Vidas soñadas
- Автор: Филдинг Лиз
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Vidas soñadas». Краткое содержание книги:
Pero cuando en su huída Mike se encontró con Willow en una gasolinera de la autopista, se dio cuenta de que se amaban y de que tendrían que solucionar sus problemas en vez de salir corriendo. No sabía cómo, pero Mike tenía que recuperar a su novia, convencerla de que estaban hechos el uno para el otro… y esta vez esperarla en el altar.
Willow bajó de la escalera y se quitó los guantes de goma.
– Voy a lavarme un poco.
Arriba, con la puerta del baño cerrada, sacó el móvil del bolso.
– Información.
– Necesito un número de teléfono. Maybridge, Michael Armstrong.
– ¿Tiene la dirección?
– No. Esperaba que me la diera usted.
– Lo siento, no podemos dar direcciones.
– Bueno, me conformaré con el teléfono.
Unos segundos después, Willow anotaba el número. No habría nadie en casa, por supuesto. Pero lo marcó de todas formas. Era un contestador automático.
– Diseños Michael Armstrong. El taller está cerrado por el momento, pero si deja su nombre y número de teléfono, me pondré en contacto con usted en cuanto sea posible.
Willow colgó, como si el teléfono la quemara.
Capítulo 6
¿Diseños Michael Armstrong? Willow se quedó mirando la pared, perpleja. ¿Qué clase de diseños eran esos? ¿Y para qué necesitaba un taller? ¿Se dedicaría a la arquitectura, al diseño de software"?
En lugar de conseguir respuestas, tenía más preguntas. Tenía que ir a Maybridge, tenía que…
Un golpe en la puerta la sobresaltó de tal modo que se le cayó el móvil al suelo.
– ¿Estás bien, Willow? Te he estado llamando.
– Sí, sí, estoy bien -contestó ella, guardando el móvil en el bolso.
Mike la estaba esperando en el pasillo.
– ¿Ocurre algo?
– No. ¿Por qué iba a ocurrir nada?
El hombre con el que había estado a punto de casarse tenía una vida que ella desconocía. ¿Qué había de raro en eso?
– Pareces un poco pálida. ¿Por qué no descansas un poco?
– Eso pienso hacer.
Mike intentó tomarla del brazo, pero Willow se apartó discretamente. Conocía bien aquel gesto, el roce de la mano del hombre, la mirada brillante, el beso en los labios para que olvidase todas las preguntas. Pero no aquella vez. Aquella vez, Mike iba a decirle la verdad. Willow pensaba exigirle que le dijera la verdad y después se mudaría al hostal del pueblo hasta que él terminara con las estanterías.
– Mañana tengo que ir a Londres para conocer a mi nuevo jefe y necesito algo de ropa. Esta tarde me voy de compras. A Maybridge.
– ¿Quieres que vaya contigo?
– ¿Estás ofreciéndome tus sabios consejos para que elija… un buen diseño?
Le hubiera gustado ponerse a gritar.
– Solo quería llevarte en coche. En el probador, te dejaré sola -sonrió Mike-. No, espera, he cambiado de opinión. No me importaría nada ayudarte con los botones…
– Gracias, pero ya no tienes ningún derecho sobre mis… botones. Además, tienes muchas cosas que hacer aquí. Crysse va a venir conmigo.
Era mentira, por supuesto.
– ¿Crysse? -repitió él.
– Claro. ¿Quién si no?
– Bueno, si eso es lo que quieres.
– Claro que sí. Y no te preocupes por la cena -dijo Willow rápidamente, mientras bajaba la escalera-. Comeré algo por el camino.
– Willow… -empezó a decir Mike-. Han sido dos días muy difíciles. No hagas nada que puedas…
– ¿Qué?
– Lamentar.
¿Lamentar? Mike creía que iba de compras. Si lo lamentaba, solo tendría que cambiar lo que no le gustase. Pero parecía tan tenso…
– No te preocupes. Creo que ya he demostrado mi capacidad para evitar las lamentaciones. Igual que tú.
– Lo digo en serio. Sé que te he hecho daño y haría lo que fuera para arreglarlo. Pero por favor, no hagas ninguna tontería.
Lo había dicho tan serio que Willow sacudió la cabeza.
– No te preocupes por mí, Mike. Necesito ir de compras. La única tontería que puedo hacer es comprarme una minifalda de cuero en lugar de un traje clásico.
