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La chica del tambor

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La chica del tambor
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-�Otra maldita intelectual. Malcolm, traiga lo que tengamos de ella.

Mientras Malcolm sal�a de nuevo del cuarto, Kurtz recuper� h�bilmente la iniciativa.

-�Si se toma la molestia de comparar las fechas, comandante, advertir� que la �ltima visita que la se�orita Berger efectu� a Beirut fue en abril del presente a�o, coincidiendo con la gira del se�or Masterbein. La se�orita Berger tambi�n se encontraba en Estambul cuando el se�or Masterbein hizo su parada en dicha ciudad. Llegaron en vuelos diferentes, pero se alojaron en el mismo hotel. Si, Mike, por favor.

Litvak les ofrec�a dos fotocopias de formularios de inscripci�n en un hotel, a nombre de Anton Masterbein y de Astrid Berger, con fecha del 18 de abril. Junto a ellos, en una reproducci�n mucho m�s peque�a, estaba el recibo pagado por Masterbein. El hotel era el Hilton de Estambul. Mientras Picton y el polic�a -el inspector jefe- examinaban las fotocopias, la puerta volvi� a abrirse y cerrarse. Con la m�s desolada de las sonrisas, Malcolm anunci�:

-�Astrid Berger es tambi�n NRA. �Parece incre�ble, verdad?

R�pidamente, Kurtz pregunt�:

-��NRA significa Nothing Recorded Against? (Nada consta en contra.).

Picton cogi� el lapicero de plata y le dio vueltas y m�s vueltas bajo su glauca mirada. Pensativo, Picton contest�:

-�Si, exactamente esto. P�ngase usted el primero de la clase, se�or Raphael.

La tercera fotograf�a de Kurtz -o cual Litvak la llam� irreverentemente, m�s tarde, el tercer naipe de Kurtz- hab�a sido tan perfectamente falsificada que ni siquiera los m�s agudos expertos en reconocimientos a�reos de Jerusal�n hab�an podido identificarle entre el mont�n de fotos que sometieron a su inspecci�n. En ella se ve�a a Charlie y a Becker dirigi�ndose hacia el Mercedes, ante el hotel de Delfos, en la ma�ana de su partida. Becker llevaba la bolsa de viaje de Charlie, y su propia cartera de hombre de negocios. Charlie iba con la bella t�nica griega y llevaba su guitarra. Becker iba con su blazer rojo, su camisa de seda y sus zapatos Gucci. Ten�a la mano enguantada adelantada hacia la manecilla de la puerta del Mercedes. Y su cabeza era la cabeza de Michel.

-�Comandante, esta fotograf�a fue tomada por pura y simple suerte, exactamente dos semanas antes del estallido ocurrido en las afueras de Munich, en el que, como muy bien ha dicho usted, cierta pareja de terroristas tuvo la desdicha de perecer, quedando hecha trizas gracias a sus propios explosivos. La muchacha pelirroja que se ve en primer t�rmino en esta fotograf�a, es ciudadana brit�nica. Su acompa�ante la llamaba �Joan�, y ella le llamaba �Michel�, nombre que no era el que figuraba en el pasaporte del caballero en cuesti�n.

El cambio que se produjo en el ambiente fue parecido a un brusco descenso de la temperatura. El inspector jefe dirigi� una oblicua mirada a Malcolm, y �ste le contest� con una sonrisa, pero la sonrisa de Malcolm, cual poco a poco pudo verse, nada ten�a que ver con lo que comunmente se considera buen humor. Sin embargo lo que ocupaba el centro del escenario era la maciza inmovilidad de Picton, su negativa, al parecer, a aceptar informaciones de fuentes que no fueran la fotograf�a en s� misma. Si, ya que Kurtz, al hablar de un ciudadano brit�nico, se hab�a adentrado, como por descuido, en el sagrado territorio de Picton, y los hombres que tal hac�an corr�an serios riesgos.

Sin dejar de mirar la fotograf�a, Picton habl� sin apenas separar sus r�gidos labios:

-�Pura y simple suerte. Si, claro, un buen amigo que por casualidad ten�a su c�mara fotogr�fica debidamente dispuesta. Si, una gran suerte la de este tipo�

Kurtz esboz� una t�mida sonrisa, pero nada dijo. Picton prosigui�:

-�Sac� un par de instant�neas, y las mand� por pura casualidad a Jerusal�n. Si, hab�a pillado a un terrorista en vacaciones, y pens� que quiz� las fotos pudieran ser de utilidad.

La sonrisa de Kurtz se ensanch�. Y, con la consiguiente sorpresa, Kurtz vio que Picton tambi�n sonre�a, aunque sin excesiva alegr�a. Picton dijo:

-�Pues s�, recuerdo haber tenido amigos as�. Pero, claro, ahora que caigo en ello, ustedes tienen amigos en todas partes. Amigos altamente situados, amigos en posiciones humildes, amigos ricos�

Durante unos peligrosos instantes, pareci� que ciertas antiguas frustraciones sufridas por Picton, en los tiempos en que estuvo destinado en Jerusal�n, se hab�an reavivado bruscamente, y que amenazaban con brotar a chorro de sus labios, en un arrebato temperamental. Pero Picton supo refrenarse. Compuso la expresi�n de su cara y baj� la voz. Moder� su sonrisa hasta el punto que bien hubiera podido pasar por ser una sonrisa amistosa. Pero la sonrisa de Kurtz era una sonrisa �todo terreno�, y la cara de Litvak estaba tan retorcida por su propia mano que, a la vista de un observador imparcial, igual pod�a estar parti�ndose de risa que padecer un grave dolor de muelas.

