Placer Y Trabajo
- Автор: D'alessandro. Jaquie
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Placer Y Trabajo». Краткое содержание книги:
Los ejecutivos de publicidad Matt Davidson y Jilly Taylor tenían dos cosas en común: ambos odiaban perder y se deseaban el uno al otro. Pero ninguno de los dos estaba dispuesto a arriesgar el ascenso por rendirse a la atracción que sentían. No contaban con que su jefe les encargara llevar la misma cuenta… y dormir en el mismo hotel. Aquello estaba al rojo vivo, tanto laboral como sentimentalmente, y pronto se dieron cuenta de que no podían centrarse en el trabajo…
– Supongo que tienes razón.
– Estás muy bella esta noche, Jilly.
– Gracias… ¿Quieres que cenemos juntos a pesar de todo?
– Por supuesto que sí. Además, este es un restaurante de cinco estrellas y supongo que será bueno.
– Pues espero que no tengas mucha hambre, porque te advierto que los platos salen carísimos -dijo ella, mientras miraba el menú.
– Bueno, si nos quedamos con hambre siempre podemos dar buena cuenta de tus bombones.
– ¿Y qué te hace pensar que los compartiría contigo? -preguntó, arqueando una ceja.
– Que últimamente compartimos muchas cosas; como tu ordenador, por ejemplo. Así que se podría decir que compartir es la lección del día.
El camarero llegó unos segundos después y pidieron una botella de los viñedos de la casa. En cuanto se marchó, ella dijo:
– Podríamos quedarnos aquí toda la noche y bebernos una caja de botellas de vino para animarnos -comentó ella con malicia.
– Bueno, no necesito una caja de botellas para animarme. Tú ya me animas bastante – observó él-. Por cierto, ¿sales con alguien?
– ¿A qué te refieres? -preguntó ella, sorprendida.
– A que si sales con algún hombre -puntualizó-. ¿Tienes novio o algo así?
– ¿Por qué quieres saberlo? Matt se encogió de hombros.
– Supongo que sólo intento mantener una conversación.
Naturalmente, había mentido. Se moría de curiosidad por saber si salía con alguien.
– No, no salgo con nadie. ¿Y tú?
– No, yo tampoco. Estaba saliendo con una mujer, pero rompimos en las navidades del año pasado.
– ¿Por qué?
– Porque yo quería casarme. -¿Y ella no?
– Sí, ella también. Pero con mi mejor amigo.
– Oh, Dios mío… Debió de ser terrible para ti.
Matt rió.
– Sí, como un corte en la yugular -dijo con ironía-. Perdí mi trabajo, a mi mejor amigo y a mi chica al mismo tiempo.
– ¿Por qué perdiste tu trabajo?
Matt dudó un momento. No sabía si contárselo sería buena idea, pero pensó que no perdía nada con ello.
– Los tres trabajábamos en Cutting Edge Advertising. Y el mismo día que descubrí que estaban juntos, también descubrí que me habían robado varias de mis ideas. Fue un día magnífico, vamos.
– ¿Y qué hiciste? -Deje mi trabajo.
– ¿No luchaste para recuperar tus ideas? – preguntó, asombrada.
– No. Pero veo que te sorprende… -Francamente, sí.
– Pensé en la posibilidad, pero habría sido mi palabra contra la suya y estaba deseando perderlos de vista. Así que me marché, pasé un tiempo recuperándome del golpe y más tarde entré en Maxximum.
Jilly extendió una mano, incapaz de contenerse, y lo tocó.
– Lo siento mucho, Matt. Debió de ser terrible para ti. ¿Sigues enamorado de ella?
– No, en absoluto -respondió, tajante-. Ni siquiera sé por qué te he contado eso.
Ella intentó sonreír.
– Bueno, te lo he preguntado yo.
El camarero reapareció entonces con la botella de vino. La abrió ante ellos, sirvió dos copas y se dispuso a tomarles nota. Jilly pidió una ensalada de endivias con roquefort de primero y un salmón a la plancha de segundo.
– Yo tomaré lo mismo, por favor -dijo Matt.
Sólo tardaron unos segundos en quedarse a solas otra vez y Jilly retomó la conversación anterior.
– Eso explica muchas cosas.
– ¿Qué quieres decir?
– Explica que te mantengas a cierta distancia de todos los compañeros de trabajo y que actúes de forma tan ambiciosa. Supongo que no quieres que se repita la historia. Yo no sé qué habría hecho de encontrarme en tu situación…
Matt la miró de forma extraña durante unos segundos, como si estuviera intentando adivinar los pensamientos de Jilly. Pero en ese momento sonó su móvil y tuvo que contestar.
