La chica del tambor
- Автор: Ле Карре Джон
- Язык: испанский
- Жанр: Шпионские детективы
Электронная книга - «La chica del tambor». Краткое содержание книги:
Mesterbein dijo:
-�Muri� en una explosi�n accidental, en la autopista de Salzburgo a Munich. Seg�n la polic�a el coche iba cargado de explosivos. Unas cien libras. �Y por qu�? �Por qu� los explosivos han de estallar de repente, en el liso piso de una autopista?
Helga cogi� un mech�n de cabello de Charlie y lo coloc� amorosamente detr�s de la oreja de la muchacha. En voz baja, Helga dijo: -Tus cartas est�n a salvo.
Mesterbein dijo:
-�El autom�vil era un Mercedes, con matr�cula de Munich, pero la polic�a dice que la matr�cula es falsa. Y tambi�n la documentaci�n. Falsificaciones. �Y por qu� raz�n mi cliente conduc�a un autom�vil con matricula falsa y cargado de explosivos? Mi cliente era un estudiante. No era un hombre dedicado a poner bombas. Se trata de una intriga. Estoy seguro.
Helga acarici� con m�s cari�o todav�a a Charlie, para sonsacarle una contestaci�n m�s f�cilmente, y le pregunt�:
-��Conoces este autom�vil, Charlie?
Pero Charlie, en su imaginaci�n, s�lo pod�a ver a su amante despedazado, con sus miembros volando por los aires, por doscientas libras de explosivos rusos, escondidas en la tapicer�a, la techumbre y debajo de los asientos del autom�vil; un infernal volc�n que destru�a el adorado cuerpo de su amante. Y lo �nico que pod�a o�r era la voz de su otro mentor sin nombre, que le dec�a: �Desconf�a de ellos, mi�nteles, ni�galo todo, rechaza, rehusa.�
En tono acusador, Mesterbein dijo:
-�Algo ha dicho la chica.
Helga, mientras secaba un nuevo torrente de l�grimas, utilizando al efecto el pr�ctico pa�uelo que hab�a extra�do del bolso, manifest�:
-�Ha dicho �Michel�.
Mesterbein dijo:
-�Tambi�n muri� una muchacha. Dicen que iba cota �l, en el autom�vil.
Muy suavemente y tan cerca de ella que Charlie pudo sentir su aliento en la oreja, Helga
dijo:
-�Una holandesa, una verdadera belleza. Rubia.
Alzando la voz, Mesterbein prosigui�:
-�Al parecer murieron juntos.
En tono confidencial, Helga dijo:
-�T� no eras la �nica, Charlie. T� no tenias el derecho al uso exclusivo de nuestro peque�o palestino.
Por primera vez desde que le hab�an dado la noticia, Charlie pronunci� una frase coherente:
-�Jam�s se lo ped�.
Mesterbein explic�:
-�La polic�a dice que la chica era una terrorista.
Helga a�adi�:
-�Y dice que tambi�n Michel era un terrorista.
Mesterbein dijo:
-�La polic�a dice que la holandesa puso varias bombas, en obediencia a las �rdenes de Michel. La polic�a dice que la holandesa y Michel estaban planeando otra acci�n, y que en el autom�vil encontraron un plano de Munich con el Centro de Comercio Israelita marcado de pu�o y letra de Michel.
Despu�s de una pausa, Mesterbein a�adi�:
-�En el r�o Tsar. Se trataba de una planta alta, o sea un objetivo dif�cil, en realidad. �Te habl� Michel de esta acci�n, Charlie?
Temblorosa, Charlie tom� un sorbo de caf�, lo cual pareci� complacer a Helga tanto como si Charlie hubiera dado una contestaci�n expl�cita, ya que Helga dijo:
-��Mira! Por fin se est� despertando, por fin. �Quieres m�s caf�, Charlie? �Hago un poco de caf�? �Quieres comer algo? Tenemos salchichas, huevos, queso, en realidad tenemos un poco de todo.
Charlie mene� negativamente la cabeza y dej� que Helga la acompa�ara al lavabo, en donde Charlie estuvo mucho tiempo, ech�ndose agua a la cara, eructando, y, de vez en cuando, deseando saber el alem�n suficiente para comprender la conversaci�n en voces breves y secas, conversaci�n violenta, que llegaba a sus o�dos, al trav�s de la delgad�sima puerta.
Cuando Charlie regres�, encontr� a Mesterbein, con la trinchera puesta, en pie junto a la puerta. Mesterbein dijo:
-�Se�orita Charlie, le advierto que la se�orita Helga goza de la plena protecci�n de la ley.
Y, acto seguido, Mesterbein abri� la puerta.
Por fin solas. Mujeres solamente.
