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Электронная книга - «Vidas soñadas». Краткое содержание книги:

Willow y Mike no podían saber quién de los dos se sentía más aliviado después de dejarse plantados en el altar el uno al otro. Después de pensarlo fríamente, se decidieron por sus carreras profesionales y dejaron la boda a un lado…
Pero cuando en su huída Mike se encontró con Willow en una gasolinera de la autopista, se dio cuenta de que se amaban y de que tendrían que solucionar sus problemas en vez de salir corriendo. No sabía cómo, pero Mike tenía que recuperar a su novia, convencerla de que estaban hechos el uno para el otro… y esta vez esperarla en el altar.
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Ella se volvió. Estaban solo a un metro. Era una tentación. Era igual que el día que Mike le había pedido que fuera a vivir con él, que se casara con él.

– Me equivoqué, Mike. Nadie puede tenerlo todo. Siempre hay que hacer algún sacrificio. Compartir tu vida con alguien requiere que se ponga todo el corazón y hay que estar preparado para dar más de lo que se recibe. Quizá es por eso por lo que Crysse sigue con Sean. Ella sí lo ama de verdad.

– Si te lo pidiera ahora, ¿qué dirías?

– ¿Pedirme qué?

– Que te cases conmigo, Willow. Los dos solos, con un par de testigos. Sin tarta ni nada.

¿Y sin decirle «te quiero y lamento mucho haberlo estropeado todo»? ¿Sin compromiso alguno?

El sol empezaba a ponerse en el horizonte. En el sofá, las marcas de sus cuerpos. El olor a madera…

Y Mike. Alto, fuerte, con el pelo dorado. Él era todo lo que Willow había soñado y sabía que si lo perdía su corazón se rompería en pedazos. Había estado tan segura de que era el hombre destinado para ella… Algo en su interior le decía que aún quedaba una llamita de esperanza. Pero si había aprendido algo era que querer decir que sí no es razón suficiente para hacerlo. Que su relación estaba construida sobre arena y tenía que ser reforzada. Con la verdad.

– No, gracias.

Quizá había tardado demasiado tiempo en contestar porque él no parecía convencido.

– ¿Es un no para siempre o un «me lo pensaré»?

– Es un «nuestras vidas corren paralelas y no pueden encontrarse» -contestó ella.

– ¿Quieres decir que tengo que esforzarme más?

Willow quería tener una carrera como periodista. Él quería hacer preciosos muebles en Maybridge. Tendrían que trabajar mucho para encontrar la forma de hacer que esas dos vidas convergieran. No iba a ser fácil. Seguramente, sería un desastre. Y quizá era mejor dejar las cosas como estaban.

– Quiero decir que los dos tendremos que esforzarnos.

– ¿Tenemos que decidir qué podemos dejar para poder estar juntos? -preguntó Mike.

Lo había entendido. Y los dos podían ver por qué aquello era imposible.

– Tengo que ir a comprar ropa para mi entrevista con Toby Townsend.

– Entonces, el trabajo en Londres no es negociable, ¿verdad?

– ¿Lo es Maybridge?

Pero Willow no quería que abandonase Maybridge, mientras a Mike que ella trabajase en Londres le parecía… imposible. Si el sacrificio no era igual, ¿no se sentiría engañado uno de los dos? Necesitaban tiempo para pensar.

– Por cierto, ¿qué tienes contra la ropa de cuero negro?

– ¿El cuero negro?

– Sí.

– Pensé que ibas a encontrarte con Jacob Hallam -suspiró él-. Por eso te seguí.

Estaba celoso.

De repente, Willow sintió que su corazón se calentaba por aquel hombre grande y solitario que había intentado cambiar su vida por ella. ¿Cómo podía haber dudado de su amor? Aquello no era arena. Era una roca.

Pero no pensaba decírselo.

– ¿Querías salvarme de cometer un terrible error? ¿Y qué pensabas hacer? ¿Arrancarme de las garras de la tentación? ¿Pegarle una paliza?

Sabía que esa pregunta era injusta. Dijera lo que dijera, Mike no podía ganar.

– Todo eso.

– ¿Y cómo supiste dónde iba? -preguntó Willow. Tenía que hablar, hacer algo para no lanzarse a sus brazos, llevarlo a la cama y empezar la luna de miel sin haberse casado.

– No lo sabía. Fui al supermercado, esperando que Jacob estuviera allí -contestó Mike, sin mirarla. Le daba vergüenza. Era maravilloso-. Quizá deberías salir con él. Según la tía Lucy, tenía una reunión de trabajo en Londres. Más de tu estilo que esto -añadió, señalando alrededor.

