La isla misteriosa
- Автор: Верн Жюль Габриэль
- Язык: испанский
- Жанр: Другие приключения
Электронная книга - «La isla misteriosa». Краткое содержание книги:
En el centro del lago flotaba sobre la superficie de las aguas, inmvil y silencioso, un enorme objeto fusiforme. El resplandor que proyectaba sala por sus costados como por dos bocas de horno que hubiesen sido caldeadas al rojo blanco. Aquel aparato pareca el cuerpo de un enorme cetceo, tena unos doscientos cincuenta pies de longitud y se elevaba diez o doce pies sobre el nivel del mar.
La canoa se acerc a l lentamente. Ciro Smith se haba levantado y, puesto en la proa, miraba posedo de una violenta agitacin. Luego, de repente, asiendo el brazo del periodista, exclam:
-Es l, tiene que ser l!
Despus se dej caer sobre el banco de la canoa, murmurando un nombre que slo fue odo por Geden Spilett.
Sin duda el periodista conoca aquel nombre, porque produjo en l un efecto prodigioso y respondi con voz sorda:
-El! Un hombre fuera de la ley!
-El! -dijo Ciro Smith.
Por orden del ingeniero, la canoa se acerc al singular aparato flotante por el costado izquierdo, del cual se escapaba un haz luminoso a travs de una espesa vidriera. Ciro Smith y sus compaeros subieron sobre la plataforma. Vieron una carroza abierta y entraron por la abertura. Al extremo inferior de la escalera se dibujaba un callejn interior iluminado elctricamente y, al final, se abra una puerta que Ciro Smith empuj. Una sala ricamente adornada, que atravesaron rpidamente los colonos, confinaba con una biblioteca, cuyo techo luminoso verta un torrente de luz. El ingeniero abri una ancha puerta, que haba en el fondo de la biblioteca. Un vasto saln, especie de museo, donde estaban acumuladas, con todos los tesoros de la naturaleza mineral, obras de arte y maravillas de la industria, apareci a los ojos de los colonos, que debieron creerse entonces trasladados por un hada al mundo de los sueos. Tendido en un rico divn, vieron a un hombre que no pareca darse cuenta de su presencia. Entonces Ciro Smith levant la voz y, con gran sorpresa de sus compaeros, pronunci estas palabras:
-Capitn Nemo, nos ha mandado venir y aqu estamos.
16. El capitn Nemo cuenta su vida y sus ideales
Al or estas palabras, el hombre tendido en el sof se levant y vieron su rostro: cabeza magnfica, frente elevada, mirada altiva, barba blanca, cabellera abundante y echada hacia atrs.
Aquel hombre se apoy con la mano en el respaldo del divn, de donde acababa de levantarse; su mirada era tranquila; una enfermedad lenta le haba consumido poco a poco, pero su voz pareca fuerte todava, cuando dijo en ingls y en tono que anunciaba gran sorpresa:
-No tengo nombre, seor mo.
-Yo le conozco a usted -contest Ciro Smith.
El capitn Nemo fij su mirada ardiente sobre el ingeniero, como si hubiera querido aniquilarlo. Despus, cayendo sobre los almohadones del divn, murmur: -Qu importa? De todos modos voy a morir.
Ciro Smith se acerc al capitn Nemo y Geden Spilett tom su mano, que encontr ardiendo. Ayrton, Pencroff, Harbert y Nab se mantenan respetuosamente a distancia en un ngulo de aquel magnfico saln, cuyo aire estaba saturado de efluvios elctricos.
El capitn Nemo retir inmediatamente su mano e hizo seas al ingeniero y al periodista de que se sentaran.
Todos lo miraban con verdadera emocin. Tenan delante "el genio de la isla", el ser poderoso cuya intervencin en tantas circunstancias haba sido tan eficaz, el bienhechor a quien deban tanta gratitud. Ante sus ojos no tenan ms que un hombre en vez del semidis que haban credo hallar Pencroff y Nab, y aquel hombre estaba moribundo.
Pero cmo Ciro Smith conoca al capitn Nemo? Por qu ste se haba levantado de repente al or pronunciar aquel nombre, que deba creer ignorado de todos?
