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Электронная книга - «Vidas soñadas». Краткое содержание книги:

Willow y Mike no podían saber quién de los dos se sentía más aliviado después de dejarse plantados en el altar el uno al otro. Después de pensarlo fríamente, se decidieron por sus carreras profesionales y dejaron la boda a un lado…
Pero cuando en su huída Mike se encontró con Willow en una gasolinera de la autopista, se dio cuenta de que se amaban y de que tendrían que solucionar sus problemas en vez de salir corriendo. No sabía cómo, pero Mike tenía que recuperar a su novia, convencerla de que estaban hechos el uno para el otro… y esta vez esperarla en el altar.
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Tenía que descubrir que lo más importante era lo que había en su corazón.

Mike sacó su móvil y marcó un número.

– ¿Papá? Soy Mike. Perdóname…

– ¿Qué tal ha ido?

Mike la había llamado al Globe para decirle que no volviera a la residencia y se encontrase con él en el aeropuerto de Heathrow. Él mismo había ido a buscar sus maletas y los pasaportes.

– No sé. Ha sido un día frenético, extraño.

Las oficinas de El Globe estaban situadas en una especie de enorme almacén, lleno de mesas y de gente. Un sitio en el que no cabría un gato. En el Chronicle tenían un gato. Vivía en la oficina y todo el mundo lo mimaba.

– Era de imaginar.

– ¿Por qué nos vamos tan pronto? La boda es el sábado y Emily nos necesita.

– Es el único vuelo que he podido conseguir -dijo Mike-. No te preocupes por Emily. Jake se ha apuntado para pintar y yo he obligado a Cal a que se presente voluntario. Ah, y Jake le ha dicho a la tía Lucy que lo de la entrevista tendrá que esperar un par de semanas.

– ¿Semanas? Creí que solo íbamos a Santa Lucía a pasar el fin de semana.

– Está muy lejos para ir solo un fin de semana y tú no empiezas en el periódico hasta el mes que viene.

– No…

– Le he dicho que la llamarías -la interrumpió Mike, colocando las maletas en la cinta-. Que la harás famosa. ¿O a Toby Townsend no le ha hecho mucha gracia el artículo sobre el pueblo?

Había estado interesado, muy interesado. No en el tema del pueblo, sino en las revelaciones de la tía Lucy sobre lo que había ocurrido en las camas de todos los vecinos durante medio siglo. Su ángulo era bien diferente del que Willow había pensado. Toby quería escándalos, secretos. Debía hacerse amiga de la anciana y sacarle todos los detalles. Sería como quitarle un caramelo a un niño. Desgraciadamente, nunca más podría volver a mirarse en el espejo.

Willow era incapaz de hacerlo.

– Los billetes, Mike.

– ¿Te pasa algo? -preguntó él.

– No -contestó Willow, sin mirarlo.

Se sentía incómoda. No le había dado el nombre del pueblo, pero había estado charlando con la secretaria de Toby durante el almuerzo y mencionó la residencia para huérfanos. El director de un periódico como el Globe no tardaría nada en descubrir dónde estaba. Y menos en encontrar a otra persona que hiciera el trabajo sucio.

Había creído que iba a trabajar en un periódico respetable, no en uno cuyo objetivo era sacar los trapos sucios de gente honrada.

Advertiría a Lucy, la pondría en guardia. No, eso era absurdo. La pobre mujer nunca lo entendería. Tenía que advertir a Jake. Él sabría qué hacer.

– Mike, tengo que ir al cuarto de baño.

– Ahora entiendo por qué tienes tan mala cara -sonrió él-. Nos veremos arriba, en el control de pasaportes -añadió-. ¿Willow?

– No te preocupes, cariño, no voy a salir corriendo Vamos a la boda de Crysse, no a la nuestra.

– Vaya, gracias.

Willow salió corriendo al cuarto de baño» buscó en su bolso el teléfono de Jake y marcó el número con manos temblorosas.

– ¿Willow? Creí que estabas de camino a las Antillas.

– Estaré en el avión en veinte minutos. Escucha, tengo que decirte algo.

Jake la escuchó sin interrumpir.

