La chica del tambor
- Автор: Ле Карре Джон
- Язык: испанский
- Жанр: Шпионские детективы
Электронная книга - «La chica del tambor». Краткое содержание книги:
Joseph, cortando con calma los primeros impulsos agresivos de Charlie, advirti a sta:
-Te recomiendo que reserves tus simpatas para los inocentes.
-Este hombre era inocente hasta que os lo inventasteis!
Confundiendo el silencio de Joseph con el desconcierto y confundiendo el desconcierto con la debilidad, Charlie hizo una pausa y fingi observar la monstruosa lnea formada por las azoteas contra el cielo. En tono mordaz, Charlie dijo:
-Es necesario. No estara aqu si no fuese necesario. Es una cita. Ningn juez sensato del mundo nos condenara en mritos de lo que te pedimos. Tambin es una cita. Son tus propias palabras. Quieres desmentirlas ahora?
-No, me parece que no.
-Me parece que no. Pues ms valdr que ests absolutamente seguro, no te parece? S, ya que en el caso de que en los presentes momentos haya dudas, preferira mil veces que fuera yo quien las tuviera.
Mantenindose en pie, Charlie traslad su atencin a un punto que se encontraba directamente ante ella, en la parte media del edificio frontero, edificio que Charlie, ahora, estudiaba con el inters de un presunto comprador. Pero Joseph segua sentado, con lo cual estropeaba el desarrollo de la escena. Hubieran debido estar los dos cara a cara y muy cerca el uno del otro. 0 bien Joseph a la espalda de Charlie, mirando el mismo distante punto que sta.
Charlie pregunt:
-Te molestara mucho que,sacara unas cuantas conclusiones lgicas?
-Adelante, por favor.
-Ha matado judos.
-Ha matado judos y ha matado a inocentes que se encontraban en las cercanas, que no eran judos y que no haban adoptado postura alguna en el conflicto.
-Me gustara escribir un libro acerca de la culpabilidad de estos inocentes que se encontraban en las cercanas, y de los que t tanto hablas. Comenzara con vuestros bombardeos del Lbano, y, a partir de aqu, me ira extendiendo.
Prescindiendo del hecho consistente en que Joseph estaba sentado, lo cierto es que reaccion con ms dureza y rapidez de lo que Charlie esperaba:
-Este libro ya ha sido escrito, Charlie, y se llama Holocausto. Con ndice y pulgar, Charlie imit una lente y al travs de esta lente mir un distante balcn. Dijo:
-Pero, por otra parte, me parece que t has matado rabes, personalmente.
-Desde luego.
-Muchos?
-Los suficientes.
-Aunque slo en legtima defensa. S, los israelitas slo matan en legtima defensa.
Joseph no contest. Charlie aadi:
-He matado los rabes suficientes, firmado Joseph. Tampoco con estas palabras consigui Charlie una reaccin. Charlie dijo:
-Pues me parece que ste sera un interesante punto en el libro en cuestin. Un israelita ha matado los rabes suficientes.
La falda de tartn que llevaba Charlie perteneca a las ropas regaladas por Michel. Esta falda tena bolsillos a los lados, lo cual Charlie acababa de descubrir. Meti las manos en los bolsillos, y con ellas imprimi un movimiento de balanceo a la falda, que Charlie fingi estudiar. Sin dar la menor importancia a sus palabras, Charlie dijo:
-Sois unos hijos de puta, verdad? Sois, rotundamente, unos hijos de puta. No crees?
Charlie segua mirando su falda, realmente interesada en la manera en que se hinchaba y se balanceaba. Aadi:
-Y entre todos los hijos de puta, t eres el ms hijo de puta, verdad? S, porque juegas a las dos barajas. En un momento determinado eres el piadossimo caballero, y en el instante siguiente eres el sanguinario guerrero. Cuando en realidad, en ltima instancia, no eres ms que el pequeo judo ladrn de tierras y sediento de sangre.
