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Электронная книга - «La isla misteriosa». Краткое содержание книги:

La isla misteriosa
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-Es posible -dijo el obstinado marino-, pero insisto en que no puede haber chocado el buque en una roca, porque no hay rocas en el canal. -Entonces, qu ha pasado? -pregunt Harbert.

-No lo s -contest Pencroff-. El seor Ciro tampoco lo sabe, ni lo sabe nadie, ni lo sabr nunca.

Estas diversas investigaciones ocuparon varias horas a los colonos, y, al empezar de nuevo el reflujo, hubo que suspender los trabajos de salvamento. Por lo dems, no habra que temer que el casco del brick fuese arrastrado por el mar, porque estaba empotrado en la arena y tan slidamente fijo, como si tuviera sus dos anclas tendidas.

Poda esperarse sin inconveniente la hora de la marea para continuar las operaciones. En cuanto al buque, estaba absolutamente condenado y haba que darse prisa para salvar sus restos, porque no tardara en desaparecer en las arenas movedizas del canal.

Eran las cinco de la tarde. El da haba sido duro para los trabajadores, los cuales comieron con apetito y, a pesar de su cansancio, no resistieron, despus de comer, al deseo de visitar las cajas de que se compona el cargamento del Speedy.

La mayor parte contena ropas hechas que, como es de suponer, fueron bien recibidas. Haba para vestir a toda la colonia, ropa blanca para todos usos, y calzados para todos los pies.

- Somos riqusimos! -exclam Pencroff-. Pero qu vamos a hacer de todo esto?

Y estallaban los hurras del alegre marino al encontrar barriles, de tafia, bocoyes de tabaco, armas de fuego y armas blancas, balas de algodn, instrumentos de labranza, herramientas de carpintero, de ebanista, de herrero, y cajas de simientes de toda especie, que su corta permanencia en el agua no poda alterar. Cun oportunamente habran llegado todas estas cosas dos aos antes! Pero, en fin, aunque los industriosos colonos se haban provisto de los tiles ms indispensables, aquellas riquezas seran convenientemente empleadas.

En los almacenes del Palacio de granito haba sitio para ponerlas, pero aquel da falt el tiempo para la tarea y no pudo almacenarse todo. No deba olvidarse, sin embargo, que seis piratas sobrevividos a la prdida de la tripulacin del Speedy se hallaban en la isla, que eran verdaderamente bandidos redomados y que deban prevenirse contra ellos. Aunque el puente del ro de la Merced y los puentecillos estaban levantados, los piratas no eran hombres a quienes poda servir de obstculo un ro o un arroyo e, impulsados por la desesperacin, podan hacerse temibles.

Era preciso acordar lo que debiera hacerse sobre el particular. Entretanto haba que guardar con cuidado las cajas y bultos amontonados cerca de las Chimeneas.

Transcurri la noche sin que los presidiarios intentaran ninguna agresin. Maese Jup y Top, de guardia al pie del Palacio de granito, no habran dejado de avisar su presencia.

Los tres das que siguieron, 19, 20 y 21 de octubre, fueron empleados en salvar todo lo que poda tener algn valor o alguna utilidad en el cargamento o en el aparejo del brick. Durante la baja marea los colonos desocuparon la bodega, y en la marea alta almacenaban los objetos salvados. Pudo arrancarse gran parte del forro de cobre que cubra el casco, el cual cada vez se hunda ms en la arena. Antes que sta se hubiese tragado los objetos pesados, que haban cado en el fondo, Ayrton y Pencroff se sumergieron varias veces hasta el lecho del canal y encontraron las cadenas y las

ncoras del brick, los lingotes de lastre y hasta los cuatro caones, que, puestos a flote por medio de barricas vacas, pudieron sacarlos a tierra.

El arsenal de la colonia no haba ganado menos que las oficinas y almacenes del Palacio de granito. Pencroff, siempre entusiasta en sus proyectos, hablaba de construir una batera, que dominase el canal y la desembocadura del ro. Con cuatro caones se comprometa a impedir que entrase en las aguas de la isla Lincoln una escuadra "por poderosa que fuese".

Como ya no quedaba del brick ms que un armazn intil, el mal tiempo lo acab de destruir. Ciro Smith haba tenido la intencin de volarlo para recoger los restos sobre la costa, pero un fuerte viento del nordeste y una gruesa mar le permitieron economizar su plvora.

En efecto, en la noche del 23 al 24, el casco del brick qued enteramente destrozado y una parte de sus restos vino a parar a la playa.

