La isla misteriosa
- Автор: Верн Жюль Габриэль
- Язык: испанский
- Жанр: Другие приключения
Электронная книга - «La isla misteriosa». Краткое содержание книги:
-Entonces -exclam Pencroff cruzndose de brazos y jugando en el suelo con el pieser intil que trabajemos en la construccin del barco.
-Pencroff -repuso Ciro Smith-, hay que cumplir con nuestro deber hasta el fin.
En aquel momento, el ro de lava, despus de haberse abierto paso a travs de los hermosos rboles que devoraba, lleg al lmite del lago. All exista cierto levantamiento del suelo, que, si hubiera sido mayor, tal vez habra bastado a contener el torrente.
-Manos a la obra! -exclam Ciro Smith.
El pensamiento del ingeniero fue comprendido en seguida. Haba que poner un dique al ro de lava y obligarlo a precipitarse en el lago. Los colonos corrieron al arsenal, volvieron con palas, picos, hachas, y con rboles que cortaron y tierra que amontonaron, en pocas horas pudieron levantar un dique de tres pies de altura y algunos centenares de pasos de longitud. Cuando terminaron, les pareci que haban trabajado unos minutos.
Ya era tiempo; las materias derretidas llegaron casi inmediatamente a la parte inferior del dique. El ro hirviente se levant como una cascada que trata de desbordarse y amenaz superar el nico obstculo que poda impedirle la invasin de todo el Far-West Pero el dique logr contenerlo y la lava, despus de un minuto de suspensin, que fue terrible, se precipit en el lago Grant por una cascada de veinte pies de altura. Los colonos, anhelantes, sin hacer un ademn ni pronunciar una palabra, contemplaron entonces la lucha de los dos elementos.
Qu espectculo aquel combate entre el agua y el fuego! Qu pluma podra describir aquella escena de maravilloso horror y qu pincel pintarla? El agua silbaba evaporndose al contacto de la lava hirviendo. Los vapores proyectados en el aire formaban torbellinos a una inmensa altura, como si las vlvulas de una enorme caldera hubieran sido abiertas repentinamente. Pero por considerable que fuera la masa de agua contenida en el lago, deba acabar por ser absorbida, puesto que no se renovaba, mientras que el torrente, alimentado por el manantial inagotable, llevaba sin cesar al lago nuevas oleadas de materias incandescentes. Las primeras lavas que cayeron en el lago se solidificaron inmediatamente y se acumularon de manera que pronto sobresalieron de la superficie de las aguas. Sobre su superficie cayeron otras lavas que a su vez se convirtieron en piedra, pero ganando siempre hacia el centro. As se form una hilada de lavas que amenaz llenarlo todo completamente. Agudos silbidos y rechinamientos desgarraban el aire con ruido atronador, y los espesos vapores, arrastrados por el viento, caan en lluvia sobre el mar. Las hiladas de lava se iban aumentando en el lago y los bloques solidificados se amontonaban unos sobre otros.
All donde se extendan en otro tiempo aguas tranquilas, apareca una enorme aglomeracin de rocas humeantes como si un levantamiento del suelo hubiera hecho surgir millares de escollos. Imaginmonos las aguas alborotadas durante un huracn e inmediatamente solidificadas como en un fro de veinte grados y tendremos una idea del aspecto del lago tres horas despus de la irrupcin de aquel irresistible torrente.
Por esta vez el agua deba ser vencida por el fuego. Sin embargo, fue una fortuna para los colonos que la expansin lvica se hubiera dirigido hacia el lago Grant, porque tenan algunos das de respiro. La meseta de la Gran Vista, el Palacio de granito y el arsenal se haban preservado al menos por algn tiempo. Ahora bien, estos pocos das haba que emplearlos en forrar y calafatear el buque con cuidado. Despus se le botara al mar y los colonos se refugiaran en l, sin perjuicio de ponerle el aparejo, cuando estuviera en su elemento.
Con el temor de la explosin que amenazaba a la isla no haba seguridad ninguna para los que permaneciesen en tierra. El retiro del Palacio de granito, tan inexpugnable hasta entonces, poda ser destruido de un momento a otro.
