El Metro de Madrid
- Автор: Serafin David
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «El Metro de Madrid». Краткое содержание книги:
A los pocos días ocurre un caso similar y todo parece indicar que un psicópata anda suelto. El comisario Bernal, el Maigret español, decide intervenir desplegando a su gente por toda la red del subterráneo, husmeando literalmente por las entrañas de la ciudad.
– Vamos a que te hagan una cura de urgencia.
– ¿Por qué no vas tras él?
– No irá muy lejos. Nuestros hombres le siguen de cerca.
Bernal llegó en aquel momento, secándose la frente con un pañuelo.
– Gracias a Dios que estás bien, Elena. ¿Te hizo algo?
– Sólo un rasguño, según creo.
– Te llevaremos a un médico. ¿Dónde está nuestro criminal, Ángel?
– Se ha ido corriendo por el túnel.
– ¿Has hecho detener los trenes e interrumpir el fluido eléctrico mientras se le busca?
– No he tenido tiempo.
– ¿Tiene Cortés alguna pistola, Elena? -preguntó Bernal.
– Creo que no. Sólo la bayoneta.
Del túnel por el que había huido el asesino se oyó el ruido de un tren que se acercaba y, poco después, un repentino alarido de terror.
– Dios mío, espero que no fuera ninguno de los nuestros -dijo Bernal con ansiedad-. Voy a hacer que corten el suministro.
Luego, cuando se inspeccionó la línea, tras haberse pasado lista a todos los agentes, se encontraron los restos despedazados de Roberto Díaz Cortés bajo las ruedas del tren cincuenta y seis, dirección Portazgo.
SOL
Aquel mismo día, más tarde, una vez que el médico practicó una primera cura a Elena y se condujo a ésta a su casa para que se restableciese, Bernal redactó un informe completo para el juez de instrucción. Navarro le ayudó a reunir los partes forenses y técnicos que habían recibido y luego unieron copias de ellos al informe principal.
– Paco, ponte en contacto con la policía portuguesa y envíales las huellas y el molde dental de la señorita Sousa. Es un apellido muy corriente en Portugal y les costará identificarla y localizar a sus familiares. Nosotros localizaremos al hermano mayor de Cortés para que se haga cargo de la anciana y disponga lo necesario para el entierro.
– Está bien, jefe. Diré a los del grupo que pueden irse a casa. Ha sido un caso difícil.
– Yo iré a ver ahora mismo al subdirector y le pediré que se dé a Elena una mención especial. También querrá preparar las declaraciones que habrá que hacer a la prensa. Si tienes tiempo, nos veremos más tarde para tomar unas copas.
ANTÓN MARTÍN
A las 8 de la tarde, Bernal y Navarro tomaban sendas jarras de cerveza en la Cervecería Alemana, mirando a los niños que ante el inminente crepúsculo jugaban bulliciosamente en la plaza de Santa Ana.
– Lo que no entiendo, jefe, es lo que impulsó a Cortés a cometer estos crímenes después de tantos años.
– Creo que fue algo fortuito -dijo Bernal-. Parece que la portuguesa le recordó a su hermana muerta. Se puso nervioso, cometió un error profesional y la mató en el consultorio. Aprovechó una ocasión y ocultó el cadáver en el sótano, fingiendo que ella se había ido a su casa. Luego eliminó la ficha que había hecho la secretaria. Tuvo que sentirse a salvo de ulteriores descubrimientos porque la mujer era extranjera. Es posible que hasta aquella tarde fatal se hubiese limitado a fantasear con los maniquíes de plástico que hacía.
– ¿Y por qué los dos muñecos en el Metro, después de la muerte de la portuguesa?
– Ensayos, supongo, para deshacerse del cuerpo. Mientras, claro, el cadáver se descomponía y ya no fue posible transportarlo al Metro para reconstruir la imagen que le obsesionaba. De manera que lo descuartizó para irse deshaciendo de él poco a poco.
– ¿Por qué, de entre todas sus pacientes, eligió a aquellas tres víctimas precisamente? -preguntó Navarro.
– Cuestión de oportunidad, acaso, aunque todas eran rubias y la Ledesma y la Cabrera se parecían un poco a su hermana. Ya no tenía enfermera en el consultorio, pero de vez en cuando hacía que la recepcionista saliera con cualquier pretexto. Tenía cierta porción de cocaína, así que le fue fácil inyectar una sobredosis a las víctimas. Aparte de esto, supongo que tenían que ir vestidas como la hermana muerta y, en líneas generales, que encajar en la imagen mental que nuestro hombre tenía del episodio. Sólo dio el patinazo del travestí -Bernal encendió otro Káiser-. Vamos a tomar otra jarra y unas tapas para engañar al estómago.
RETIRO
Aquella noche, camino de su casa, Bernal pasó ante las filas de los presidentes de mesa que hacían cola ante las Escuelas Aguirre, de Alcalá, para presentar el resultado del colegio electoral respectivo.
Encontró a Eugenia clavada ante el televisor.
– Te he hecho una tortilla y te he calentado unas chuletas. ¿Crees que los rojos mandarán en este país?
– Lo dudo, Geñita. ¿Se sabe ya algo?
– No, pero han dicho que no tardarán en comunicar los primeros resultados.
Bernal se sirvió un vaso generoso del vino tinto que su mujer había traído del pueblo. Entonces sonó la música estridente del telediario. El presentador dio las primeras predicciones del cómputo:
… Según los escrutinios realizados hasta el momento, será la Unión de Centro Democrático el partido vencedor y el que por tanto tendrá más escaños tanto en el Congreso de los Diputados como en el Senado. Todo parece indicar, por otra parte, que el Partido Socialista Obrero Español será el principal grupo de la oposición.
– Ya lo has visto, Geñita -dijo Luis-. Al final no se repetirá lo de 1936.
– Ojalá tengas razón, Luis, pero el pobre don Blas Piñar ha quedado muy mal.
El presentador continuó con otras noticias nacionales:
– El servicio de la Línea 1 del Metro de Madrid ha estado interrumpido algún tiempo en el curso de esta tarde mientras agentes de la Brigada Criminal buscaban al asesino del Metro. Finalmente el criminal, habiendo intentado escapar, fue atropellado y muerto en un túnel de la estación de Tribunal por un tren que pasaba. La operación policial que ha llegado a tan feliz término ha estado dirigida por el comisario Luis Bernal y su sección.
– Luis, Luis -se quejó Eugenia-. ¡Otra vez mencionan tu nombre! ¿Qué va a pensar de nosotros mi familia de Ciudad Rodrigo?
David Serafín