La chica del tambor
- Автор: Ле Карре Джон
- Язык: испанский
- Жанр: Шпионские детективы
Электронная книга - «La chica del tambor». Краткое содержание книги:
Picton se mostr� de acuerdo:
-�Mucho.
Mirando de soslayo a Kurtz, Picton pregunt�:
-�Misha se hizo abogado, cuando ya era viejo, �verdad? �Cristo, esto ser�a algo as� como si un cazador furtivo pasara a ser guarda-bosque!
-�El caso es que Misha tambi�n tiene en cuenta el valor de esta se�ora, su valor para nosotros, y tambi�n para ustedes, habida cuenta de la posici�n en que se encuentra, un estado al que bien pudi�ramos llamar de casi inocencia. �Qu� sabe esta se�ora, a fin de cuentas? �Qu� puede revelar? Por ejemplo, fij�monos en el caso de la se�orita Larsen.
-��Larsen?
-�Si, es la se�ora danesa que qued� tan fatalmente afectada por el desdichado accidente en las afueras de Munich.
-��Qu� pasa con esa se�ora?
Despu�s de formular la pregunta, Picton se detuvo en seco y, de arriba abajo, dirigi� a su interlocutor una furiosa mirada de crecientes sospechas. Kurtz dijo:
-�La se�orita Larsen tambi�n conduc�a autom�viles y hac�a recados por cuenta de su amiguete palestino. Se trataba del mismo amiguete. La se�orita Larsen incluso colocaba bombas, por cuenta del mismo individuo. Lo hizo en dos ocasiones, quiz� en tres. Sobre el papel, la se�orita Larsen estaba muy comprometida.
Kurtz hizo una breve pausa, mene� la cabeza, y a�adi�:
-�Pero en lo tocante a informaci�n utilizable, la se�orita Larsen era una jarra vac�a.
Sin que la amenazadora proximidad de Picton le afectara en absoluto, Kurtz levant� las manos y las abri� palma arriba para demostrar lo muy vac�a que era la jarra a la que se hab�a referido. A�adi�:
-�La se�orita Larsen era s�lo una muchachita con amiguetes, chica de grupo, a la que le gustaba el peligro y los muchachos, y a quien tambi�n le gustaba gustar. Y nada le contaron. No le dieron nombres, ni se�as ni planes. Nada.
En tono acusador, Picton dijo:
-��Y c�mo lo sabe usted?
-�Tuvimos una breve conversaci�n con ella.
__ �Cu�ndo?
-�Hace alg�n tiempo. Bastante tiempo. Una peque�a conversaci�n en la que intentamos cerrar tratos, antes de devolverla a su ambiente. Ya sabe c�mo funcionan esas cosas.
Picton, sin apartar su amarillenta mirada de Kurtz insinu�:
-�Si, la conversaci�n probablemente tuvo lugar cinco minutos antes de que la muchacha volara hecha trizas por los aires.
Pero la sonrisa de Kurtz sigui� maravillosamente inalterable.
Kurtz suspir� y dijo:
-�Ojal� las cosas fueran tan f�ciles, comandante.
-�Antes le he preguntado qu� quer�a usted, se�or Raphael.
-�Pues nos gustar�a poner a la muchacha en movimiento.
-�Es lo que imaginaba.
-�Nos gustar�a que asustaran un poco a la muchacha, pero no que la detuvieran. S�, quisi�ramos que quedara lo suficientemente atemorizada que se sintiera obligada a volver a entrar en contacto con su gente, o que su gente entrara en contacto con ella. Nos gustar�a que la chica actuara hasta el final de su trayecto. Es decir que se convirtiera en lo que nosotros llamamos un agente sin conciencia de serlo. Naturalmente, compartir�amos con ustedes los frutos conseguidos, y, cuando la operaci�n haya terminado, ustedes podr�n quedarse con la muchacha y con el prestigio.
Picton observ�:
-�La chica ya ha entrado en contacto. Esa gente se entrevist� con ella en Cornualles, y le entreg� un ramo de orqu�deas, �no es as�?
-�Comandante, seg�n nuestra interpretaci�n, esta entrevista s�lo tuvo car�cter exploratorio. Y mucho tememos que si no hacemos algo, este encuentro de nada nos servir�.
Picton con la voz henchida de maravillada ira, dijo:
-��Y c�mo diablos lo sabe? Pues s�, yo mismo le voy a decir como se enter�. �Estaba usted con la oreja pegada al ojo de la cerradura! �Qui�n diablos imagina que soy, se�or Raphael? �Un mico reci�n salido de la selva? Esta chica es de ustedes, se�or Raphael. Les conozco muy bien a ustedes los israelitas, conozco a Misha, y comienzo a conocerle a usted.
