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Электронная книга - «Fashionista». Краткое содержание книги:

Sobrevivir en una revista femenina puede ser una lucha a muerte. Sobre todo, cuando tu jefa es una tirana.
Vig Morgan por fin ha conseguido dejar de ser la ayudante de la dictatorial y repelente directora, solo para verse metida en un mar de conspiradores. Pero Vig no es como las demás editoras en la super cool Fashionista. Para empezar, a ella le da igual qué diseñador viste a las estrellas del momento. Es inteligente, astuta y tan ambiciosa como cualquier persona inteligente y mal pagada, pero nunca tomaría parte en un complot para defenestrar a su jefa. ¿O sí?
Salta con Vig a las turbulentas aguas -conspiraciones, puñaladas por la espalda, libertad de expresión, coqueteos y alta costura- a las que se enfrenta cuando decide unirse a un compló de lacayos que quieren cargarse a la abeja reina, con inesperados -pero no necesariamente decepcionantes- resultados.
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– Vig, tienes que volver a la revista -dice Delia, que, de repente, aparece a mi lado.

– ¿Cómo sabías que estaba aquí? -pregunto yo, atónita.

Ya no somos compañeras de trabajo y no quiero que añada detalles a mi expediente.

– Alex me dejó un mensaje.

Yo miro a Alex, que se encoge de hombros.

– La fuerza de la costumbre.

– No quiero volver -digo yo, terminándome el gin-tonic de un trago. Maya y Gavin brindan por mi actitud independiente y piden otra copa.

– Tienes que volver -insiste Delia-. Holden ha estado buscándote.

– ¿Qué?

Alex también está sorprendido.

– ¿Holden ha estado en la redacción?

– Ha ido a preguntar por ti.

– ¿Quién es Holden? -pregunta Gavin.

Conoce la saga de Fashionista de arriba abajo, pero nunca ha oído ese nombre.

– Es el genio que está detrás de la revista y de varias otras publicaciones del sector. Conseguir una reunión con él es tan difícil como conseguir una reunión con el Papa, sólo que el pontífice es más accesible. ¿Qué querrá de mí?

– Yo también quiero saberlo -dice Delia, impaciente-. Tienes que volver, Vig.

Decidida, me levanto para ir a ver a Jack Holden, aunque ya me he tomado tres gin-tonics… o precisamente por eso. Delia me acompaña a la oficina y espera mientras su secretaria lo informa de que estoy allí. No puede disimular su sorpresa cuando Holden le dice que me haga pasar.

El despacho de Jack Holden es amplio y luminoso, pero no tiene cuadros carísimos como otros ejecutivos de la editorial. Lo más llamativo que veo es una cosa rarísima sobre su escritorio, pero parece una grapadora rota.

– Ah, hola señorita Morgan -dice, levantándose para estrechar mi mano-. No me ha resultado fácil encontrarla. Debería quedarse más tiempo en su despacho.

– Me han despedido.

Holden no me hace ni caso.

– Vamos a editar una nueva publicación, de un estilo brillante como el de Fashionista, pero sin el agresivo enfoque sobre las celebridades. Y quiero que usted forme parte del equipo, incluso que lo dirija.

Yo me quedo de piedra y sólo puedo mirarlo como si fuera un loco escapado del psiquiátrico.

– ¿Qué?

– He leído el artículo que escribió para el New York Times sobre van Kessel. Un trabajo excelente. Eso es lo que quiero para esta nueva revista.

– Gracias -digo yo, intentando no soltar una carcajada histérica-. Perdóneme, señor Holden. ¿Ha dicho dirigir el equipo de la revista?

Apenas me mira. Mi incredulidad no parece impresionarlo.

– Sí. Tengo aquí unas notas que he estado leyendo… La señorita Carson puede darle el resto del archivo.

Yo acepto la carpeta con manos temblorosas.

– ¿Por qué yo?

– Nuestra candidata original tuvo que ser escoltada fuera del edificio… después de un desgraciado episodio y usted era la siguiente en la lista. Su artículo para el New York Times es justo lo que estaba buscando. ¿Qué dice?

Nerviosa, echo un vistazo a la carpeta que me ha dado y me paro al ver una lista de ideas para artículos. Al principio, esas ideas me suenan, pero luego me doy cuenta de que son mías. Son las que le di a Marguerite para Fashionista. Ahora entiendo que mi artículo sobre van Kessel sea exactamente lo que estaban buscando.

Digiero rápidamente esta información, pero estoy demasiado borracha como para pensar con claridad. Y tengo que tomar una decisión.

No sé qué decir. No soy una ejecutiva, sólo soy una redactora a la que hicieron editora por oscuros motivos. No sé nada sobre llevar una revista. No sé decirle a la gente lo que tiene que hacer y no sé cómo posicionar un producto.

Pero esas cosas son naderías. Son casitas poblado japonés y yo soy Godzilla.

Lynn Messina

Lynn Messina nació y creció en Long Island. Estudió Inglés en la Universidad Washington de St. Louis y en el Kings College de Londres. Su primer trabajo fue como asistente editorial en el Museo de Televisión y Radio. De ahí se fue a trabajar para una editorial de guías de televisión, donde realizó entrevistas con celebridades de menor importancia a las que solía acudir sin apenas preparación. Actualmente trabaja como correctora de estilo, de forma independiente, para una amplia variedad de revistas en Nueva York, donde ella vive con su marido y su hijo.

Hasta ahora ha publicado cinco novelas, entre las que se incluye su best-seller Fashionistas, que ha sido traducido a quince idiomas y, próximamente, será llevada al cine.

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