Durante los seis das que siguieron, del 25 al 30 de enero, trabajaron en el buque haciendo la tarea que hubieran podido hacer veinte hombres. Apenas tomaban un momento de reposo; el fulgor de las llamas que brotaban del crter les permita continuar su trabajo de da y de noche. La erupcin volcnica continuaba, pero quiz con menos abundancia, circunstancia feliz, porque el lago Grant estaba ya casi completamente lleno y, si las nuevas corrientes de lava hubiesen aumentado el caudal de las antiguas, se habran esparcido inevitablemente por la meseta de la Gran Vista y de all por la playa.
Pero si por este lado la isla estaba protegida en parte, no suceda lo mismo por el lado occidental. La segunda corriente de lava, que haba seguido el valle del ro de la Cascada, valle ancho cuyos terrenos se depriman de cada lado del arroyo, no deba encontrar ningn obstculo. El lquido incandescente se haba derramado por la selva del Far-West. En aquella poca del ao, en que las especies estaban desecadas por un calor trrido, el bosque se incendi inmediatamente propagndose el incendio a la vez por la base de los troncos y por las altas ranas, cuyo enlace favoreca los progresos de la conflagracin. Pareca tambin que la corriente de llancas se desencadenaba con ms celeridad en la cima de los rboles, que la corriente de lava en la base.
Sucedi que los animales, locos de terror, feroces o mansos, jaguares, cabiayes, kaulos, jabales, caza de pelo y de pluma se refugiaron hacia la parte del ro de la Merced, en el pantano de los Tadornes y al otro lado del camino del puerto del Globo. Pero los colonos estaban demasiado ocupados en su tarea para prestar atencin ni a los ms temibles de aquellos animales. Por otra parte, haban abandonado el Palacio de granito y no haban querido buscar refugio ni siquiera en las Chimeneas, acampando bajo una tienda, cerca de la desembocadura del ro de la Merced.
Cada da Ciro Smith y Geden Spilett suban a la meseta de la Gran Vista. Algunas veces Harbert los acompaaba, pero nunca Pencroff, que no quera ver bajo su nuevo aspecto la isla profundamente devastada. Era un espectculo desolador. Toda la parte frondosa de la isla estaba desnuda: un solo grupo de rboles verdes se levantaba al extremo de la pennsula Serpentina. Ac y all se vean algunos troncos ennegrecidos y sin ramas, y el sitio de los bosques destruidos era ms rido que el pantano de los Tadornes. La invasin de las lavas haba sido completa; donde se desarrollaba en otro tiempo aquel admirable verdor, el suelo no era ms que una aglomeracin confusa de tobas volcnicas.
Los valles del ro de la Cascada y de la Merced no enviaban una sola gota de agua al mar, y los colonos no hubieran tenido medio ninguno de apagar su sed, si el lago Grant
hubiera quedado enteramente desecado. Afortunadamente la punta sur no haba sido invadida y formaba una especie de estanque, que contena todo lo que quedaba de agua potable en la isla.
Hacia el noroeste se dibujaban en speras aristas los contrafuertes del volcn, que tenan la figura de una garra gigantesca pegada al suelo. Qu espectculo tan triste, qu aspecto tan horrible y qu sentimiento para aquellos colonos que de un dominio frtil, cubierto de bosques, regado de ros y arroyos, enriquecido de cosechas, se hallaban en un instante trasladados a una roca rida, sobre la cual, sin los depsitos y las reservas que tenan, no hubieran hallado ni siquiera con qu vivir!
-Esto parte el corazn! -dijo un da el periodista.
-S, Spilett -contest el ingeniero-. Ojal el cielo nos d tiempo para acabar nuestro barco, que es nuestro ltimo refugio!
-No le parece, seor Ciro, que el volcn parece calmarse? Todava vomita lavas, pero en menos abundancia, si no me engao.
-Poco importa -repuso Ciro Smith-. El fuego contina ardiendo en las entraas del monte y el arar puede precipitarse en ellas de un momento a otro. Nos hallamos en la situacin de unos pasajeros, cuyo buque se encuentra devorado por un incendio que no pueden apagar y saben que pronto o tarde llegar a la santabrbara. Venga, Spilett, venga y no perdamos tiempo.
Durante ocho das ms, es decir, hasta el 7 de febrero, las lavas continuaron derramndose del volcn, pero la erupcin se mantuvo en los lmites indicados. Ciro Smith tema, sobre todo, que las materias lquidas vinieran a extenderse sobre la playa, en cuyo caso el taller de construccin quedara destruido. Entretanto sintieron en la isla vibraciones que alarmaron a los colonos en alto grado. Era el 20 de febrero. Se necesitaba un mes para poner al buque en estado de hacerse a la mar.