Riendo, Helga anunci�:
-�Anton es un genio. Es nuestro �ngel de la guarda. Odia la ley pero, como es natural, se enamora de lo que odia. �No est�s de acuerdo? Charlie debieras siempre estar de acuerdo conmigo, ya que de lo contrario me siento muy desilusionada.
Helga se acerc� m�s, y dijo, reanudando una conversaci�n que, en realidad, ni siquiera hab�a comenzado:
-�El tema principal no es la violencia. Jam�s. Si actuamos violentamente o si actuamos pac�ficamente, ello carece de importancia. Para nosotros, lo m�s importante es actuar con l�gica. Y no mantenernos inactivos mientras el mundo rueda por s� mismo, sino convertir la opini�n en convicci�n, y la convicci�n en acci�n.
Helga hizo una pausa para apreciar el efecto que su argumentaci�n hab�a producido en su alumna. Las cabezas de las dos mujeres estaban muy cerca la una de la otra. Helga dijo:
-�La acci�n es auto-realizaci�n, y tambi�n es un objetivo. �Si o no?
Helga hizo una pausa, durante la cual tampoco obtuvo contestaci�n. Dijo:
-��Quieres saber otra cosa que te dejar� totalmente sorprendida? Mantengo excelentes relaciones con mis padres. Pero �ste no es tu caso. Se nota en tus cartas. Anton tambi�n. Como es natural, mi madre es la m�s inteligente de los dos, pero mi padre�
Helga volvi� a interrumpirse, pero en esta ocasi�n el silencio de Charlie la irrit�, lo mismo que el renovado ataque de llanto de la muchacha. Helga dijo:
-�Charlie, basta ya �lo oyes? �Basta! A fin de cuentas, no somos viejas. T� le amabas, y nos parece l�gico, pero est� muerto.
La voz de Helga se hab�a endurecido de manera sorprendente. Sigui�:
-�Est� muerto, pero no somos individualistas entregados a nuestras experiencias �ntimas, sino que somos luchadores y trabajadores. �Deja ya de llorar!
Cogiendo el codo de Charlie, Helga la puso en�rgicamente en pie, y la oblig� a atravesar lentamente la estancia. Le dijo:
-�Esc�chame. Ahora. En cierta ocasi�n tuve un novio muy rico. Se llamaba Kurtz. Era muy fascista y totalmente primitivo. Yo le utilizaba por motivos puramente sexuales, tal coma tambi�n utilizo a Anton, pero, al mismo tiempo, tambi�n intentaba educarle. Un d�a el embajador de Alemania en Bolivia, el conde no s� cu�ntos, fue ejecutado por los luchadores en pro de la libertad. �No recuerdas esta acci�n? Kurtz, que ni siquiera conoc�a al embajador en cuesti�n, se enfureci�: ��Cerdos! �Terroristas! �Es una verg�enza!� Y yo le dije: �Kurtz -s�, porque se Llamaba Kurtz-, �por qu� te indignas? Todos los d�as hay gente que se muere de hambre en Bolivia. �Por qu� has de llorar la muerte de un conde?� �Est�s de acuerdo con esta argumentaci�n, Charlie? �Si?
Charlie encogi� laciamente los hombros. Y Helga, despu�s de haber sentado la anterior base, pas� a una argumentaci�n m�s concluyente:
-�Y, ahora, voy a hacer un razonamiento m�s duro. Michel es un m�rtir, pero los muertos no pueden luchar y, adem�s, hay muchos m�rtires. Ha muerto un soldado, pero la revoluci�n contin�a. �Si?
Charlie musit�:
-�S�.
Hab�an llegado de nuevo al sof�. Cogiendo su pr�ctico bolso, Helga extrajo de �l una plana media botella de whisky, en la que Charlie vio la etiqueta de �libre de impuestos�. Helga desenrosc� el tap�n y entreg� la botella a Charlie. Helga dijo:
-�Por Michel. Brindemos por Michel. Por Michel. Anda, dilo. Charlie tom� un breve sorbo, puso mal gesto, y Helga recuper� la botella, diciendo:
-�Si�ntate, Charlie. Si, quiero que te sientes inmediatamente. Con aton�a, Charlie se sent� en el sof�. Una vez m�s, Helga qued� cernida sobre Charlie. Dijo:
-�Escucha lo que te voy a decir y cont�stame. �De acuerdo? Yo no he venido aqu� para divertirme. �Comprendes? Y tampoco he venido para conversar. Me gusta conversar, pero no ahora. Di �s��.
Con fatigados acentos, Charlie dijo:
-�S�.
-�T� atra�as a Michel. Esto es un hecho cient�fico. En realidad, Michel incluso estaba enamorado de ti. En la mesa de su apartamento hab�a una carta inacabada dirigida a ti, rebosante de fant�sticas frases sobre la sexualidad y el amor. Todas destinadas a ti. Y tambi�n hablaba de pol�tica.