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Электронная книга - «La isla misteriosa». Краткое содержание книги:

La isla misteriosa
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-Tiene razn de hablar as, querido Ciro -dijo Geden Spilett-. S, hay un ser casi omnipotente oculto en alguna parte de la isla, cuya influencia ha sido singularmente til para nuestra colonia. Aadir que ese desconocido me parece que dispone de medios de accin que tienen algo de sobrenaturales, si fuese aceptable lo sobrenatural en los hechos de la vida prctica. Es l quien se pone en comunicacin secreta con nosotros por el pozo del Palacio de granito y ha tenido conocimiento de nuestros proyectos? Es l quien nos ha echado al mar la botella cuando la piragua haca su primera excursin? Es l quien no envi a Top fuera de las aguas del lago y dio la muerte al dugongo? Es l, como todo induce a creerlo, quien salv de las olas a Ciro, en circunstancias en que cualquier hombre ordinario no hubiera podido obrar? S es l, posee un poder que le hace dueo de los elementos.

La observacin del periodista era justa y a todos les pareci correcta.

-En efecto -aadi Ciro Smith-, si la intervencin de un ser humano no es dudosa para nosotros, tampoco se puede dudar que ste posee medios de accin superiores a los que estn al alcance de la humanidad. Ese es otro misterio, pero, si descubrimos al hombre, el misterio quedar descubierto tambin. La cuestin es la siguiente: debemos respetar el incgnito de ese ser generoso o debemos hacer lo posible para llegar hasta l? Cul es vuestra opinin en este punto?

-Mi opinin -repuso Pencroff-es que es un gran hombre y merece mi estimacin.

-Cierto -dijo Ciro Smith-, pero eso no es responder, Pencroff.

-Mi amo -dijo entonces Nab-, creo que, por mucho que busquemos a ese seor, no lo descubriremos hasta que l no quiera. -No has dicho ningn disparate, Nab -repuso Pencroff.

-Soy del parecer de Nab -aadi Geden Spilett-, pero no es razn para no intentar la aventura. Hallemos o no a ese ser misterioso, por lo menos habremos cumplido nuestro deber para con l.

-Y t, hijo mo, danos tu parecer -dijo el ingeniero volvindose a Harbert.

-Ah! -exclam Harbert, cuya mirada se animaba-, deseara con toda el alma dar las gracias a quien ha salvado a usted, primero, y nos ha salvado despus a los dems.

-No est mal dicho, hijo mo -dijo Pencroff-. Yo tambin y todos nosotros desearamos lo mismo. No soy curioso, pero dara un ojo por ver cara a cara a ese individuo. Me parece que debe ser hermoso, grande, fuerte, con una gran barba, cabellos como rayos y sentado sobre nubes con una bola en la mano.

-Pencroff! -intervino Geden Spilett-. Es el retrato del Padre Eterno. -Es posible, seor Spilett -repuso el marino-, pero yo me lo figur as.

-Y usted, Ayrton? -pregunt el ingeniero.

-Seor Smith -contest Ayrton-, yo no puedo decir mi parecer en estas circunstancias. Lo que ustedes hagan estar bien hecho y, cuando ustedes quieran asociarme a sus investigaciones, estar dispuesto a seguirlos.

-Gracias, Ayrton -dijo Ciro Smith-. Sin embargo, quisiera una respuesta ms directa a la pregunta que le he hecho. Es usted nuestro compaero, ha hecho ya sacrificios por nosotros, y tiene derecho, como todos, a ser consultado cuando se trata de tomar una decisin importante. Hable usted.

-Seor Smith -contest Ayrton-, creo que debemos hacer lo posible por encontrar a ese bienhechor desconocido. Quiz est solo, quiz est enfermo, quiz se trata de una existencia que hay que renovar. Yo tambin, como usted ha dicho, tengo una deuda de reconocimiento con l, porque no puede ser otro el que vino a la isla Tabor, encontr al miserable que ustedes han conocido y les dio noticias de que haba un desgraciado a quien salvar. Gracias a l he vuelto a ser hombre y no lo olvidar jams.

-Est decidido? -dijo Ciro Smith-. Comenzaremos nuestra investigacin lo ms pronto posible. No dejaremos la ms pequea parte de la isla sin explorar, la registraremos hasta en sus rincones ms secretos. Ese amigo desconocido nos perdone en gracia a nuestra intencin.

Durante algunos das los colonos se ocuparon activamente en los trabajos de la siega y la recoleccin. Antes de realizar sus proyectos de explorar las partes desconocidas de la isla, queran dejar concluidas las tareas indispensables. Era tambin la poca en que se recolectaban las diversas legumbres tradas de las plantaciones de la isla Tabor. Haba que almacenarlas y por fortuna no faltaba sitio en el Palacio de granito, donde habran podido tener cabida todas las riquezas de la isla. Los productos de la colonia fueron colocados y clasificados metdicamente y en lugar seguro, al abrigo de las bestias y de los hombres. No haba que temer humedad en aquella espesa masa de granito. Muchas excavaciones naturales situadas en el corredor superior se aumentaron o profundizaron con el pico o con la mina, y el Palacio de granito lleg a ser un depsito general de provisiones, municiones, herramientas y utensilios de repuesto; en una palabra, de todo el material de la colonia.

En cuanto a los caones procedentes del brick, eran hermosas piezas de acero fundido, que, a instancia de Pencroff, fueron izados por medio de gras hasta el piso superior del Palacio de granito, se establecieron emplazamientos entre las ventanas y pronto se les vio alargar sus fauces lucientes a travs de la pared grantica. Desde aquella altura las bocas de fuego dominaban verdaderamente toda la baha de la Unin. Era un pequeo

Gibraltar y todo buque que se hubiera arriesgado en las aguas del islote se habra visto expuesto inevitablemente al fuego de toda aquella batera area.

-Seor Ciro -dijo un da Pencroff, el 8 de noviembre-, ahora que la fortificacin est terminada, deberamos probar el alcance de nuestras piezas.

-Cree que ser til? -pregunt el ingeniero.

-Ms que til es necesario. Sin eso, cmo podramos conocer la distancia a que podemos enviar una de esas hermosas balas de que estamos provistos?

-Probemos, Pencroff -dijo el ingeniero-. Sin embargo, creo que debamos hacer el experimento no probando la plvora ordinaria, pues quiero dejar la provisin intacta, sino el pirxilo, que no nos faltara nunca.

-Podran soportar estos caones la deflagracin del pirxilo? pregunt el periodista, que no deseaba menos que Pencroff ensayar la artillera del Palacio de granito.

-Creo que s. Adems -aadi el ingeniero-, obraremos con prudencia.

Ciro Smith tena motivos para pensar que aquellos caones eran de excelente fbrica, pues era muy entendido en la materia. Hechos de acero forjado y cargndose por la culata, deban por lo menos soportar una carga considerable, y, por consiguiente, tener un alcance enorme. Efectivamente, desde el punto de vista del efecto til, la trayectoria descrita por la bala debe ser tan tendida como sea posible, y no puede obtenerse esta tensin sino con la condicin de que el proyectil est animado de una grandsima velocidad inicial.

-Ahora bien -dijo Ciro Smith a sus compaeros-, la celeridad inicial est en razn directa de la cantidad de plvora que se utiliza. Toda la cuestin se reduce en la construccin de piezas de artillera al uso de un metal lo ms resistente posible, y el acero es el metal que resiste mejor. Tengo, pues, motivos para pensar que nuestros caones sufrirn sin riesgo la explosin de los gases del pirxilo y darn resultados excelentes.

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