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Электронная книга - «Placer Y Trabajo». Краткое содержание книги:

NO SOSPECHABAN QUE TRABAJAR DURANTE LAS VACACIONES PODRÍA SER TAN PLACENTERO
Los ejecutivos de publicidad Matt Davidson y Jilly Taylor tenían dos cosas en común: ambos odiaban perder y se deseaban el uno al otro. Pero ninguno de los dos estaba dispuesto a arriesgar el ascenso por rendirse a la atracción que sentían. No contaban con que su jefe les encargara llevar la misma cuenta… y dormir en el mismo hotel. Aquello estaba al rojo vivo, tanto laboral como sentimentalmente, y pronto se dieron cuenta de que no podían centrarse en el trabajo…
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– Entonces ven conmigo.

Jilly sonrió.

– Esta es la mejor oferta que me han hecho en los últimos nueve meses, tres semanas y diecinueve días.

Jilly estaba en la ducha, disfrutando del agua caliente que caía sobre su cuerpo. Con las manos enjabonadas, Matt le masajeaba la espalda, la cintura y el trasero. Era tan relajante, que ella tenía que esforzarse para que no se le doblaran las piernas.-Manos mágicas -murmuró Jilly-. Tienes unas manos mágicas y atrevidas.

Acto seguido, él la abrazó por detrás, la apretó contra su cuerpo y apoyó el pene erecto en las nalgas. Mientras le besaba el cuello, comenzó a acariciarle los senos y el vientre. Lentamente fue deslizando los dedos hasta el nacimiento de los muslos de Jilly y, cuando le rozó el pubis, ella gimió con desesperación.

– Tengo algo que confesarte-le susurró Matt al oído-. Me preguntaba qué cuerpo ocultabas debajo de esos trajes tan serios que usas.

Ella se sintió halagada por el comentario.

– ¿Y ahora que lo sabes? -preguntó con picardía.

En aquel momento, él le introdujo un dedo en el sexo y, con la otra mano, le pellizcó los pezones. Jilly volvió a gemir, complacida.

– Suponía que eras preciosa -dijo Matt-, pero nunca imaginé que fueras tan desinhibida.

– ¿Y eso te molesta?.

– En absoluto -afirmó él-. Admiro a las mujeres que saben lo que quieren y no temen hacer lo necesario para conseguirlo.

– ¿De verdad?

– De verdad.

– Bueno, me alegra saberlo…

Jilly se dio vuelta, se apretó contra la pelvis de su amante y mientras le acariciaba el cabello, agregó:

– Porque quiero que me hagas el amor otra vez. Despacio y con calma, pero ahora mismo.

A él se le encendió la mirada. Se metió bajo el agua junto a ella, enjuagó los restos de jabón que tenían en el cuerpo y la apoyó contra la pared. Jilly se estremeció; el frío de los azulejos contrastaba con el calor de su piel. Era una sensación agradable y excitante.

– Yo también tengo algo que confesarte – murmuró, mientras él la acariciaba-.Esta mañana, cuando te vi. envuelto en la toalla, se me aceleró el corazón. Pero ahora, al verte desnudo, creo que me va a estallar. Verte desnudo destroza la teoría de que todos los hombres son iguales.

Matt sonrió y la acarició suavemente entre los muslos.

– ¿Sabías que tus ojos tienen vetas verdes? -le preguntó-. ¿Y que adquieren una tonalidad increíblemente ahumada cuando te excitas?

– Sabía lo de las vetas verdes, pero no sabía lo segundo -confesó-. Supongo que eso quiere decir que ahora están ahumados…

– En efecto. ¿Preparada para otra sesión de juegos suaves y lentos?

– No estoy segura de que me apetezca algo suave y lento, pero adelante…

Como gustes.

Él comenzó a besarla por todo el cuerpo y ella sencillamente se dejó hacer, sucumbiendo a sus manos y a su boca. Y cuando vio que introducía la cabeza entre sus muslos, se sintió perdida.

Unos segundos después, empezó a lamerla. La agarró con fuerza de las caderas y la atrajo hacia sí, sin dejar de besarla, lamerla, sin dejar de hacerle el amor con la boca hasta volverla loca de necesidad. Ella se aferró a sus hombros y no tardó en alcanzar el orgasmo.

Cerró los ojos y entonces oyó el inconfundible sonido de un preservativo al sacarlo del paquete. Decidió abrirlos de nuevo y descubrió a Matt en el preciso momento en que se lo ponía. Después, la atrajo hacia sí, ella cerró las piernas alrededor de su cintura y Matt la penetró.

– Oh, Dios mío…

Jilly lo besó con apasionamiento y el comenzó a moverse una y otra vez, disfrutando del instante, hasta que ella volvió a alcanzar el clímax.