El tono de la voz de Picton se hab�a elevado de forma alarmante. Picton ech� a andar m�s de prisa, adelantando a Kurtz, hasta que de esta manera consigui� apaciguar su arrebato. Luego, Picton se detuvo y esper� a que Kurtz le alcanzara. Picton dijo:
-�En estos momentos estoy imaginando una bonita historia, se�or Raphael, y me gustar�a cont�rsela. �Me lo permite?
Amablemente, Kurtz dijo:
-�Ser� para m� un inmenso placer.
-�Muchas gracias. Por lo general, el truco se hace utilizando un fiambre. Usted encuentra un buen cad�ver, lo viste y lo arregla y se pone en un sitio en el que el enemigo pueda encontrarlo. Y el enemigo dice ��Sopla! �Qu� es esto? �Un cad�ver con una cartera de hombre de negocios en la mano? Veamos qu� lleva en la cartera.� Pues s�, miran y encuentran un mensaje. Entonces, el enemigo dice: �Oye, pues si llevaba un mensaje seguramente era un mensajero o un enlace, miremos lo que dice el mensaje y caigamos como bobos en la trampa.� As� lo hacen, y nos condecoran a todos. A esto, antes lo llam�bamos �desinformaci�n�, y se hac�a con la finalidad de dar falsas pistas al enemigo.
El sarcasmo de Picton era tan recio como su ira. Sigui�:
-�Pero esto es excesivamente sencillo para hombres como Misha y como usted. Y como que ustedes no son m�s que un atajo de fan�ticos supereducados, se disponen a ir m�s lejos que esto. Y dicen: �No, nosotros no vamos a emplear fiambres, no, esto no es digno de nosotros. Nosotros vamos a utilizar carne viva, y, concretamente, carne �rabe. Carne holandesa.� Y as� lo hicieron. Volando un lindo autom�vil Mercedes. Autom�vil que era de ellos. Lo que no s�, y nunca sabr� porque tanto usted como Misha se callar�n, incluso en el lecho de muerte, es donde colocaron dicha desinformaci�n. Pero me consta que la colocaron, y que ellos han picado, ya que de lo contrario no hubieran venido aqu� con sus malditas orqu�deas.
Meneando la cabeza en expresi�n de renuente admiraci�n hacia la fantas�a de Picton, Kurtz comenz� a avanzar para apartarse de Picton, pero �ste, con el inefable olfato del polic�a, le mantuvo quieto, mediante un leve adem�n. Dijo:
-�Quiero que le diga una cosa a su maldito amo Misha Gavron. Si resulta que no me equivoco y que ustedes han reclutado a una persona de ciudadan�a brit�nica sin nuestro consentimiento, ir� personalmente a su peque�o y repulsivo pa�s y le atizar� una patada en los huevos al Misha Gavron en cuesti�n. �Me ha comprendido, ahora?
Pero de repente, y casi como si fuera en contra de su voluntad, la cara de Picton se relaj� en una casi tierna sonrisa de rememoraci�n, y pregunt�:
-��Qu� sol�a decir, el viejo sinverg�enza? Algo referente a tigres, me parece. Usted lo sabr�, sin duda.
Si, era una frase que Kurtz tambi�n dec�a a menudo. Esbozando su sonrisa de pirata, Kurtz dijo:
-�Si quieres cazar un le�n, primero tienes que atar una cabra, a modo de cebo.
Pasando el instante de camarader�a entre adversarios, la cara de Picton volvi� a adquirir expresi�n p�trea. Con sequedad dijo:
-�Dicho con los debidos formalismos, mi jefe les felicita. Hemos cerrado el trato con ustedes.
Picton dio marcialmente media vuelta y se encamin� hacia la casa, dejando que Kurtz y la �Se�ora O'Flaherty� le siguieran. Apuntando con el bast�n a Kurtz, y en una �ltima afirmaci�n de colonial autoridad, Picton dijo:
-�Y diga tambi�n lo siguiente a su jefe: que haga el maldito favor de dejar de utilizar nuestros malditos pasaportes. Si otra gente puede vivir sin nuestros pasaportes, tambi�n �l se las podr� arreglar.
Durante el viaje de regreso a Londres, Kurtz oblig� a Litvak a sentarse a su lado, con el fin de ense�arle modales brit�nicos. Meadows, quien al parecer hab�a recuperado la voz, quer�a discutir el problema de la orilla occidental. �C�mo se puede solucionar, a su juicio, se�or? Supongo que por el medio de ofrecer un trato justo a los �rabes, �verdad se�or? Pero Kurtz no quiso entrar en la in�til conversaci�n, y se abandon� a unos recuerdos que hasta el momento hab�a procurado evitar.