Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне

Электронная книга - «La isla misteriosa». Краткое содержание книги:

La isla misteriosa
1 ... 133 134 135 136 137 138 139 140 141 142
Перейти на страницу:

�Resistir�a la isla hasta entonces? La intenci�n de Pencroff y de Ciro Smith era botar el buque al agua tan pronto como su casco estuviera en estado de sostenerse. El puente, el alc�zar de proa, el arreglo interior y el aparejo se har�an despu�s; lo importante era que los colonos tuvieran un refugio asegurado fuera de la isla. Quiz� convendr�a tambi�n conducir el buque al puerto del Globo, es decir, lo m�s lejos posible del centro eruptivo, porque en la desembocadura del r�o de la Merced, entre el islote y la muralla de granito, corr�a peligro de ser aplastado en caso de dislocaci�n. Todos los esfuerzos de los trabajadores tend�an a terminar el casco.

As� llegaron hasta el 3 de marzo y pudieron contar con que la operaci�n de botarlo al agua podr�a hacerse dentro de diez d�as. Volvi� la esperanza al coraz�n de los colonos, que tanto hab�an sufrido durante aquel cuarto a�o de su residencia en la isla Lincoln. Pencroff pareci� salir un poco de la sombr�a taciturnidad en que lo hab�an sumergido la ruina y devastaci�n de su propiedad. No pensaba m�s que en aquel buque, en el que se concentraban todas sus esperanzas.

-�Lo acabaremos -dec�a al ingeniero-, lo acabaremos, se�or Ciro, y ya es hora, porque la estaci�n avanza y pronto estaremos en pleno equinoccio. Pues bien, si es preciso, haremos escala en la isla Tabor despu�s de la isla Lincoln. �Qu� desgracia! �Qui�n habr�a cre�do ver semejante cosa?

-�Apresur�monos -respond�a invariablemente el ingeniero.

Y todos trabajaban sin perder un instante.

-�Mi amo -pregunt� Nab pocos d�as despu�s-, si el capit�n Nemo estuviera vivo, �cree que habr�a sucedido todo esto?

-�S�, Nab -repuso Ciro Smith. -Pues bien, yo no lo creo -murmur� Pencroff al o�do de Nab.

-�Ni yo -contest� Nab seriamente.

Durante la primera semana de marzo el monte Franklin volvi� a presentarse amenazador. Millares de hilos de cristal formados de las lavas fluidas cayeron como una lluvia sobre el suelo. El cr�ter se llen� de nuevo de lava, que se derram� por todas las pendientes del volc�n. El torrente corri� por la superficie de las tobas endurecidas y termin� de destruir los pocos esqueletos de �rboles que hab�an resistido a la primera erupci�n. La corriente, siguiendo esta vez la orilla sudoeste del lago Grant, se dirigi� m�s all� del arroyo Glicerina e invadi� la meseta de la Gran Vista. Este �ltimo golpe, dado a la obra de los colonos, fue terrible. Del molino, de los edificios, del corral no qued� nada. Las aves, asustadas, desaparec�an en todas direcciones. Top y Jup daban se�ales de terror y su instinto les advert�a que estaba pr�xima la cat�strofe. Gran n�mero de animales de la isla hab�an perecido en la erupci�n y los que hab�an sobrevivido no encontraron m�s refugio que el pantano de los Tadornes, salvo alguno que fue hallado en la meseta de la Gran Vista. Pero este �ltimo asilo les fue cerrado al fin, y el r�o de lava, rebasando la cresta de la muralla gran�tica, comenz� a precipitar sobre la playa sus cataratas de fuego. El sublime horror de este espect�culo es superior a toda descripci�n. Durante la noche parec�a que un Ni�gara de l�quido metal se precipitaba sobre la playa con sus vapores incandescentes arriba y sus mares hirvientes abajo.

Los colonos estaban reducidos a su �ltimo atrincheramiento y, aunque las costuras superiores del buque no estaban todav�a calafateadas, resolvieron botarlo al agua.

Pencroff y Ayrton procedieron a los preparativos de la operaci�n, que deb�a verificarse al d�a siguiente, 9 de marzo, por la ma�ana. Pero durante la noche del 8 al 9 una enorme columna de vapores, escap�ndose del cr�ter, subi� en medio de detonaciones espantosas a m�s de tres mil pies de altura. La pared de la caverna de Dakkar hab�a cedido, sin duda, bajo la presi�n de los gases, y el mar, precipit�ndose por la chimenea central en el abismo que vomitaba llamas, se vaporiz� repentinamente. Pero el cr�ter no pudo dar salida suficiente a aquellos vapores y una explosi�n, que se habr�a o�do a cien millas de distancia, conmovi� las capas del aire. Trozos de monta�a cayeron en el Pac�fico y en pocos minutos el oc�ano cubr�a el sitio donde hab�a estado la isla Lincoln.

