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La chica del tambor

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La chica del tambor
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-�A Michel le gustar� mucho saber que Rosalind ha llevado su brazalete esta noche. Y que, si no me equivoco, sigue llev�ndolo en los presentes momentos. �O se trata del regalo de otro caballero?

Primero la cabeza y, despu�s, el cuerpo entero de Charlie dio frente al hombre, quien hab�a trasladado las orqu�deas al brazo izquierdo. El brazo derecho pend�a junto al costado, causando la impresi�n de que fuera s�lo una manga sin brazo.

-�Le he dicho que se vaya. �L�rguese! �Quiere hacerme este favor?

Pero Charlie hablaba en contra de su convicci�n, cual revelaba el vacilante acento con que habl�.

-�Michel me ha ordenado que la invite a langosta y a una botella de Boutaris. Dice que el vino debe ser blanco y fr�o. Tambi�n tengo que transmitirle otros mensajes de Michel. Se irritar� mucho cuando sepa que usted ha rechazado su hospitalidad. S�, incluso se sentir� insultado.

Aquello era demasiado. Aquel hombre era el propio �ngel negro de Charlie reclamando aquella alma que ella hab�a comprometido tan a la ligera. Tanto si aquel hombre ment�a, como si era de la polic�a, como si era un chantajista, Charlie le seguir�a hasta el centro del inframundo, en el caso de que aquel hombre pudiera llevarla al lado de Michel. Con pasos pesados, Charlie baj� los pelda�os que hab�a subido, hasta llegar al mostrador del conserje.

Arroj� la llave sobre el mostrador, cogi� el l�piz que Humphrey sosten�a en la mano, sin que �ste ofreciera resistencia, y escribi� la palabra �CATHY� en un bloc que Humphrey ten�a ante s�. Charlie dijo:

-�Humphrey, es una se�ora americana. �Me comprendes? Amiga m�a. Si llama, dile que he salido acompa�ada de seis amantes. Dile que quiz� ma�ana vaya a buscarla a su casa, para almorzar.

Despu�s de decir estas palabras, Charlie repiti�:

-��Me comprendes?

Charlie arranc� la hoja del bloc, la meti� en el bolsillo alto de la chaqueta de Humphrey, y le dio un distra�do beso, mientras Mesterbein contemplaba la escena con el disimulado resentimiento del amante que espera a la mujer con la que desea pasar la noche. En el porche, Mesterbein se sac� del bolsillo una linda linterna suiza. A la luz de la linterna, Charlie vio la amarilla pegatina de Hertz en el parabrisas del autom�vil de Mesterbein. Este abri� la puerta del autom�vil correspondiente al asiento contiguo al del conductor y dijo:

-�Por favor.

Pero Charlie sigui� adelante hasta llegar a su Fiat, entr� en �l, puso el motor en marcha y esper�. En el momento en que Mesterbein la adelantaba, Charlie observ� que, para conducir, se hab�a puesto una boina negra, con el borde perfectamente horizontal, como un gorro de ba�o, que ten�a la virtud de poner de relieve sus orejas.

Condujeron despacio debido a las zonas de niebla. O quiz� �sta fuera la habitual manera de conducir de Mesterbein, ya que ten�a la agresivamente impasible espalda propia del conductor cauteloso. Ascendieron un poco y siguieron hacia el norte por una zona des�rtica. La niebla desapareci� y aparecieron los postes de tel�fono como agujas clavadas en el cielo nocturno. Una desgarrada luna griega apareci� brevemente por entre las nubes, y �stas volvieron a absorberla. En una encrucijada Mesterbein detuvo su coche para consultar un mapa. Por fin, Mesterbein se�al� hacia la izquierda, primero con la linterna y luego con una mano blanca a la que imprimi� un movimiento giratorio. Si, Anton, comprendo. Charlie le sigui� por una pendiente y, luego, a trav�s de un pueblo. Charlie baj� el vidrio de la ventanilla y el olor salado del mar llen� el interior de su autom�vil. La brusca entrada del aire oblig� a Charlie a abrir la boca, igual que si se dispusiera a chillar. Siguiendo a Mesterbein, Charlie pas� debajo de un sucio cartel que dec�a �East West Timesharer Chalets Ltd�. Luego avanzaron por una estrecha carretera nueva, por entre dunas, hacia una ruinosa mina de esta�o que se alzaba en una colina, recortada contra el cielo. Un cartel dec�a: �Venga a Cornualles.� A la derecha y a la izquierda de Charlie se alzaban casitas de madera, todas oscuras. Mesterbein aparc�, y Charlie aparc� detr�s de �l, dejando el autom�vil con una marcha puesta, debido a que el suelo era pendiente. El cambio de marchas vuelve a gemir, pens� Charlie. Tendr� que devolver el autom�vil a Eustace. Mesterbein baj�. Charlie tambi�n lo hizo, y cerr� con llave el autom�vil. El viento hab�a dejado de soplar. Se encontraban en la zona de sotavento de la pen�nsula. Las gaviotas trazaban c�rculos en el aire y chillaban, como si hubieran perdido algo valioso en el suelo. Mesterbein, con la linterna en la mano, cogi� con la otra el codo de Charlie para guiarla hacia delante. Charlie dijo:

-�Su�lteme.