– No te preocupes. La tía Lucy necesita tomarse unas vacaciones y yo me encargaré de que lo haga. Y, por cierto, buena suerte en tu gran día.

– Gracias.

¿Su gran día?

Willow colgó, un poco sorprendida, pero dejó de pensar en el asunto.

En aquel momento, su problema era convencer a Mike de que no iba a rechazar la oportunidad de su vida por él.

Después de haberlo dejado en el altar, después de haber elegido su carrera… En realidad, no lo había abandonado porque él no estaba en la iglesia, pero eso había sido un golpe de suerte. Pero sí había abandonado a su familia, a los trescientos invitados y una tarta para quinientos.

Después de eso, a Mike le costaría trabajo creer que lo había abandonado todo por una anciana con la que solo había hablado durante diez minutos.

Tenía que convencer a Mike de que era Toby Townsend quien había cambiado de opinión. Que no quería contratar a una periodista cuya imaginación no iba más allá de un artículo sobre las cosas que pasaban en un pueblo.

Capítulo 9

– ¿Qué vas a ponerte?

Crysse, que no había parado de hablar durante una hora, llena de felicidad y llena de planes para la boda, se paró durante un momento. Estaba esperando la versión de Willow de lo que había ocurrido el sábado. Todos los detalles. Incluyendo cómo habían terminado juntos de nuevo. Y, si estaban juntos, por qué dormían en habitaciones separadas.

Su prima debería preguntarle eso a Mike. Había sido idea suya. Willow sospechaba que era una forma de decirle «cásate conmigo o duerme sola». Quizá esperaba que las cálidas noches tropicales la hicieran ponerse de rodillas.

Y ella ya estaba de rodillas. Ni boda, ni trabajo en el Globe.

Pero de ninguna forma pensaba aguarle la fiesta a Crysse. Ni arriesgarse a que le contara la verdad a Mike. Por eso evitaba el tema.

– ¿Te has comprado un vestido?

– Aún no. Quería esperar a que llegases. Me gustaría que fuéramos de compras mañana.

La feliz novia dejó que la distrajera, pero su mirada le decía que sería solo temporalmente.

– Estupendo. ¿Dónde ha dicho Sean que llevaba a Mike?

Los dos habían desaparecido en cuanto dejaron las maletas en la habitación.

– Habrán ido a alquilar un barco o algo así. Sean estaba loco por ir a pescar, pero a mí no me apetecía… -empezó a decir Crysse, mirando el reloj-. Pero seguro que ahora están en el bar, esperándonos.

– Qué bien. ¿Cuándo llegan la tía Grace y el tío Jack?

– El viernes… Mira, ahí es donde vamos a casarnos, en el cenador. ¿A que es precioso?

Unos segundos después, llegaban a la piscina, donde Sean y Mike las esperaban sentados en el bar.

– ¡Por fin! -exclamó Mike.

– ¿Todo preparado? -preguntó Crysse.

Sean le susurró algo al oído y su prima soltó una carcajada.

Willow se acercó a la balaustrada que daba al mar.

– ¿Cansada? -le preguntó Mike, acercándose.

– Un poco -contestó ella. Mucho, en realidad. Había intentado dormir en el avión, más para no tener que hablar con él sobre el trabajo en el Globe que por otra cosa. Pero el cansancio empezaba a hacer aparición.

– Come algo. Te ayudará a superar el cambio de horario.

– Ya.

– O quizá quieres estar sola.

– No… sí… Lo siento, Mike. Ha sido un día muy largo.

Él se inclinó para besarla en la frente.

– No te disculpes. Te despertaré al amanecer para ir a nadar.

– Eso suena bien.

Willow no se movió. No quería marcharse, quería estar con él. Pero no podía decirlo… Mike había elegido un mal momento para ponerse serio sobre las relaciones extra matrimoniales. Lo necesitaba tanto pero ¿cómo podía decirle que se casaría con él después de lo que había pasado?

– Seguramente, será la única oportunidad que tenga de ir a nadar. Crysse quiere que vaya con ella mañana a comprar el vestido.

– Muy bien.

– Y vosotros podéis ir a pescar.

– ¿A pescar?

– ¿No es lo que pensabais hacer mañana Sean y tú? Pero ten cuidado de no caerte por la borda.

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