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Электронная книга - «La isla misteriosa». Краткое содержание книги:

La isla misteriosa
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Top lanzaba sordos gruidos, que no eran de buen agero.

El recinto de la empalizada se present a travs de los rboles. No se vea en l ninguna seal de deterioro. La puerta estaba cerrada como de ordinario y un silencio profundo reinaba en la dehesa, sin que se oyeran ni los balidos acostumbrados de los muflones ni la voz de Ayrton.

-Entremos! -dijo Ciro Smith.

El ingeniero se adelant, mientras sus compaeros vigilaban a veinte pasos de l, dispuestos a disparar.

Ciro Smith levant el picaporte de la puerta e iba a empujarla, cuando Top ladr con violencia y son una detonacin por encima de la empalizada, a la cual respondi un grito de dolor. Harbert, herido de bala, haba cado en el suelo.

7. Buscan a Ayrton y hieren a Harbert

Al grito de Harbert, Pencroff, dejando caer el arma, se lanz hacia class="underline" -Lo han matado! Hijo mo! Harbert! Lo han matado!

Ciro Smith y Geden Spilett se precipitaron tambin a donde estaba Harbert y el periodista examin si el corazn del pobre joven lata an.

-Vive! -dijo-, pero hay que trasladarlo. -Al Palacio de granito? Es imposible! -contest el ingeniero. -A la dehesa, entonces -exclam Pencroff.

-Un instante -dijo Ciro Smith.

Y se lanz hacia la izquierda, dando vuelta al recinto. Se vio ante un bandido, que, apuntndole, dispar y le atraves el sombrero con una bala. Pocos segundos despus, antes de que tuviera tiempo de disparar el segundo tiro, caa aquel pirata herido en el corazn por el pual de Ciro Smith, ms seguro todava que su fusil.

Entretanto, Geden Spilett y el marino se levantaron sobre las estacas de la empalizada, saltaron el recinto, derribando los puntales que mantenan la puerta interiormente, se precipitaron en la casa vaca y poco despus el pobre Harbert reposaba en la cama de Ayrton.

Ciro Smith no tard en llegar.

Al ver a Harbert desmayado, el dolor del marino fue terrible. Sollozaba, lloraba y quera romperse la cabeza contra la pared. Ni el ingeniero ni el periodista lograban calmarlo: la emocin los sofocaba tambin y no podan hablar.

Sin embargo, hicieron cuanto estaba en su mano para disputar a la muerte al pobre joven que agonizaba a su vista. Geden Spilett, cuya vida estaba llena de tantas aventuras, posea algunos conocimientos prcticos de medicina general. Saba un poco de todo y en muchas circunstancias haba tenido necesidad de curar heridas producidas por arma blanca o por arma de fuego. Procedi, ayudado de Ciro Smith, a dar a Harbert el socorro que reclamaba su estado.

Lo primero que sorprendi al periodista fue el sopor general que consuma las fuerzas de Harbert, sopor debido, sin duda, bien a la hemorragia, bien a la conmocin, si la bala haba dado en algn hueso con bastante fuerza para determinar una violenta sacudida.

Harbert estaba muy plido y su pulso era tan dbil, que Geden Spilett lo senta a largos intervalos, como si hubiera estado a punto de detenerse. Al mismo tiempo, haba una insensibilidad casi completa y un desmayo absoluto: sntomas todos muy graves.

Desnudaron el pecho de Harbert y, habindose detenido la hemorragia con los pauelos, lo lavaron con agua fresca.

Entonces apareci la contusin o, mejor dicho, la herida contusa. Vieron un agujero oval en el pecho entre la tercera y cuarta costillas. Por all haba entrado la bala.

Ciro Smith y Geden Spilett volvieron al pobre joven, que lanz un gemido tan dbil, que hubiera podido creerse que era su ltimo suspiro.

Otra herida contusa ensangrentaba la espalda de Harbert, de la cual se escap inmediatamente la bala que le haba herido.

-Dios sea loado! -dijo el periodista-. La bala no ha quedado en el cuerpo y no tendremos necesidad, por lo tanto, de extraerla.

-Pero y el corazn? -pregunt Ciro Smith.

-El corazn no ha sido tocado, porque de lo contrario el pobre Harbert habra muerto. -Muerto! -exclam Pencroff, dando un grito.

