Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
Casino: Amor y honor en Las Vegas - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Casino: Amor y honor en Las Vegas

Электронная книга - «Casino: Amor y honor en Las Vegas». Краткое содержание книги:

Frank Rosenthal, El Zurdo, tuvo algo de simbólica: como la traca final de una era en la historia de la capital mundial del juego, Las Vegas.
Rosenthal, formado en la escuela de las apuestas deportivas ilegales llegó, como otros muchos, a Las Vegas con el propósito de hacer olvidar su pasado y seguir trabajando en lo que siempre había hecho: ser jugador. La pequeña ciudad de Nevada, sumidero de esperanzas bajo una capa febril y brillante, era una verdadera mina de oro, ideal para quienes patrocinaron la mudanza de Rosenthal, como también la de su viejo amigo Tony Spilotro, tan amante del dinero como de la violencia. Ambos fueron símbolos de una etapa frenética, trufada de violencia e ilegalidades, marcada por los intentos de la Mafia de establecer su hegemonía sobre los casinos. Una ciudad sin sitio para el amor, por lo que éste -como el que sentía Rosenthal hacia Geri, su esposa- estaba abocado al fracaso.
Casino, basada en hechos reales es, más allá de una novela de ritmo casi cinematográfico, un fascinante documento sobre el mundo del juego, sus leyes y sus corruptelas. Amor y adulterio, negocio y delito se entremezclan en una obra intensa y original, reveladora y absorbente.
1 ... 17 18 19 20 21 22 23 24 25 ... 76
Перейти на страницу:

Lo llevé al jefe de investigación del Departamento y le dije que tendríamos que investigar algo más la vida de Rosenthal; y descubrimos que uno de los atletas a quienes El Zurdo presuntamente había intentado sobornar era abogado en San Diego. Conseguimos una declaración jurada de él y por primera vez reunimos toda la información sobre el caso de su licencia.

Como afirma Rosenthaclass="underline"

No llevaba más de tres o cuatro meses en las mesas cuando aparecieron los del Departamento de Control del Juego. ¡Caramba! Frank Rosenthal controlando las mesas. Shannon Bybee me somete a un juicio ful e intenta que me echen del establecimiento. Insistían en que tenía que poseer una licencia de empleado de alto rango para poder trabajar en el casino, y mis empeños por conseguirla ante su tribunal de opereta fueron una pérdida de tiempo.

Mientras tanto, empiezo a escurrir el bulto y a escaquearme. Intento mantenerme en la empresa utilizando todos los recursos a mi alcance, con la esperanza de que se cansen y se enfríe el tema del control. Hice otros trabajos. Acepté un puesto en el hotel que no tenía nada que ver con las normativas sobre el juego; con ello no tenía que enfrentarme al Departamento de Control. Me convertí en ejecutivo de relaciones públicas del hotel. Tenía mis propias tarjetas de visita. Trabajaba como relaciones públicas, pero la verdad es que se me escapaba poco de lo que ocurría en las salas y en las mesas.

Se suponía que no tenía que circular por las salas de juego. No podía ofrecer crédito. Se esperaba de mí que no tuviera nada que ver con el juego. Pero, en realidad, era la mano derecha de Bobby Stella. Cuando la gente quería aclarar algo, acudía a mí y charlábamos. Para llevar un casino no hace falta estar en las salas. Y poco a poco me encuentro haciendo casi todo el trabajo de Bobby.

Bybee seguía intentando pescarme. No podía soportar que hubiera dado un corte de mangas al Departamento de Control. Un departamento de este tipo puede llegar a hacer la vida imposible a un casino, y al cabo de una temporada, Alan Sachs, el presidente del nuestro, ya había decidido despedirme. Contó que no le interesaba quemarse.

Sachs no vio por qué tenía que mantener a Rosenthal, El Zurdo, por allí. Rosenthal era inteligente. Era un trabajador eficiente. Pero de este tipo se encuentran a montones. Nadie arriesgaría por ellos un enfrentamiento con el Departamento de Control del Juego. Eddy Torres, propietario del Riviera, al otro lado de la calle, había intentado explicar a Sachs que a El Zurdo se le tenía en gran consideración en Chicago. Claro que, ¿a quién no? El propio Sachs era hijo de los primeros mensajeros que trasladaban el dinero desviado de los casinos en la primera época de Las Vegas. Sachs tenía simpatía por El Zurdo. No era una cuestión personal. Lo único que no quería eran problemas.

En medio del follón, aparece un amigo mío. Ha pensado venir a Las Vegas de visita. Yo soy un don nadie. Estoy intentando mantener el puesto de trabajo. Y él me pide que lo meta en el hotel más o menos de incógnito. Por aquel tiempo, la llegada a Las Vegas de un elemento de cuidado como aquél era como una visita papal.