El capitn volvi a su sitio, en el divn, y, apoyndose en su brazo, miraba al ingeniero, sentado a su lado.
-Sabe el nombre que he llevado? -le pregunt.
-S, seor -contest Ciro Smith-, y s el nombre de este admirable aparato submarino -El Nautilus? -dijo con leve sonrisa el capitn. -El Nautilus.
-Pero sabe, sabe usted quin soy yo? -S, seor.
-Sin embargo, hace treinta aos que no tengo comunicacin con el mundo habitado, treinta aos que vivo en las profundidades del mar, nico lugar donde he encontrado la independencia. Quin ha podido descubrir mi secreto?
-Un hombre que no se haba comprometido a guardarlo, capitn Nemo, y que por consiguiente no puede ser acusado de traicin.
-Aquel francs que por casualidad vino a bordo hace diecisis aos?
-El mismo.
-Pero no perecieron l y sus dos compaeros en el Maelstrom, donde el Nautilus haba penetrado?
-No, seor, y, bajo el ttulo de Veinte mil leguas de viaje submarino, se ha publicado una obra que contiene la historia de usted.
-Mi historia de unos meses, seor mo! -advirti el capitn.
-Es verdad -repuso Ciro Smith-, pero esos pocos meses de vida tan extraa han bastado para darnos a conocer a usted
-Como un gran culpable? -repuso el capitn Nemo plegando sus labios con una sonrisa altanera-. Como un rebelde, puesto quiz fuera de la ley de la humanidad?
El ingeniero no contest.
-Qu me dice usted?
-No soy yo quien debe juzgar al capitn Nemo -contest Ciro Smith-, al menos en lo que concierne a su vida pasada. Ignoro, como todo el mundo, cules han sido los mviles de esta extraa existencia, y no puedo juzgar los efectos sin conocer las causas. Sin embargo, s que una mano bienhechora se ha extendido constantemente sobre
nosotros desde nuestra llegada a la isla Lincoln; que todos debemos la vida a un ser generoso, poderoso, y que ese ser es usted, capitn Nemo. -Soy yo -contest sencillamente el capitn.
El ingeniero y el periodista se haban levantado. Sus compaeros se acercaron, y la gratitud que rebosaba en sus corazones iba a manifestarse en ademanes y palabras. El capitn Nemo les detuvo con una sea y, con voz ms conmovida que lo que quiz habra querido, dijo:
-Cuando ustedes me hayan odo
Y el capitn, en pocas frases, claras y pronunciadas apresuradamente, dio a conocer su vida entera.
Su historia fue breve y, sin embargo, para referirla debi concentrar toda la energa que le quedaba: evidentemente luchaba contra una extrema debilidad. Muchas veces Ciro Smith le invit a descansar, pero movi la cabeza como hombre que va a morir muy pronto y, cuando el periodista le ofreci sus cuidados, le respondi:
-Son intiles; mis horas estn contadas.
El capitn Nemo era un indio, el prncipe Dakkar, hijo de un raj del territorio entonces independiente del Bundelkund y sobrino del hroe de India, Tippo-Saib. Su padre le envi a Europa a la edad de diez aos, para que recibiera una educacin completa y con la secreta intencin de que pudiese luchar un da con armas iguales contra los que l consideraba opresores de su patria.
Desde los diez aos hasta los treinta, el prncipe Dakkar, dotado de cualidades superiores, de gran corazn y mucho talento, se instruy en todas las cosas; en las ciencias, en las letras y en las artes llev sus estudios hasta las ms distantes y elevadas regiones. El prncipe Dakkar viaj por toda Europa. Su nacimiento y su fortuna hicieron que frecuentase la sociedad, pero las seducciones del mundo no lo atrajeron. Joven y guapo, permaneca serio, triste, devorado por la sed de aprender y por un resentimiento implacable que ocupaba su corazn. Aborreca, odiaba el nico pas donde no haba querido jams poner su planta, la sola nacin de la cual haba rehusado constantemente sus proposiciones; odiaba a Inglaterra tanto como en ciertos puntos la admiraba.