Mesterbein empuj� una puerta en una verja, produciendo un gemido. Ante ellos se encendi� una luz. Avanzaban por un corto sendero de cemento hacia una puerta azul en la que se le�a Sea-Wrack. Mesterbein ten�a ya la llave dispuesta. La puerta se abri�, Mesterbein entr� primero y se detuvo para dejar pasar a Charlie, como un agente de la propiedad inmobiliaria mostrando una casa a un posible cliente. No hab�a porche, y parec�a que faltase algo que anunciara la entrada en la casa. Charlie entr� y Mesterbein cerr� la puerta. Se encontraban en una sala de estar. Al olfato de Charlie lleg� el olor a colada h�meda, y Charlie vio negras manchas de hongos en el techo. Una mujer alta y rubia, con vestido de pana azul estaba metiendo una moneda en una estufa el�ctrica. Cuando entraron, volvi� r�pidamente la cabeza, con una sonrisa en el rostro. Luego se puso en pie de un salto y, ech�ndose atr�s un largo mech�n de cabello rubio, avanz� hacia ellos.

-��Anton! �Es maravilloso! �Me has tra�do a Charlie! �Charlie, bienvenida! �Y ser�s doblemente bienvenida si me ense�as la manera de poner en marcha esta est�pida m�quina!

Cogi� a Charlie por los hombros y le bes� las mejillas. Dijo:

-�Has estado sencillamente fant�stica en tu interpretaci�n de Shakespeare, esta noche. �Verdad que s�, Anton? Has estado soberbia. Me llamo Helga.

La rubia lo dijo de tal manera que parec�a indicar que los nombres carec�an de toda importancia para ella. Insisti�:

-�Helga. De la misma forma que t� te llamas Charlie, yo me llamo Helga.

Sus ojos eran grises y luminosos, y, al igual que los de Mesterbein, peligrosamente inocentes. Con militante sencillez contemplaban un mundo dif�cil. Ser aut�ntico es lo mismo que ser ind�mito, pens� Charlie, citando una frase de una de las cartas de Michel. Siento, en consecuencia act�o.

Desde un rinc�n de la estancia, Anton dio una tard�a respuesta a la pregunta que Helga le hab�a formulado. En aquellos momentos, Mesterbein estaba metiendo un colgador por debajo de las hombreras de su trinchera:

-�Ha estado impresionante, desde luego.

Las manos de Helga todav�a descansaban sobre los hombros de Charlie, y sus recios pulgares rozaban levemente el cuello de Charlie. Con su optimista mirada en la cara de Charlie, Helga pregunt�:

-��Es dif�cil aprender tantas palabras, Charlie?

Charlie repuso:

-�Para m� no representa problema alguno.

Y se apart� de Helga. Pero �sta cogi� la mano de Charlie y le puso una moneda de cinco peniques en la mano, dici�ndole:

-��Aprendes con facilidad? Anda, ens��ame como funciona este fant�stico invento ingl�s llamado fuego.

Charlie se puso en cuclillas junto a la estufa, dio vuelta hacia un lado al cierre, ech� la moneda, dio vuelta al otro mando, y la moneda cay� dentro. Se oy� un gemido de protesta en el momento en que se encend�a el fuego. Helga exclam�:

-��Oh, Charlie! �Es incre�ble!

Luego, Helga explic� inmediatamente, como si fuera un rasgo importante de su personalidad que su nueva amiga debiera saber:

-�Ocurre que soy absolutamente negada para las cosas t�cnicas. Es t�pico en m�. Soy totalmente opuesta a las posesiones, y por esto nada tengo, por lo que dif�cilmente puedo saber c�mo manejar las cosas. Anton, haz de int�rprete, por favor. Tengo fe en Sein, nicht Haben.

La petici�n dirigida a Anton fue pronunciada como la orden dada por una institutriz dictatorial. El ingl�s de Helga era lo suficientemente bueno para que no necesitara la ayuda de Anton. Helga dijo a continuaci�n:

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