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Электронная книга - «Placer Y Trabajo». Краткое содержание книги:

NO SOSPECHABAN QUE TRABAJAR DURANTE LAS VACACIONES PODRÍA SER TAN PLACENTERO
Los ejecutivos de publicidad Matt Davidson y Jilly Taylor tenían dos cosas en común: ambos odiaban perder y se deseaban el uno al otro. Pero ninguno de los dos estaba dispuesto a arriesgar el ascenso por rendirse a la atracción que sentían. No contaban con que su jefe les encargara llevar la misma cuenta… y dormir en el mismo hotel. Aquello estaba al rojo vivo, tanto laboral como sentimentalmente, y pronto se dieron cuenta de que no podían centrarse en el trabajo…
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– Creo que estás confundida y molesta porque no esperabas que Matt te gustase tanto. Sospechas que podrías sentir algo más por él y eso te asusta. Y si bien es cierto que es algo que asustaría a cualquiera, te angustia la posibilidad de que una relación con Matt pueda afectar negativamente a tu carrera. Y yo sé mejor que nadie cuánto adoras lo que haces.

– No me psicoanalices.

– No te estoy psicoanalizando -afirmó Kate-. Estoy enamorada y reconozco los síntomas. Nada más.

A Jilly se le hizo un nudo en el estómago.

– Por lo que más quieras, no hables de amor -suplicó-. Si esa fuera la situación, sería terrible.

– Eso mismo pensé sobre Ben. Y cuando me di cuenta de que me había enamorado de él, me asusté -Lijo Kate-. Pero decidí correr el riesgo y tú misma puedes atestiguar que he hecho lo correcto.

– No estoy enamorada de Matt.

– Si tú lo dices…

– Lo digo y lo repito -subrayó Jilly-. Me molesta que sea tan encantador. Maldita sea, no quiero que me guste tanto. Quiero olvidarme de él.

– Si eso es lo que quieres, una manera de olvidarlo es conociendo a otro hombre.

– Podría ser… Prometo que saldré a buscar uno en cuanto regrese a Nueva York. Cuento contigo para la tarea, ¿verdad?

– Por supuesto -contestó Kate-. Quizá deberías empezar a buscar ahora mismo, en el hotel. Seguro que hay alguien interesante en la mesa de al lado.

– Tal vez lo haga.

– Debo advertirte, Jilly, que pretender olvidar a una persona conociendo a otra tiene sus complicaciones.

– ¿Cuáles?

– Sólo funciona si no estás enamorada del tipo al que tratas olvidar.

– Entonces no va a haber ningún problema porque no estoy enamorada de Matt.

– Si tú lo dices…

– Sí, yo lo digo -reiteró Jilly.

– ¿Vais a dormir juntos esta noche?

– Por supuesto. No estoy enamorada de él, pero no puedo negar cuánto lo deseo. De hecho, será mejor que te deje porque llegará en cualquier momento.

– De acuerdo. Disfruta del resto del fin de semana y llámame mañana desde tu casa – dijo Kate-. El martes por la noche podríamos ir a algún bar, así te quitarás a Matt de la cabeza cuanto antes.

– Me parece genial. Hasta mañana.

Acto seguido, Jilly apagó el móvil y lo guardó en el bolso. Suspiró y pensó en los planes que había hecho con su amiga. Por algún motivo, la idea de salir a conocer a otros hombres para olvidar a Matt ya no le parecía tan genial.

Matt caminó hacia el bar sintiéndose un hombre nuevo. Una larga hora de masaje le había servido para aliviar la tensión y poner las cosas en perspectiva. Sabía que todo lo que necesitaba para recuperar la cordura era pasar una hora alejado de aquella mujer.

Mientras le daban el masaje, se había ocupado de planear el resto del fin de semana. Se reuniría con Jilly; tomarían una copa; subirían a la habitación; harían el amor; se vestirían; cenarían con Jack; su propuesta publicitaria para ARC sería la ganadora; de vuelta en la habitación harían el amor durante toda la noche; harían las maletas, regresarían a Nueva York y todo volvería a la normalidad. Matt estaba convencido de que el plan era perfecto.

Por desgracia, la claridad mental que había recuperado desapareció en cuanto llegó a la entrada del bar y vio a Jilly. Llevaba puesto un jersey azul celeste de cuello alto y unos vaqueros. Estaba sentada en una de las banquetas de la barra, conversando animadamente con un hombre. Matt notó que el tipo la miraba como si ella fuese un helado de chocolate al que deseaba darle un largo lametazo.

