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La chica del tambor

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La chica del tambor
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Dirigiendo la vista a la ventana, Kurtz pregunt:

-Y esta noche? Ahora?

A Litvak no le gustaba que le hicieran preguntas tan concretas. Repuso:

-Ahora estn en el automvil camino de la ciudad, para hacer el amor. Para efectuar un trabajillo y esconder el resto de los explosivos. Quin sabe? Por qu tenemos que explicarnos tantas y tantas cosas?

Grabndose los detalles en la memoria, mientras segua meditando, Kurtz pregunt:

-En dnde est ella en estos instantes, en realidad? Litvak repuso:

-En la camioneta.

-Y dnde est la camioneta?

-Al lado del Mercedes, en el aparcamiento. Basta una orden para que traslademos a la

chica.

-Y Yanuka?

-Tambin est en la camioneta. Es la ltima noche que pasan juntos. Hemos dado sedantes a los dos, tal como acordamos.

Kurtz volvi a coger sus prismticos, los elev a mitad de camino de los ojos, y los volvi a dejar en la mesa. Junt las manos y frunci las cejas. Dirigindose a Becker, a juzgar por la postura de su cabeza, Kurtz dijo:

-Proponedme un mtodo diferente. La metemos en un avin y la devolvemos a su casa, la dejamos en el desierto de Negev, la encerramos. Y qu pasa? Qu habr sido de ella?, se preguntarn. En el momento en que la chica desaparezca, sospecharn lo peor. Pensarn que se ha pasado al enemigo, que ha desertado. Que Alexis la ha atrapado. Que la han atrapado los sionistas. Piensen lo que piensen, creern que sus operaciones corren peligro. Y no cabe la menor duda de que dirn: Licenciamos al equipo, que cada cual se vaya a su casa.

Despus de una pausa, Kurtz resumi:

-Deben tener pruebas concretas de que nadie tiene a la muchacha en su poder salvo Yanuka y Dios. Deben saber que la chica est tan muerta como Yanuka. No ests de acuerdo conmigo, Gadi? O me engao al creer que en tu expresin se lee que tienes una idea mejor?

Kurtz se limit a esperar, pero la mirada de Litvak, fija en Becker era inocente, en el momento en que necesitaba que Becker compartiera su culpabilidad.

Despus de hacerles esperar un siglo, Becker dijo:

-No.

Pero Kurtz advirti que en la cara de Becker haba aparecido una dura expresin de fidelidad.

De repente, Litvak atac a Becker, de manera que su voz y sus palabras parecieron saltar al aire desde el lugar en que el muchacho estaba sentado:

-No? No, qu? No se hace la operacin? Qu significa no? Becker, sin prisas, replic:

-No significa: no tenemos otra alternativa. Si soltamos a la holandesa, jams aceptarn a Charlie. La seorita Larsen, viva, es tan peligrosa como Yanuka. Y si queremos seguir adelante, ste es el momento en que tenemos que hacerlo.

Con desprecio, Litvak repiti el condicionaclass="underline"

-Si queremos.

Kurtz restableci el orden por el medio de formular una pregunta que dirigi a Litvak, en tal tono que pareca desear que Litvak le diera una contestacin afirmativa:

-Es que la chica no puede dar nombres tiles? Algn dato que pudiramos comprobar con su colaboracin? Alguna razn para retenerla con nosotros?

Litvak encogi enfticamente los hombros, y dijo:

-Conoce a una corpulenta chica alemana llamada Edda, s, del norte de Alemania. Slo la ha tratado una vez. Adems de Edda hay otra chica que no es ms que una voz que llama por telfono desde Pars. Detrs de esta voz est Khalil, pero Khalil no tiene la costumbre de entregar tarjetas de visita.

Litvak estuvo callado unos instantes y repiti:

-Es medio cretina. