La isla misteriosa
- Автор: Верн Жюль Габриэль
- Язык: испанский
- Жанр: Другие приключения
Электронная книга - «La isla misteriosa». Краткое содержание книги:
El 14 de febrero, vspera de la marcha, era domingo y fue consagrado al descanso y santificado por la accin de gracias que los colonos dirigieron al Creador. Harbert, enteramente curado, pero un poco dbil todava, ocupara un sitio reservado en el carro.
Al da siguiente, al amanecer, Ciro Smith tom las medidas necesarias para poner el Palacio de granito al abrigo de toda invasin. Las escaleras que servan antes para subir fueron llevadas a las Chimeneas y enterradas profundamente en la arena, de modo que pudieran servir para la vuelta, porque el tambor del ascensor fue desmontado y no qued nada del aparato. Pencroff qued el ltimo en el Palacio de granito para acabar esta tarea y baj con una doble cuerda, cuyo extremo estaba slidamente sujeto abajo y, una vez recogida, no dej comunicacin alguna entre la comisa superior y la playa.
El tiempo era magnfico.
-Se prepara un da caluroso -dijo alegremente el periodista.
-Bah!, doctor Spilett -repuso Pencroff-, caminaremos a la sombra de los rboles y ni siquiera veremos el sol. -En marcha! -dijo el ingeniero.
El carro esperaba a la orilla, delante de las Chimeneas. El periodista haba exigido que Harbert subiese a l al menos durante las primeras horas del viaje, y el joven tuvo que someterse a las prescripciones de su mdico.
Nab se puso a la cabeza de los onagros; Ciro Smith, Spilett y Pencroff tomaron la delantera; Top saltaba con aire alegre y Jup haba aceptado sin ceremonia el sitio que Harbert le haba ofrecido en el vehculo. Haba llegado el momento de la partida y la pequea tropa se puso en marcha.
El carricoche dobl primero el recodo de la desembocadura y, despus de haber subido por espacio de una milla por la orilla izquierda del ro de la Merced, atraves el puente, a cuyo extremo se empalmaba el camino del puerto del Globo. Los exploradores, dejando este camino a la izquierda, comenzaron a internarse bajo la
bveda de los inmensos bosques que formaban la regin del Far-West. Durante las dos primeras millas, los rboles, muy espaciados, permitieron al carro pasar libremente y, aunque de vez en cuando haba que cortar algunos bejucos y mucha maleza, ningn obstculo serio detuvo la marcha de los colonos. El ramaje espeso de los rboles mantena una fresca sombra sobre el suelo. Los deodaras, las duglasias, casuarinas, banksieas, rboles de goma, dragos y otras especies ya conocidas se sucedan hasta los ltimos lmites que alcanzaba la vista. Todo el reino de las aves habitual de la isla se encontraba completo: tetraos, jacamares, faisanes, loros y toda la familia charlatana de las cacatas, papagayos y cotorras. Los agutes, canguros, cabiayes y otros animales corran entre las hierbas y todo recordaba a los colonos las primeras excursiones que haban hecho a su llegada a la isla.
-Sin embargo -dijo Ciro Smith-, observo que estos animales, tanto cuadrpedos como voltiles, son ms tmidos ahora que antes, lo cual prueba que estos bosques han sido recorridos ltimamente por los presidiarios y que no tardaremos en encontrar sus huellas.
Y, en efecto, en muchos parajes pudo verse la seal de pasos recientes de unos cuantos hombres; aqu, roturas de las ramas de los rboles, quiz con el objeto de establecer jalones en el camino; all, cenizas de hogueras apagadas y huellas de pasos que ciertas partes gredosas del suelo haban conservado. Pero nada que pareciese pertenecer a un campamento definitivo.
El ingeniero haba recomendado a sus compaeros que se abstuviesen de cazar, porque las detonaciones de las armas de fuego habran podido poner sobre aviso a los presidiarios, que quiz andaban por el bosque. Por otra parte, los cazadores necesariamente habran tenido que dispersarse a distancia del carro y estaba prohibido marchar aisladamente.