Al Sachs lo conocía de oídas, pero nunca se habían encontrado. Yo me sentí obligado -como cortesía hacia Sachs, porque el nombre del individuo sonaba mucho- a decir como mínimo: «¿Qué te parece si el tipo se aloja en el Stardust?». Añadiendo que si no, él mismo había comentado que podía parar en otra parte. No había problema. Le dije a Aclass="underline"

– Viene tan sólo con la intención de quedarse unos días. Y quiere verme en mis ratos libres.

Recuerdo que Sachs vaciló un poco y luego dijo:

– No hay ningún problema. Oye, Frank, ¿no crees que yo debería presentarle mis respetos y hablar con él personalmente?

Yo le respondí:

– Sí, Al, me imagino que sí. Pero es cosa tuya. Tú decides.

Al continuaba en su empeño de mantenerse sin tacha y lo seguía a rajatabla.

Cuando mi amigo llegó a Las Vegas se registró en el Stardust como lo habría hecho otra persona, salvo que él lo hizo con otro nombre. Luego me localizó, fui a su habitación, donde estuvimos hablando, poniéndonos mutuamente al corriente de nuestros asuntos.

Entonces le dije que Al Sachs, el director del hotel, quería saludarlo.

– ¿Por qué coño voy a hablar con él? No tengo por qué molestarle. ¿Qué necesidad tengo de meterle la pasma en los talones? -me respondió; el tipo era así-. Olvídalo, Frank -concluyó.

– No, creo que va a ofenderse -le dije-. Me imagino que cree que tiene que hacerlo por cortesía.

No hay que olvidar que durante aquella época el tipo tenía un gran peso en Chicago. Así pues, lo convencí de que lo mejor para ambos sería un apretón de manos. Sesenta segundos y listo. Voy al casino y le digo a Sachs:

– Está en su habitación.

Al se emocionó muchísimo y organizó aquel encuentro clandestino de una forma increíble.

He aquí cómo lo montó: se fue a la parte de atrás de la cocina del Aku Aku, que estaba cerrado a aquellas horas. Allí no había nadie. Punto. Yo tenía que acompañar a mi amigo desde el ascensor hacia el comedor del Aku Aku para que nadie lo viera. Pasamos las puertas batientes y nos metimos en la cocina vacía. Allí nos esperaba Sachs.

Yo me quedo junto a la puerta para comprobar que el tipo se sitúa; se acerca a Sachs y veo que éste, que estaba a unos cinco o seis metros de él, se precipita hacia el otro con los brazos extendidos y le da un gran abrazo a mi amigo. No hay que olvidar que Sachs es el director del hotel y el casino Stardust y en su vida ha visto al tipo.

Mientras me alejo, oigo sus voces, pues en la cocina reina un silencio total. Sachs dice:

– Vaya, es un placer. Me alegra muchísimo. Es algo que no olvidaré en la vida. -Y seguidamente añade-: La verdad es que estoy encantado con Frank aquí. Ya sé que para ti es como un hijo.

– Te equivocas -responde mi amigo con gran seriedad.

– ¿Cómo? -dice Sachs.

– No es como un hijo; es mi hijo -dice mi amigo.

Y aquello fue lo último que oí. Seguí andando. Al cabo de poco, todo se tranquilizó y recuperé el cargo.

9

«Tony sabía cómo chinchar a la gente.»

Tony Spilotro tenía diez años menos que su amigo Frank Rosenthal, pero en 1971 sus vidas seguían un curioso curso paralelo. Ambos eran personajes públicos, por razones negativas, evidentemente. Ambos habían sido detenidos muchas veces; en el caso de El Zurdo por una serie de infracciones sin importancia, en el de Tony, por una serie de infracciones a las que se había otorgado una importancia mucho menor de la cuenta. Los dos habían conseguido la libertad demandando a las autoridades. Al estar tan quemados, ambos habían decidido cambiar de vida trasladándose al oeste.

En 1971, Tony seguía en Chicago, donde en poco tiempo se había convertido en una persona capaz de triunfar en el mundo específico del hampa. Como cuenta Frank Cullotta:

Tras derrotar a Billy McCarthy y Jimmy Miraglia, Tony subió como la espuma. Primero trabajó como recaudador para Sam DeStefano, El Loco, un prestamista completamente chalado que en una ocasión esposó a su cuñado a un radiador, le pegó una paliza de campeonato, incitó a los compinches a que se le mearan encima y luego se lo llevó a una cena familiar.

Luego Tony quedó bajo las órdenes de Phil Alderisio, el de Milwaukee, aunque debería decir que fue Phil quien metió a Tony en la historia. Phil tenía una buena fuente de ingresos. Es el primer tipo al que se le ocurrió sangrar a los corredores de apuestas de deportes. Antes de que apareciera Phil el de Milwaukee, únicamente pagaban el impuesto callejero los corredores de apuestas de caballos. Phil cambió el panorama y empezó a reclutar elementos de la calle a diestro y siniestro.

1 ... 17 18 19 20 21 22 23 24 25 ... 76
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)