La isla misteriosa
- Автор: Верн Жюль Габриэль
- Язык: испанский
- Жанр: Другие приключения
Электронная книга - «La isla misteriosa». Краткое содержание книги:
Durante los nueve das que deban preceder al de la marcha, se convino en dar la ltima mano a las tareas de la meseta de la Gran Vista.
Sin embargo, Ayrton deba volver a la dehesa, donde los animales domsticos reclamaban sus cuidados. Se decidi que pasara en ella dos das y no volvera al Palacio de granito hasta despus de haber dejado ampliamente provistos los establos.
Cuando iba a marchar, Ciro Smith le pregunt si quera que uno le acompaase, indicndole que la isla no era tan segura como antes.
Ayrton respondi que no necesitaba compaa, que l bastara para todo, y que, por lo dems, no tema nada. Si ocurra algn incidente en la dehesa o en los alrededores, avisara inmediatamente a los colonos por un telegrama dirigido al Palacio de granito.
Ayrton parti el 9 al amanecer, llevndose el carro tirado por un solo onagro, y dos horas despus el timbre elctrico anunciaba que todo lo haba encontrado en orden en la dehesa.
Durante aquellos dos das Ciro Smith se ocup en un proyecto que deba poner el Palacio de granito al abrigo de toda sorpresa. Consista en ocultar el orificio superior del antiguo desage, que estaba obstruido con cal y canto y medio oculto bajo hierbas y plantas, en el ngulo sur del lago Grant. Nada ms fcil de llevar a cabo, puesto que bastaba volver a levantar dos o tres pies el nivel de las aguas del lago, que ocultaran por completo el orificio.
Para levantar este nivel, bastaba establecer un dique a las dos sangras hechas al lago y por las cuales se alimentaban el arroyo de la Glicerina y el de la Gran Cascada. Ciro Smith anim a los colonos para este trabajo y en breve se levantaron los dos diques, que superaban de siete a ocho pies de anchura por tres de altura, y que fueron construidos con trozos de roca bien cimentados.
Terminado ese trabajo, era imposible sospechar que en la punta del lago existiese un conducto subterrneo, por el cual se escapaba en otro tiempo el sobrante de las aguas.
Huelga decir que no se obstruy enteramente la pequea derivacin que serva para alimentar el receptculo del Palacio de granito y hacer funcionar el ascensor. Aquel retiro, seguro y cmodo, poda desafiar toda sorpresa y todo golpe de mano.
Las obras quedaron rpidamente realizadas y Pencroff, Geden Spilett y Harbert tuvieron todava tiempo de hacer una expedicin hasta el puerto del Globo. El marino deseaba ardientemente saber si la pequea ensenada, en cuyo fondo estaba anclado el Buenaventura, haba sido visitada por los piratas.
-Precisamente -dijo-esos caballeros han tomado tierra en la costa meridional y, si han seguido el litoral, quizs han descubierto el puertecito, en cuyo caso no doy medio dlar por nuestro Buenaventura.
Los temores de Pencroff no carecan de fundamento y por consiguiente pareci muy oportuna una visita al puerto del Globo.
El marino y sus compaeros partieron la tarde del 10 de noviembre; iban bien armados. Pencroff, al meter ostensiblemente dos balas en cada can de su fusil, mova la cabeza con cierto aire que no presagiaba nada bueno para quien se le acercara mucho, hombre o fiera, segn l deca. Geden Spilett y Harbert tomaron tambin sus fusiles y hacia las tres de la tarde salieron del Palacio de granito.
Nab les acompa hasta el recodo del ro de la Merced y, despus de haberles dado paso, levant el puente. Se haba convenido en que la vuelta de los colonos se anunciara por un tiro, a cuya seal Nab volvera a restablecer la comunicacin entre las dos orillas del ro.
