Vidas soñadas
- Автор: Филдинг Лиз
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Vidas soñadas». Краткое содержание книги:
Pero cuando en su huída Mike se encontró con Willow en una gasolinera de la autopista, se dio cuenta de que se amaban y de que tendrían que solucionar sus problemas en vez de salir corriendo. No sabía cómo, pero Mike tenía que recuperar a su novia, convencerla de que estaban hechos el uno para el otro… y esta vez esperarla en el altar.
– Sí, pero…
– Cierra la puerta si no he vuelto cuando te marches. Tengo una llave.
No tenía tiempo para explicaciones. Era el momento de dejar de preocuparse. Sabía lo que debía hacer. Tenía que ir a buscar a su novia y decirle que la quería, que siempre la había querido. Y entonces quizá, ambos podrían empezar a crear un futuro en el que hubiera sitio para los dos.
La anciana del supermercado lo miró cuando entró por la puerta.
– ¿Puedo ayudarlo?
– Quiero hablar con Jacob Hallam.
– Lo siento, no está aquí. Acaba de marcharse.
– ¿Sabe dónde ha ido? -preguntó Mike, con el corazón encogido.
– A Londres. Tenía una reunión. Con esa moto suya llega a todas partes enseguida, pero me ha prometido no rebasar el límite de velocidad.
Mike pensó que nadie con una moto que puede llegar a los doscientos kilómetros por hora iría a noventa. Pero no desilusionó a la mujer.
– Ya.
– Volverá más tarde. Va a echarle una mano a esa jovencita pintando la casa.
– ¿A Willow?
– Ah, ¿usted también la conoce? Acaba de estar aquí hace un rato. Ya le he dicho que Jacob era muy problemático de jovencito, pero ha cambiado. Solo necesitaba una oportunidad…
– ¿Willow ha estado aquí?
– Pues sí. Va a escribir un artículo sobre el pueblo. Aunque hoy no tenía mucho tiempo de hablar, solo quería consultar la guía de teléfonos -dijo la mujer. La guía seguía abierta sobre el mostrador. Estaba abierta en la letra A y había una marquita de tinta azul donde Willow había puesto el bolígrafo.
Diseños Michael Armstrong. Maybridge.
Maybridge era un pueblo bullicioso con un parque temático y un hermoso casco antiguo.
Willow aparcó detrás de un edificio grande que tenía aspecto de antiguo hostal y había sido convertido en talleres y oficinas. ¿Era aquél el sitio?
Después de mirar el directorio con el nombre de los ocupantes, comprobó que el nombre de Mike no estaba allí. Willow se volvió hacia la recepcionista.
– Estoy buscando la empresa Diseños Michael Armstrong.
– Tiene que entrar por la parte trasera, cruzando el paso de carruajes.
– Gracias.
– Pero él no está. El taller está cerrado -le dijo la chica cuando se daba la vuelta. Willow asintió. Sabía que Mike no estaba allí.
Mientras se dirigía hacia la parte trasera su corazón latía como un tambor. Lo primero que vio fue un montón de flores. Cestas de flores de todos los colores en el patio, frente a una floristería. Rosas y lilas que daban color a toda la esquina.
En la otra había una boutique, una perfumería y una pequeña joyería.
Willow reconoció enseguida la mano que había diseñado el anillo de pedida que Mike le había regalado. Una banda de platino con un diamante en el centro. ¿Por qué no la había llevado allí, por qué no le había presentado a la persona que había hecho el anillo? ¿Qué estaba escondiendo?
Willow se volvió para enfrentarse con el misterio.
El otro lado del patio estaba totalmente ocupado por Diseños Michael Armstrong.
Se entraba a través de una puerta de doble hoja. Cerrada.
Willow se acercó y apoyó la cara contra una de las ventanas, sintiéndose excluida, descartada.
– ¿Puedo ayudarla? -Willow se volvió de golpe y se encontró con una joven rubia, cuya palidez era acentuada por su ropa negra-. Soy Amaryllis Jones -se presentó la joven, señalando la perfumería que llevaba su nombre al otro lado del patio-. La mayoría de la gente es amable y me llama solo Amy. Supongo que está buscando a Mike.
– Sí -contestó Willow.
No buscaba a Mike. Buscaba su alma, su espíritu.
– No sé cuándo volverá. Vine a decirle hola hace unos días, cuando vi la luz encendida, pero él no parecía tener ganas de hablar. Va a cerrar el taller -explicó la joven, con tristeza-. Tiene que encargarse del negocio de su padre porque se ha puesto enfermo. Además, va a casarse y creo que su prometida espera algo más grandioso que esto.