Joseph no slo se levant sino que golpe a Charlie. Dos veces, aunque primero le quit las gafas de sol. Jams haban pegado a Charlie tan fuerte y tan de prisa, y, ambas veces, en el mismo lado de la cara. El primer golpe fue tan fuerte debido a que una malhadada sensacin de triunfo indujo a Charlie a mover la cara en direccin contrapuesta a la seguida por la mano de Joseph. Me he vengado, pens Charlie, acordndose de Atenas. El segundo golpe fue una nueva erupcin en el mismo crter, y, terminada la explosin, Joseph empuj a Charlie obligndola a sentarse en el banco, en donde Charlie hubiera podido llorar todo lo que hubiese querido, pero su orgullo le impidi derramar ni una sola lgrima. Me ha abofeteado en defensa propia o en defensa de m misma?, se pregunt Charlie. Albergaba ansiosas esperanzas de que la hubiera golpeado en defensa de s mismo, esperanzas de que en la ltima hora de su loco maridaje, ella hubiera conseguido por fin avasallar las defensas de aquel hombre. Pero le bast una sola mirada al rostro hermtico y flaco de Joseph para saber que era ella, y no Joseph, el sujeto paciente. Joseph le ofreca un pauelo, pero Charlie, en vago ademn, lo rechaz.
Charlie murmur:
-Olvdalo.
Charlie se cogi del brazo de Joseph, y ste la llev despacio hacia la zona de cemento por la que circulaban los peatones. La misma pareja entrada en aos volvi a sonrer cuando los vio pasar. En un instante se peleaban como bandidos, pero en el instante siguiente estaran juntos en cama, pasndolo todava mejor.
El piso inferior era muy parecido al superior, con la diferencia de que no tena balcn y que en l no haba un prisionero. A veces, mientras lea o escuchaba, Charlie consegua llegar al convencimiento de que jams haba estado en el piso superior. El piso superior era la cmara de los horrores, en las oscuras buhardillas de su mente. De vez en cuando, Charlie oa el sordo sonido del golpe de una caja de embalaje, al travs del techo, mientras los muchachos empacaban su equipo fotogrfico, preparando con ello su final de temporada, y, entonces, Charlie tena que reconocer que el piso superior era tan real como el piso inferior, a fin de cuentas. Ms real todava, ya que las cartas eran ficticias, en tanto que Michel era de carne y hueso.
Se sentaron los tres formando tres puntos de una rueda, y Kurtz comenz con uno de sus prembulos. Pero el estilo de Kurtz era ahora mucho ms seco y menos indirecto de lo habitual en l, debido quiz a que Charlie ya era, ahora, un soldado con valor demostrado, y no meramente supuesto, es decir una veterana, que ha conseguido el prestigio de obtener un montn de nuevas informaciones importantes, tal como dijo Kurtz. Las cartas se encontraban dentro de una cartera de hombre de negocios situada sobre la mesa, y antes de abrir la cartera Kurtz dijo a Charlie la ficcin, palabra que utilizaba a menudo y que comparta con Joseph. La ficcin consista no slo en que Charlie era una apasionada amante, sino tambin una apasionada cultivadora del gnero epistolar, gnero que, en las ausencias de Michel, constitua la nica va de expansin de Charlie. Mientras explicaba lo anterior, Kurtz se puso un par de baratos guantes de algodn. En consecuencia, las cartas no slo eran una ilustracin de las relaciones entre los dos, sino tambin el nico lugar en el que podas manifestar tu vida, querida Charlie. En las cartas constaba el crecientemente obsesivo amor de Charlie hacia Michel -a veces con inaudita franqueza-, pero tambin en ellas se demostraba el nuevo despertar poltico de la muchacha y su transicin a un activismo global que se basaba, dndola por supuesta, en la vinculacin que se daba entre todas las luchas antirepresivas del mundo. Conjuntamente consideradas, las cartas constituan el diario de una persona emotiva y sexualmente excitada, a medida que la autora de las cartas avanzaba desde una actitud protestaria vagamente definida a un activismo general, con la implcita aceptacin de la violencia.