La isla misteriosa
- Автор: Верн Жюль Габриэль
- Язык: испанский
- Жанр: Другие приключения
Электронная книга - «La isla misteriosa». Краткое содержание книги:
Resistira la isla hasta entonces? La intencin de Pencroff y de Ciro Smith era botar el buque al agua tan pronto como su casco estuviera en estado de sostenerse. El puente, el alczar de proa, el arreglo interior y el aparejo se haran despus; lo importante era que los colonos tuvieran un refugio asegurado fuera de la isla. Quiz convendra tambin conducir el buque al puerto del Globo, es decir, lo ms lejos posible del centro eruptivo, porque en la desembocadura del ro de la Merced, entre el islote y la muralla de granito, corra peligro de ser aplastado en caso de dislocacin. Todos los esfuerzos de los trabajadores tendan a terminar el casco.
As llegaron hasta el 3 de marzo y pudieron contar con que la operacin de botarlo al agua podra hacerse dentro de diez das. Volvi la esperanza al corazn de los colonos, que tanto haban sufrido durante aquel cuarto ao de su residencia en la isla Lincoln. Pencroff pareci salir un poco de la sombra taciturnidad en que lo haban sumergido la ruina y devastacin de su propiedad. No pensaba ms que en aquel buque, en el que se concentraban todas sus esperanzas.
-Lo acabaremos -deca al ingeniero-, lo acabaremos, seor Ciro, y ya es hora, porque la estacin avanza y pronto estaremos en pleno equinoccio. Pues bien, si es preciso, haremos escala en la isla Tabor despus de la isla Lincoln. Qu desgracia! Quin habra credo ver semejante cosa?
-Apresurmonos -responda invariablemente el ingeniero.
Y todos trabajaban sin perder un instante.
-Mi amo -pregunt Nab pocos das despus-, si el capitn Nemo estuviera vivo, cree que habra sucedido todo esto?
-S, Nab -repuso Ciro Smith. -Pues bien, yo no lo creo -murmur Pencroff al odo de Nab.
-Ni yo -contest Nab seriamente.
Durante la primera semana de marzo el monte Franklin volvi a presentarse amenazador. Millares de hilos de cristal formados de las lavas fluidas cayeron como una lluvia sobre el suelo. El crter se llen de nuevo de lava, que se derram por todas las pendientes del volcn. El torrente corri por la superficie de las tobas endurecidas y termin de destruir los pocos esqueletos de rboles que haban resistido a la primera erupcin. La corriente, siguiendo esta vez la orilla sudoeste del lago Grant, se dirigi ms all del arroyo Glicerina e invadi la meseta de la Gran Vista. Este ltimo golpe, dado a la obra de los colonos, fue terrible. Del molino, de los edificios, del corral no qued nada. Las aves, asustadas, desaparecan en todas direcciones. Top y Jup daban seales de terror y su instinto les adverta que estaba prxima la catstrofe. Gran nmero de animales de la isla haban perecido en la erupcin y los que haban sobrevivido no encontraron ms refugio que el pantano de los Tadornes, salvo alguno que fue hallado en la meseta de la Gran Vista. Pero este ltimo asilo les fue cerrado al fin, y el ro de lava, rebasando la cresta de la muralla grantica, comenz a precipitar sobre la playa sus cataratas de fuego. El sublime horror de este espectculo es superior a toda descripcin. Durante la noche pareca que un Nigara de lquido metal se precipitaba sobre la playa con sus vapores incandescentes arriba y sus mares hirvientes abajo.
Los colonos estaban reducidos a su ltimo atrincheramiento y, aunque las costuras superiores del buque no estaban todava calafateadas, resolvieron botarlo al agua.
Pencroff y Ayrton procedieron a los preparativos de la operacin, que deba verificarse al da siguiente, 9 de marzo, por la maana. Pero durante la noche del 8 al 9 una enorme columna de vapores, escapndose del crter, subi en medio de detonaciones espantosas a ms de tres mil pies de altura. La pared de la caverna de Dakkar haba cedido, sin duda, bajo la presin de los gases, y el mar, precipitndose por la chimenea central en el abismo que vomitaba llamas, se vaporiz repentinamente. Pero el crter no pudo dar salida suficiente a aquellos vapores y una explosin, que se habra odo a cien millas de distancia, conmovi las capas del aire. Trozos de montaa cayeron en el Pacfico y en pocos minutos el ocano cubra el sitio donde haba estado la isla Lincoln.