Despu�s de aclararse la garganta, el gris inspector jefe, animado por la afabilidad galesa, os� llevar a efecto otra oportuna intervenci�n:

-�Bueno, pues incluso en el caso de que esa chica fuera brit�nica, se�or, lo cual me parece una hip�tesis un tanto aventurada, todav�a no hay ley alguna, en este pa�s, que proh�ba acostarse con palestinos. �No podemos montar una operaci�n de caza de esta se�ora, con amplitud nacional, solamente por esto! �Santo Dios, si tuvi�ramos que�!

Picton volvi� a mirar a Kurtz y dijo:

-�Tiene m�s cosas que decir, el se�or Raphael. Si, muchas m�s. Pero el tono de Picton llegaba m�s lejos, ya que ven�a a decir: siempre tiene m�s cosas que decir, esa gente.

Kurtz, sin alterar su cort�s tono de buen humor, invit� a los presentes a examinar el Mercedes, situado a la derecha de la fotograf�a. Kurtz rog� que le perdonasen por no entender mucho en autom�viles, pero lo cierto era que, seg�n los expertos, el Mercedes era del modelo llamado �sal�n�, de color rojo vino, con la antena de la radio situada delante, dos espejos laterales, cierre de las puertas mediante un mando central, y cinturones de seguridad �nicamente en los asientos delanteros. En m�ritos de todos estos detalles, as� como de otros detalles no tan visibles, el Mercedes de la fotograf�a era igual que el Mercedes que accidentalmente hab�a volado por los aires en las afueras de Munich, y del cual qued� milagrosamente intacta la parte delantera.

A Malcolm se le ocurri� una repentina soluci�n del problema:

-�Bueno, se�or, pero no se puede afirmar categ�ricamente que la muchacha sea inglesa. �No ser� la chica holandesa? Cabello rojo, cabello rubio, esto nada significa. Y el t�rmino inglesa, en este caso s�lo cabe aplicarlo a la lengua com�n.

Picton orden�:

-�C�llese.

Encendi� un cigarrillo, sin ofrecer el paquete a nadie, y dijo:

-�D�jenle que siga explic�ndose.

Y acto seguido, Picton trag� una monstruosa cantidad de humo, que se guard� dentro del cuerpo.

Ahora, la voz de Kurtz se hab�a endurecido, y parec�a que sus hombros tambi�n lo hubieran hecho. Kurtz puso los pu�os a uno y otro lado de la carpeta. Dijo, con gran fuerza en su voz:

-�Seg�n nuestras informaciones, procedentes de otra fuente, comandante, este Mercedes, en su viaje hacia el Norte, desde Grecia y a trav�s de Yugoslavia, fue conducido por una mujer joven, con pasaporte de la Gran Breta�a. Su amante no la acompa��, sino que se traslad� por v�a a�rea a Salzburgo, a bordo de un avi�n de la Austrian Airlines. Esta misma compa��a de aviaci�n, se ocup� de reservarle prestigiosas habitaciones en el hotel

Osterreichischer Hof, de Salzburgo, en donde seg�n nuestras investigaciones, la pareja en cuesti�n se hizo pasar por monsieur y madame Laserre, a pesar de que la dama en cuesti�n no hablaba el franc�s, sino �nicamente el ingl�s. La se�ora es recordada en el hotel, por su espectacular belleza, su cabello rojo, la ausencia de alianza en el dedo anular, as� como por su guitarra, guitarra que suscit� ciertas risas, y tambi�n se la recuerda por el hecho de que, a pesar de haber dejado el hotel a primera hora de la ma�ana, en compa��a de su marido, regres� m�s tarde, para utilizar sus servicios. El conserje recuerda haber llamado un taxi que llevara a madame Laserre al aeropuerto de Salzburgo, e incluso recuerda que llam� dicho taxi a las dos de la tarde, poco antes de terminar su turno de servicio. Este mismo conserje ofreci� a madame Laserre confirmar la reserva de su vuelo y averiguar si la partida de su avi�n hab�a sido retrasada o no, pero madame Laserre no le permiti� hacerlo, y cabe presumir que tal negativa se basaba en que dicha se�ora no viajaba con el nombre de Laserre. Hay tres vuelos, que parten de Salzburgo que coinciden con la hora de partida. Uno de ellos es un vuelo de la compa��a austr�aca que va a Londres. La empleada del mostrador de ventas de la Austrian Airlines recuerda perfectamente a una chica pelirroja inglesa que ten�a un billete no usado, para un vuelo charter, para ir de Tesal�nica a Londres, y que deseaba canjearlo, en el caso de que ello fuera posible. Por ello, la se�orita inglesa tuvo que comprar un billete, solo de ida, que pag� en d�lares norteamericanos, principalmente con billetes de veinte.

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