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Электронная книга - «Placer Y Trabajo». Краткое содержание книги:

NO SOSPECHABAN QUE TRABAJAR DURANTE LAS VACACIONES PODRÍA SER TAN PLACENTERO
Los ejecutivos de publicidad Matt Davidson y Jilly Taylor tenían dos cosas en común: ambos odiaban perder y se deseaban el uno al otro. Pero ninguno de los dos estaba dispuesto a arriesgar el ascenso por rendirse a la atracción que sentían. No contaban con que su jefe les encargara llevar la misma cuenta… y dormir en el mismo hotel. Aquello estaba al rojo vivo, tanto laboral como sentimentalmente, y pronto se dieron cuenta de que no podían centrarse en el trabajo…
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Se maldijo por haber cedido a la tentación de haber hecho el amor con ella. Sabía que cometería un tremendo error al hacerlo, pero no había tenido la fuerza suficiente para resistirse. El problema era que ahora se encontraba en medio de una situación que podía arrastrarlo al mismo desastre que había vivido con Tricia.

Cerró los ojos y trató de alejar esos pensamientos negativos de su mente. Tenía claro que no había sido muy listo al acostarse con Jilly, fundamentalmente porque comenzaba a sentir que entre ellos había algo bastante más profundo que un tórrido romance de fin de semana. Pero de ninguna manera podía permitirse cometer los mismos errores que con Tricia. Algo había aprendido de esa experiencia. Esta vez, sabía que la mujer con la que estaba lidiando era ambiciosa y perseguía el mismo objetivo que él.

No obstante, ahora también sabía lo suave que era la piel de Jilly; lo deliciosa que era su boca; lo sedoso que era su cabello y lo increíble que era sentirse rodeado por el calor de su sexo. Y lo que había descubierto podía hacerle perder la razón y sacrificar sus ambiciones profesionales, entre otras tantas cosas.

Pero sólo si permitía que pasara, y no lo haría. Era cierto, Jilly le gustaba mucho y se sentía atraído por ella, pero mientras no cometiera la estupidez de enamorarse, todo estaría bien. Lo único que tenía que hacer era controlarse. Nada más, nada menos.

Después de meditar un largo rato, y sintiéndose algo más aliviado, deslizó la mano sobre la delicada curva de la cintura de su amante. Ella se desperezó sobre el pecho de Matt, levantó la cabeza y lo miró con cara de dormida.

– Buenos días -dijo Jilly, con una sonrisa.

Sólo había necesitado dos palabras y una sonrisa para echar por la borda todos los sentimientos que él había logrado apaciguar tras casi media hora de cavilaciones.

– Buenos días -contestó.

Jilly le apoyó las manos sobre el pecho, recostó la cabeza y lo miró con gesto solemne.

– Tenemos un problema, Matt.

Él se estremeció al oírla. Evidentemente, ella también había sentido la conexión que había entre ambos. Eso complicaba aún más las cosas. Matt sabía que lo más probable era que se llenara de recelo para defenderse de la sospechosa felicidad que sentía al pensar que a ella le pasaba lo mismo. Respiró hondo y se convenció de que lo mejor sería obrar con prudencia.

– Mira, Jilly, yo…

– No huelo a café -interrumpió la mujer-. Creí que habíamos acordado que el primero que se despertara se ocuparía del desayuno y, considerando que cuando abrí los ojos me estabas mirando, concluyo que tú te has levantado primero. Y como no tengo mi café, puedo asegurarte que tienes un grave problema.

Aliviado, Matt le deslizó las manos por la espalda y le pellizcó las nalgas.

– ¿Sí? -preguntó, con sorna-. ¿Y se puede saber qué clase de problema?.

Que estás en deuda conmigo.

– ¿Acaso estás hablando de dinero? Si es así, dime a cuánto asciende mi deuda.

– ¿Dinero? -se burló Jilly-. No, corazón, me temo que esto no se paga con dinero.

Acto seguido, le recorrió el vientre con las yemas de los dedos y le acarició el miembro viril.

– Exijo que me pagues en especie -añadió, con malicia.

– ¿Y qué pasa si me niego a cumplir tus exigencias?

Jilly se levantó de la cama sin responder. Matt la siguió con la mirada, fascinado por la belleza de aquel cuerpo desnudo, hasta que, con un sensual movimiento de caderas, ella desapareció de su vista. La oyó preparar el café en la pequeña cocina que había junto al cuarto de baño. Algunos segundos más tarde, salió del lugar y se apoyó contra la pared con una taza de cerámica blanca en la mano.

