Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
La chica del tambor - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

La chica del tambor

Электронная книга - «La chica del tambor». Краткое содержание книги:

La chica del tambor
1 ... 104 105 106 107 108 109 110 111 112 ... 163
Перейти на страницу:

-Has ledo a Erich Fromm, Charlie?

Con lgubres acentos, mientras miraba a las dos mujeres, Anton dijo:

-Cuando Helga ha dicho posesiones quera decir propiedades o propiedad. Esta es la esencia de la filosofa moral de la seorita Helga. Tiene fe en la bondad fundamental, y tambin en la superioridad de la naturaleza sobre la ciencia.

Y Anton, como si quisiera interponer su persona entre las dos mujeres, aadi: -Es lo que ella y yo creemos.

Helga, echndose de nuevo la rubia melena hacia atrs, y mientras ya pensaba en otra cosa absolutamente diferente, repiti:

-Has ledo a Erich Fromm? Estoy totalmente enamorada de l.

Helga se puso en cuclillas ante el fuego y alarg las manos para calentrselas. Dijo:

-Cuando admiro a un filsofo, me enamoro de l. Esto tambin es tpico en m.

Tena Helga una gracia superficial en sus movimientos, unida a cierta torpeza de quinceaera. Calzaba zapatos sin tacones, para no incrementar su considerable altura.

Charlie pregunt:

-Dnde est Michel?

Desde su rincn, Mesterbein observ secamente:

-La seorita Helga no sabe dnde se encuentra Michel. La seorita Helga no es abogado, y ha venido aqu slo por el placer del viaje y en busca de la justicia. La seorita Helga nada sabe de las actividades y del paradero de Michel. Sintese, por favor, seorita Charlie.

Charlie sigui en pie, pero Mesterbein se sent en una silla y coloc cruzadas sus blancas y limpias manos sobre sus muslos. Sin trinchera, Mesterbein luca ahora un traje castao, nuevo. Pareca un regalo de cumpleaos que le hubiera hecho su madre. Charlie dijo: -Me dijo que tena noticias de l.

Un temblor se haba apoderado de la voz de Charlie, quien senta los labios rgidos. Helga, ahora tendida en el suelo, se volvi hacia Charlie. Helga oprimi con aire pensativo la ua de su dedo pulgar contra sus fuertes dientes frontales. Mesterbein pregunt a Charlie: -Cundo vio por ltima vez a Michel? Charlie ya no saba a cul de los dos mirar. Repuso: -En Salzburgo. Desde el suelo, Helga observ: -Salzburgo no es una fecha. -Hace cinco o seis semanas. Dnde est? Mesterbein pregunt:

-Y cundo tuvo noticias de l por ltima vez? -Quiero saber dnde est! Qu le ha ocurrido? Se volvi hacia Helga, insistiendo: -Dnde est? Mesterbein pregunt:

-Y nadie la visit o la llam? Amigos? La polica? Helga insinu: -Quiz tu memoria no sea tan buena como dices, Charlie. Mesterbein dijo:

-Por favor, seorita Charlie, dganos con quien ha estado usted en contacto. Inmediatamente. Es absolutamente necesario. Estamos aqu para solucionar asuntos urgentes. Helga, mientras diriga a Charlie una mirada lmpida e interrogativa, dijo:

-En realidad, Charlie puede mentir con gran facilidad, siendo como es tan buena actriz. Qu podemos creer de cuanto nos diga una mujer tan preparada para fingir?

Como si hiciera una nota mental para su actuacin en el prximo futuro, Mesterbein se mostr de acuerdo con Helga:

-Debemos andar con mucho cuidado.

La doble y conjunta actuacin de aquellos dos tena cierto matiz de sadismo. Estaban hurgando en una herida que Charlie an no senta. Mir a Helga y luego a Mesterbein. A Charlie se le escaparon las palabras, no pudo evitarlo. En un susurro pregunt:

-Ha muerto, verdad?

Helga pareci no haberla odo. Estaba totalmente absorta en la contemplacin de Charlie. En tono lgubre, Mesterbein dijo:

-Oh, s! Michel ha muerto. Como y es natural, lo siento. La seorita Helga tambin lo siente. Los dos lo sentimos mucho. Y a juzgar por las cartas que usted le escribi, le aseguramos que tambin usted lo sentir, seorita Charlie.

