La isla misteriosa
- Автор: Верн Жюль Габриэль
- Язык: испанский
- Жанр: Другие приключения
Электронная книга - «La isla misteriosa». Краткое содержание книги:
Ciro Smith se inclin sobre l.
-Ayrton! -grit el ingeniero, levantando los brazos del compaero que volvan a encontrar en circunstancias tan inesperadas.
A este grito Ayrton abri los ojos y, mirando a Ciro Smith y luego a los dems, exclam:
-Ustedes! -Ayrton, Ayrton! -repiti Ciro Smith. -Dnde estoy? -En la habitacin de la dehesa.
-Solo? -S.
-Pero van a venir! -exclam Ayrton-. Defindanse, defindanse!
Y Ayrton volvi a caer en la cama como abrumado por el cansancio.
-Spilett -dijo entonces el ingeniero-, nos pueden atacar de un momento a otro. Haga entrar el carro en la casa, atranque la puerta y vuelvan todos aqu.
Pencroff, Nab y el periodista se apresuraron a ejecutar las rdenes del ingeniero: no haba instante que perder, pues quiz el mismo carro estaba ya en manos de los bandidos.
En un instante el periodista y sus dos compaeros atravesaron la dehesa y llegaron a la puerta de la empalizada, detrs de la cual se oa a Top gruir sordamente.
El ingeniero, dejando a Ayrton un instante, sali de la casa dispuesto a disparar. Harbert iba a su lado. Ambos vigilaran la cresta del contrafuerte que dominaba la dehesa, porque si los presidiarios se haban emboscado all podan disparar sobre los colonos y herirlos.
En aquel momento la luna sali hacia el este por encima de la cortina negra del bosque y una blanca sbana de luz se extendi por el interior del recinto. La dehesa se ilumin toda entera con sus grupos de rboles, el riachuelo que la regaba y la grande alfombra de hierba. Por el lado de la montaa, la casa y una parte de la empalizada se destacaban en blanco, mientras que al lado opuesto, hacia la puerta, el recinto continuaba oscuro.
En breve apareci una masa negra: era el carro, que entraba en el crculo de luz, y Ciro Smith pudo or el ruido de la puerta que sus compaeros cerraban sujetando slidamente las hojas por el interior. Pero en aquel momento Top, rompiendo violentamente su cuerda, se puso a ladrar con furor y se lanz hacia la otra parte de la dehesa, a la derecha de la casa.
-Atencin, amigos, apunten bien! -grit Ciro Smith.
Los colonos se echaron los fusiles a la cara y esperaron el momento de disparar. Top segua ladrando y Jup, que haba corrido hacia donde estaba el perro, daba silbidos agudos. Los colonos lo siguieron y llegaron a orillas del arroyo, sembrado de grandes rboles. A plena luz, qu vieron? Cinco cuerpos tendidos sobre la orilla. Eran los de los presidiarios que cuatro meses antes haban desembarcado en la isla Lincoln.
13. Buscan a su protector. Nadie! Nada!
Qu haba sucedido? Quin haba matado a los presidiarios? Era Ayrton? No, porque un instante antes tema su vuelta.
Pero Ayrton estaba entonces bajo el dominio de un sopor del que no fue posible sacarlo. Despus de las pocas palabras que haba pronunciado, un sueo abrumador se haba vuelto a apoderar de l y qued nuevamente en su lecho sin movimiento.
Los colonos, agitados por mil pensamientos confusos y bajo la influencia de una violenta sobreexcitacin, esperaron durante toda la noche sin salir de la casa y sin volver al sitio donde yacan los cadveres de los bandidos. Quiz Ayrton no pudiese decirles nada respecto de las circunstancias en que stos haban recibido la muerte, pues l mismo no saba siquiera si estaba en la dehesa; pero al menos podra contar los hechos que haban precedido a aquella terrible ejecucin.
Al da siguiente Ayrton sali de su sopor y sus compaeros le manifestaron cordialmente todo el jbilo que experimentaban de verlo casi sano y salvo despus de ciento cuatro das de separacin.
Ayrton refiri en pocas palabras todo lo que haba pasado, al menos lo que l saba.
Al da siguiente de su llegada a la dehesa, el 10 de noviembre, al caer la noche fue sorprendido por los presidiarios, que haban escalado el recinto. Estos lo ataron y le pusieron una mordaza y despus lo llevaron a una caverna oscura situada al pie del monte Franklin, donde tenan su refugio.
