La isla misteriosa
- Автор: Верн Жюль Габриэль
- Язык: испанский
- Жанр: Другие приключения
Электронная книга - «La isla misteriosa». Краткое содержание книги:
Y las desempe�aba perfectamente el diestro cuadr�mano.
Durante los siete meses que transcurrieron desde las �ltimas investigaciones realizadas alrededor de la monta�a y durante el mes de septiembre, en que volvieron los d�as buenos, no hubo ocasi�n de hablar del genio de la isla, porque su acci�n no se manifest� en ninguna circunstancia. Es verdad que habr�a sido in�til, porque ning�n incidente vino a poner a prueba a los colonos.
Ciro Smith observ� que si las comunicaciones entre el desconocido y los habitantes del Palacio de granito se hab�an establecido alguna vez por medio del pozo y si el instinto de Top, por decirlo as�, las hab�a presentido, nada ocurri� en aquel per�odo que autorizase esta conjetura. Los ladridos del perro hab�an cesado completamente, lo mismo que los temores del orangut�n. Los dos amigos, porque efectivamente lo eran, no andaban ya alrededor del pozo, no ladraban ni gru��an de aquella singular manera que desde el principio hab�a llamado la atenci�n del ingeniero. �Pero pod�a �ste asegurar que no se le presentar�a de nuevo el enigma y que jam�s llegar�a a poseer la clave? �Pod�a afirmar que no se reproducir�a alguna circunstancia que volviese a poner en escena al misterioso personaje? �Qui�n sabe lo que reservaba el porvenir!
En fin, el invierno pas�, pero, en los primeros d�as que marcaron la vuelta de la primavera, ocurri� un hecho cuyas consecuencias pod�an ser graves. El 7 de septiembre, Ciro Smith, observando la cima del monte Franklin, vio una columna de humo sobre el cr�ter, cuyos primeros vapores se proyectaban en el aire.
15. Un telegrama conduce a los colonos ante el "capit�n Nemo"
Los colonos, advertidos por el ingeniero, hab�an suspendido sus trabajos y contemplaban en silencio la cima del monte Franklin
El volc�n se hab�a reanimado y los vapores hab�an penetrado en la capa mineral acumulada en el fondo del cr�ter. Pero los fuegos subterr�neos �producir�an alguna erupci�n violenta? Esta era una eventualidad acerca de la cual nada pod�a pronosticarse.
Sin embargo, aun admitiendo la hip�tesis de una erupci�n, era probable que no fuera muy da�osa para el conjunto de la isla. No siempre son desastrosos los derramamientos de materias volc�nicas y la isla hab�a estado sometida a estas pruebas, como lo demostraban las corrientes de lava que surcaban las laderas septentrionales de la monta�a. Adem�s, la forma del cr�ter, la boca abierta en su borde superior deb�an
proyectar la expansi�n de lava hacia las partes est�riles de la isla y en direcci�n opuesta a las f�rtiles.
Sin embargo, lo pasado no era una garant�a segura del porvenir. Con frecuencia en la cima de los volcanes se cierran antiguos cr�teres y se abren otros nuevos, hechos que se han producido en los dos mundos, en el Tena, en Popocat�petl, en Orizaba; y en v�speras de una erupci�n hay motivo para temerlo todo. Bastaba un terremoto, fen�meno que acompa�a alguna vez a las expansiones volc�nicas, para que se modificara la disposici�n interior de la monta�a y se abrieran nuevas v�as a las lavas incandescentes.
Ciro Smith explic� todo esto a sus compa�eros y, sin exagerar la situaci�n, les dio a conocer el pro y el contra.
De todos nodos, nada pod�a hacerse. El Palacio de granito no parec�a amenazado, a no ser que un temblor de tierra conmoviese el suelo. Pero la dehesa corr�a peligro, si se llegaba a abrir alg�n nuevo cr�ter en las pendientes meridionales del monte Franklin.
Desde aquel d�a los vapores no dejaron de coronar la cima de la monta�a y aun pudo observarse que aumentaban tanto en altura corno en espesor, sin que se levantase llama alguna entre sus gruesas volutas. El fen�meno se concentraba todav�a en la parte inferior de la chimenea central.
Entretanto, con los buenos d�as se reanudaron los trabajos. Apresur�base todo lo posible la construcci�n del buque y, aprovechando el salto de agua de la playa, Ciro Smith estableci� una serrer�a hidr�ulica, que convirti� m�s r�pidamente los troncos de �rboles en tablas y vigas. El mecanismo de este aparato era tan sencillo como los que funcionan en las r�sticas sierras de Noruega. No se trata de obtener m�s que dos movimientos: uno horizontal para la pieza de madera, y otro vertical para la sierra, y el ingeniero lo consigui� por medio de una rueda, dos cilindros y poleas convenientemente dispuestas.