20. Una roca en el Pacfico y una isla entierra firme
Una roca aislada de treinta pies de longitud por quince de anchura, que apenas sobresala diez pies sobre las aguas, era el nico punto slido que no haban invadido las olas del Pacfico.
Aquello era lo que quedaba del Palacio de granito. La muralla haba sido dislocada y algunas de las rocas del saln se haban amontonado hasta formar aquel punto culminante.
En derredor todo haba desaparecido en el abismo: el cono inferior del monte Franklin, rasgado por la explosin, las mandbulas lvicas del golfo del Tiburn, la meseta de la Gran Vista, el islote de la Seguridad, los granitos del puerto del Globo, los basaltos de la cripta de Dakkar, la larga pennsula Serpentina, tan lejana, sin embargo, del centro de la erupcin. De la isla Lincoln no se vea ms que aquella estrecha roca, que serva entonces de refugio a los seis colonos y a su perro Top. Tambin los animales haban perecido en la catstrofe, las aves, lo mismo que los dems representantes de la fauna de la isla, todos ahogados o sepultados por las rocas, y el mismo Jup haba encontrado la muerte en alguna hendidura del suelo.
Si Ciro Smith, Geden Spilett, Harbert, Pencroff, Nab y Ayrton haban sobrevivido, fue porque, reunidos bajo la tienda, haban sido precipitados al mar en el momento en que los restos de la isla llovan por todas partes. Cuando volvieron a la superficie, tuvieron a medio cable de distancia aquella aglomeracin de rocas, hacia la cual
nadaron y donde pudieron refugiarse. Sobre aquella roca desnuda vivan haca nueve das. Algunas provisiones retiradas antes de la catstrofe del almacn del Palacio de granito y un poco de agua dulce que la lluvia haba depositado en el hueco de una roca, era todo lo que aquellos desgraciados posean. Su ltima esperanza, el buque, haba sido deshecho. No tenan medio ninguno de dejar aquel arrecife, ni fuego, ni con qu hacerlo. Estaban destinados a perecer!
Aquel da, 18 de marzo, les quedaban conservas para dos das, aunque no haban consumido ms que lo estrictamente necesario. Toda su ciencia, su inteligencia era impotente en aquella situacin: estaban nicamente en manos de Dios.
Ciro Smith estaba tranquilo; Geden Spilett, ms nervioso, y Pencroff, presa de una sorda clera, iban y venan sobre aquella roca. Harbert no se separaba del ingeniero y le miraba como para pedirle un socorro que Ciro Smith no poda dar. Nab y Ayrton estaban resignados con su suerte.
-Desdicha, desdicha! -repeta con frecuencia Pencroff-. Si tuviramos, aunque no fuera ms que una cscara de nuez para ir a la isla Tabor! Pero nada, nada!
-El capitn Nemo ha hecho bien en morirse -dijo una vez Nab.
Durante los cinco das que siguieron Ciro Smith y sus infelices compaeros vivieron con la mayor parsimonia, comiendo lo preciso para no morir de hambre. Su debilidad era extrema y Spilett y Harbert empezaron a dar alguna seal de delirio.
En esta situacin podan conservar una sombra de esperanza? No. Cul era la nica probabilidad de salvacin que les quedaba? Que pasara un buque a la vista del arrecife? Saban muy bien, por experiencia, que aquella parte del Pacfico nunca era visitada por los buques. Podan contar con que, por una coincidencia verdaderamente providencial, viniera el yate en aquellos das a buscar a Ayrton a la isla Tabor? Era imposible. Por otra parte, aun admitiendo que viniera, como los colonos no haban podido enviar a la isla una noticia que indicase el cambio ocurrido en la situacin de Ayrton, el comandante del yate, despus de haber registrado la isla sin resultado, se hara de nuevo a la mar y pasara a latitudes ms bajas.