Placer Y Trabajo
- Автор: D'alessandro. Jaquie
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Placer Y Trabajo». Краткое содержание книги:
Los ejecutivos de publicidad Matt Davidson y Jilly Taylor tenían dos cosas en común: ambos odiaban perder y se deseaban el uno al otro. Pero ninguno de los dos estaba dispuesto a arriesgar el ascenso por rendirse a la atracción que sentían. No contaban con que su jefe les encargara llevar la misma cuenta… y dormir en el mismo hotel. Aquello estaba al rojo vivo, tanto laboral como sentimentalmente, y pronto se dieron cuenta de que no podían centrarse en el trabajo…
– De acuerdo, cargaré el almuerzo a la cuenta de la empresa -accedió él-. ¿Estás lista para que vayamos de compras?
– Lista y ansiosa, muchachito.
– ¿Me has llamado muchachito? Rectifica ahora mismo, pérfida mujer.
– ¿Estás seguro de que quieres discutir con una experta en artes marciales?
Matt le miró la boca y afirmó:
– No, a la experta en artes marciales la quiero para otras cosas…
Jilly se sentó en el coche de Matt y desplegó la guía de bodegas de Long Island que había recogido al salir de la tienda, después de comprar bombones y un par de cajas de preservativos.
– Me muero por un poco de chocolate con menta -comentó él, con una sonrisa pícara.
El intenso tráfico que había en la carretera los obligaba a avanzar más despacio de lo normal. Mientras Matt daba golpecitos al volante con impaciencia, Jilly comentó:
– Según este folleto, hay cerca de treinta bodegas en las afueras de la ciudad.
Antes de continuar, levantó la vista y, durante algunos segundos, se distrajo contemplando el atractivo perfil de su compañero, que se mantenía con la mirada fija en el camino.
– Me parece increíble -agregó-, llevo toda la vida en Nueva York y jamás había visitado esta zona.
– Igual que yo. La única vez que estuve en esta parte de Long Island fue durante unas vacaciones familiares, cuando tenía diez u once años -dijo Matt-. Uno de los jefes de mi padre tenía una pequeña casa junto a la playa y vinimos a pasar el día. Recuerdo que recogimos almejas en la orilla del mar y las preparamos para la cena.
– Imagino que la recolección de almejas te resulta menos complicada que la pesca en alta mar.
Él soltó una carcajada.
– Es que las almejas no tienen la fuerza de los peces ni exigen de una caña de pescar para atraparlas -argumentó con una sonrisa-. Cambiando de tema, ¿te gustaría que antes de regresar pasemos por alguna de esas bodegas?
Era una sonrisa perfectamente normal y una pregunta de lo más simple. Sin embargo, a Jilly se le aceleró el corazón porque se trataba de la sonrisa y el comentario de Matt.
No podía seguir negando que le había tocado el corazón. No obstante, se dijo que era una consecuencia lógica del largo período de soledad que había precedido a su aventura con Matt y que cualquier hombre guapo, inteligente y divertido la habría afectado de ese modo. Una vez más, se convenció de que tenía la situación bajo control.
– Me encantaría ir a una de las bodegas – dijo, volviendo la vista al folleto-. Tal vez podríamos ir a la bodega de la familia Galini. Según esta guía, no está muy lejos de aquí. Además, ofrecen una buena selección de vinos, tanto blancos como tintos. Me gustaría comprar algunos para mí y otros para regalarle a mi familia en Navidad.
– Me parece una buena idea.
Mientras recorrían el tramo de carretera que los separaba de la bodega, Jilly contempló el paisaje que los rodeaba. Antiguas casonas con aire victoriano, cubiertos de una prístina capa de nieve y decorados con arreglos navideños. Unos minutos después, Matt abandonó el camino principal y dobló en una senda señalizada con un cartel de madera en que se leía Viñedos Galini.
– Que lugar tan pintoresco -comentó Jilly al salir del coche-. Más que una bodega parece una granja.
– Ya sabes lo que dicen acerca de que las apariencias engañan -murmuró Matt-. Vamos, echemos un vistazo.
Después, avanzaron tomados de la mano. El terreno estaba cubierto de nieve y los amantes se reían mientras comparaban quién dejaba las huellas más profundas. Llegaron a la finca, abrieron la puerta y estudiaron el lugar.
– Mira -dijo Matt, señalando hacia arriba-, eso es muérdago. ¿Sabes lo que significa?