A finales de septiembre el armaz�n del buque, que deb�a llevar aparejo de goleta, se levantaba en el arsenal. Las cuadernas estaban casi enteramente terminadas y, mantenidos todos sus pares por una cintura provisional, pod�an apreciarse ya las formas de la embarcaci�n. Aquella goleta, fina en popa y ancha en la proa, ser�a, sin duda alguna, apta para hacer una larga traves�a en caso necesario; pero la colocaci�n de los tablones de forro, de las vagras y del puente exig�a todav�a mucho tiempo. Afortunadamente hab�a podido salvarse la clavaz�n del antiguo brick despu�s de la explosi�n submarina. De los tablones y curvas mutilados, Pencroff y Ayrton hab�an arrancado los pernos, cabillas y una gran cantidad de clavos de cobre. Era trabajo ahorrado a los herreros, pero los carpinteros ten�an todav�a mucho que hacer.
Tuvieron que interrumpirse por espacio de una semana las obras de construcci�n para atender a las tareas de la recolecci�n y almacenaje de las diversas cosechas que abundaban en la meseta de la Gran Vista. Pero terminadas estas tareas, consagraron todos los instantes a la construcci�n de la goleta.
Cuando llegaba la noche, los trabajadores estaban verdaderamente extenuados de cansancio. Con el fin de no perder tiempo, hab�an modificado las horas de la comida: com�an a las doce y cenaban cuando les faltaba la luz del d�a. Entonces sub�an al Palacio de granito e iban pronto a la cama.
Algunas veces, sin embargo, la conversaci�n, cuando reca�a sobre alg�n punto interesante, retrasaba la hora del sue�o. Los colonos, dando rienda a su imaginaci�n, hablaban del porvenir, de los cambios que liar�a en su situaci�n un viaje de la goleta a las tierras m�s cercanas. Pero en medio de estos proyectos dominaba siempre el pensamiento de un regreso ulterior a la isla Lincoln. Jam�s abandonar�an aquella
colonia, fundada con tanto trabajo y buen �xito, y la cual, por efecto de las comunicaciones con Am�rica, recibir�a un nuevo desarrollo. Pencroff y Nab esperaban concluir en ella sus d�as.
-�Harbert -dec�a el marino-, �verdad que no abandonar�s jam�s la isla Lincoln? -Jam�s, Pencroff, sobre todo si t� te decides a quedarte en ella.
-�Por descontado, hijo m�o -respond�a Pencroff-, te esperar�. Me traer�s a tu mujer y tus hijos y har� de tus peque�os famosos jeques.
-�Convenido -replicaba Harbert, riendo y ruboriz�ndose a la vez.
-��Y usted, se�or Ciro -continuaba Pencroff entusiasmado-, usted ser� siempre el gobernador de la isla! A prop�sito, �cu�ntos habitantes podr� mantener? �Diez mil por lo menos!
Conversando as� dejaban hablar a Pencroff y, de proyecto en proyecto, el periodista acababa por fundar un peri�dico, el "New Lincoln Herald".
As� es el coraz�n del hombre. El deseo de ejecutar obras de larga duraci�n, que le sobrevivan, es la se�al de su superioridad sobre todo lo que existe en el mundo. Es su dominaci�n, es la justicia en el mundo entero.
Despu�s de todo, �qui�n sabe si Jup y Top no ten�an tambi�n su peque�a ilusi�n acerca del futuro?
Ayrton, silencioso, se dec�a interiormente que querr�a volver a ver a lord Glenarvan y mostrarse rehabilitado a los ojos de todos.
Una tarde, el 15 de octubre, la conversaci�n, transcurrida entre hip�tesis, se hab�a prolongado m�s de lo acostumbrado. Eran las nueve de la noche y largos bostezos mal disimulados anunciaban la hora del sue�o. Pencroff acababa de levantarse para dirigirse hacia su cama, cuando el timbre el�ctrico situado en la sala son�.
Todos estaban all�: Ciro Smith, Gede�n Spilett, Harbert, Ayrton, Pencroff y Nab. No hab�a ninguno de los colonos en la dehesa.
Ciro Smith se levant�. Sus compa�eros se miraron unos a otros, creyendo haber o�do mal. -
-��Qu� quiere decir esto? -exclam� Nab-. �Llama el diablo? Nadie contest�.