Fashionista
- Автор: Messina Lynn
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Fashionista». Краткое содержание книги:
Vig Morgan por fin ha conseguido dejar de ser la ayudante de la dictatorial y repelente directora, solo para verse metida en un mar de conspiradores. Pero Vig no es como las demás editoras en la super cool Fashionista. Para empezar, a ella le da igual qué diseñador viste a las estrellas del momento. Es inteligente, astuta y tan ambiciosa como cualquier persona inteligente y mal pagada, pero nunca tomaría parte en un complot para defenestrar a su jefa. ¿O sí?
Salta con Vig a las turbulentas aguas -conspiraciones, puñaladas por la espalda, libertad de expresión, coqueteos y alta costura- a las que se enfrenta cuando decide unirse a un compló de lacayos que quieren cargarse a la abeja reina, con inesperados -pero no necesariamente decepcionantes- resultados.
– Cuéntanoslo todo. ¿Alex Keller ha decidido cooperar?
– Ha dicho que pondrá la exposición de Marshall en el número de noviembre.
– ¿Te costó mucho convencerlo? -pregunta Kate.
– Al principio se puso un poco terco, pero luego se rindió.
– ¿Cómo lo convenciste?
– Le recordé que me debe un favor porque le cambié la vida a su hermana -contesto yo. No tienen por qué saber la verdad, me digo.
– ¿Así de fácil? -pregunta Sarah, levantando una ceja.
– Ya os dije que le debía un favor -suspira Allison-. Por eso Vig es nuestro ariete. Bueno, y ahora vamos con la segunda fase del plan…
– Ya está hecho.
– ¿Qué?
– Esta mañana fui al despacho de Jane y, accidentalmente, dejé caer una nota sobre la exposición. Jane la tiró a la papelera, como si no le interesase en absoluto, pero sé que en cuanto salí del despacho se puso a estudiarla como loca.
Sarah suelta una risita.
– No me puedo creer que estemos haciendo esto.
Kate, también conmovida, se sienta en el sofá para contemplar un futuro sin Jane. Sólo Allison parece no estar satisfecha.
– ¿Dejaste algo por escrito sobre la exposición?
– Sólo es una nota extraoficial. Y la firmé yo.
Allison asiente, pensativa.
– ¿La firmaste tú?
– Sí, pero incorporé todo lo que tú dijiste en la primera reunión.
Aunque esta es una revista femenina, pertenece a la editorial más importante del país. La propiedad intelectual cuenta mucho aquí.
– La escribí yo, pero eran tus palabras. Puedo darte una copia si quieres.
Temiendo ser petulante, Allison me asegura que no es necesario.
– Pero deberías habérmelo dicho.
– Me enteré de que Jane estaba furiosa por los planes de Marguerite de pasar el fin de semana con Rainiero y decidí golpear cuando el hierro estaba al rojo -le explico, con calma-. No quería dejarte fuera de nada.
Allison esboza una sonrisa.
– Bueno, pero no vuelvas a hacerlo. Cuando formamos el grupo, prometimos trabajar en equipo. Estamos en esto juntas.
Lo que quiere decir es que ellas tres están en esto juntas, no yo. A mí sólo me invitaron para hacer de ariete.
Pero ese es el problema con los arietes. Que acabamos siendo balas perdidas.
La maniobra de la dama de honor
A Laurel Vega se le ha ocurrido una nueva revista.
– Quiero llamarla Divorcio -dice, mostrándonos una supuesta portada.
Hay una fotografía en blanco y negro de Elizabeth Taylor con el vestido de cintura estrechísima que se puso para su boda con Conrad Hilton, Jr. Los titulares dicen cosas como «Qué ponerte para que él quiera suicidarse» o «Casándose con el desastre o 20 destinos ideales para divorciarse».
Laurel es la secretaria de Dan Neuberg, el director financiero de la editorial. Aunque no solemos tener contacto con ese departamento, Laurel nos visita a menudo en la redacción porque la parte económica del negocio la aburre. Y porque es muy simpática.
– La idea es dar toda la información posible sobre el divorcio. Una revista exclusivamente dedicada a eso. Y no sólo sobre el mejor atuendo para aparecer ante el juez, aunque habrá fotografías y artículos, claro. Tendrá secciones sobre el mejor bufete de abogados, la separación de bienes más conveniente y la mejor manera de celebrar tu recién adquirida libertad.
Laurel se levanta para hacer la presentación.
