Casino: Amor y honor en Las Vegas
- Автор: Pileggi Nicholas
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Casino: Amor y honor en Las Vegas». Краткое содержание книги:
Rosenthal, formado en la escuela de las apuestas deportivas ilegales llegó, como otros muchos, a Las Vegas con el propósito de hacer olvidar su pasado y seguir trabajando en lo que siempre había hecho: ser jugador. La pequeña ciudad de Nevada, sumidero de esperanzas bajo una capa febril y brillante, era una verdadera mina de oro, ideal para quienes patrocinaron la mudanza de Rosenthal, como también la de su viejo amigo Tony Spilotro, tan amante del dinero como de la violencia. Ambos fueron símbolos de una etapa frenética, trufada de violencia e ilegalidades, marcada por los intentos de la Mafia de establecer su hegemonía sobre los casinos. Una ciudad sin sitio para el amor, por lo que éste -como el que sentía Rosenthal hacia Geri, su esposa- estaba abocado al fracaso.
Casino, basada en hechos reales es, más allá de una novela de ritmo casi cinematográfico, un fascinante documento sobre el mundo del juego, sus leyes y sus corruptelas. Amor y adulterio, negocio y delito se entremezclan en una obra intensa y original, reveladora y absorbente.
Las Vegas se ha convertido en un parque temático para adultos, como un lugar al que los padres pueden ir acompañados de sus hijos y pasárselo bien también ellos. Mientras los críos juegan a piratas de cartón piedra en el casino de la Isla del Tesoro o bien a torneos con los caballeros en el Excalibur, mamá y papá van metiendo el dinero de la hipoteca y de la futura matrícula universitaria de la prole en las ranuras de las máquinas.
El aire acogedor de la habitación 147 del hotel Flamingo, que utilizó Bugsy Siegel e incluso la primera de El Zurdo, la 900 del Stardust, han sido sustituidas por la 5.008 del MGM Grand o las series del 3 000 al 4.000 de los hoteles que dan al Strip, en forma de pirámides, castillos y naves espaciales. Un volcán hace su erupción cada treinta minutos en el Mirage. Justo al lado, en el Strip, aparece un barco pirata en un lago artificial seis veces al día y derrota a la Armaba británica.
Hace tan sólo veinte años, los croupiers sabían tu nombre. La copa que tomabas, a lo que jugabas, cómo jugabas. Te ibas directo a las mesas y te registraban automáticamente. Un botones conocido te llevaba el equipaje arriba, deshacía las maletas y dejaba en tu habitación las botellas de tu marca preferida y unos recipientes con fruta fresca y cubitos de hielo. La habitación te esperaba en lugar de ser tú quien tuviera que esperarla.
Hoy en día, registrarte en un hotel de Las Vegas es casi como recoger la tarjeta de embarque de un avión. Incluso se aplica la lista de espera a las suites reservadas a los jugadores destacados mientras los ordenadores comprueban el crédito de sus American Express para confirmar que la persona sea realidad la que dice ser.
El fondo de pensiones del Sindicato de Camioneros ha sido sustituido por los bonos basura como fuente básica de financiación del casino; ahora bien, por altos que sean los intereses de los bonos basura, nunca llegarán a las cantidades marcadas por la mafia. Los ejecutivos de casino que solicitan un préstamo ya no tienen que citarse con sus agentes financieros en oscuras habitaciones de hotel en Kansas City a las tres de la madrugada y que alguien les diga que les va a arrancar los ojos.
Tony y Geri están muertos y El Zurdo se marchó. Éste actualmente vive en una casa junto a un campo de golf en una zona residencial cercada en Boca Raton. Juega un poco, vigila sus inversiones y ayuda a su sobrino en la gestión de una sala de fiestas. A veces se sienta en un pequeño recinto elevado de dicha sala y apunta su bolígrafo linterna hacia el camarero que él considera que no recoge las mesas con suficiente rapidez. Durante años albergó la esperanza de volver a Las Vegas, pero en 1987 pasó a la lista negra y se le prohibió volverá ponerlos pies en un casino; unos años de lucha contra tal decisión no sirvieron para nada.
Ya lo dijo Frank Cullotta:
Todo tenía que ir como una seda. Cada cosa estaba en su lugar. Teníamos el Paraíso en la Tierra pero lo mandamos todo al infierno.
Sería la última vez que se entregaría algo tan valioso a los hijos de la calle.
Nicholas Pileggi