Vidas soñadas
- Автор: Филдинг Лиз
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Vidas soñadas». Краткое содержание книги:
Pero cuando en su huída Mike se encontró con Willow en una gasolinera de la autopista, se dio cuenta de que se amaban y de que tendrían que solucionar sus problemas en vez de salir corriendo. No sabía cómo, pero Mike tenía que recuperar a su novia, convencerla de que estaban hechos el uno para el otro… y esta vez esperarla en el altar.
– Hasta mañana, Willow.
Mike sabía que ella lo deseaba. Willow se cubrió la cara con las manos. Se había tirado sobre él como una desesperada. Y él la había rechazado.
Lo único que hacía soportable su vergüenza era la seguridad de que tampoco para él había sido fácil apartarse. ¿Por qué si no había decidido alejarse de la tentación?
Aquello no tenía nada que ver con la falta de deseo porque el deseo era tan fuerte como siempre. Era un problema fundamental del que nunca habían hablado.
Willow encendió el móvil para ver si le había enviado un mensaje. Nada. Escribió la palabra Socorro.
Y después la borró.
Maybridge. Allí encontraría respuestas a las preguntas que la habían mantenido despierta toda la noche. Willow se echó hacia atrás para comprobar cómo había quedado la pared que estaba pintando. Pero estaba pensando en Maybridge.
– Has hecho un buen trabajo -escuchó la voz de Mike tras ella-. ¿Te apetece un café?
– Sí, gracias.
Después, se volvió de nuevo hacia la pared. El torso desnudo del hombre era demasiado excitante un lunes por la mañana. Demasiado excitante para una relación que había terminado.
– Podrías pintar algo para que la pared no fuera tan azul. Unas nubes, por ejemplo.
Había algo en su voz que la hizo mirarlo.
– En la vida de todo el mundo siempre hay alguna nube, ¿es eso lo que quieres decir?
– Parece que sí, aunque creo que los chicos que vengan a pasar aquí las vacaciones ya habrán tenido que aguantar muchas nubes. Quizá sería mejor dibujar un sol.
– Con nubes y sol, podríamos tener un arco iris.
– ¿Un símbolo de esperanza?
– Todos necesitamos eso. Una colina verde con margaritas también estaría bien -dijo Willow rápidamente, antes de que su cuerpo traidor la obligase a lanzarse a los brazos del hombre para decirle que había cometido un error y no era su carrera lo que la importaba, sino él. Desgraciadamente, ella no había sido la única que había decidido salir huyendo.
– ¿Solo para asegurarnos de que mantenemos los pies en el suelo? -preguntó Mike entonces, con cierta ironía.
– Yo creo que somos los más sensatos en diez kilómetros a la redonda -contestó Willow. ¿Por qué si no estaba manteniendo una conversación tan natural con el hombre que la había dejado plantada ante el altar? ¿Al que ella había dejado plantado ante el altar?-. Quizá podríamos dibujar un globo sobre la colina.
– ¿Por qué no pintas a Jacob dentro del globo? Seguro que le encantaría viajar.
Willow disimuló una sonrisa. Los celos eran buenos. Los celos significaban que a él le importaba. Y no podía creer cuánto deseaba importarle…
– Será mejor que hable con Emily antes de hacer nada. Además, tengo que pintar la cocina para que puedas marcharte.
– Primero tienes que tomarte el café. Ven a tomarlo fuera para respirar un poco de aire fresco -dijo Mike, tomándola del brazo-. Puedes decirme qué te parecen las estanterías.
Willow las miró, sorprendida.
– Pensé que solo ibas a colocar unas baldas, pero esto es estupendo. Son muy bonitas -murmuró, pasando la mano por la pulida superficie-. Me encanta que hayas lijado los bordes.
– Para que los niños no se den golpes.
– Están tan bien hechas… No sabía que podías hacer estas cosas.
– Y yo no sabía que habías solicitado un puesto en el Globe.
Willow lo miró a los ojos.
– Lo hice antes de conocerte.
– Lo mismo digo -murmuró Mike-. Necesitaré más madera para hacer los bancos.
– Y yo tengo que hacer unas llamadas. La secretaria de Toby Townsend me dijo que llamara hoy.
– ¿Desde Santa Lucía?