Jilly simuló un suspiro de resignación. -Supongo que significa que tengo que besarte.
– Exactamente -exclamó él.
– ¿Te han dicho que eres muy conservador?
– Sí, pero nunca me han negado un beso.
Acto seguido, Matt la tomó por la cintura, la atrajo hacia él y le cubrió los labios con uno de sus besos húmedos y apasionados.
– Me alegra ver que mi muérdago está funcionando -dijo un hombre con acento italiano.
Los amantes abandonaron el abrazo y se volvieron de inmediato. En el umbral de una puerta que conducía a otra sala, había un hombre robusto de unos sesenta años que les sonreía con amabilidad. Vestía unos vaqueros, una camisa a cuadros y llevaba puestas unas botas de trabajo. Tenía canas en las patillas, ojos negros y unas gafas con montura metálica casi en la punta de la nariz.
– Funciona muy bien -dijo Matt, sonrojado.
– Todas las navidades cuelgo muérdago bajo las campanillas de la puerta -dijo el hombre mientras caminaba hacia ellos-, y todos los años sorprendo a docenas de parejas besándose. Juro que me alegra el corazón.
Antes de continuar, se limpió con un trapo y les extendió la mano.
– Bienvenidos a los Viñedos Galini -agregó-. Mi nombre es Joe.
Matt fue el primero en saludarlo. Cuando le toco el turno, Jilly notó que las manos de aquel hombre eran fuertes y estaban curtidas por el trabajo.
– ¿Buscabais algo en particular? -preguntó Joe.
– Tenéis distintos tipos de vinos, ¿no es así? -dijo ella.
– No sólo tenemos una oferta variada en blancos y tintos, sino que todos son de una calidad excelente -afirmó el hombre-. ¿Les gustaría probarlos?
Jilly sonrió.
– Nos encantaría.
Joe se dirigió hacia el enorme mostrador de madera. Matt y Jilly lo siguieron en silencio. Mientras el hombre preparaba las copas y sacaba algunas botellas del frigorífico, Jilly aprovechó para mirar a su alrededor.
Todo el interior del edificio estaba decorado al estilo rústico. Los suelos, techos y paredes de madera, la chimenea de piedra, con el fuego encendido y los leños chisporroteando, hacían que el ambiente fuera cálido y acogedor. En las paredes, había fotografías de los viñedos en las distintas estaciones del año.
Al observar el inmenso ventanal que ocupaba toda la pared trasera, Jilly se dio cuenta de que el escenario era idéntico al del Chateau Fontaine, con las viñas cubiertas por la nieve.
– Cuesta creer que muchas de las tierras que hoy se utilizan para los viñedos, antes eran plantaciones de patatas -señaló Jilly.
Matt arqueó las cejas.
– ¿Plantaciones de patatas? Eso no lo sabía -comentó.
– Es verdad -afirmó Joe, con su acento italiano-. De hecho, este edificio es una granja remodelada. Claro que los dueños quisieron mantener el estilo rústico del lugar.
– Es fantástico -exclamó Jilly, sonriendo-. Resulta muy cálido y acogedor.
– Grazie. En nombre de la familia Galini, muchas gracias -dijo Joe, mientras les servía dos copas de vino-. Este es nuestro mejor blanco. Es fresco, seco y está hecho con una equilibrada combinación de uvas españolas y francesas.
Jilly bebió un sorbo y comentó:
– Es delicioso.
Matt estuvo de acuerdo.
Probaron dos vinos más, uno tinto y el otro blanco, y Joe aprovechó la situación para contarles brevemente la historia del negocio.
– Las uvas de los Viñedos Galini se recogen a mano -explicó, orgulloso-. Tenemos cuarenta hectáreas con uvas francesas: cabernet sauvignon, chardonnay, merlot y pinot noir. Otras dos hectáreas con uvas españolas…
– Ribera del Duero, ¿por ejemplo? -intervino ella, con una sonrisa.
Joe la miró con sorpresa. En sus ojos se notaba que se sentía complacido por el interés y los conocimientos de Jilly.
– ¿Estudias enología? -le preguntó.
Ella soltó una carcajada.
– Me encantaría decir que sí, pero mis estudios sobre vinos se limitan a la lectura de dos o tres libros y unas cuantas revistas -admitió-. La verdad es que tuve que hacerlo porque tengo un posible cliente al que le encanta beber y quería impresionarlo. Sin embargo, debo reconocer que el tema me ha parecido fascinante.