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La chica del tambor

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La chica del tambor
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Mientras seleccionaba un botn en su telfono y lo oprima con tal fuerza que pareci difcil que el tal botn pudiera volver a la superficie. pregunt: -Nlisha Gavron sigue bien?

Con entusiasmo, Kurtz replic:

-El comandante en jefe Misha sigue perfectamente.

Y acto seguido comenz a preguntar por la buena salud del jefe de Picton, pero Picton no demostr el menor inters en lo que Kurtz pudiera decirle, y menos an si concerna a su jefe, el jefe de Picton.

Una caja de plata para contener cigarrillos, muy reluciente, se encontraba en un lugar muy visible de su mesa escritorio, y en la caja haba las firmas de compaeros en el oficio. Picton abri la caja y ofreci cigarrillos, aunque slo fuera para que Kurtz admirase el brillo de la caja. Kurtz dijo que no fumaba. Picton devolvi la caja a su lugar, que era el lugar en el que mejor poda exhibirla. Alguien golpe la puerta y Picton dio permiso para que entraran dos hombres, uno de ellos vestido de gris, y el otro con tela de tweed. El que iba de gris era un peso gallo gals, de unos cuarenta aos, con cicatrices en la mandbula. Picton le dio el ttulo de Mi inspector en jefe.

El inspector en jefe se puso de puntillas y, al mismo tiempo, tir de los faldones de su chaqueta hacia abajo, como si intentara crecer un par de pulgadas y confes:

-Mucho me temo, seor., que nunca he estado en Jerusaln. Mi esposa no piensa ms que en pasar vacaciones en Beln, en Navidades. Pero, para mi gusto, no hay nada como Cardiff.

El que iba con tela de tweed era el capitn Malcolm, que era un hombre con la distincin social que Picton siempre haba deseado poseer y al que, en consecuencia, de vez en cuando odiaba. Malcolm estaba dotado de una suave cortesa que era su mejor arma para agredir al prjimo.

Con gran sinceridad, Malcolm dijo a Kurtz:

-Realmente es un honor conocerle, seor.

Y le ofreci la mano, antes de que Kurtz lo necesitara.

Pero, cuando le lleg el turno a Litvak, el capitn Malcolm no pareci comprender bien el nombre del presentado, y dijo.

-Mi querido muchacho, por favor, vulveme a decir cmo te llamas, por favor.

Litvak, con mucha menor untuosidad que el capitn Malcolm, repuso:

-Me llamo Levene, y tengo el honor de estar a las rdenes del seor Raphael, aqu presente.

Haba una larga mesa destinada a los miembros de la reunin. Pero en el cuarto no se vean fotografas de la reina en kodachrome, ni siquiera la fotografa de una esposa. Las ventanas daban a un patio vaco. Y la nica sorpresa que el lugar proporcionaba era un penetrante olor a petrleo caliente, como si un submarino acabara de pasar por all.

Picton dijo:

-Bueno, pues por qu no comienza usted a hablar as, directa-mente, seor?

Hizo una pausa excesivamente larga y termin la frase:

-Seor Raphael, si no me equivoco?

Lo cierto es que esta frase fue curiosamente certera, en cierta medida. Mientras Kurtz abra su portafolios y comenzaba a repartir carpetas, la estancia fue estremecida por el largo estruendo de una explosin, provocada en circunstancias debidamente controladas.

Picton abri la carpeta y le ech una primera ojeada, como quien mira distradamente una carta de restaurante. Dijo:

-En cierta ocasin conoc a un tal Raphael. Y le hicimos comandante durante un tiempo. Era un chico joven. No recuerdo el lugar en que esto ocurri. No sera usted, por casualidad?

Con una triste sonrisa, Kurtz lament no haber sido el afortunado mortal. Picton dijo:

-No est emparentado con l? Se llamaba Raphael, igual que ese tipo italiano que pintaba.

Picton volvi un par de pginas y aadi:

-Bueno, resulta que no lo sabe, verdad?

La tolerancia de Kurtz era increble. Ni siquiera Litvak, quien le haba contemplado exhibiendo cien diferentes facetas de su personalidad, hubiera intuido que Kurtz pudiera tener un tan serfico dominio de sus demonios. La ardiente energa de Kurtz haba desaparecido totalmente, para ser remplazada por la servil sonrisa del subordinado. Incluso su voz, para empezar, tena un tono deferente y de excusa.

El inspector jefe ley en voz alta:

-Mesterbein. Es sta la correcta forma de pronunciar el apellido en cuestin?

El capitn Malcolm, ansioso de demostrar sus conocimientos en materia de idiomas, cogi la pregunta por los cuernos, y aclar:

-Se pronuncia Mesterbain, querido Joseph.

En tono benvolo, Kurtz dijo:

-Las circunstancias personales se encuentran en la bolsa de la izquierda de la carpeta, caballeros.

Hizo una pausa para que todos hurgaran en las carpetas durante un ratito ms. Luego

dijo:

-Comandante, necesitamos que nos d su palabra en todo lo referente al uso y distribucin de esta informacin.

Picton levant despacio su rubia cabeza, y pregunt:

-Por escrito?

Kurtz esboz una corts sonrisa de excusa, y dijo:

-Tengo la seguridad de que la palabra de un oficial ingls ser suficiente para Misha Gavron.

Kurtz esper un rato, hasta que Picton, con un inconfundible enrojecimiento de ira en la cara, repuso:

-De acuerdo.

A continuacin, Kurtz pas rpidamente a abordar el tema, menos espinoso, de Anton Mesterbein:

-Su padre es un caballero suizo, conservador, con una linda villa de recreo junto al lago, comandante, y no se sabe que tenga otros intereses que los de ganar dinero. La madre es una seora librepensadora, de la izquierda radical, que se pasa la mitad del ao en Pars, en donde celebra recepciones peridicamente; es lo que se llama un saln, en Pars, que son muy concurridas por los rabes

Picton le interrumpi:

-Malcolm, sabe algo de esto?

-Un poco, muy poco, seor.

Kurtz prosigui:

-El joven Anton, el hijo, es un abogado muy bien preparado. Adems, estudi ciencias polticas en Pars y filosofa en Berln. Estudi en Berkeley durante un ao, derecho y ciencias polticas. Un semestre en Roma, y cuatro aos en Zurich, gradundose magna cum laude.

Picton dijo:

-Un intelectual.

Lo dijo igual que hubiera podado decir un leproso. Kurtz hizo un movimiento de asentimiento, y aadi:

-Podemos decir que, desde un punto de vista poltico, el seor Mesterbein se inclina hacia las tendencias de su seora madre, y que, desde un punto de vista econmico, se inclina hacia las tendencias de su padre.

Picton solt una gran carcajada, la gran carcajada del hombre carente del sentido del humor. Kurtz hizo la pausa suficientemente larga para compartir con Picton la carcajada. Sigui:

-La fotografa que est usted viendo fue tomada en Pars, pero el seor Mesterbein ejerce la abogaca en Ginebra. Concretamente, tiene un despachito en la parte baja de la ciudad, en el que atiende a estudiantes radicales, a gentes del tercer mundo y a inmigrantes. Tambin es abogado de varias organizaciones progresistas carentes de dinero.

Kurtz volvi la pgina de la carpeta que tena ante s, invitando con ello a sus oyentes a hacer lo mismo. Kurtz llevaba unas gafas de gruesos lentes, resbaladas hasta casi la punta de la nariz, que le daban el ratonil aspecto de un empleado de banca.

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