Entre el amor y el deber
- Автор: Уинтерз Ребекка
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Entre el amor y el deber». Краткое содержание книги:
Raúl no tenía la menor duda de que él era el padre y estaba dispuesto a reclamar sus derechos… eso significaba que tenía dos noticias que dar a Heather: que estaba embarazada y ¡que estaba a punto de convertirse en su esposa!
– ¡Papá! -dijo Heather levantándose.
– Te presioné sin parar para que no dejaras el piano, recé para que no conocieras a ningún hombre hasta que estuvieras establecida como concertista, pero subestimé el poder del amor. Cuando vi a Raúl en casa de Evan aquella noche, me di cuenta de que había algo entre vosotros. Os mirabais como si no hubiera nadie más en el mundo.
Heather no olvidaría aquella noche mientras viviera.
– A propósito, hice que nos fuéramos pronto, pero ya era demasiado tarde. Sabía que Raúl estaba loco por ti y eso me enfadó.
– ¡Oh, papá! -exclamó ella entre la risa y el llanto antes de correr hacia él y abrazarlo.
– Hay más. Le hice prometer que haría todo lo que pudiera para que siguieras tocando. Le hice prometerme otra cosa… -dijo su padre con lágrimas en los ojos.
– ¿Qué?
– Tu madre y yo decidimos no contarte nunca los problemas que tenía durante el embarazo para que no te preocuparas cuando te llegara el momento. Tuvo ocho abortos. Tú fuiste su noveno embarazo. Le tuvieron que coser el útero para que no te perdiera también.
– No me lo puedo creer…
– Eso significó que tu madre y yo no pudimos tener relaciones sexuales durante el embarazo, pero no nos importó porque queríamos ser padres a toda costa. Hubo otra complicación. Tu madre tuvo que guardar cama desde el cuarto mes porque tenía una toxemia galopante.
– ¿Cómo?
Su padre asintió muy serio.
– Le canté todo esto a tu marido, de médico a médico. Pensé que debía saberlo porque aquí las condiciones son más difíciles que en una gran ciudad. Así estaría preparado si tú presentabas las mismas complicaciones que tu madre. Cariño… no habéis tenido relaciones porque Raúl no ha querido hacer nada que pudiera dañarte.
Heather sintió que el mundo se paraba.
A la luz de la explicación de su padre, lo que Raúl había dicho y hecho desde que habían salido del cháteau de sus tíos tenía lógica. Por si estaba soñando, se controló y no se puso a dar gritos de alegría.
– Papá… -dijo con el corazón a mil horas.
Su padre sonrió aliviado.
– Perdóname…
– No tengo nada que perdonarte.
– Sí. Franz me enseñó la carta que le mandaste. Me dolió darme cuenta de lo infranqueable que he sido para ti durante tanto tiempo, que no me pudieras contar la verdad. Lo siento mucho, Heather, pero te prometo que nunca volveré a fallarte.
– ¡Nunca me has fallado! -le aseguró abrazándolo-. Si no hubiera sido por ti, nunca habría ganado el Bacchauer y no hubiera podido tocar con la orquesta. Nunca habría conocido al hombre de mi vida. Ha sido el destino, ¿no lo ves?
Ambos sonrieron con gran complicidad y, en ese momento, se abrió la puerta de la cabaña.
Estaba furioso, como Heather no lo había visto nunca.
– John, si no te importa, me gustaría hablar con mi esposa a solas -tronó.
– Claro, yo ya me iba. Me llevaré a Jaime -dijo besando a su hija y tomando a su nieto en brazos.
Raúl dejó que su suegro se llevara al niño un rato porque, ni por asomo, iba a dejar que Heather y él se fueran con él en el avión de la tarde. De ninguna manera.
– ¿Qué pasa, Raúl?
– No sé qué habréis planeado tu padre y tú, pero no te vas a ningún sitio.
– No tenía pensado hacerlo.
– Eres mi mujer y debes estar conmigo.
– Lo sé -dijo acercándose.
– Heather…
Había algo diferente. Ella estaba diferente.
– Raúl… no podría dejarte aunque quisiera. Solo de pensar en ti, me invade el deseo. Ven aquí -le dijo con una sonrisa de lo más seductora.