– De mi estilo prefiero ocuparme yo -replicó ella. Si Mike no sabía que Jacob no era su estilo, no pensaba decírselo. Tranquilo, le encantaba. Celoso y posesivo, Mike la volvía loca-. ¿Y por qué iba a salir con él?

– ¿No te pidió que salieras con él el otro día? Te dijo que lo llamaras.

– Ah, sí. Es posible que lo haga -dijo Willow. Mike levantó la cabeza, como si lo hubieran golpeado. El pobre-. Era para entrevistar a tía Lucy. Voy a escribir un artículo sobre el pueblo.

– Parece que no dejo de equivocarme.

– No has contestado a mi pregunta, Mike. ¿Cómo supiste que venía aquí?

– Dejaste una marca de bolígrafo en la guía de teléfonos, al lado de mi dirección.

– Michael Armstrong, investigador privado -dijo Willow, intentando no sonreír-. Bueno, tengo que irme. ¿Vas a volver a la residencia?

– Sí. Tengo que colocar las estanterías. ¿Y tú?

– Nos veremos más tarde entonces. ¿Quieres que lleve algo de cena?

– No -contestó Mike, acompañándola a la puerta-. Podríamos cenar fuera. Hace mucho que no salimos a cenar juntos en algún sitio bonito…

– Sí, es verdad. Pero prefiero que cocines tú.

Willow sentía que, unos minutos más bajo la escrutadora mirada de aquellos ojos grises, y se derretiría.

Mike sonreía mientras le abría la puerta. Probablemente, se había dado cuenta.

– ¿Seguro que no necesitas ayuda con los botones?

– Soy mayorcita, Mike. Llevo vistiéndome sola desde que tenía cuatro años.

– ¿Y qué? Es más divertido que alguien te ayude.

– Mientras no sea Jake, supongo.

– Eso es. Ven, voy a enseñarte la tienda de Sarah. Tiene unas cosas preciosas. Incluso puede que tenga una minifalda, si sigues sintiéndote atrevida.

– Pero nada de cuero negro -sonrió ella.

– Podría ser de cuero marrón. Con botas hasta la rodilla.

Willow pensó que si Sarah tenía algo así en la tienda, era capaz de olvidar sus buenas intenciones y volverse loca.

Amaryllis los detuvo en la puerta, con una caja en la mano.

– Son velas. Os harán falta esta noche.

– ¿Cómo lo sabes?

– Porque sí.

– Es una bruja -sonrió Mike-. Amy lo sabe todo.

Mike abrió la cajita. Había doce velas redondas, de las que se colocan en el agua.

– ¿Qué perfume es ese? -preguntó Willow.

– Palo de rosa, para encontrar la armonía emocional. Y jazmín, para desviar los sentimientos negativos.

– Si se va la luz, nos vendrán muy bien -dijo Mike-. ¿Alguna sugerencia sobre la cena?

– Salmón ahumado -sugirió Amy-. Aguacates y melocotones. Y chocolate.

Willow suspiró.

– No pienso discutir.

Quizá era el olor de las velas, o la sugerencia de Amy de que comieran algunos de sus platos favoritos, pero Mike también sonrió.

– Si esta noche se va la luz, nos asomaremos a la ventana para verte volando en tu escoba, Amy.

– Suelo tomar el autobús, Mike -rio la joven.

Después, se inclinó para tomar a un gato negro que había aparecido a sus pies.

Mike dejó a Willow con Sarah y después de ir al supermercado, volvió a la residencia. Se sentía eufórico, pero ese sentimiento desapareció cuando vio a Jake en el piso de arriba, pintando con Emily.

– Hola, Mike. ¿Willow no está contigo? -preguntó con cara de ingenuo.

Pero Mike no pensaba dejarse engañar. Aquel hombre tenía una sola razón para estar allí.

– Está de compras. No esperaba que vinieras hoy. La tía Lucy me dijo que estabas en Londres.

– Sí. En cuanto te das la vuelta, alguien empieza a hacer correr rumores sobre la venta de la compañía.

¿Jacob Hallam era Jake Hallam, el magnate del software? No podía ser.

– No tenías que volver por nosotros. Nos las habríamos arreglado.

– ¿Ah, sí? No es eso lo que dice el Evening Post.

– Ah, estupendo. ¿Qué han dicho? No, no me lo digas.

– Se lo he contado yo, Mike -intervino Emily-. Le he dicho que Willow y tú os habéis escondido para intentar arreglar la situación.

– ¿Y la habéis arreglado?

– En ello estamos. Por eso os agradecería que estuvierais fuera de aquí antes de que se ponga el sol.

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