Haban decidido su muerte y a la maana siguiente iban a matarlo. Uno de los bandidos lo reconoci y lo llam por el nombre que llevaba en Australia. Aquellos miserables, que queran matar a Ayrton, respetaron a Ben Joyce.
Desde aquel momento Ayrton fue el blanco de las exigencias de sus cmplices, los cuales queran atraerlo a su banda y contaban con l para apoderarse del Palacio de granito, penetrar en aquella inaccesible morada y hacerse dueos de la isla despus de haber asesinado a los colonos. Ayrton se resisti. El antiguo presidiario, arrepentido y perdonado, prefiri la muerte antes que hacer traicin a sus compaeros.
Ayrton, atado, amordazado y guardado con centinelas a vista, vivi en aquella caverna durante cuatro meses. Entretanto, los presidiarios, que haban descubierto la dehesa poco tiempo despus de su llegada a la isla, vivan de sus reservas y depsitos, pero no la habitaban. El 11 de noviembre, dos de aquellos bandidos, sorprendidos por la llegada de los colonos, dispararon contra Harbert, y uno volvi jactndose de haber matado a uno de los habitantes de la isla, pero volvi solo: su compaero, cono es sabido, haba cado bajo el pual de Ciro Smith.
Puede juzgarse cules seran las inquietudes y la desesperacin de Ayrton, al conocer la noticia de la muerte de Harbert. Los colonos no eran ms que cuatro y estaban, por decirlo as, a merced de los presidiarios.
A consecuencia de este suceso y durante todo el tiempo que los colonos, detenidos por la enfermedad de Harbert, permanecieron en la dehesa, los bandidos no salieron de su caverna y, aun despus de saquear la meseta de la Gran Vista, no creyeron prudente abandonarla.
Entonces redoblaron los malos tratos a Ayrton. Sus manos y pies tenan todava la seal de las ligaduras con que lo ataban da y noche, y a cada instante esperaba una muerte que crea inevitable.
As lleg la tercera semana de febrero. Los presidiarios, espiando siempre una ocasin favorable, salan poco de su retiro e hicieron slo alguna excursin de caza al interior de la isla o a la costa meridional. Ayrton no tena noticias de sus amigos y no esperaba volverlos a ver.
Por fin, el desdichado, debilitado por los malos tratos, cay en una postracin profunda que no le permiti ver ni or nada. Desde aquel momento, es decir, dos das antes, no poda ni siquiera decir lo que haba pasado.
-Pero, seor Smith -aadi-, puesto que yo estaba aprisionado en aquella caverna, cmo es que me encuentro en la dehesa?
-Y cmo los presidiarios estn muertos en medio del recinto? pregunt a su vez el ingeniero.
-Muertos! -exclam Ayrton, que a pesar de su debilidad se incorpor en la cama. Sus compaeros lo sostuvieron. Quiso levantarse, lo dejaron y todos se dirigieron hacia el arroyo. Era ya de da.
A la orilla del agua, en la posicin que les haba sorprendido una muerte que haba debido de ser fulminante, yacan los cinco cadveres de los criminales.
Ayrton estaba aterrado. Ciro Smith y sus compaeros se miraban sin pronunciar una palabra. Obedeciendo a una seal del ingeniero, Nab y Pencroff examinaron aquellos cadveres, ya rgidos por el fro. No tenan ninguna seal aparente de herida.
Slo despus de haberlos examinado con mucha atencin, Pencroff observ en la frente del uno, en el pecho del otro, en la espalda de ste, en el hombro de aqul, un puntito rojo, especie de contusin apenas visible y cuyo origen era imposible determinar.
-Ah les han herido! -dijo Ciro Smith. -Pero con qu arma? -exclam el periodista. -Con un arma fulminante, cuyo secreto no tenemos nosotros
-Y quin les ha herido con un rayo? -pregunt Pencroff.
-El justiciero de la isla -replic Ciro Smith-el que ha trasladado a Ayrton; el hombre cuya influencia viene otra vez a manifestarse; el que hace por nosotros todo lo que nosotros mismos no podramos hacer y despus se oculta a nuestra vista.
Busqumoslo! -exclam Pencroff.
-S, busqumoslo -respondi Ciro Smith -. Pero el ser superior que hace tales prodigios no podr ser hallado hasta que no quiera.