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La chica del tambor

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La chica del tambor
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Despacio, como si el sentido de estas palabras slo muy despacio hubiera llegado a su comprensin, la hinchada cara y deformada cara de Charlie adquiri expresin de ansiedad. Charlie dijo:

-Dnde est esta carta? Dmela!

-Est siendo estudiada. En esta clase de operaciones es preciso estudiarlo y valorarlo todo. S, todo debe ser objetivamente estudiado.

Charlie fij la vista en sus propios pies y dijo:

-Es ma! Dmela!

-Es propiedad de la revolucin, probablemente te la entregaran ms adelante. Ya veremos.

Sin demasiados miramientos, Helga empuj a Charlie para que volviera a quedar en el sof. Dijo:

-Este automvil, el Mercedes, que ahora se ha convertido en un montn de chatarra. Lo llevaste tu a Alemania? Por cuenta de Michel? Fue una misin? Contstame.

Charlie musit:

-A Austria.

-Desde dnde?

-Cruzando Yugoslavia.

-Charlie, creo sinceramente que eres muy imprecisa en tus ex-presiones. Te he preguntado: Desde dnde?

-Tesalnica.

-Y, naturalmente, Michel te acompa en este viaje. Creo que ste era un comportamiento normal en l.

-Cmo que no? Condujiste sola? En un trayecto tan largo? Es ridculo! Michel jams te hubiera dado una carga tan pesada. No creo ni media palabra de lo que dices. No haces ms que mentir.

Volviendo a la apata, Charlie repuso:

-Bueno, y qu?

Pues para Helga no era y qu? Se puso furiosa. Dijo:

-Claro, a ti nada te importa! Si eres una espa, qu va a importarte? Veo con claridad lo que ocurri: No hace falta que te haga ms preguntas, ya que seran puros y simples formalismos. Michel le reclut, te convirti en su amor secreto, y t, tan pronto pudiste, te fuiste con el cuento a la polica, con el fin de protegerte a ti misma, y de ganar una fortunita. Eres una espa de la polica. Comunicar esto a ciertas personas muy eficaces con las que tenemos tratos, y estas personas darn buena cuenta de ti, incluso si tienen que esperar veinte aos. Ejecutada!

Charlie dijo:

-Formidable. Me parece estupendo.

Charlie apag su cigarrillo y dijo:

-Hazlo, Helga Es exactamente lo que me hace falta. Mndamelos, por favor. Habitacin diecisis, en esa casa de huspedes en que me alojo.

Helga se haba acercado a la ventana y haba apartado la cortina con la intencin, al parecer, de indicar a Mesterbein que regresara. Mirando mas all del cuerpo de Helga, Charlie vio el pequeo coche de alquiler de Mesterbein, con la luz interior encendida, y la silueta, con la cabeza cubierta, de Mesterbein, sentado impasible en el asiento del conductor, Helga golpe la ventana, y dijo:

-Anton, Anton, ven aqu inmediatamente. Tenemos cogida a una espa!

Pero la voz de Helga fue lo bastante baja para que Mesterbein no la oyera, que era, precisamente, lo que Helga quera. Despus de volver a dejar la cortina cerrada, Helga se volvi hacia Charlie y, enfrentndose con ella, le pregunt:

-Y por qu Michel no nos habl de ti? Por qu no comparti tus servicios con nosotros? Y resulta que t fuiste su secreto durante meses Es ridculo!

-Me amaba.

-Uf! Se serva de ti. Conservas sus cartas todava, verdad?

-Me orden que las destruyera.

-Pero no lo hiciste. Claro que no lo hiciste. Cmo ibas a ser capaz de destruirlas? Eres una sentimental idiota, lo cual se puede ver a la primera ojeada, en las cartas que t le escribiste. Le explotaste, le obligaste a gastar dinero en ti, le obligaste a comprarte ropas, joyas, a pagarte hoteles caros, y t le vendiste a la polica. Estaba clarsimo!

Como sea que el bolso de Charlie estaba al alcance de la mano de Helga, sta lo cogi, y, en ademn impulsivo, vaci su contenido sobre la mesa. Pero las pistas que haban sido puestas adrede en el bolso -el diario, el bolgrafo de Nottingham, las cerillas de Digenes en Atenas- eran para Helga, en aquellos instantes, demasiado sutiles, ya que buscaba pruebas de la traicin de Charlie, y no indicios de sus afectos.