20. Una roca en el Pac�fico y una isla entierra firme

Una roca aislada de treinta pies de longitud por quince de anchura, que apenas sobresal�a diez pies sobre las aguas, era el �nico punto s�lido que no hab�an invadido las olas del Pac�fico.

Aquello era lo que quedaba del Palacio de granito. La muralla hab�a sido dislocada y algunas de las rocas del sal�n se hab�an amontonado hasta formar aquel punto culminante.

En derredor todo hab�a desaparecido en el abismo: el cono inferior del monte Franklin, rasgado por la explosi�n, las mand�bulas l�vicas del golfo del Tibur�n, la meseta de la Gran Vista, el islote de la Seguridad, los granitos del puerto del Globo, los basaltos de la cripta de Dakkar, la larga pen�nsula Serpentina, tan lejana, sin embargo, del centro de la erupci�n. De la isla Lincoln no se ve�a m�s que aquella estrecha roca, que serv�a entonces de refugio a los seis colonos y a su perro Top. Tambi�n los animales hab�an perecido en la cat�strofe, las aves, lo mismo que los dem�s representantes de la fauna de la isla, todos ahogados o sepultados por las rocas, y el mismo Jup hab�a encontrado la muerte en alguna hendidura del suelo.

Si Ciro Smith, Gede�n Spilett, Harbert, Pencroff, Nab y Ayrton hab�an sobrevivido, fue porque, reunidos bajo la tienda, hab�an sido precipitados al mar en el momento en que los restos de la isla llov�an por todas partes. Cuando volvieron a la superficie, tuvieron a medio cable de distancia aquella aglomeraci�n de rocas, hacia la cual

nadaron y donde pudieron refugiarse. Sobre aquella roca desnuda viv�an hac�a nueve d�as. Algunas provisiones retiradas antes de la cat�strofe del almac�n del Palacio de granito y un poco de agua dulce que la lluvia hab�a depositado en el hueco de una roca, era todo lo que aquellos desgraciados pose�an. Su �ltima esperanza, el buque, hab�a sido deshecho. No ten�an medio ninguno de dejar aquel arrecife, ni fuego, ni con qu� hacerlo. �Estaban destinados a perecer!

Aquel d�a, 18 de marzo, les quedaban conservas para dos d�as, aunque no hab�an consumido m�s que lo estrictamente necesario. Toda su ciencia, su inteligencia era impotente en aquella situaci�n: estaban �nicamente en manos de Dios.

Ciro Smith estaba tranquilo; Gede�n Spilett, m�s nervioso, y Pencroff, presa de una sorda c�lera, iban y ven�an sobre aquella roca. Harbert no se separaba del ingeniero y le miraba como para pedirle un socorro que Ciro Smith no pod�a dar. Nab y Ayrton estaban resignados con su suerte.

-��Desdicha, desdicha! -repet�a con frecuencia Pencroff-. �Si tuvi�ramos, aunque no fuera m�s que una c�scara de nuez para ir a la isla Tabor! �Pero nada, nada!

-�El capit�n Nemo ha hecho bien en morirse -dijo una vez Nab.

Durante los cinco d�as que siguieron Ciro Smith y sus infelices compa�eros vivieron con la mayor parsimonia, comiendo lo preciso para no morir de hambre. Su debilidad era extrema y Spilett y Harbert empezaron a dar alguna se�al de delirio.

En esta situaci�n �pod�an conservar una sombra de esperanza? No. �Cu�l era la �nica probabilidad de salvaci�n que les quedaba? �Que pasara un buque a la vista del arrecife? Sab�an muy bien, por experiencia, que aquella parte del Pac�fico nunca era visitada por los buques. �Pod�an contar con que, por una coincidencia verdaderamente providencial, viniera el yate en aquellos d�as a buscar a Ayrton a la isla Tabor? Era imposible. Por otra parte, aun admitiendo que viniera, como los colonos no hab�an podido enviar a la isla una noticia que indicase el cambio ocurrido en la situaci�n de Ayrton, el comandante del yate, despu�s de haber registrado la isla sin resultado, se har�a de nuevo a la mar y pasar�a a latitudes m�s bajas.

1 ... 133 134 135 136 137 138 139 140 141 142
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)