Aquello, a Charlie, slo una vez le haba ocurrido en toda su vida. Fue en la escuela. Trescientas muchachas situadas junto a las paredes del gimnasio, la directora en medio, y todas esperando que la culpable confesara. Charlie haba estado observando a las chicas a su alrededor, junto con las compaeras ms listas, con el fin de identificar a la culpable. Es ella? Apostara a que ha sido ella. Charlie no se haba sonrojado, tena la expresin grave e inocente, y luego se demostr que verdaderamente nada haba hurtado. Pero, de repente, las rodillas le fallaron, y cay redonda al suelo, sintindose perfectamente de la cintura para arriba, pero paralizada de cintura para abajo. Y esto fue lo que ahora le ocurri. No fue un acto fingido. Le ocurri antes de que se diera cuenta de ello, incluso antes de que siquiera a medias se hubiera percatado de la enormidad de la informacin, y antes de que Helga pudiera cogerla. Se tambale y se estrell contra el suelo, con un golpe sordo, de modo que la lmpara pendiente del techo dio un leve salto. Rpidamente, Helga se arrodill al lado de Charlie, murmur algo en alemn, y puso su confortante mano femenina sobre el hombro de Charlie, en ademn suave, sin afectacin. Mesterbein no la toc. Toda su atencin se centraba en la manera en que Charlie lloraba.

Charlie tena la cara de lado, apoyada por una mejilla en una de sus manos crispadas en forma de puo; por lo que sus lgrimas no descendan por su cara, sino que la cruzaban. Poco a poco, las lgrimas de Charlie parecieron alegrar a Mesterbein, quien en momento alguno haba dejado de mirarla. Mesterbein efectu un levsimo movimiento afirmativo con la cabeza, que bien hubiera podido parecer un movimiento de aprobacin. Estuvo junto a las dos mujeres, mientras Helga llevaba a Charlie, en brazos, al sof, en donde la dej de nuevo yacente, con las manos en la cara, y contra los speros almohadones, llorando como solo los verdaderamente apenados y los nios pueden llorar. Agitacin, ira, culpabilidad, remordimientos, terror Charlie reconoci todas y cada una de estas emociones cual las fases de una interpretacin controlada, pero profundamente sentida. S, yo lo saba. No, yo no lo saba. No me permita a m misma pensar. Tramposos, asesinos fascistas tram posos, hijos de mala madre que habis asesinado a mi amante en el teatro de la realidad.

Charlie seguramente dijo algo de lo anterior en voz alta. En realidad, saba que haba sido as. Charlie haba medido y seleccionado sus estranguladas frases, incluso mientras el dolor la desgarraba: Fascistas hijos de mala madre, cerdos, oh Dios!, Michel.

Hubo una pausa y, despus, Charlie oy la inalterable voz de Mesterbein invitndole a proseguir, pero Charlie hizo caso omiso de l, y sigui balanceando la cabeza a uno y otro lado. Se ahogaba y padeca arcadas, las palabras se le pegaban a la garganta y se tropezaban con sus labios. Las lgrimas, el sufrimiento, los sollozos constantes no constituan problema alguno para Charlie, ya que estaba perfectamente acostumbrada a las fuentes de su dolor y de su indignacin. Ninguna necesidad tena de pensar en su padre, cuyo camino hacia la tumba haba sido acortado por la vergenza de la expulsin de Charlie de la escuela, ni de imaginarse a s misma como a una trgica nia en la selva de la vida adulta, que era lo que sola hacer. Para que las lgrimas acudieran a sus ojos, le bastaba con recordar a aquel medio domesticado muchacho rabe que le haba devuelto la capacidad de amar, que haba dado a su vivir la orientacin que ella siempre haba ansiado, y que ahora estaba muerto.

En ingls, Mesterbein dijo a Helga:

-Dice que fueron los sionistas. Por qu culpa a los sionistas, cuando en realidad fue un accidente? La polica nos ha asegurado que fue un accidente. Por qu contradice a la polica? Es muy peligroso llevarle la contraria a la polica.

Pero Helga, o bien ya se haba enterado de lo anterior, o bien no le interesaba. Helga, con su mano fuerte y prctica, meditativa la expresin, apartaba suavemente el pelo rojo de la cara de Charlie. Luego se sent, para vigilar a Charlie, en espera de que sta dejara de llorar y comenzara a dar explicaciones.

Helga hizo caf en el hornillo elctrico. Charlie se sent en el sof sosteniendo la taza con las dos manos, inclinada sobre ella como si inhalara el vapor, mientras las lgrimas seguan resbalando por sus mejillas. Helga haba puesto un brazo sobre los hombros de Charlie, y Mesterbein estaba sentado frente a las dos, observndolas desde la penumbra de su propio mundo interior.

1 ... 104 105 106 107 108 109 110 111 112 ... 163
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)