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Электронная книга - «Fashionista». Краткое содержание книги:

Sobrevivir en una revista femenina puede ser una lucha a muerte. Sobre todo, cuando tu jefa es una tirana.
Vig Morgan por fin ha conseguido dejar de ser la ayudante de la dictatorial y repelente directora, solo para verse metida en un mar de conspiradores. Pero Vig no es como las demás editoras en la super cool Fashionista. Para empezar, a ella le da igual qué diseñador viste a las estrellas del momento. Es inteligente, astuta y tan ambiciosa como cualquier persona inteligente y mal pagada, pero nunca tomaría parte en un complot para defenestrar a su jefa. ¿O sí?
Salta con Vig a las turbulentas aguas -conspiraciones, puñaladas por la espalda, libertad de expresión, coqueteos y alta costura- a las que se enfrenta cuando decide unirse a un compló de lacayos que quieren cargarse a la abeja reina, con inesperados -pero no necesariamente decepcionantes- resultados.
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Tú lo has querido, Keller. No me queda otra alternativa más que el chantaje.

– Si nos ayudas, no le contaré a nadie que llevas una doble vida -le digo. Me estoy tirando un farol, claro, no pienso contarlo-. Nadie garantiza que una nueva directora requerirá tu presencia más que Jane, pero si le cuento a los de recursos humanos lo que estás haciendo, te despedirán sin contemplaciones. Eso sí está garantizado.

Keller asiente.

– ¿Y que tengo que hacer?

Vaya, este es de los que cantan en cuanto le quitan la tarjeta de crédito.

– Añade un evento a la lista de fiestas que piensas cubrir en los próximos números.

– Sí, pero ¿cuál es el evento, en qué mes?

– Noviembre. Es una exposición de arte. El artista se llama Gavin Marshall. Añade una lista de famosos que acudirán a la exposición para que Jane se lo trague. Del resto me encargo yo.

En realidad, tengo un nudo en el estómago. Ser una dura chantajista no es tan fácil, no te creas.

– ¿Sólo eso, poner a Marshall en la lista para noviembre? ¿Y a cambio no le contarás a nadie lo de mi doble vida? ¿Así de sencillo?

– Eso es todo lo que tienes que hacer.

– Muy bien. ¿Y por qué no voy a contarle a Jane el plan que habéis orquestado para defenestrarla?

Se me encoge el corazón. ¿Lo ves? Yo no tengo alma de conspiradora. Podría contárselo a Jane y entonces me despedirían de inmediato. Yo contemplo mis opciones… ser despedida de un trabajo que no me gusta no es una tragedia. Sonrío.

– Muy bien, pues nada -digo, displicente, como si me diera igual.

En realidad, Keller no está nunca en la redacción y el plan podría seguir adelante sin él. Sólo necesitamos a Delia. Sin duda, Delia agradecerá la oportunidad de subir un peldaño en la escalera corporativa sin que los prejuicios de Jane la mantengan acogotada abajo.

– ¿Pues nada? -repite él, suspicaz.

– Pues nada, olvídate del complot. Me has ganado por la mano, así que… la verdad es que el plan podría habernos estallado en la cara.

Qué mentirosa soy, por Dios.

Él se queda pensativo.

– Lo haré -dice por fin.

– ¿Qué?

– Que lo haré.

– ¿Por qué? -no estoy preparada para una capitulación tan rápida y, desde que trabajo en Fashionista, me he vuelto suspicaz.

Keller sonríe.

– Tres razones. Una: no puede funcionar. Dos: a mí me ha ido muy bien en Fashionista. Tres: Delia se merece algo mejor.

– Pero si aún no conoces el plan…

– Me lo imagino, pero no me he decidido por eso. La única forma de perdonarme a mí mismo por lo que le estoy haciendo a Delia era creer que le estaba calentando el asiento. Pero Jane no lo hará nunca. Una nueva directora podría darle el ascenso que se merece.

– Eso es exactamente lo que yo pienso.

– Lo sé.

– ¿Lo sabes?

– Eres transparente, Vig. Tu cara lo dice todo.

Nadie me había dicho eso antes. Y yo no creo ser transparente… no, no, yo soy capaz de subterfugios y artimañas. Pero como ha aceptado ayudarnos, no le llevo la contraria.

Fase dos

El despacho de Jane es como una Planet Hollywood. Las paredes están cubiertas de fotografías de famosos: Brad y Jane, Meryl y Jane, Julia y Jane. Y en todas. Jane le pasa un brazo por los hombros al famoso, en actitud de: «mira que amiguetes somos».

