La chica del tambor
- Автор: Ле Карре Джон
- Язык: испанский
- Жанр: Шпионские детективы
Электронная книга - «La chica del tambor». Краткое содержание книги:
La mente de Charlie haba cambiado su ritmo de funcionamiento, y a la muchacha le faltaba poco para dormirse. Estoy enferma, pens. Estoy esperando el resultado de los anlisis. Doctor, dme inmediatamente esos resultados. Not la existencia de un montn de revistas propias de una sala de espera, y dese tener una en el regazo, para protegerse con ella. Ahora, Joseph tambin miraba a la galera, en lo alto. Charlie sigui la mirada de Joseph, aun cuando tard un poco en hacerlo, debido a que quera darse a s misma la impresin de haber hecho aquello tan a menudo que, en realidad, ni siquiera le haca falta mirar. Charlie era como una compradora en una tienda de modas. Se abri la puerta y apareci un muchacho con barba, que penetr de espaldas en la galera superior, caminando torpemente, y esforzndose en tener expresin airada, incluso visto de espaldas.
Por unos instantes nada ms apareci. Luego sali un bulto escarlata, y despus un muchacho con la cara rasurada, aunque ste no tena expresin airada, sino devota, hasta el punto de parecer un jefe de coro de iglesia, castigado por haberse excedido en sus deberes.
Por fin, Charlie comprendi la situacin. No se trataba de dos muchachos, sino de tres. El que iba en medio se tambaleaba entre los otros dos, y llevaba un blazer rojo. Era el esbelto muchacho rabe, el amante de Charlie, el monigote cado, en el teatro de la realidad.
S, pens Charlie, hundida detrs de los oscuros vidrios de sus gafas, es perfectamente razonable. S, y el parecido es bueno. A veces, Charlie, en su fantasa, haba utilizado las facciones de Joseph, permitiendo que ste sustituyera a su amante, al amante de sus sueos. En otras ocasiones, se haba formado una figura diferente, basada en sus oscuros recuerdos del palestino que les dio conferencias en aquella reunin, y, ahora, Charlie estaba muy impresionada por lo mucho que se haba acercado a la realidad. No crees, quiz, que las comisuras de los labios son demasiado alargadas?, se pregunt la muchacha. Que no hay un poquitn de exageracin en la sensualidad? Que las aletas de la nariz son excesivamente expresivas? Que la cintura es demasiado estrecha? Charlie tuvo tentaciones de ponerse en pie y acudir a proteger a aquel muchacho, pero esto no se hace en escena, a no ser que conste en el libreto. Y, adems, Charlie no se haba liberado de Joseph.
Sin embargo, durante un segundo poco falt para que Charlie perdiera el dominio de s misma. Durante este segundo, Charlie fue todo aquello que Joseph le haba dicho que ella era, fue la salvadora y liberadora de Michel, fue su Santa Juana de Arco, la esclava de su cuerpo, su estrella. Por l, Charlie haba interpretado un papel con el corazn, haba cenado con l en un asqueroso motel a la luz de una vela, haba compartido la cama con l, se haba unido a su revolucin, haba llevado su brazalete y haba bebido su vodka, y Charlie haba casi desgarrado el cuerpo de aquel hombre quien, a su vez, casi haba desgarrado el suyo. Charlie haba conducido el Mercedes de aquel hombre, obedeciendo sus instrucciones, y haba entregado el TNT ruso, de la ms alta calidad, a los acosados ejrcitos de la libertad. Con l haba celebrado la victoria en un hotel junto al ro en Salzburgo. Haba bailado con l en el Acrpolis, una noche, y el mundo entero haba resucitado para ella. Y Charlie se senta poseda por un loco sentimiento de culpabilidad que no haba experimentado en ningn otro amor.
