera del pueblo.
– Menos mal.
– Y ahora viene la pregunta número dos -dijo Mike, saltando de la cama-. ¿Por qué no me lo habías contado? ¿Por qué no me habías dicho lo del Globe? ¿Lo de la tía Lucy? -preguntó, acercándose a ella. Willow dio un paso atrás y se chocó contra la pared.
Mike alargó la mano para acariciar su pelo, apartándolo de su cara, dejándola expuesta, vulnerable. Willow no podía esconderse.