Cada vez que entro en su despacho aparto la mirada de esas fotos y la dirijo hacia la ventana, hacia el Radio City Music Hall. Jane McNeill es como una de esas actrices de telenovela que aparecen en la puerta del protagonista anunciando ser la hija ilegítima del barón. Es una trepa y quiere pertenecer al grupo de la gente guapa. Quiere ver y ser vista, quiere salir corriendo porque la persiguen los paparazzi.

– ¿Qué quieres? -me espeta, con su proverbial buen humor.

Aún no son las once y media, pero ya está cabreada porque Marguerite ha llamado para decir que el Cessna privado que la trae desde Bangor tomará tierra un poquito tarde. El príncipe Rainiero de Mónaco tenía una reunión urgente en Washington y han tenido que dejarlo a él primero. No es la clase de noticia que alegra la mañana de Jane y, por lo tanto, yo tengo que pagar el pato.

– Tengo las secciones para el número de noviembre -le digo.

Aunque ella ya lo sabe. Nadie entra en su despacho sin que ella sepa de antemano para qué.

– Muy bien. Trae.

Cuando le doy los papeles, noto que tengo el corazón acelerado. Es el momento.

Por supuesto echará un vistazo, pero nada de lo que lea penetrará su dura cabezota. Dentro de una semana volverá a llamarme a su despacho para echarme una bronca por no haberle mostrado las secciones. Es una rutina estúpida que no echaré de menos cuando Marguerite sea la nueva directora.

Después de gruñir un par de veces. Jane asiente con la cabeza. Yo recupero los papeles pero… huy, qué despiste, se me cae uno de ellos sobre el escritorio.

– Mira que eres patosa.

– Lo siento -murmuro yo, aparentemente contrita.

Es una nota para Marguerite y sé que morderá el anzuelo en cuanto vea su nombre.

– ¿Qué es esto?

– Una nota.

– No seas mema, eso ya lo sé. ¿Qué es esto de Dorando la imagen?

– Nada. Una cosa a la que Marguerite me ha pedido que eche un vistazo.

– ¿Por qué?

– Tendrás que preguntárselo a ella -contesto yo, esperando que no lo haga, claro.

– Te lo estoy preguntando a ti. ¿Por qué le interesa a Marguerite esta exposición?

– No lo sé. Dijo que era la clase de evento que Fashionista debería apoyar.

– ¿Ah, sí?

– Pues sí. Dice que donde haya una celebridad, sea para lo que sea, nuestro nombre debería estar detrás.

– ¿Ah, sí?

– Según ella, eso aumentará la tirada e impresionará a la editorial.

– Está intentando impresionar a la editorial, ¿eh?

– No lo sé.

Sé perfectamente lo que está pensando. Después de cinco años, Jane es un libro abierto para mí.

– Gracias, Vig. Vete -me despide. Pero yo no me muevo-. ¿Qué?

– La nota.

Por un momento, parece como si no quisiera devolvérmela.

– No me distraigas -murmura, tirando la nota para Marguerite a la papelera.

Fase dos completada.

Nace una idea

Jackie está enfadada porque le han tirado la presentación de su tesis doctoral.

– Ha sido una experiencia horrible -me cuenta, a la hora de la comida.

A mí no me importa hablar de cine, de televisión o de la sección de moda durante la comida, pero ella sigue con lo suyo, erre que erre.

– Ha sido espantoso. Me hacían las preguntas una y otra vez, cambiando las palabras. Y yo decía: No, no conozco las implicaciones marxistas de los pantalones de campana. No, no sé lo que tienen que ver los Hush Puppies con el valor del yen. No, no he estudiado las ramificaciones económicas de los top de D &G. Mi tesis es sobre la literatura en la moda. ¿Qué tiene eso que ver con la política? Por favor, ha sido brutal -protesta, como si aquello fuera una técnica de interrogatorio y no un método de enseñanza diseñado para que los estudiantes tengan que buscar respuestas.

Jackie es la única que está haciendo el doctorado en Fashionista y a Jane le encanta tener una ayudante a punto de ser doctora. Para ella, es como tener al ganador del concurso de pastores alemanes llevándole el periódico todos los días.

En principio, Jackie tenía muchas ambiciones, pero ahora se da por contenta teniendo un trabajo que la aleje de esos crueles torturadores en sus torres de marfil.

Y Jane, por supuesto, está encantada.

– Dice que en esta revista hay futuro para mí.

Hay un futuro para Jackie en Fashionista, pero tendrá que sufrir mucho para conseguirlo.

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