– Vaya, es la llamada que estaba esperando… ¿Te importa que conteste aquí?
– No, claro que no. ¿Quieres que te deje solo un momento?
– No será preciso, gracias…
Jilly no tardó en saber con quién estaba hablando.
– Hola, mamá… ¿Ya tienes los resultados?
Jilly tomó un poco de vino e intentó no escuchar la conversación, pero a tan escasa distancia, resultaba imposible.
– ¿Y qué ha dicho el médico? -preguntó él-. Sí, sí, te escucho… Oh, eso es maravilloso, justo la noticia que estábamos esperando… ¿Que si estaba preocupado? No, qué va. Sabía que todo saldría bien. Pero, ¿qué te parece si lo celebramos la semana que viene cuando papá y tú vengáis a la ciudad? Podríamos ir con Stacey, Ray y la Barbie… Sí, claro, iremos a ver el árbol de Navidad del Rockefeller Center… Sí, mamá, yo también te quiero… Hasta luego, mamá…
Matt colgó el teléfono y Jilly dijo:
– Siento haber oído tu conversación. No he podido evitarlo, pero parecen buenas noticias…
– Sí, por suerte. Mi madre se hizo una mamografía hace poco tiempo y encontraron algo que podía ser un tumor. Sin embargo, no es nada. Acaba de recibir los resultados y no es nada grave -explicó con una gigantesca sonrisa.
– Eso es maravilloso. Mi madre también pasó por algo parecido hace años. Afortunadamente también era un tumor benigno, pero lo pasamos muy mal…
– Sí, yo también lo he pasado fatal. No podía soportar la idea de que le pasara algo… En fin, ¿qué te parece si brindamos por la noticia? Por mi madre y por la tuya, para que nunca vuelvan a asustarnos.
Jilly rió y brindó con él.
– ¿Y qué es eso de la celebración del próximo fin de semana?
Ah, eso… vamos a salir todos con mi hermana Stacey, su marido, Ray, y con Rachel, mi sobrina. Rachel es una niña adorable de grandes ojos marrones. Es preciosa y muy inteligente.
Ella sonrió.
– ¿Y por qué la has llamado Barbie?
– Porque adora esas muñecas. Estoy deseando que abra su regalo de navidad. Le he comprado la mansión de la Barbie.
– ¿Le has comprado una casa de muñecas? Vamos, seguro que le pediste a otra persona que la comprara por ti.
– ¿Bromeas? ¿Y perderme la posibilidad de pasar cinco horas en una juguetería? No, qué va, la compré yo en persona. Sin embargo, la sorpresa de mi sobrina no va a ser nada comparada con la sorpresa que se van a llevar mis padres con el regalo que les hemos hecho Stacey y yo. Las últimas semanas han sido tan duras para ellos que pensamos que merecían unas vacaciones.
– Es un gran regalo…
– Bueno, ellos son grandes padres.
Matt sonrió y ella sonrió a su vez. Empezaba a ser consciente de que aquel hombre le gustaba mucho más de lo que había imaginado. Era una gran persona, tenía sentido del humor, le gustaban los bombones, poseía la sonrisa más hermosa que había visto en toda su vida e incluso disfrutaba yendo de compras a las jugueterías. Tuvo que resistirse al impulso de arrojarse en sus brazos.
– Ahora sabes más sobre mí que yo sobre ti -comentó él, inclinándose hacia delante-. De modo que te toca hablar. ¿Cómo es que una mujer tan increíblemente atractiva e inteligente no sale con nadie?
Él le acarició levemente la mano y ella intentó mantener el aplomo, pero estaba tan excitada, que ni siquiera fue capaz de apartar la mano para no sentir su contacto.
Así que intentó concentrarse en la pregunta.
– Por varias razones. En primer lugar, que no tengo tiempo para comprometerme con una relación. Toda mi energía está concentrada en mi trabajo en Maxximum. Además, los hombres que he conocido siempre querían controlarme. He descubierto que las relaciones son como las plantas: si no se les da mucho tiempo y atención, se mueren. Y por otra parte, hace tiempo que ningún hombre que valga la pena se interesa por mí.
Jilly no sabía si la culpa la tenía el vino, el ambiente, la cálida y tranquila comprensión de sus ojos, el suave contacto de su mano o el hecho de que él le hubiera confesado sus secretos. Pero en cualquiera de los casos, estaba contándole cosas que no quería contar. Incluso le habló de la muerte de su padre, que había fallecido de infarto a los treinta y seis años, dejándolas solas a su madre y a ella.