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Электронная книга - «Placer Y Trabajo». Краткое содержание книги:

NO SOSPECHABAN QUE TRABAJAR DURANTE LAS VACACIONES PODRÍA SER TAN PLACENTERO
Los ejecutivos de publicidad Matt Davidson y Jilly Taylor tenían dos cosas en común: ambos odiaban perder y se deseaban el uno al otro. Pero ninguno de los dos estaba dispuesto a arriesgar el ascenso por rendirse a la atracción que sentían. No contaban con que su jefe les encargara llevar la misma cuenta… y dormir en el mismo hotel. Aquello estaba al rojo vivo, tanto laboral como sentimentalmente, y pronto se dieron cuenta de que no podían centrarse en el trabajo…
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– Mi madre no pudo aguantarlo. Lo amaba con toda su alma… Se habían casado muy jóvenes, cuando salieron del instituto. Mi padre era mecánico, y aunque no se podía decir que fueran precisamente ricos, vivían muy bien. Ella se concentró en la maternidad y él en todo lo demás. Siempre quiso ser el que cuidaba de sus chicas, como solía decir…

Jilly se detuvo un momento antes de continuar.

– Era un gran hombre. Fuerte, con sentido del humor, vital. Y cuando murió… bueno, no puedo describir lo que sentí.

– No es preciso que lo hagas. Sé lo que se siente cuando el mundo cambia por completo, de repente. Tú te encuentras… perdido e impotente.

– Exacto elijo ella.

– ¿Qué pasó después?

– Todo se derrumbó. Vivíamos de un trabajo mío a tiempo parcial, pero mi madre nunca hizo nada. Es decir, se ocupaba de todas las cosas de la casa, pero no sabía hacer nada más. Nunca había trabajado fuera y sencillamente no sabía sobrevivir sin la protección de mi padre. Y estaba tan hundida con su pérdida, que no conseguía reaccionar.

– De modo que cargaste con toda la responsabilidad…

– No tenía elección. No teníamos dinero, así que alquilamos un local y abrimos una boutique. Mi madre cosía y mientras tanto yo me dedicaba a hacer todas las cosas que había hecho mi padre, desde reparar un grifo roto a arreglar el coche. Entonces me prometí que nunca sería como mi madre. Me prometí que estudiaría una carrera y que adquiriría los conocimientos necesarios para no tener que depender de nadie.

Matt sonrió.

– Pues es evidente que alcanzaste tu objetivo.

Ella lo miró en silencio durante un par de segundos y pensó si lo que acababa de decir era cierto. En muchos sentidos, lo era. Había logrado sus objetivos materiales. Pero no tenía a nadie con quien compartirlos.

– Sí, he conseguido el trabajo que quería, pero no la estabilidad económica -explicó-. Estoy buscando algo más.

– Como por ejemplo, la campaña de ARC…

– En efecto.

– ¿Y cómo le va a tu madre ahora?

Jilly sonrió.

– Muy bien. Ha debido recorrer un largo y duro camino, pero parece que mi ejemplo le sirvió de algo y hace unos años empezó a estudiar. Dentro de doce meses tendrá su título en ciencias empresariales. La verdad es que estoy muy orgullosa de ella.

– Y supongo que ella también de ti…

– Bueno, es mi madre. Es su trabajo.

El camarero llegó con las ensaladas y Matt apartó la mano. Jilly lamentó la pérdida de su contacto y deseó acostarse con él, desnudos, excitados. Deseó sentirlo en su interior.

Las imágenes que la asaltaban eran tan fuertes, que se sintió desfallecer.

– ¿Te encuentras bien? -preguntó él.

– Sí, sí, estoy bien… Como ves, nuestras vidas no se parecen demasiado. Está visto que no tenemos muchas cosas en común -dijo ella, nerviosa.

Jillian no había imaginado en ningún momento que su cena con Matt pudiera llegar a ser tan divertida e inquietante a la vez. La conversación era interesante, el ambiente era romántico y todos sus sentidos permanecían alerta ante la presencia de aquel hombre. Además, sabía que la noche no había terminado todavía. Tendrían que volver a compartir la habitación 312.

Matt la observó con detenimiento y declaró, de repente:

– Pues yo creo que tenemos muchas cosas en común.

– ¿Muchas? ¿Por qué lo dices?

Matt la tomó de una mano.