Debía estar alucinando. Sintió que se le salía el corazón del pecho.
– No temas, Raúl. Mi padre me lo ha contado todo. Ahora sé por qué querías que me quedara en Buenos Aires y por qué no has querido hacerme el amor. Es la prueba de amor más bonita del mundo. Ya no tenemos nada que temer, querido esposo. Nunca más -añadió con voz ronca-No ha sido un camino de rosas, pero ahora todo está aclarado. Hemos llegado a ese paraíso del que me hablaste en el estudio de Evan, donde podremos hacer el amor, no solo durante semanas, sino para toda la vida. ¿Qué te parece?
Raúl se había quedado sin palabras.
Gimió y se metió en la cama con ella. Ambos gritaron sus nombres mientras se besaban con tal pasión que Raúl se dio cuenta de que Heather debía de haber olvidado que debía reponerse. El también estaba a punto de olvidarlo.
Su boca, de la que no se hartaba. Su piel de terciopelo, su cuerpo…
Cuando ella comenzó a desabrocharle la camisa, él la paró.
Ella lo miró con dolor.
– ¿Qué pasa, cariño? Tal vez, he entendido mal-dijo con miedo. Raúl se sintió morir.
– Te quiero tanto que el dolor de no podértelo demostrar ha estado a punto de acabar conmigo, mi amor, pero tu cuerpo no está preparado todavía. Vamos a tener que esperar unas semanas.
– Pero…
– Nada de peros, Heather. Cuando estés completamente restablecida, le dejaremos el niño a mis tíos, en Buenos Aires, y tú y yo nos iremos de luna de miel. Entonces, te enseñaré el amor que lleva dentro un marido que lleva más de seis meses esperando para poder amarte.
– Cariño… me enamoré de ti en cuanto te vi. Ya me gustabas por las cartas que les escribías a los Dorney. ¿Cómo vaya aguantar veintiún días más?
– Así -contestó él abrazándola de nuevo.
El mundo desapareció mientras se besaban.
Pasó un buen rato, pero ellos no se dieron cuenta porque estaban embebidos el uno en el otro.
Hasta que Tekoa no llegó diciendo que John había mandado llamar a Heather porque el niño la necesitaba.
– No te muevas de aquí, ya te lo traigo yo-le indicó Raúl mirándola. La quería tanto que le daba miedo.
«Nunca», pensó ella.
– Heather, vamos a mi consulta. Trae a Jaime.
Te toca la revisión de las seis semanas.
– Pero creía que me tocaba pasado mañana.
– Eso es lo que cree también tu marido. Ya sabes…
– ¡Elana! -exclamó Heather emocionada. Tomó al niño y salieron rápidamente del comedor.
– Estás estupenda. Puedes hacer vida normal. ¡Enhorabuena! -le dijo Elana poco después.
– ¡Las mejores noticias que me podías dar!-dijo ella saltando de la mesa y abrazando a su amiga-Raúl está en la ciudad arreglándolo todo para la construcción de la nueva cabaña. Cuando vuelva…
– Marcos y yo estaremos al tanto por si le da un infarto.
Heather se rió.
– Déjame al niño y ve a prepararte para el gran momento.
– ¿Lo dices en serio?
– Claro. Marcos y yo lo teníamos todo planeado.
– ¿Desde cuándo?
– Desde hace unos seis meses.
– ¿Cómo?
– Después de volver de Estados Unidos, no ha sido fácil trabajar con tu precioso marido. El que mejor lo resumía era Tekoa. So1ía decir «El jefe necesita a su mujer ya».
– No será cierto… -dijo Heather poniéndose de todos los colores.
– Lo es.
– Gracias por quedarte con el niño.
– De nada. No hay pacientes graves. Además, Marcos todavía tiene que seguir haciendo méritos. Probablemente, esta vaya a ser la prueba más importante.
– ¿Y luego? -preguntó Heather encantada. Dos de sus amigos estaban enamorados.
– Ya veremos.
– ¿Has oído, hijo? Pórtate bien para que Marcos quede bien como padre ante Elana.
El niño bostezó y ambas se rieron. Heather lo besó en la cabeza.
– Vas a estar en buenas manos. Marcos y Elana te quieren tanto como papá y mamá. Lo voy a echar de menos, Elana.