Casino: Amor y honor en Las Vegas
- Автор: Pileggi Nicholas
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Casino: Amor y honor en Las Vegas». Краткое содержание книги:
Rosenthal, formado en la escuela de las apuestas deportivas ilegales llegó, como otros muchos, a Las Vegas con el propósito de hacer olvidar su pasado y seguir trabajando en lo que siempre había hecho: ser jugador. La pequeña ciudad de Nevada, sumidero de esperanzas bajo una capa febril y brillante, era una verdadera mina de oro, ideal para quienes patrocinaron la mudanza de Rosenthal, como también la de su viejo amigo Tony Spilotro, tan amante del dinero como de la violencia. Ambos fueron símbolos de una etapa frenética, trufada de violencia e ilegalidades, marcada por los intentos de la Mafia de establecer su hegemonía sobre los casinos. Una ciudad sin sitio para el amor, por lo que éste -como el que sentía Rosenthal hacia Geri, su esposa- estaba abocado al fracaso.
Casino, basada en hechos reales es, más allá de una novela de ritmo casi cinematográfico, un fascinante documento sobre el mundo del juego, sus leyes y sus corruptelas. Amor y adulterio, negocio y delito se entremezclan en una obra intensa y original, reveladora y absorbente.
Geri empezó a salir con Lenny Marmor en el instituto. Era el muchacho más avispado del centro. Llevaba gafas de sol en clase. Geri tan sólo tenía quince años. Ella y Lenny bailaban horas y horas. Baile de salón. Ella era una excelente bailarina. Veía a alguien realizar un paso de baile y ya era capaz de repetirlo.
Ganaron trofeos de plata y distintos premios bailando en concursos por todo el valle y en el Hollywood Palladium. Geri ganó concursos de modelo en bañador e hizo algunos trabajillos en este campo. En la familia, a nadie le gustaba Lenny, pero él siempre rondaba por allí, actuaba como si fuera su agente. Ella no quería que lo viéramos con las gafas de sol.
A nuestro padre no le gustaba nada Lenny. Intentó que lo dejaran. Fue a hablar con el director del instituto. Mi padre siempre había querido ser poli. Una vez se puso tan furioso con Lenny que fue a su casa y le pegó una paliza.
Pero Lenny era astuto y convenció a Geri de que su propio padre lo trataba con crueldad. Consiguió que Geri se compadeciera de él ya en la época del instituto. Por ello, empezaron a verse a escondidas.
En 1954, cuando se graduó Geri, nuestra tía Ingram, la hermana de mi padre, que heredó muchísimo dinero al morir su esposo, propuso mandar a Geri a la Woodbury Business School, al mismo centro donde me había mandado a mí dos años antes. Pero Geri no quería ir a Woodbury. Quería ir a la Universidad de California en Los Ángeles o a la Universidad del Estado. Nuestra tía se negó a ello. No quería hacer por Geri más de lo que había hecho por mí. Y entonces Geri dijo: «No, gracias. No me interesa Woodbury. No es lo que me conviene». En lugar de ello, consiguió un trabajo de dependienta en Thrifty Drugs. No le gustaba. Luego trabajó de cajera en el Bank of America. Tampoco le gustó. Más tarde se empleó en las oficinas de Lockheed Aero Jet. Al director de allí le gustó mucho mi hermana. Consiguió que me contratara a mí como taquígrafa de los técnicos.
Mi hermana cogió un piso y Lenny se trasladó allí; él la llevaba a fiestas en Hollywood para que conociera gente y ella seguía bailando y posando en concursos de modelos en bañador.
En 1958, nació su hija Robin y Lenny convenció a Geri para trasladarse a Las Vegas. Era capaz de convencerla de lo que fuera. Él decía que era un jugador de billar profesional. Decía que era vendedor de coches. Pero la verdad es que yo no recuerdo que hubiera trabajado en su vida. Él vivía en Los Ángeles pero decía que ella podía hacer mucho dinero en Las Vegas. Nuestra madre se fue a vivir allí para ayudarla con Robin.
Cuando Geri llegó a Las Vegas, hacia 1960, trabajó como camarera en un club y como corista. Mi padre la visitaba de vez en cuando, pero le afectó mucho descubrir lo que hacía Geri. Fue muy duro para papá. Se percataba de lo que sucedía, pero para no perder a una hija tuvo que aceptar su sistema de vida.
En 1968, ya salía con Frank, en la época en que tuve que instalarme con ella cuando se largó mi marido. Geri era muy generosa conmigo. En aquellos momentos, sin ella no habría podido salir adelante. Ella lo tenía todo. Tenía inversiones muy seguras. Había ahorrado dinero. Sabía, sin embargo, que no iba a durar. Decía que tenía más de treinta años. Me contaba que no podía durar.
