La chica del tambor
- Автор: Ле Карре Джон
- Язык: испанский
- Жанр: Шпионские детективы
Электронная книга - «La chica del tambor». Краткое содержание книги:
Despacio, como si el sentido de estas palabras s�lo muy despacio hubiera llegado a su comprensi�n, la hinchada cara y deformada cara de Charlie adquiri� expresi�n de ansiedad. Charlie dijo:
-��D�nde est� esta carta? �D�mela!
-�Est� siendo estudiada. En esta clase de operaciones es preciso estudiarlo y valorarlo todo. S�, todo debe ser objetivamente estudiado.
Charlie fij� la vista en sus propios pies y dijo:
-��Es m�a! �D�mela!
-�Es propiedad de la revoluci�n, probablemente te la entregaran m�s adelante. Ya veremos.
Sin demasiados miramientos, Helga empuj� a Charlie para que volviera a quedar en el sof�. Dijo:
-�Este autom�vil, el Mercedes, que ahora se ha convertido en un mont�n de chatarra. �Lo llevaste tu a Alemania? �Por cuenta de Michel? �Fue una misi�n? Cont�stame.
Charlie musit�:
-�A Austria.
-��Desde d�nde?
-�Cruzando Yugoslavia.
-�Charlie, creo sinceramente que eres muy imprecisa en tus ex-presiones. Te he preguntado: �Desde d�nde?
-�Tesal�nica.
-�Y, naturalmente, Michel te acompa�� en este viaje. Creo que �ste era un comportamiento normal en �l.
-��C�mo que no? �Condujiste sola? �En un trayecto tan largo? �Es rid�culo! Michel jam�s te hubiera dado una carga tan pesada. No creo ni media palabra de lo que dices. No haces m�s que mentir.
Volviendo a la apat�a, Charlie repuso:
-�Bueno, �y qu�?
Pues para Helga no era ��y qu�?� Se puso furiosa. Dijo:
-��Claro, a ti nada te importa! Si eres una esp�a, �qu� va a importarte? Veo con claridad lo que ocurri�: No hace falta que te haga m�s preguntas, ya que ser�an puros y simples formalismos. Michel le reclut�, te convirti� en su amor secreto, y t�, tan pronto pudiste, te fuiste con el cuento a la polic�a, con el fin de protegerte a ti misma, y de ganar una fortunita. Eres una esp�a de la polic�a. Comunicar� esto a ciertas personas muy eficaces con las que tenemos tratos, y estas personas dar�n buena cuenta de ti, incluso si tienen que esperar veinte a�os. �Ejecutada!
Charlie dijo:
-�Formidable. Me parece estupendo.
Charlie apag� su cigarrillo y dijo:
-�Hazlo, Helga Es exactamente lo que me hace falta. M�ndamelos, por favor. Habitaci�n diecis�is, en esa casa de hu�spedes en que me alojo.
Helga se hab�a acercado a la ventana y hab�a apartado la cortina con la intenci�n, al parecer, de indicar a Mesterbein que regresara. Mirando mas all� del cuerpo de Helga, Charlie vio el peque�o coche de alquiler de Mesterbein, con la luz interior encendida, y la silueta, con la cabeza cubierta, de Mesterbein, sentado impasible en el asiento del conductor, Helga golpe� la ventana, y dijo:
-�Anton, Anton, ven aqu� inmediatamente. �Tenemos cogida a una esp�a!
Pero la voz de Helga fue lo bastante baja para que Mesterbein no la oyera, que era, precisamente, lo que Helga quer�a. Despu�s de volver a dejar la cortina cerrada, Helga se volvi� hacia Charlie y, enfrent�ndose con ella, le pregunt�:
-��Y por qu� Michel no nos habl� de ti? �Por qu� no comparti� tus servicios con nosotros? Y resulta que t� fuiste su secreto durante meses� �Es rid�culo!
-�Me amaba.
-��Uf�! Se serv�a de ti. Conservas sus cartas todav�a, �verdad?
-�Me orden� que las destruyera.
-�Pero no lo hiciste. Claro que no lo hiciste. �C�mo ibas a ser capaz de destruirlas? Eres una sentimental idiota, lo cual se puede ver a la primera ojeada, en las cartas que t� le escribiste. Le explotaste, le obligaste a gastar dinero en ti, le obligaste a comprarte ropas, joyas, a pagarte hoteles caros, y t� le vendiste a la polic�a. �Estaba clar�simo!
Como sea que el bolso de Charlie estaba al alcance de la mano de Helga, �sta lo cogi�, y, en adem�n impulsivo, vaci� su contenido sobre la mesa. Pero las pistas que hab�an sido puestas adrede en el bolso -el diario, el bol�grafo de Nottingham, las cerillas de Di�genes en Atenas- eran para Helga, en aquellos instantes, demasiado sutiles, ya que buscaba pruebas de la traici�n de Charlie, y no indicios de sus afectos.
