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Электронная книга - «La isla misteriosa». Краткое содержание книги:

La isla misteriosa
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-Estamos construyendo un buque -dijo Geden Spilett-, un buque bastante grande para llevarnos a las tierras ms prximas; pero, si logramos salir, tarde o temprano volveremos a la isla Lincoln, a la cual nos unen demasiados recuerdos para que podamos olvidarla jams.

-Aqu hemos conocido al capitn Nemo -dijo Ciro Smith.

-Slo aqu encontraremos los recuerdos de usted en toda su densidad -observ Harbert.

-Y aqu descansar en el sueo eterno, si -contest el capitn. Titube y, en vez de concluir la frase, aadi: -Seor Smith, tengo que hablarle a solas.

Los compaeros del ingeniero, respetando aquel deseo del moribundo, se retiraron.

Ciro Smith permaneci unos minutos encerrado a solas con el capitn Nemo, luego llam a sus amigos, pero no les dijo nada de las cosas secretas que el moribundo le haba confiado.

Geden Spilett observ entonces al enfermo con atencin. Era evidente que el capitn estaba sostenido slo por una energa moral, que en breve sera vencida por su debilidad fsica.

El da termin sin que se manifestara ningn cambio. Los colonos no dejaron un instante el Nautilus. La noche haba entrado, aunque no era posible conocerlo por la oscuridad en aquella cripta.

El capitn Nemo no padeca, pero declinaba. Su noble rostro, plido por la proximidad de la muerte, estaba tranquilo. De sus labios se escapaban a veces palabras casi ininteligibles y que se referan a diversos incidentes de su extraa existencia. La vida se iba retirando poco a poco de aquel cuerpo, cuyas extremidades estaban ya fras.

Una o dos veces ms dirigi la palabra a los colonos que estaban a su lado y les mir con aquella ltima sonrisa que contina hasta despus de la muerte. Finalmente, a poco ms de las doce de la noche, hizo un esfuerzo supremo y logr cruzar los brazos sobre el pecho como si hubiera querido morir en aquella actitud. Hacia la una de la maana toda la vida se haba refugiado en sus miradas. El ltimo destello brill en aquellos ojos negros de donde tantas llamas haban brotado en otro tiempo; y despus, murmurando las palabras de Dios y Patria, expir apaciblemente.

Ciro Smith, inclinndose sobre l, cerr los ojos del que haba sido prncipe Dakkar y que ya no era ni siquiera el capitn Nemo.

Harbert y Pencroff lloraban; Ayrton enjugaba una lgrima furtiva; Nab estaba de rodillas cerca del periodista, convertido en estatua.

Ciro Smith, levantando la mano sobre la cabeza del muerto, dijo: -Dios haya recogido su alma! Y volvindose hacia sus amigos aadi:

-Oremos por el ser que hemos perdido.

Pocas horas despus los colonos cumplan la palabra dada al capitn y la ltima voluntad del difunto.

Salieron del Nautilus despus de haberse llevado el ltimo recuerdo que les haba legado su bienhechor, el cofrecillo que contena tantas riquezas. Cerraron cuidadosamente el maravilloso saln que continuaba inundado de luz. Fijaron con los pernos la puerta de metal, de tal suerte que ni una gota de agua pudiera penetrar en el interior de las cmaras del Nautilus.

Despus los colonos bajaron a la canoa que estaba amarrada al costado del barco submarino. La canoa naveg hasta popa, donde en la lnea de flotacin se abran dos grandes grifos que estaban en comunicacin con los depsitos destinados a producir!a inmersin del aparato. Abrieron los grifos, los depsitos se llenaron de agua, y el Nautilus, hundindose poco a poco, desapareci bajo la sbana lquida.

Pero los colonos pudieron seguirlo todava a travs de las profundas capas de agua. Su poder luminoso transparentaba las aguas, mientras las tinieblas invadan la cripta. Por ltimo, aquella expansin de efluvios elctricos se disip y en breve el Nautilus, convertido en atad del capitn Nemo, descans en el fondo de los mares.

18. Se despierta el volcn y temen lo peor

Al amanecer, los colonos haban vuelto silenciosamente a la entrada de la caverna, a la cual dieron el nombre de Cripta de Dakkar en memoria del capitn Nemo. La marea haba bajado y pudieron fcilmente pasar bajo el arco, cuyo pie derecho basltico bata las olas.