– La mitad de los matrimonios terminan en divorcio y esas mujeres necesitan consejo: ¿Qué clase de investigador privado debo contratar? ¿Qué tengo a mi nombre? ¿Cómo se lo digo a los niños? Sé que tenéis miedo de que el tema asuste a los anunciantes, pero pensadlo: el público objetivo serían mujeres recién divorciadas de clase media-alta, que reciben una buena pensión. ¿Qué significa eso?
Christine no sabe de qué está hablando y me mira a mí, como pidiendo ayuda. Yo ya he estado en alguna de estas reuniones sobre Divorcio y me sé la respuesta:
– Dinero fresco.
– Eso es, dinero fresco. Mujeres que tienen suficiente dinero para irse de vacaciones a Bali. Pero eso no es todo. ¿Qué otra cosa significa?
Christine vuelve a mirarme, pero yo me encojo de hombros. Esta parte de la presentación también es nueva para mí.
– Nuevas casas y nuevos apartamentos. Señoras y señores, estas mujeres tienen que comprar casas y muebles. Los antiguos bienes se han repartido y es hora de renovar el mobiliario: lavadoras, lavavajillas, sofás, neveras, mesas, lámparas, sillones, librerías… Estas mujeres tienen que cambiar de vestuario. Estas mujeres tienen que acudir al cirujano para quitarse veinte años de encima. Señoras y señores, esta revista venderá millones y ganará millones. Gracias por su interés -anuncia Laurel, haciendo una reverencia.
Yo suelto una carcajada. Desde luego, la presentación es digna de aplauso.
– Gracias, gracias.
– Bueno, ¿qué quieres? -le pregunto, sabiendo que no ha bajado sólo para hacernos el numerito
– He bajado para traerle esto a Marguerite -dice Laurel, señalando una bolsa que había dejado sobre la mesa de Christine-. ¿Sabéis en qué despacho está? He ido al de Eleanor, pero ahora es un almacén de material.
– Nuestra nueva directora de belleza y moda está en un diminuto despacho pegado al ascensor. Marguerite ha colgado una estrella de plata en la puerta, así que es fácil encontrarlo.
– ¿Una estrella de plata? Arriba usamos una placa con el nombre.
– Los de mantenimiento aún no se la han puesto.
Y los de mantenimiento no se la pondrán porque Jane no quiere que lo hagan. Pero eso no lo digo.
– Es que son tremendos. Bueno, igual les pego un toque para que se den prisa.
No es su trabajo encargarse de esas cosas, pero Laurel es una tía encantadora.
– ¿Qué hay en la bolsa?
– Un vestido de dama de honor, de Tisha.
– ¿Tisha? -pregunta Christine.
– La hija mayor de mi jefe.
Laurel abre la bolsa y nos muestra lo que la pobre Tisha tuvo que ponerse para la boda de su prima Judy: un vestido de raso color champán con escote redondo, lo peor para una mujer de pecho grande. Tisha tiene una 95 y con ese vestido sus pechos debían parecer los Alpes.
– Marguerite le contó a Dan lo del artículo que estáis escribiendo y le preguntó si alguna de sus hijas querría convertir un vestido horroroso de la muerte en un modelito de Donna Karan. Tisha está encantada, claro.
– ¿Y quién no?
– Eso digo yo. A mí me habría gustado daros un vestido mío, pero es que nunca he sido dama de honor -nos confiesa Laurel-. La verdad, estuve a punto de ir a comprar uno para luego tener un modelazo, pero me contuve. Bueno, me voy. ¿La puerta con una estrella de plata?
– Sí, la puerta con una estrella de plata -contesto yo.
Aunque creo que, por esta maniobra, Marguerite se merece una de oro.
El factótum
Marguerite tiene un cuarto de asistente. Cuando Kylie no le está pasando llamadas a Tom o copiando informes para Nora o pidiendo el almuerzo para Pat, está a disposición de Marguerite. Pero eso ocurre pocas veces y es normal ver a Marguerite en la fotocopiadora, poniendo folios con una sonrisa en los labios.
La antigua directora de belleza y moda tenía una asistente, Cameron, pero en cuanto Jane supo quién ocuparía el puesto la despidió. Después, llamó a los de mantenimiento para que se llevasen su escritorio. Lo único que quedó de Cameron fue una mancha más clara en la moqueta, donde había estado su mesa. Y esa mancha es como una mancha de sangre.
Después de negarle a Marguerite la asistente a la que tiene derecho, Jane recalca su victoria en las reuniones dándole montones de trabajo y diciendo «pídele ayuda a tu asistente». Marguerite siempre asiente con una sonrisa, pero se la deben estar llevando los demonios.