-La radio!

Se trataba de la pequea radio japonesa, con su pito de alarma, el chivato que Charlie utilizaba para sus ensayos. Helga dijo:

-Qu es? Un instrumento de espionaje. De dnde procede? Por qu razn una mujer como t lleva una radio as en el bolso?

Dejando que Helga se ocupase de responder a sus propias preguntas, Charlie apart la vista, fijndola en la estufa, sin verla. Helga toquete los mandos de la radio y encontr una sintona con msica. Irritada, ech la radio a un lado.

-En la ltima carta de Michel dirigida a ti, la carta que no ech al correo, dice que t besaste su pistola. Qu quiere decir con esto?

-Quiere decir que bes su pistola.

Charlie corrigi su contestacin, diciendo:

-Quiere decir que bes la pistola de su hermano.

La voz de Helga se elev de tono bruscamente:

-Su hermano? Qu hermano?

-Michel tena un hermano mayor. Era su hroe. Un gran luchador. Y este hermano le dio la pistola, y Michel me hizo besar esta pistola a modo de juramento.

Helga la miraba con expresin de incredulidad. Pregunt:

-Michel te dijo esto?

-Pues no, resulta que lo le en los peridicos, claro.

-Y cundo te lo dijo?

-En la cumbre de una montaa, en Grecia.

Casi chillando, Helga pregunt:

-Y qu ms te dijo su hermano? Contesta, rpido!

-Michel adoraba a su hermano. Ya te lo he dicho.

-Hechos, quiero hechos. Hechos y slo hechos. Qu ms te dijo acerca de su hermano?

La voz secreta de Charlie le deca que ya haba hablado demasiado. Contest:

-El hermano de Michel es un secreto militar.

Y, acto seguido, Charlie cogi otro cigarrillo.

Helga dijo:

-Te dijo donde se encuentra? Te dijo qu es lo que est haciendo? Charlie, te ordeno que me lo digas!

Helga se acerc ms a Charlie, y dijo:

-La polica, los servicios de informacin, el mundo entero, incluso quiz los sionistas te estn buscando. Nosotros tenemos excelentes relaciones con ciertos elementos de la polica alemana. La polica alemana ya sabe que no fue la chica holandesa quien condujo el automvil a travs de Yugoslavia. Cuenta con descripciones. Tiene mucha informacin para poder acusarte. Y si nosotros queremos, podemos ayudarte. Pero no podremos hacerlo hasta que nos hayas dicho todo lo que Michel te cont acerca de su hermano.

Helga se inclin hasta que sus grandes y plidos ojos quedaron a una distancia inferior a la anchura de la mano, con respecto a la cara de Charlie. Helga dijo:

-Michel no tena derecho alguno a hablar contigo. Y t no tienes derecho a esta informacin. Debes drmela.

Charlie medit la peticin de Helga, y, luego de reflexionar debidamente, se la deneg. Charlie dijo:

-No.

Charlie estuvo a punto de proseguir, diciendo: Le promet nada decir, y basta, adems no confo en ti, y quiero que te apartes, que me dejes en paz, pero tan pronto Charlie oy su propio no decidi que lo mejor era no decir ms.

Joseph le haba dicho: Tu tarea consiste en convertirte en necesaria para ellos; piensa que se trata de algo parecido a que un hombre te corteje; darn mayor importancia a aquello que quieren si piensan que no lo pueden conseguir.

Helga haba adoptado, ahora, una actitud helada. La comedia haba terminado. Helga habase situado en un punto de total lejana y falta de conexin, lo cual Charlie comprenda muy bien, de manera instintiva, porque era algo que ella tambin saba hacer. -Muy bien. Resulta que te llevaste el automvil a Austria. Y luego qu? -Lo dej donde me dijo. Nos reunimos y fuimos a Salzburgo. -De qu manera? -Avin y automvil. -Y en Salzburgo, qu?

-Fuimos a un hotel.

-El nombre del hotel, por favor?

-No lo recuerdo. Ni me fij.

-En este caso, describe el hotel.

-Era grande, antiguo, cerca de un ro. Y era bonito.

-Y os dedicsteis al sexo. Era muy viril, y tuvo muchos orgasmos, como de costumbre.

-Fuimos a pasear.

-Y despus del paseo, os entregsteis a la sexualidad. Por favor, no seas tontaina.

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