Un día, ella y yo estábamos charlando con una amiga suya que se llamaba Linda Pellichio. Geri nos contaba que había una serie de hombres que querían casarse con ella. Hombres de todas partes querían casarse con ella. Tipos de Nueva York y de Italia. Pero ella tenía la impresión de que no se podía marchar. Tenía a Robin, a mamá, a Lenny y a nuestro padre. Se preguntaba si podía casarse con Lenny. Nos dijo que él pretendía casarse con ella, pero yo le dije que acababan de detenerle en Los Ángeles por macarra y que por ello le habían entrado de pronto las ganas de casarse. Le dije que Lenny quería casarse con ella porque tenía dinero y podía sacarlo de la cárcel y pagar a los abogados. Pero todo aquello ya lo sabía ella. Nos miró a mí y a Linda:
– ¿Qué hago? -dijo.
Linda Pellichio tenía la respuesta. Jamás lo olvidaré.
– Cásate con Frank Rosenthal -le dijo Linda-. Es muy rico. Cásate con él, sácale el dinero y luego te divorcias.
Geri respondió:
– No puedo casarme con él. Es triple géminis. Todo dualidades -Geri creía en el horóscopo-. Géminis es la serpiente. Hay que andar con tiento con una serpiente.
Por aquella época, Geri también salía con Johnny Hicks. Le encantaba Johnny Hicks, y él se habría casado con ella de no haber tenido unos padres tan ricos. Eran los propietarios del hotel Algiers y no querían que se casara con ella. Él lo habría perdido todo. La verdad es que Johnny tenía un fondo de fideicomiso de diez mil dólares al mes. Creo que si hubiera podido se habría casado con ella.
Cada día hablaba más de casarse. No quería seguir viviendo de la forma que lo había hecho hasta entonces. Me dijo que iba a encontrar marido.
Rosenthal, El Zurdo, había estado casado de joven durante poco tiempo. Le ponía nervioso pensar en casarse de nuevo. Geri no era exactamente la chica ideal para presentar a mamá. Nadie la habría tomado por una persona capaz de sentar la cabeza; cada cita era una aventura. Según éclass="underline"
Antes de salir conmigo, había tenido relaciones con Johnny Hicks. El muchacho era diez años más joven que Geri. Procedía de una familia acaudalada. Habían sido propietarios del hotel Algiers y del casino Thunderbird. Le gustaba hacerse el duro. Se juntaba con una peña que se dedicaba a apalear putas. Él era de ese estilo.
Geri salió con él antes de llegar yo. Salían, y si alguien intentaba irse con ella o acercársele un poco, Hicks le pegaba una paliza. De las gordas.
Le gustaba pegar patadas a la gente cuando la tenía en el suelo. Un auténtico camorrista.
Una noche me encuentro con Geri en el Caesar's. Nos juntamos con Bert Brown, un amigo mío jugador, y con Bobby Kay, el enano que llevaba el Galleria del Caesar's. Sin venir a cuento, Geri dice: «Vámonos al Flamingo». Dice que tiene ganas de bailar. Sabe que yo no bailo, pero quiere ir de todas formas. Salir con Geri era eso. ¿Vale? Vale.
Nos vamos allí, nos sentamos en una mesa del pasillo y allí aparece ni más ni menos que Johnny Hicks con tres de sus colegas, uno de ellos, Bates, experto en armar follón en los clubs. Cuando Hicks pasa junto a mi mesa me doy cuenta de que me dirige una mirada asesina. Sabe que salgo en serio con Geri. Que ahora está conmigo. Se acabaron las tonterías. Por la mirada comprendo que allí se va a armar una gorda, pero no puedo hacer nada por evitarlo.
Ahora bien, Geri, en lugar de quedarse sentada y no provocar el lío, decide ir a bailar. Yo le digo: «Ya sabes que no bailo, Geri». Y ella va, se levanta y se pone a bailar con Bert Brown.
Todo va como una seda hasta que veo que Hicks se levanta y le da unas palmadas en el hombro. Bert Brown se retira un poco. Veo que Geri y Hicks están hablando pero no oigo lo que dicen.
Luego, Geri se pone a bailar con Hicks. De golpe, me fijo en que le pone las manos sobre los hombros como empujándola con muy poca delicadeza.
Perdí el control. Recuerdo que me abalancé hacia él. Recuerdo que me precipité contra él, chocamos y los dos fuimos a parar al suelo. Él era más fuerte que yo y consiguió ponerse encima de mí; con las manos y los dedos empezó a arañarme la cara y desgarrarme la piel. Unos cuantos de seguridad e incluso su colega, Bates, lo apartaron de mí y lo contuvieron. Mientras lo empujaban hacia atrás, él iba pegando patadas y no me dio en la cabeza por milímetros.
Yo estaba enloquecido. Volví al Trop, donde vivía, abrí la maleta y cogí una pistola. Iría a buscar al hijoputa aquél y lo mataría. Queda claro que estaba fuera de mí.
Salí en busca de Hicks. La cara me había sangrado mucho. Bobby Kay y Geri me salen con ruegos y súplicas, pero no les hago caso. Al cabo de poco, Elliott Price y Danny Stein, del Caesar's, me frenaron, me llevaron a mi habitación y me tranquilicé.