– Si eliges no cumplir mis exigencias dijo la mujer-, no compartiré mi café recién hecho contigo.

Sin quitarle la vista de encima, Matt se levantó de la cama y caminó lentamente hacia ella.

– Tú sí que sabes cómo conseguir lo que quieres, Jilly.

Ella bajó la mirada y se concentró en la notoria erección de su amante.

– A juzgar por lo que veo, diría que sí… – comentó ella, entre carcajadas.

En cuanto estuvo a su lado, él le quitó la taza de la mano, la dejó en la mesita de noche y atrajo a Jilly hacia él. Comenzaron a besarse intensa y apasionadamente. A Matt le dolía el cuerpo de desearla tanto.

– De acuerdo -comentó mientras le lamía el cuello-, está vez pagaré mi deuda pero sólo porque me muero por un café.

Ella deslizó una mano entre sus cuerpos y tomó el pene de Matt entre los dedos. Él suspiró complacido.

– ¿Estás seguro de que es café lo que quieres, Matt?

– Sí. Aunque antes te quiero a ti.

Acto seguido, la alzó en brazos y la llevó hasta la cama.

Una hora después, Jilly salió de la ducha y se envolvió en una de las toallas del hotel. Se sentía relajada y lista para afrontar el día. Se dijo que, sin duda, no había nada como el sexo para sentirse lleno de energía.

Mientras tuviera claro que lo que había entre ellos era sexo y nada más que sexo, todo estaría bien. Y estaba dispuesta a hacer lo que fuera necesario para no perder esa claridad mental. No podía permitirse pensar demasiado en la intensidad con la que habían hecho el amor una y otra vez. Tenía que olvidar lo agradable que era acariciar y besar a Matt; que borrar el recuerdo de cómo él murmuraba su nombre al penetrarla, y quitar de su memoria las risas compartidas. Si conseguía hacerlo, tendría la situación bajo control.

Al salir del cuarto de baño vio a Matt cerca del teléfono. Sólo llevaba puestos los calzoncillos y tenía una expresión sospechosa en la cara.

– ¿Algún problema? -preguntó Jilly.

– No, ninguno.

– ¿Estás seguro?

– Sí.

– ¿Has localizado a Jack?

– Acabo de hablar con él. Según parece, tenemos todo el día para nosotros.

Ella arqueó las cejas.

– ¿Por qué? ¿Qué te ha dicho?

– Estaba con su nueva amante, Carol. Van a estar todo el día fuera, así que se reunirá con nosotros para cenar.

Jilly suspiró con preocupación.

– Eso nos pone en una situación complicada -reflexionó-. La cena de anoche no estuvo mal, pero a Adam no le va a gustar nada ver que Jack pierde horas de trabajo por salir con su nueva amiga.

– Mira, preciosa, quien tiene que dar las explicaciones es Jack. Nosotros no podemos hacer nada al respecto. Además, pensemos que no va a ocurrir nada malo y alegrémonos por Jack. Me dijo que lo estaba pasando muy bien con Carol -explicó, mirándola a los ojos-, y le dije que lo entendía perfectamente.

Jilly se sonrojó al ver cómo le brillaban los ojos a Matt cuando la miraba.

– Eso quiere decir que tendremos que soportarnos todo el día -comentó ella.

– Así parece…

Después, caminó hacia ella y sólo se detuvo cuando sintió que sus cuerpos estaban prácticamente pegados desde el pecho hasta las rodillas. La miró a los ojos y le asaltó la boca con un beso apasionado.

Jilly se sorprendió al notar que la lengua de Matt sabía a chocolate. Abrió los ojos y se inclinó hacia atrás para mirarlo.

– ¿Qué has estado haciendo mientras me duchaba? -preguntó, estudiándole los labios.

– Nada -se apresuró a decir él.

Ella se echó hacia delante y lo olfateó.

– Hueles a chocolate. Sabes a chocolate… a mi chocolate…

– No te pongas así, Jilly.

– No me digas cómo tengo que reaccionar. Sólo quedaba un bombón y era mío. Juro que si te lo has comido, te obligaré a quitarte la ropa interior.

– Cariño, sabes de sobra que no tendría ningún problema en quitármela.

– En ese caso, juro que si te has comido mis bombones, no conseguirás que yo me la quite.

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