– ¿De verdad?
– Respuesta equivocada. Deberías haber dicho: «Estarías guapísima con una minifalda».
– Estarías guapísima con una minifalda -dijo Mike-. Pero no compres nada de cuero negro.
– Nunca me pongo… -las palabras murieron en su boca cuando él acarició su mejilla con manos temblorosas. O quizá era ella la que temblaba cuando Mike la besó. Fue como el primer beso. Vacilante. Lleno de preguntas.
Así era. Pero diferente. Tierno y cariñoso, en lugar del beso desesperado, preludio de la pasión. Su boca era amante, el beso tenía una dulzura que la dejó al borde de las lágrimas.
– ¿Qué ha pasado? -demandó, parpadeando furiosamente cuando él se apartó, mirándola como si quisiera grabar sus rasgos en la memoria.
– Quería que recordases que lo que teníamos era especial.
Willow estuvo a punto de soltar una impertinencia, pero tenía la impresión de que estaban en mundos diferentes. El único punto que contacto que permanecía era ese beso.
– Sí, Mike. Era especial -dijo por fin.
Después, dándose cuenta de que los dos habían hablado en pasado, se dio la vuelta y entró en la cocina. Se había terminado. El viaje a Maybridge era una pérdida de tiempo. Pero aún así, tenía que saber. Willow tomó la sopa a pesar de tener un nudo en la garganta. Pero no pudo tomar pan. Mike también debía haber perdido el apetito porque apenas probó bocado.
Mike la observó desaparecer en el coche amarillo y después sacó el móvil del bolsillo.
– ¿Cal? ¿Has hecho lo que te pedí? -preguntó-. ¿Se han ido?
– Al final, sí. Crysse no estaba segura, pero Sean la convenció. ¿Dónde estás?
– Te llamaré más tarde -dijo Mike, antes de colgar.
No tenía ganas de hablar. Solo quería confirmar que Willow le había mentido. No iba de compras con Crysse. Hubiera deseado lanzar el móvil contra la pared, destrozar las estanterías, la pintura…
Eso se le daba bien. Destrozar las cosas, las esperanzas, los sueños. Aquella vez había conseguido hacérselo a sí mismo.
Y dolía mucho.
Había ido en busca de Willow con la loca idea de empezar de nuevo. Mostrarle cómo era en realidad, convencerla de que podrían conseguirlo si lo intentaban. Seguía queriéndola tanto que le dolía.
Pero en lugar de decírselo, la había dejado marcharse para pasar la tarde en brazos de un hombre cuyas tácticas de seducción eran tan tramposas como su cazadora de cuero negro.
Y lo peor estaba por llegar. Ella volvería más tarde, fingiendo alegría para disimular la tristeza que le producía lo que había hecho… o alegre y contenta como una gatita. Mike no sabía qué era peor. Le diría que había ido de compras, pero no había podido encontrar nada de su gusto.
Mike se pasó la mano por la cara. Quería recuperar el control de su vida, devolverle a Willow el control de la suya. Pero ella no había esperado, no le había dado tiempo. Willow no lo necesitaba. Quizá debería aceptar eso y marcharse antes de que volviera.
Willow entró en el supermercado. La tía Lucy tendría una guía de teléfonos. Tardó un rato. Jake le había advertido que a la anciana le gustaba hablar y era cierto. Pero después de prometerle que volvería otro día para charlar de lo divino y de lo humano, obtuvo la información que quería y consiguió escapar.
Mike se pasó el antebrazo por la frente. Llevaba media hora de frenética actividad, decidido a terminar el trabajo, decidido a olvidarse de Willow y lo que estaba naciendo en ese momento. Lo único que sabía era que no había ido de compras con su prima y que no estaría allí cuando ella volviera con los ojos brillantes.
Tomó una botella de agua y se la echó por la cabeza. Eso lo refrescó un poco.
Aquello era una locura. Él mismo se estaba volviendo loco. La había declarado culpable sin una sola prueba de que fuera a pasar la tarde con Jacob Hallam. Además del tonteo en el restaurante, además del hecho de que se hubiera encerrado en el cuarto de baño para llamar por teléfono…
Cuando Emily llegaba a la casa, Mike estaba entrando en su jeep.
– Tengo que salir -le dijo.