La inquietante sensación que tuvo Matt al verlos, no admitía dudas. Eran simples y puros celos. Y no nacían del interés con que el hombre la miraba. De hecho, por mucho que le molestara, Matt podía comprender perfectamente que se sintiera atraído por ella. El verdadero problema estaba en el hecho de que Jilly le estuviera sonriendo y se riera de sus bromas.

Sabía que no era suya y que no tenía derecho a decir nada. Sin embargo, sólo tenían el resto del fin de semana para estar juntos y no estaba dispuesto a compartirla con aquel tipo parecido a Brad Pitt.

Respiró hondo para recobrar la calma y entró en el bar. Mientras se acercaba a la barra, vio que el hombre le daba una tarjeta de presentación a Jilly. A pesar de la distancia, alcanzó a oír lo que le decía al despedirse.

– Me encantaría quedarme a charlar, pero tengo que reunirme con mi socio en un restaurante del centro. Mi oficina está muy cerca de la tuya. Llámame si quieres tomar una copa.

Después, le dio un beso en la mejilla y se marchó.

Matt hizo un esfuerzo por dominar los celos, se acercó a la barra y se sentó junto a Jilly.

Ella lo recibió con una sonrisa.

– Hola, grandullón.

– Hola -contestó él -. ¿Quién era?

En cuanto terminó la frase, Matt se maldijo por haber preguntado apenas llegar. Lo bueno era que al menos había logrado sonar natural.

Jilly se encogió de hombros con despreocupación y guardó la tarjeta en su bolso.

– Sólo alguien que estaba sentado en la banqueta de al lado -respondió-. Se llama Brad, es dentista y tiene el consultorio cerca de las oficinas de Maxximum.

Matt se sentía cada vez más molesto y tuvo que concentrarse para contener el enojo.

– ¿Un dentista? Claro, ahora lo comprendo todo.

– No entiendo. ¿Qué es lo que comprendes?

– Ahora comprendo por qué te miraba como si quisiera limpiarte los dientes con la lengua.

Ella se sorprendió por el comentario y frunció el ceño.

– ¿Nunca se te ocurrió pensar que, si me miraba de ese modo, no era porque fuese dentista, sino porque tal vez me encontraba atractiva?

Matt se sintió estúpido y celoso.

– No quise que sonara de esa manera. Obviamente, le parecías muy atractiva -se disculpó y se obligó a sonreír-. Sin duda, el hombre tiene buen gusto.

– Gracias -dijo Jilly, mirándolo a los ojos-. Hace un minuto sonabas como un amante celoso.

Por el tono de voz, era imposible determinar si la idea la molestaba o la complacía. Fuera lo que fuera, Matt decidió ser sincero.

– Ahora mismo, soy un amante celoso. A partir del martes, ya no lo seré. Pero, durante el poco tiempo que nos queda, eres mía -afirmó, sin titubear-. Salvo que tengas otro plan…

– No -se apuró a contestar ella.

Matt respiró aliviado.

– Y bien, ¿qué tal tu masaje? -preguntó

Jilly.

Él pensó que, gracias a Brad el dentista, le haría falta otra hora de masaje para volver a relajarse. Con todo, sonrió y dijo:

– Genial. ¿Y tu limpieza de cutis?

– Increíble, me siento como nueva.

– ¿De verdad? No sé si alegrarme o apenarme porque, sinceramente, adoro a la Jilly vieja -bromeó Matt y le besó una mano-. Voto porque olvidemos las copas y subamos a la habitación para que puedas mostrarme lo renovada que estás después de la limpieza de cutis.

Él se estremeció al ver el deseo encendido en los ojos de su amante.

– Te mostraré mi piel rejuvenecida si a cambio me muestras tus músculos relajados – demandó Jilly.

– De acuerdo.

Después, se dirigieron al ascensor tomados de la mano. Matt estaba ansioso por tocarla. No podía recordar que jamás hubiera estado tan desesperado por tocar a una mujer. Al parecer, ella también estaba impaciente porque nada más cerrarse las puertas del ascensor aprovechó que estaban solos y lo empujó contra una pared.

Matt la besó con toda la intensidad de su deseo. Jilly se apretó contra la pelvis de su amante y, al sentir la potente erección, inclinó la cabeza y lo miró con expresión lujuriosa.

– Me parece que el masaje no ha servido de mucho -murmuró-. Estás mucho más tenso de lo que deberías.

– Me temo que es culpa tuya.

– Exijo pruebas que lo demuestren -desafió ella.

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