– No, claro que no…
– No te pongas a la defensiva, Willow. Una profesional tiene que hacer sacrificios, incluso en su luna de miel -dijo Mike, sarcástico-. ¿O es que la semana pasada ya tenías dudas? -preguntó. Después, sacudió la cabeza-. Perdona. La verdad es que yo tampoco respondí como un hombre moderno cuando me hablaste de tu gran oportunidad.
– Pues no. Y tampoco creo que tú salieras corriendo de la iglesia porque de repente te golpeó un rayo.
– No.
– La única razón por la que Toby espera mi llamada hoy es porque no estaba en la oficina la semana pasada. Le escribí una carta… -empezó a decir Willow. Pero no terminó la frase. Se sentía fatal. No tenía razón para ello, pero así era.
– Y ahora tienes que llamarle por teléfono para explicar que todo fue un error. Que no lo decías en serio.
– La verdad es que nunca envié esa carta.
– Ah, ya veo.
– Además, ya no puedo volver a trabajar en el Chronicle. ¿No te parece?
– Puedes hacer lo que quieras, Willow. Yo no voy a estar allí.
– ¿Por qué no?
– Da igual. Pero quizá sería buena idea llamar para decir que te marchas. Tendrán que buscar a alguien que haga tu trabajo.
– ¿Y tú?
– También tendrán que buscar a alguien que haga mi trabajo.
– Reemplazar a un heredero no es lo mismo que reemplazar a una redactora, Mike.
– No se puede dimitir de ser hijo, Willow. Pero al menos he intentado dimitir del cargo de heredero. Y creo que esta vez he logrado convencer a mi padre. Solo lamento que tú te hayas visto mezclada en todo el asunto -murmuró Mike, tomando una plancha de madera-. ¿No tenías que hacer una llamada?
– Sí -contestó ella. Tenía muchas preguntas que hacer, pero él no parecía dispuesto a seguir hablando-. Voy a llamar a Toby.
¿Y luego qué? Si pensaba ir a Londres necesitaría cambiarse de ropa. Ropa adecuada. La clase de ropa que llevaría una periodista en un periódico de tirada nacional. Elegante y moderna. Pero Willow no podía soportar la idea de volver a su apartamento, evitando a los vecinos para que no hicieran preguntas. Evitando a su madre, que seguramente habría puesto el edificio bajo vigilancia.
Quizá Crysse se habría calmado y podría llevarle algo de ropa. Pero cuando la llamó, no obtuvo respuesta. Y el contestador seguía apagado.
Hablar con Toby Townsend, aunque él estaba encantado de hablar con ella y deseando verla, no consiguió levantar su espíritu y Willow tuvo que consolarse a sí misma pintando vigorosamente la cocina.
– Estás empezando a hacerlo bien -dijo Mike, mientras se lavaba las manos en el fregadero. Subida a la escalera, recordándose a sí misma que estaba allí por elección propia, Willow se limitó a asentir-. Es una pena que no hayas empezado por la otra pared. Podría haber colocado las estanterías.
– Ah, vaya. No me he dado cuenta. Lo haré esta tarde.
Mike negó con la cabeza.
– No hace falta. Puedo seguir haciendo los bancos. Por cierto, te recuerdo que hoy te toca hacer la comida.
– ¿Quién lo dice? -preguntó Willow. Mike levantó una ceja. Tenía razón, era su turno-. Vale, abriré unas latas. ¿Sopa o judías?
Mike se apoyó en el fregadero, con los brazos cruzados.
– Lo de la cocina no se te da muy bien, ¿verdad?
– Depende.
– Admítelo, no te gusta cocinar.
– Te equivocas. No es que no me guste, es que no sé -dijo ella. En ese momento, una gota de pintura le manchó la cara y aprovechó la oportunidad para ocultarse bajo la manga de la camiseta-. ¡Ah, ya lo entiendo! Por eso saliste corriendo de la iglesia. Porque te olías que tendrías que hacerte la comida todos los días. ¡Admítelo! -exclamó. Willow era una experta cambiando de tema y Mike lo sabía-. ¿Dónde vas?
– Me has convencido. Voy a hacer la comida.
– Siempre funciona -sonrió ella. Pero, ¿por qué Mike no quería hablar de las razones que lo habían hecho salir corriendo de la iglesia? Ella lo había hecho-. Muy bien. Quiero sopa.
– De acuerdo. Cinco minutos.