En la segunda parte de la jornada, a seis millas poco ms o menos del Palacio de granito, la marcha se hizo ms difcil. Fue preciso, para pasar por ciertas espesuras, derribar algunos rboles y abrir camino. Antes de poner manos a la obra, Ciro Smith haba tenido cuidado de enviar a aquella espesura a Top y a Jup, que cumplieron concienzudamente su encargo, y, cuando el perro y el orangutn volvieron sin haber dado seales de peligro, era prueba de que no haba nada que temer por parte de los piratas ni de las fieras, dos especies de individuos del reino animal que estaban al mismo nivel a causa de sus feroces instintos.
En la noche de aquel primer da, los colonos acamparon a unas nueve millas del Palacio de granito, a la orilla de un pequeo afluente del ro de la Merced, cuya existencia ignoraban, y que haba de enlazarse con el sistema hidrogrfico a que deba el suelo su admirable fertilidad.
Cenaron abundantemente, porque su apetito se hallaba muy aguzado, y se adoptaron las medidas necesarias para pasar la noche sin molestia. Si el ingeniero no hubiera tenido que guardarse ms que de las fieras, jaguares u otras, se habra contentado con encender hogueras alrededor del campamento, lo cual habra bastado para defenderles, pero los presidiarios ms bien habran sido atrados por las hogueras que detenidos, y vala ms, en tal caso, rodearse de profundas tinieblas.
Por lo tanto se organiz severamente la vigilancia, velando dos de los colonos y relevndose de dos en dos horas. Ahora bien, como, a pesar de sus reclamaciones, Harbert fue dispensado de hacer guardia, Pencroff y Geden Spilett, por una parte, y el ingeniero y Nab, por otra, la hicieron a su vez, rondando por las inmediaciones del campamento.
La noche dur pocas horas. La oscuridad era debida ms al espesor del ramaje, que a la desaparicin del sol. Apenas turbaron el silencio los roncos aullidos de los jaguares y
los gruidos de los monos, que crispaban particularmente los nervios de maese Jup. La noche pas sin incidentes, y al siguiente da, 16 de febrero, los colonos continuaron a travs del bosque su marcha, ms lenta que penosa. Aquel da no pudieron andar ms que seis millas, porque a cada instante haba que abrirse camino con el hacha. Como verdaderos settlers, los colonos cuidaban dejar en pie los grandes rboles, cuyo corte, por lo dems, les habra causado mucho trabajo, y no sacrificaban ms que los pequeos. De aqu resultaba que el camino tomaba una direccin poco rectilnea y daba muchas vueltas.
Durante este da Harbert descubri nuevas especies desconocidas hasta entonces en la isla, como helechos arborescentes, palmas que caan hasta el suelo y parecan extenderse como las aguas en la pila de una fuente, algarrobos, cuyas largas bayas comieron con avidez los onagros y dieron a los colonos pulpas azucaradas de un sabor excelente. Encontraron tambin magnficos kaurs dispuestos por grupos, cuyos troncos cilndricos, coronados de un cono de verdor, se elevaban a una altura de doscientos pies. Eran aquellos rboles los reyes de Nueva Zelanda, tan clebres como los cedros del Lbano.
En cuanto a la fauna, no present otros ejemplares que los que ya conocan los cazadores. Sin embargo, entrevieron, aunque sin poder acercarse a ellos, una pareja de esas grandes aves propias de Australia, especie de casuarios, que llaman emeus, de cinco pies de altura y de plumaje pardo, que pertenecen al orden de las zancudas. Top se lanz tras ellas con toda la celeridad de sus cuatro patas, pero los casuarios fcilmente se distanciaron.
Respecto a seales del paso de los presidiarios por el bosque, todava se advirtieron algunas. Cerca de una hoguera que pareca haberse apagado recientemente, observaron los colonos huellas que fueron examinadas con atencin. Midindolas unas tras otras en su longitud y en su anchura, encontraron las seales de los pies de cinco hombres. Los cinco bandidos haban acampado en aquel paraje, pero, y esto era el objeto de un examen tan minucioso, no se pudo descubrir una sexta seal, que en tal caso sera la del pie de Ayrton.
-Ayrton no estaba con ellos! -dijo Harbert.
-No -contest Pencroff-y, si no estaba con ellos, es porque esos miserables lo habrn matado. Pero no tienen esas bestias una cueva donde podamos ir a cazarlos como tigres?
-No -contest el periodista-. Es ms probable que vayan a la ventura. Est en su inters vagar as hasta que puedan ser dueos de la isla.