La canoa se qued en aquel sitio, habindola puesto los colonos al abrigo del oleaje. Para mayor precaucin, Pencroff, Nab y Harbert la halaron hacia la playa que confinaba con uno de los lados de la cripta y la dejaron en un paraje donde no corra riesgo alguno.

La tempestad haba cesado con la noche; los ltimos truenos se desvanecan hacia el oeste; ya no llova, pero el cielo estaba todava cubierto de nubes. Aquel mes de octubre, principio de la primavera austral, no se anunciaba de modo satisfactorio, y el viento tena tendencia a saltar de un punto de la roca a otro, de suerte que no permita contar con un tiempo seguro.

Ciro Smith y sus compaeros, al salir de la cripta de Dakkar, tomaron el camino de la dehesa y, mientras marchaban, Nab y Harbert tuvieron cuidado de desprender el alambre tendido por el capitn entre la dehesa y la cripta y que quiz podran utilizar ms adelante.

Por el camino hablaron poco. Los diversos incidentes de aquella noche del 15 al 16 de octubre les haban impresionado. Aquel desconocido, cuya influencia les haba protegido de un modo tan eficaz, aquel hombre convertido por su imaginacin en genio, el capitn Nemo, ya no exista. Su Nautilus y l estaban sepultados en el fondo de un abismo y cada uno se crea ms aislado que antes. Se haban acostumbrado, por decirlo as, a contar con aquella intervencin poderosa que acababa de faltarlos para siempre, y Geden Spilett y el mismo Ciro Smith no podan eximirse de esta penosa opresin. Guardaron todos profundo silencio, siguiendo el camino de la dehesa.

A las nueve de la maana entraron, por fin, en el Palacio de granito. Se haba acordado proseguir lo ms activamente posible la construccin del buque y el ingeniero se puso a la obra con ms asiduidad que nunca. No se saba lo que les reservaba el futuro y era una garanta para los colonos tener a su disposicin un buque slido, capaz de sostenerse en el mar con mal tiempo, y bastante grande para intentar en caso de necesidad una travesa de alguna duracin. Si, terminado el buque, no se decidan a dejar la isla Lincoln y pasar al archipilago polinesio del Pacfico o a la costa de Nueva Zelanda, por lo menos deban ir lo ms pronto posible a la isla Tabor para dejar en ella la noticia relativa a Ayrton, precaucin indispensable para el caso de que el yate escocs

volviese a aparecer en aquellos mares. Sobre este punto no deba descuidarse ninguna precaucin.

Continuaron los trabajos y Ciro Smith, Pencroff y Ayrton, ayudados de Nab, de Geden Spilett y de Harbert, siempre que no tenan alguna otra cosa urgente que hacer, trabajaron sin descanso. El nuevo buque tena que estar dispuesto dentro de cinco meses, es decir, para principios de marzo, si haba que visitar la isla Tabor antes que los vientos del equinoccio hicieran imposible esta travesa. Por tanto, los carpinteros no perdieron un momento. Y, dado que no tenan que fabricar el aparejo, porque haban salvado ntegro el del Speedy, necesitaban acabar el casco.

El ltimo mes de 1868 transcurri en estas importantes tareas.

Al cabo de dos meses y medio estaban en su lugar las cuadernas y se haban ajustado los primeros forros. Poda ya juzgarse que los planos dados por Ciro Smith eran excelentes y que el buque se mantendra bien en el mar. Pencroff trabajaba con una actividad devoradora y no se abstena de reir a uno u otro, cuando abandonaban la azuela de carpintero por el fusil de cazador. Sin embargo, haba que conservar los depsitos del Palacio de granito para pasar el prximo invierno, pero el bravo marino no estaba contento cuando los obreros faltaban al taller. En aquellas ocasiones refunfuaba y el exceso de mal humor le haca ejecutar la obra de seis hombres.

Toda aquella estacin de verano fue mala. Por espacio de algunos das los calores fueron sofocantes y la atmsfera, saturada de electricidad, no se descargaba sino por medio de violentas tempestades que turbaban profundamente las capas del aire. Era raro que no se oyesen los ruidos lejanos del trueno como un murmullo sordo, permanente, semejante al que se produce en las regiones ecuatoriales del globo.

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