Aquello llegó directamente al corazón de Willow. Amy había dicho aquello como si cualquier mujer que deseara algo más que eso no se mereciera a Mike. Y quizá tenía razón.
– ¿Sabe si él vive aquí?
– Claro. Cuando Mike vino a vivir aquí solo era un establo, pero él lo convirtió en taller y apartamento.
– Si va a cerrar el taller, supongo que lo alquilará. Quizá sea lo que estoy buscando.
– Para eso tendría que hablar con el administrador…
– Ya que estoy aquí, no hay necesidad de molestar al administrador… ¿No tendrá usted la llave?
– Pues sí -sonrió la joven, sacando una llave del bolsillo-. Entre. Estoy segura de que le gustará.
Cuando entró, lo primero que llamó la atención de Willow fue un dibujo en la pared. Era el diseño de la mesa que Mike le había regalado.
– Esa fue la última pieza que hizo Mike. Ese hombre es un poeta de la madera.
– Sí, es verdad -murmuró Willow. Hubiera deseado llorar. ¿Cómo había podido hacer una cosa tan hermosa y regalársela sin decirle que la había hecho él con sus propias manos?
– Tiene una lista de espera para sus clientes. Tarda semanas en hacer cada mueble.
– Ya me imagino.
Ningún hombre que trabajara como él se haría rico jamás. Pero tampoco sería pobre… de espíritu. Willow miró alrededor. Aquel era su sueño y había estado dispuesto a abandonarlo por ella.
En aquel momento entendía por qué se había mostrado tan frío cuando le habló de la oferta de trabajo del Globe. Debió pensar que ella no daba nada, que solo pedía y pedía.
Si se lo hubiera contado…
Si ella lo hubiera sabido…
– Aquí está el taller, la oficina está al otro lado. Es muy grande. ¿Necesita usted mucho espacio? ¿A qué se dedica?
– ¿Cómo?
– Es pintora -la voz de Mike hizo que se volviera sobresaltada-. ¿Verdad, Willow?
Amy dejó la llave sobre la mesa y salió discretamente.
Mike estaba apoyado sobre la pared, con los brazos cruzados.
– ¿Me has seguido?
– Me mentiste sobre lo de ir de compras con tu prima -replicó él-. ¿Ya has visto suficiente?
Antes de que Willow pudiera contestar, Mike abrió una puerta que daba a una escalera de madera.
Willow quería subir. Sentía una enorme curiosidad, pero no se movió.
– ¿Cómo sabías que no iba de compras con Crysse?
– Tengo poderes.
– Me has seguido. ¿Por qué?
– Porque Crysse y Sean están en Santa Lucía.
– ¿Qué?
– Me dio pena echar a perder el viaje -sonrió Mike. No debería hacerlo. Aquella sonrisa se le subía a la cabeza como el champán-. Pensé que a tu prima le iría bien un viaje. ¿Te importa?
¿Importarle? Estaba sorprendida…
– No, claro que no. Es una buena idea.
– Entonces, ¿por qué me dijiste que ibas de compras con ella?
– Para ser alguien con poderes, haces demasiadas preguntas.
– Venga, dímelo.
– Tú querías venir de compras conmigo y yo quería… -Willow buscó un sinónimo de la palabra «espiar» que no sonase tan mal.
– ¿Investigar? -la ayudó Mike.
– Espiar es la palabra correcta.
– Ya veo -sonrió él-. Willow Blake, periodista de investigación.
– ¿Por qué no me lo habías contado, Mike?
– ¿Quieres que subamos? Vamos a tardar un rato.
Willow se dio la vuelta y miró de nuevo el diseño de la mesa colgado en la pared. No estaba segura de poder mantener la calma si seguía mirándolo. Se sentía tan infeliz, tan enfadada, tan triste. ¿Cómo podía Mike haberle escondido aquello?
– ¿Hiciste esa mesa especialmente para mí o es que se había quedado sin vender? -preguntó. No podía creer que aquella fuera su voz, tan fría, tan distante.
– No.
– ¿No qué?
– No la hice para ti. La hice antes de conocerte. Estaba terminándola cuando me dijeron que mi padre estaba en el hospital -contestó él, descolgando el papel de la pared-. Era un nuevo diseño. Solo le faltaba el barniz y cuando volví aquí la semana pasada pensé, ¿qué es una tarde robada a toda una vida? Así que la terminé para que no hubiera nada que me atase a este sitio.