El Metro de Madrid
- Автор: Serafin David
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «El Metro de Madrid». Краткое содержание книги:
A los pocos días ocurre un caso similar y todo parece indicar que un psicópata anda suelto. El comisario Bernal, el Maigret español, decide intervenir desplegando a su gente por toda la red del subterráneo, husmeando literalmente por las entrañas de la ciudad.
– Ahí mismo estuvo, en aquella nave. Y desde luego el electricista tendría las puertas abiertas mientras trabajaba. Hablaré con él más tarde, si usted lo estima oportuno, comisario.
– Llamaré por teléfono a un hombre de mi sección para que venga a ayudarme a tomar las declaraciones. Quisiera hablar con todos los que estuvieron de servicio esta mañana hasta la hora de salida del tren, a la 1.05.
Bernal telefoneó a Navarro desde el despacho del inspector de tráfico y le dijo que mandara a Ángel desde Cuatro Caminos o cualquiera que estuviera disponible.
El director del Metro se ofreció a ceder un despacho para uso del personal encargado del caso y se marchó una vez que se levantó el cadáver. Varga terminó la comprobación del asiento delante del cual había estado el cuerpo.
Peláez, al marcharse, condujo aparte a Bernal.
– No hay rastros de drogadicción, pero tiene una señal de inyección en el brazo izquierdo. Mandaré al Instituto de Toxicología muestras de la orina, materia intestinal y gástrica, un poco de sangre y quinientos gramos de cerebro e hígado para que se investigue el posible contenido tóxico. No hay rastros externos de violencia, salvo lo que parece una herida de arma blanca en la vagina. Al principio creí que era violación.
– ¿Habrá bastado esa herida para causar la muerte? -preguntó Bernal-. De ser así, nuestro hombre ha cambiado sus costumbres.
– Sí, pero no creo que sea ése el caso. Había muy poca sangre para una herida de ese jaez. Creo que se le infligió después de muerta.
– ¿Y el momento de la muerte? -preguntó Bernal, aplicando el rigor de la rutina.
– Tengo que ver antes el contenido del estómago, aunque la gente desayuna a horas tan disparatadas que no nos sirve tanto como la hora de la comida. Tal vez entre las 8 y las 11 de esta misma mañana. ¿Te sirve? No es más que una estimación rápida basada en la temperatura del cuerpo y el avance del rigor, pero, como sabes, ambos métodos no son totalmente fiables por sí solos. Junto con el estado del contenido estomacal suelen ser más útiles. Te llamaré esta misma tarde desde el instituto. Hasta luego -y se alejó a toda prisa.
Tras comprobar los dispositivos de seguridad, o más bien la falta de éstos, en la entrada de las cocheras, Bernal resolvió volver al despacho para suspender la investigación domiciliaria de Cuatro Caminos a fin de recuperar a una parte del grupo e interrogar a los empleados de la estación de Avenida de América.
SOL
Por la tarde, Navarro y Bernal contemplaban el gran plano de la ciudad casi al borde de la desesperación.
– Con la distancia que hay entre Cuatro Caminos y América, jefe -dijo Navarro-, harían falta muchos hombres para hacer una investigación domiciliaria. El área comprende un buen trecho de la Castellana, así como las calles Ríos Rosas, Joaquín Costa y parte de Serrano y Velázquez. Sería un trabajo tremendo.
– Vamos a prescindir de la investigación de los alrededores de Cuatro Caminos. Está claro que el asesino dispone de vehículo y que no tiene el menor problema en trasladar los cadáveres a la luz del día hasta las cocheras del Metro de su elección. Lo que quiero es que se ponga vigilancia inmediatamente en todas las terminales, especialmente en las entradas de las cocheras. Parece que hemos estado perdiendo el tiempo en el vestíbulo de Cuatro Caminos, pese a ser allí donde la taquillera identificó ante Elena al hombre que según ella transportaba uno de los maniquíes. ¿Se ha sacado algo de los vendedores de ropa usada?
– Elena llamó para decir que hasta el momento no había habido suerte. Dice que tendrá que esperar a pasado mañana para interrogar a los que sólo se dejan ver los domingos por la mañana en el Rastro y Dios sabe dónde paran en el intervalo. El subdirector ha telefoneado hace poco, después de ver el parte sobre el tercer cadáver.
– ¿No ha llamado ningún periodista?