-��La radio!
Se trataba de la peque�a radio japonesa, con su pito de alarma, el �chivato� que Charlie utilizaba para sus ensayos. Helga dijo:
-��Qu� es? Un instrumento de espionaje. �De d�nde procede? �Por qu� raz�n una mujer como t� lleva una radio as� en el bolso?
Dejando que Helga se ocupase de responder a sus propias preguntas, Charlie apart� la vista, fij�ndola en la estufa, sin verla. Helga toquete� los mandos de la radio y encontr� una sinton�a con m�sica. Irritada, ech� la radio a un lado.
-�En la �ltima carta de Michel dirigida a ti, la carta que no ech� al correo, dice que t� besaste su pistola. �Qu� quiere decir con esto?
-�Quiere decir que bes� su pistola.
Charlie corrigi� su contestaci�n, diciendo:
-�Quiere decir que bes� la pistola de su hermano.
La voz de Helga se elev� de tono bruscamente:
-��Su hermano? �Qu� hermano?
-�Michel ten�a un hermano mayor. Era su h�roe. Un gran luchador. Y este hermano le dio la pistola, y Michel me hizo besar esta pistola a modo de juramento.
Helga la miraba con expresi�n de incredulidad. Pregunt�:
-��Michel te dijo esto?
-�Pues no, resulta que lo le� en los peri�dicos, claro.
-��Y cu�ndo te lo dijo?
-�En la cumbre de una monta�a, en Grecia.
Casi chillando, Helga pregunt�:
-��Y qu� m�s te dijo su hermano? �Contesta, r�pido!
-�Michel adoraba a su hermano. Ya te lo he dicho.
-�Hechos, quiero hechos. Hechos y s�lo hechos. �Qu� m�s te dijo acerca de su hermano?
La voz secreta de Charlie le dec�a que ya hab�a hablado demasiado. Contest�:
-�El hermano de Michel es un secreto militar.
Y, acto seguido, Charlie cogi� otro cigarrillo.
Helga dijo:
-��Te dijo donde se encuentra? �Te dijo qu� es lo que est� haciendo? �Charlie, te ordeno que me lo digas!
Helga se acerc� m�s a Charlie, y dijo:
-�La polic�a, los servicios de informaci�n, el mundo entero, incluso quiz� los sionistas te est�n buscando. Nosotros tenemos excelentes relaciones con ciertos elementos de la polic�a alemana. La polic�a alemana ya sabe que no fue la chica holandesa quien condujo el autom�vil a trav�s de Yugoslavia. Cuenta con descripciones. Tiene mucha informaci�n para poder acusarte. Y si nosotros queremos, podemos ayudarte. Pero no podremos hacerlo hasta que nos hayas dicho todo lo que Michel te cont� acerca de su hermano.
Helga se inclin� hasta que sus grandes y p�lidos ojos quedaron a una distancia inferior a la anchura de la mano, con respecto a la cara de Charlie. Helga dijo:
-�Michel no ten�a derecho alguno a hablar contigo. Y t� no tienes derecho a esta informaci�n. Debes d�rmela.
Charlie medit� la petici�n de Helga, y, luego de reflexionar debidamente, se la deneg�. Charlie dijo:
-�No.
Charlie estuvo a punto de proseguir, diciendo: Le promet� nada decir, y basta, adem�s no conf�o en ti, y quiero que te apartes, que me dejes en paz, pero tan pronto Charlie oy� su propio �no� decidi� que lo mejor era no decir m�s.
Joseph le hab�a dicho: �Tu tarea consiste en convertirte en necesaria para ellos; piensa que se trata de algo parecido a que un hombre te corteje; dar�n mayor importancia a aquello que quieren si piensan que no lo pueden conseguir.�
Helga hab�a adoptado, ahora, una actitud helada. La comedia hab�a terminado. Helga hab�ase situado en un punto de total lejan�a y falta de conexi�n, lo cual Charlie comprend�a muy bien, de manera instintiva, porque era algo que ella tambi�n sab�a hacer. -Muy bien. Resulta que te llevaste el autom�vil a Austria. �Y luego qu�? -Lo dej� donde me dijo. Nos reunimos y fuimos a Salzburgo. -�De qu� manera? -Avi�n y autom�vil. -�Y en Salzburgo, qu�?
-�Fuimos a un hotel.
-��El nombre del hotel, por favor?
-�No lo recuerdo. Ni me fij�.
-�En este caso, describe el hotel.
-�Era grande, antiguo, cerca de un r�o. Y era bonito.
-�Y os dedic�steis al sexo. Era muy viril, y tuvo muchos orgasmos, como de costumbre.
-�Fuimos a pasear.
-�Y despu�s del paseo, os entreg�steis a la sexualidad. Por favor, no seas tontaina.