– ¿Preparada para otro? -preguntó él.

Ella sonrió.

– Oh, sí…

– Entonces, sígueme…

El ritmo fue esa vez más rápido y violento. Hicieron el amor durante unos minutos y luego se sentaron al borde de la cama, cambiaron de posición y siguieron hasta agotarse.

– Eres muy bueno en esto -dijo ella, más tarde.

– Gracias, pero el cumplido sonaría mejor si no parecieras tan sorprendida…

– No estoy sorprendida, sólo asombrada.

En realidad, Jillian había mentido. Estaba sorprendida, pero no por las habilidades amatorias de Matt, sino por la intensidad de aquellas sensaciones. Sencillamente, no lo esperaba. Nunca había pensado que pudiera ser algo tan profundo, dulce y maravilloso a la vez. Y por supuesto, no se le había ocurrido pensar que Matt fuera tan generoso y atento.

– ¿Sabes que eres preciosa? -preguntó él.

El ronco tono de su voz, el contacto de sus dedos y el brillo de sus ojos la dejaron sin habla.

– Eres preciosa, sí. Me gusta tu olor, tu sabor, tu aspecto…

– Gracias -acertó a decir ella-. Tú tampoco estás mal.

Matt sonrió.

– Entonces, tengo que confesarte algo: estoy hambriento.

– ¿Ya? Eres muy rápido…

Matt rió.

– No, no… Tengo hambre de comida. Necesito tomar algo para poder seguir.

– ¿Estás pensando en el servicio de habitaciones?

– No exactamente.

– Oh, no… Estás pensando en mis bombones.

– ¿Yo? -preguntó con inocencia fingida-. Jamás te robaría los bombones. Aunque, si me ofreces alguno, creo que lo aceptaría de buen grado.

– Ya, ya… ¿Sabes lo que creo? Que has hecho esto para poder comerte mis bombones.

– Te equivocas. Quería comerme tus bombones, pero también quería comerte a ti -declaró, con un brillo de pasión en la mirada-. Además, podríamos poner los bombones sobre tu cuerpo y jugar un poco a ver lo que pasa, ¿no te parece?

– Sí, no estaría mal. Sería una gran idea.

Capitulo 8

Matt se despertó cuando la dorada luz del amanecer iluminó la habitación. Sus cinco sentidos estaban concentrados en una sola cosa: Jilly.

En aquel momento, el mundo se reducía a la mujer que dormía junto a él. Nada importaba salvo el calor de su cuerpo; la leve presión de su mano sobre el pecho; la suave curva de su cadera, la belleza de sus muslos; su embriagador perfume entremezclado con los aromas de la noche de pasión; la sensación de sus pechos presionándole el costado; su cálida respiración acariciándole las costillas; y su negra y revuelta cabellera haciéndole cosquillas en el torso.

En cuánto le acarició la cabeza, recordó las horas de sexo desenfrenado que habían compartido, el modo en que Jilly temblaba ante sus caricias y la sensación de fundirse con su cuerpo al entrar.

De solo pensarlo, sentía que se le paraba el corazón. Había sido increíble, con una intensidad que no podía describir porque jamás había experimentado nada semejante. Sentía como si acabara de descubrir un universo nuevo e inesperado.

Era como si, de repente, todo lo que había sentido antes por las mujeres se hubiera potenciado mil veces y se hubiera convertido en un recuerdo pálido en comparación. En cierta medida, se sentía apabullado. Una cosa era que ella lo excitara, pero jamás habría imaginado que lo enloquecería por completo. Se sentía cautivo de su contacto y de su maravillosa sonrisa y atraído por su sentido del humor y, por su férrea necesidad de independencia Definitivamente, no había pensado sentirse tan atado a ella.

Se preguntó de dónde provenían todos esos sentimientos inesperados. Le gustaba, la admiraba, quería conocer todo sobre ella. Dentro y fuera de la cama.

Cuando tomó conciencia de lo que estaba ocurriendo, suspiró con preocupación. Sin duda, se suponía que el fin de semana sería otra cosa. La idea original era que Jilly y él compartirían algunas risas, un par de orgasmos y, después, volverían a sus vidas de siempre.

Sin embargo, le había bastado una noche con ella para saber que eso era absolutamente imposible porque él sería incapaz de terminar aquel fin de semana y pretender que nada había ocurrido. Sabía que no podría porque, incluso teniéndola a su lado, no conseguía dejar de pensar en el sabor de su boca, la suavidad de su piel, lo embriagador de su aroma y el modo en que lo nombraba cuando alcanzaba el éxtasis.

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