– No, jefe, al parecer no lo sabe la prensa todavía.
Navarro se equivocaba porque, en aquel momento, el más sensacionalista de los vespertinos de Madrid imprimía una edición especial que llegaría a los quioscos del centro alrededor de las 7.15.
ATOCHA
En la fría sala de disección, de baldosas blancas, de la calle Santa Isabel, el doctor Peláez dirigía la autopsia de la desconocida encontrada en Concepción. Mientras trabajaba, dictaba sus observaciones a la guapa secretaria, sentada, con dos rebecas sobre los hombros, en un taburete alto, cercano a la puerta. Había extraído ya los órganos que necesitaría el toxicólogo y en aquel momento examinaba la herida genital con una lupa. Pidió un bisturí pequeño al anciano ayudante del depósito de cadáveres y, con una pericia acentuada por la experiencia, practicó un corte en la región uterina.
De pronto, suspendió el dictado en mitad de una frase, murmuró una maldición que sorprendió sobremanera a la secretaria y dijo al ayudante que se acercara y le quitara los guantes de goma.
– María, tengo que llamar enseguida a Bernal, antes de que se marche del despacho. Tú puedes tomarte un café mientras.
SOL
A eso de las 8 de la tarde, Ángel volvía al edificio de la DGS con un ejemplar de la edición extraordinaria del célebre vespertino.
– Espero que lo haya visto ya, jefe.
Los enormes titulares negros anunciaban: ¡Tercera joven asesinada en el Metro! Bernal leyó el breve texto que comentaba la noticia con sorpresa creciente.
– ¡Fuentes dignas de crédito, ciertamente! Uno de los empleados del Metro que les llamó y cobró cinco mil pesetas por dar el soplo. No consiguieron detalles, ni siquiera la descripción de la chica. Y piensan que se encontró en Avenida de América; no saben que fue en Concepción. Lo que indica que fue un empleado, ¿no creéis lo mismo?
– ¿Y si fue el asesino? -sugirió Navarro en son de tanteo.
– A menos que fuera en el mismo tren, ¿cómo iba a saber a qué terminal se llevaría el cadáver después del descubrimiento? -objetó Bernal-. Solicité especialmente al subdirector que pidiera a los jefes de redacción de los periódicos que grabaran todas las llamadas anónimas. De ese modo podríamos obtener un registro vocal del asesino. Llamaré inmediatamente para que identifiquen al responsable de esta broma, aunque supongo que ya se habrán ido a casa todos.
Luego, tras acordar el equipo que se dirigiría a Avenida de América a primera hora de la mañana para interrogar a los empleados del Metro, Bernal y Ángel se disponían a marcharse cuando llamó Peláez por teléfono.
– ¿Bernal? ¿Eres tú? -el patólogo parecía sin aliento-. He descubierto algo extraordinario en la última víctima del Metro.
– Suéltalo de una vez, Peláez.
– ¿Te acuerdas de aquella herida de la zona genital, que parecía provocada por un objeto cortante introducido en la vagina, probablemente después de ocurrir la muerte? Bueno, pues he abierto la zona para mirar más de cerca las señales internas e identificar el arma empleada. Y tengo que decirte que no se trata del cadáver de una mujer.
– ¿Que no es una mujer? -exclamó Bernal.
– De verdad que no. La vagina es una reconstrucción quirúrgica. No hay matriz, no hay ovarios tampoco. Nunca las he visto personalmente, pero he visto fotos de estas operaciones en las revistas. Hecha probablemente en Marruecos, que es el sitio donde se suele ir para ello, creo. Muy bien hecha, por cierto. Al principio me despistó, lo confieso.
– ¿Quieres decir que se trata en realidad de un castrado? -preguntó Bernal, sin dar crédito a lo que estaba oyendo.
Paco y Ángel aguzaron el oído.
– Más aún. Un transexual operado. No he visto rastros de injertos de silicona en los pechos, pero los buscaré más tarde. Los rasgos secundarios pueden haberse alterado mediante continuo tratamiento hormonal. No hay rastros de vello facial. El aparato sexual externo habría despistado a casi todos los médicos cuando la víctima estaba viva, aunque la estructura ósea, que es grande, y sobre todo las manos y los pies, grandes también, así como la pronunciada nuez habrían despertado algún comentario. Te enviaré un informe detallado por la mañana.