La pequea caravana se adelant por el camino del Puerto hasta la costa meridional de la isla. La distancia no era ms que de tres millas y media, pero Geden Spilett y sus dos compaeros tardaron dos horas en atravesarla, porque fueron registrando toda la orilla del camino, tanto del lado del espeso bosque cuanto del pantano de los Tadornes. No encontraron huellas de los fugitivos, que, sin duda, no sabiendo todava cuntos eran los colonos, ni qu medios de defensa tenan, se haban ido a refugiar a las partes menos accesibles de la isla.
Pencroff, al llegar al puerto del Globo, vio con gran satisfaccin al Buenaventura tranquilamente fondeado en la estrecha ensenada. Por lo dems, el puerto del Globo estaba tan oculto entre las altas rocas, que ni desde el mar ni desde la tierra se le poda descubrir hasta no estar encima o dentro de l.
-Vamos -dijo Pencroff-, esos tunantes todava no han venido aqu. Las altas hierbas van mejor a los reptiles y los encontraremos en el Far-West.
-Lo cual es una fortuna -aadi Harbert-, porque, si hubieran encontrado el Buenaventura, se habran apoderado de l para huir y no podramos volver pronto a la isla Tabor.
-En efecto -dijo el periodista-, es importante llevar un documento que d a conocer la situacin de la isla Lincoln y la nueva residencia de Ayrton para el caso de que el yate escocs volviese.
-Pues bien, el Buenaventura est ah dispuesto a todo, seor Spilett repuso el marino-. El y su tripulacin estn preparados para salir a la primera seal.
-Creo, Pencroff, que haremos eso luego que se termine nuestra expedicin por la isla. Es posible que ese desconocido, si logramos encontrarlo, sepa mucho ms que nosotros sobre la isla Lincoln y la Tabor. No olvidemos que es el autor del documento y quizs sabe a qu atenerse sobre la vuelta del yate.
-Mil diablos! -exclam Pencroff-. Quin puede ser ese hombre, ese personaje que nos conoce y a quien no conocemos? Si es un simple nufrago, por qu se oculta? Somos buena gente, y la compaa de personas honradas no es desagradable para nadie. Ha venido voluntariamente aqu? Puede abandonar la isla si le da la gana? Est todava en ella? Se ha marchado ya?
Hablando as, Pencroff, Harbert y Geden Spilett se haban embarcado y recorran el puente del Buenaventura. De repente, el marino, habiendo examinado la bita sobre la cual estaba arrollado el cable del ancla, dijo:
-Vaya, esto s que es raro! -Qu pasa, Pencroff? -pregunt el periodista.
-No he hecho este nudo.
Y Pencroff mostraba la cuerda que amarraba el cable sobre la bita, para impedirla desasirse.
-Cmo que no? -pregunt Geden Spilett.
-No, lo jurara Es un nudo plano y tengo costumbre de hacer dos cotes. -No se habr equivocado, Pencroff?
-No, seor, no me he equivocado -afirm el marino-. No cabe equivocacin, porque tengo la mano hecha a esos nudos y la mano no se engaa.
-Entonces los presidiarios habrn venido a bordo -dijo Harbert.
-No lo s -contest Pencroff-, pero lo cierto es que se ha levantado el ancla del Buenaventura y se ha fondeado de nuevo. Miren, aqu hay otra prueba. Se ha largado el ancla y su guarnicin no est en el rozadero del escobn. Repito que han usado nuestra embarcacin.
-Pero si los presidiarios hubieran usado el Buenaventura, lo habran saqueado o habran huido
-Huido! Adnde? A la isla Tabor? -pregunt Pencroff-. Creen que se habran aventurado en un buque de tan poco calado?
-Entonces habra que admitir que saban la situacin de este islote dijo el periodista.
-De todos modos -aadi el marino-, tan cierto como yo me llamo Buenaventura Pencroff y soy de Vineyard, nuestro buque ha navegado sin nosotros.
El marino deca estas palabras con un tono tan afirmativo, que ni Geden Spilett ni Harbert pudieron hacerle objecin alguna. Era evidente que la embarcacin haba navegado y vuelto al puerto del Globo. Para el marino no haba duda alguna de que se haba levado el ancla y echado despus. Ahora bien, para qu estas dos maniobras si el buque no haba sido empleado en alguna expedicin?