Era muy hermoso aquel hombre, tan hermoso cual Joseph le haba prometido. Ms hermoso todava. Tena aquella absoluta capacidad de atraccin que Charlie y las mujeres como ella reconocen con renuente inevitabilidad. Si, aquel hombre perteneca a esa monarqua y le constaba. Era leve, pero perfecto, con hombros bien formados y caderas muy estrechas. Tena frente de boxeador y cara de Peter Pan, coronada por densos rizos negros. Nada entre todo lo que le hubieran hecho para domarlo poda ocultar a los ojos de Charlie el profundo apasionamiento de su manera de ser, ni apagar la luz de la rebelda en sus ojos negros como el carbn.
Y era un muchacho ligero, un joven campesino cado de las ramas de un olivo, con un repertorio de frases hechas, y vista de garza para las lindas joyas, los billeteros de cocodrilo, las seoras lindas y los coches bonitos. Y con la indignacin del campesino dirigida contra aquellos que le haban echado de sus tierras. Ven a mi cama, muchachito, y deja que tu mam te ensea algunas de las largas palabras de la vida.
Le sostenan por los sobacos, y, al bajar laciamente los peldaos de madera, sus zapatos Gucci no acertaban a apoyarse debidamente, lo que pareca avergonzarle, ya que en su rostro apareci una evanescente sonrisa, y baj la vista a sus inseguros pies.
Acercaban a ella al muchacho, y Charlie no estaba segura de que pudiera soportar aquello. Se volvi hacia Joseph para decrselo, y vio que ste la miraba derechamente a los ojos mientras le deca algo, pero en el mismo instante, el magnetfono gigante comenz a hablar en voz muy alta, por lo que Charlie se volvi bruscamente y vio a Kurtz, con su crdigan, inclinado sobre el aparato y toqueteando los mandos para reducir el volumen.
La voz era suave y hablaba con fuerte acento extranjero, exactamente igual que aquella otra voz que Charlie recordaba en la reunin de izquierdistas ingleses. Eran palabras que formaban frases desafiantes, ledas con dubitativo nfasis.
Nosotros somos los colonizados. Hablamos en nombre de los nativos en contra de los asentados. Hablamos por los mudos, alimentamos las bocas ciegas y estimulamos los odos mudos Nosotros, los animales de pacientes pezuas, hemos perdido al fin nuestra paciencia Vivimos de acuerdo con la ley que nace todos los das bajo el fuego El mundo entero, salvo nosotros, tiene algo que perder Lucharemos contra todos aquellos que se irroguen la funcin de administradores de nuestras tierras
Los muchachos haban colocado al prisionero en un extremo del sof, ante Charlie. El prisionero no conservaba bien el equilibrio. Inclinaba el tronco hacia delante, pesadamente, y utilizaba los antebrazos para enderezarse. Tena una mano sobre la otra, cual si estuviera encadenado, aunque slo estaba encadenado por la cadenilla de oro que le haban puesto en una mueca para completar su caracterizacin. El muchacho con barba, ceudo, se encontraba detrs del prisionero, y el jefe del coro eclesial, con la cara afeitada, estaba devotamente sentado al lado del prisionero, y mientras la voz de ste registrada en la cinta segua sonando triunfal, como una msica de fondo, Charlie vio que los labios de Michel se movan lentamente, intentando seguir las palabras. Poco a poco, Michel abandon sus intentos, ya que las palabras eran demasiado rpidas, demasiado fuertes para el propietario de la voz que las pronunciaba. En el rostro de Michel se dibuj una tonta sonrisa de disculpa, que trajo a la memoria de Charlie la expresin de la cara de su padre, despus de sufrir el ataque de apopleja.
Los actos de violencia no son criminales cuando se llevan a cabo en oposicin a la fuerza utilizada por el estado que el terrorista considera criminal.
Se oy el sonido de papel al volver pgina el orador. Ahora la voz adquiri un tono intrigado y desganado: Te amo Eres mi libertad Ahora eres uno de los nuestros Nuestros cuerpos y nuestra sangre se han mezclado Eres ma Mi soldado Por favor, por qu digo esto? Juntos pondremos la cerilla al detonador. Se hizo un silencio de perplejidad, y volvi a orse la voz: Por favor, seor, puede preguntarle qu es esto?