En cuanto a papeles, es intil decir que, aunque Ciro Smith registr minuciosamente los armarios de la toldilla, no encontr vestigio alguno. Evidentemente, los piratas haban destruido todo lo que poda hacer referencia al capitn y al armador del Speedy; y como el nombre de la matrcula a la que perteneca no estaba en el cuadro de popa, nada poda hacer sospechar su nacionalidad. Sin embargo, por ciertas formas de su proa, Ayrton y Pencroff creyeron que el brick deba ser de construccin inglesa.

Ocho das despus de la catstrofe, o mejor dicho, del feliz e inexplicable desenlace, al cual deba la colonia su salvacin, no se vea nada del buque ni en la baja marea. Sus restos haban sido dispersados y el Palacio de granito se haba enriquecido con casi todo su cargamento.

Sin embargo, el misterio que ocultaba su extraa destruccin no se hubiera aclarado jams, si el 30 de noviembre Nab, paseando por la playa, no hubiera encontrado un pedazo de un espeso cilindro de hierro, que tena seales de explosin. Aquel cilindro estaba retorcido y desgarrado en sus aristas como si hubiese estado sometido a la accin de una sustancia explosiva.

Nab llev aquel pedazo de metal a su amo, que estaba ocupado con sus compaeros en las Chimeneas. Ciro Smith lo examin atentamente y despus, volvindose hacia Pencroff le dijo:

-Persiste en sostener que el Speedy no se ha hundido a consecuencia de un choque? -S, seor -contest el marino-. Usted sabe lo mismo que yo que no hay rocas en el canal.

-Pero y si hubiera chocado con este pedazo de hierro? -dijo el ingeniero, enseandole el cilindro roto.

-Con ese tubo? -exclam Pencroff con tono de incredulidad completa. -Amigos mos -repuso Ciro Smith-, recuerdan que antes de hundirse el brick se levant una verdadera tromba de agua? -S, seor -contest Harbert.

-Pues bien, quieren saber lo que produjo la tromba? Esto -dijo el ingeniero ensendoles el tubo roto.

-Eso? -pregunt Pencroff. -S, este cilindro es todo lo que queda de un torpedo.

-Un torpedo! -exclamaron los compaeros del ingeniero.

-Y quin habra puesto all este torpedo? -pregunt Pencroff, que no quera rendirse de modo alguno.

-Lo que puedo decir es que no he sido yo -contest Ciro Smith-, pero el torpedo estaba all y han podido ustedes juzgar su incomparable potencia.

5. Presencia de un ser extraordinario? Prueban las bateras

Todo se explicaba por la explosin submarina de aquel torpedo. Ciro Smith, que durante la guerra de la Unin haba tenido ocasin de experimentar esas terribles mquinas de destruccin, no poda engaarse. Bajo la accin de aquel cilindro cargado de una sustancia explosiva, nitroglicerina, picrato u otra materia de la misma naturaleza, se haba levantado el agua del canal como una tromba, y el brick, como herido por un rayo en sus fondos, se haba ido a pique; por eso haba sido imposible ponerlo a flote: grandes eran los deterioros que haba sufrido el casco. El Speedy no haba podido resistir un torpedo que habra destruido una fragata acorazada con la misma facilidad que un simple barco de pesca.

Todo se explicaba excepto la existencia de aquel torpedo en las aguas del canal.

-Amigos mos -dijo entonces Ciro Smith-, no podemos poner en duda la existencia de un ser misterioso, de un nufrago como nosotros, quiz, abandonado en nuestra isla, y hay que poner a Ayrton al corriente de lo que ha pasado aqu de extraordinario desde hace dos aos. Quin es ese bienhechor desconocido, cuya intervencin tan feliz se ha manifestado en muchas circunstancias? No puedo imaginarlo. Qu inters tiene para obrar as y ocultarse despus de tantos servicios como nos ha prestado? No puedo comprenderlo. Pero esos servicios no son menos reales de aquellos que slo puede prestar un hombre que disponga de un poder prodigioso. Ayrton tiene que darle las gracias como nosotros, porque si ese desconocido me ha salvado de las olas despus de la cada del globo, l tambin, sin duda, escribi el documento y puso aquella botella en el camino del canal, dndonos a conocer la situacin de nuestro compaero. Aadir que esa caja tan bien provista de todo lo que nos faltaba, l la ha conducido y puesto en la punta del Pecio; aquel fuego encendido en las alturas de la isla y que os permiti llegar a ella, l lo encendi; aquel perdign hallado en el cuerpo del sano haba salido de un tiro de fusil disparado por l; ese torpedo que ha destruido el brick, l lo puso en el canal; en una palabra, que todos estos hechos inexplicables son debidos a ese ser misterioso. As, pues, quienquiera que sea, nufrago o desterrado en esta isla, seramos ingratos si nos creyramos desligados de todo reconocimiento para con l. Hemos contrado una deuda y tengo la esperanza de que la pagaremos un da.

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