– Tu pulso se ha acelerado, como el mío. Los dos somos incapaces de olvidar el beso que nos dimos y los dos nos sentimos atraídos por el otro.

La conversación estaba derivando por caminos peligrosos, pero Jillian pensó que Matt tenía razón. No tenía sentido que negara sus sentimientos, pero se sentía atrapada entre el miedo y el deseo.

– Eres un hombre encantador y muy atractivo. Cualquier mujer te encontraría interesante.

– Gracias, pero no me refiero a eso. Entre nosotros hay algo más. He intentado hacer caso omiso y olvidarlo… Sin embargo, no lo he conseguido. Y creo que tú tampoco.

Jilly ni siquiera se molestó en negarlo.

– Es cierto, yo también lo siento. Pero no me gusta.

– Lo comprendo. Pero, ¿qué vamos a hacer al respecto?

– No lo sé. ¿Qué opciones tenemos?

– Sólo dos, según lo veo. O nos olvidamos del asunto o…

– Puede que esa sea la opción más inteligente.

– Inteligente, tal vez. Pero posible… No lo creo.

El corazón de Jilly latía tan deprisa, que pensó que Matt podría oír los latidos.

– Alguien a quien han hecho tanto daño en el pasado debería huir a toda prisa de una situación como esta, Matt.

– Puede ser. Pero, en mi opinión, sólo podemos optar por la segunda opción.

– ¿Y cuál es?

– Pasar el resto de la semana explorando nuestras emociones y separarnos después.

– ¿Insinúas que nos acostemos y que actuemos como si nada hubiera pasado cuando volvamos al trabajo?

– Exacto.

La idea era muy tentadora, pero a pesar de todo, Jilly preguntó:

– ¿No crees que eso complicará nuestras relaciones profesionales?

– Estoy seguro de que será difícil, sí, pero será difícil hagamos lo que hagamos -respondió.

– Sí, creo que tienes razón.

– En tal caso, ¿por qué no disfrutar del fin de semana? Bien pensado, estamos atrapados.

Entonces, él la tomó de la mano otra vez y la besó.

– Creo que es la solución perfecta para lo que sentimos, porque ninguno de los dos somos capaces de superarlo -continuó Matt-. ¿Y bien? ¿Qué te parece? ¿Quieres acostarte conmigo?

Capitulo 7

Jilly se puso pálida. Miró a Matt a los ojos durante unos segundos y luego bajó la vista, avergonzada. Ahora estaba segura de que había oído parte de su conversación con Kate.

Con la cabeza gacha, repasó lo que había dicho en la conversación con su amiga y se sonrojó. Le había confesado que quería hacer mucho más que besarlo y que llevaba tanto tiempo sin hacer el amor que apenas recordaba cómo era.

Acto seguido, apoyó los codos sobre la mesa y hundió la cara entre las manos. Estaba tan mortificada que, a pesar de su agnosticismo, le rezó a todos los santos para que ocurriera algún milagro que la librase de tener que enfrentar a Matt. Le había dicho a Kate que deseaba hacer el amor con él más que ninguna otra cosa; sin embargo, en ese momento, lo que quería era poder hundir la cabeza en la tierra como un avestruz.

– ¿Cuánto has oído? -preguntó, finalmente.

Él le levantó la barbilla con los dedos y la obligó a mirarlo a la cara.

– Lo suficiente como para saber que me deseas. Lo cual está muy bien porque también te deseo. Y lo necesario como para saber que llevas tiempo sin hacer el amor; lo mismo me ocurre a mí también. En toda mi vida, jamás me había sentido tan irremediablemente atraído por una mujer. En lo que a mí respecta, no debiéramos perder más tiempo. Así que, si estás de acuerdo, podríamos…

Las palabras y el tono ronco y sensual de Matt sirvieron para que Jilly perdiera definitivamente la vergüenza. El había elevado la apuesta al afirmar que la deseaba y estaba esperando una respuesta. Ella tenía que elegir entre aceptar el juego o recoger sus cosas y escapar a toda velocidad. Tardó menos de cinco segundos en decidirse. A fin de cuentas, Matt tenía razón: no tenía sentido perder más tiempo. Además, lo deseaba desesperadamente y estaba ansiosa por hacer el amor.

Nueve meses, tres semanas y diecinueve días habían sido suficientes.

Sin más, Jilly exhaló una larga bocanada de aire y afirmó:

– Apostaría que llevas menos tiempo sin tener relaciones sexuales que yo.

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