El marino no haba odo ms que las ltimas palabras del periodista. -No, Pencroff -dijo Ciro Smith-, no. No est muerto. Su pulso late todava y ha lanzado un gemido, pero por el inters mismo de nuestro hijo cllese. Necesitamos serenidad, no nos la haga perder, amigo.

Pencroff guard silencio, pero reaccion y su rostro se inund de lgrimas.

Entretanto, Geden Spilett trataba de reunir sus recuerdos mdicos para proceder con mtodo. Segn lo que haba observado, no era dudoso para l que la bala haba entrado por el pecho y salido por la espalda. Pero qu estragos haba causado a su paso? Qu rganos vitales haba tocado? Habra costado trabajo a un cirujano de profesin decirlo en aquel momento, con mayor razn al periodista.

Este, sin embargo, saba una cosa: que se necesitaba, ante todo, evitar la estrangulacin inflamatoria de las partes lesionadas, para combatir despus la inflamacin local y fiebre, que resultaran de la herida, herida mortal tal vez. Ahora bien, qu tpicos, qu antiflogsticos deban emplearse? Por qu medios evitar la inflamacin?

En todo caso, lo que importaba era hacer la cura de las dos heridas sin tardar. No crey necesario Geden Spilett excitar la salida de la sangre, lavndolas con agua tibia y comprimiendo los labios: la hemorragia haba sido muy abundante y Harbert estaba demasiado debilitado por la prdida de sangre.

Crey, pues, que deba contentarse con lavar las dos heridas con agua fra.

Harbert estaba echado sobre el lado izquierdo y en esta posicin fue mantenido.

-Es preciso que no se mueva -dijo Geden Spilett-. Est en la posicin ms favorable para que las heridas de la espalda y del pecho puedan supurar con facilidad. Necesita un reposo absoluto.

-Qu! No podremos trasladarlo al Palacio de granito? -pregunt el marino.

-No, Pencroff -contest el periodista. -Maldicin! -exclam el marino, levantando los puos hacia el cielo. -Pencroff! -dijo Ciro Smith.

Geden Spilett volvi a examinar al joven herido con atencin. Harbert continuaba tan espantosamente plido, que el periodista se turb.

-Ciro -dijo-, yo no soy mdico, me encuentro en una perplejidad terrible. Debe ayudarme con sus consejos y su experiencia.

-Clmese, amigo -dijo el ingeniero estrechndole la mano-. Juzgue con serenidad, piense slo que debemos salvar a Harbert.

Estas palabras devolvieron a Geden Spilett el dominio sobre s mismo, que haba perdido en un instante de desaliento, al considerarla responsabilidad que pesaba sobre l. Se sent junto a la cama mientras Ciro Smith permaneci de pie junto a l. Pencroff haba desgarrado su camisa y maquinalmente haca hilas.

Geden Spilett explic a Ciro Smith que ante todo crea deber detener la hemorragia, pero no cerrar las dos heridas, ni provocar su cicatrizacin inmediata, porque haba habido perforacin interior y era necesario no dejar que la supuracin se acumulase en el pecho.

Ciro Smith aprob este parecer y decidi que se hiciera la cura de las dos heridas sin tratar de cerrarlas por una coaptacin inmediata. Por fortuna las heridas no presentaban un aspecto que requiriese operacin para mantener los labios separados.

Y ahora, posean los colonos un agente eficaz para obrar contra la inflamacin que iba a sobrevenir? S, tenan uno, porque la naturaleza lo ha prodigado generosamente. Tenan el agua fra, es decir, el sedativo ms poderoso que puede usarse contra la inflamacin de las heridas, el agente teraputico ms eficaz en los casos graves y que est adoptado por todos los mdicos. El agua fra tiene tambin la ventaja de proporcionar a la herida un reposo absoluto y de evitar una curacin prematura, ventaja considerable, porque la experiencia ha demostrado que el contacto del aire es funesto durante los primeros das.

Ciro Smith y Geden Spilett razonaban as con su simple buen sentido y obraron como lo habra hecho el mejor cirujano. Se aplicaron compresas de tela sobre las dos heridas del pobre Harbert y se tuvo cuidado de tenerlas constantemente empapadas en agua fra.

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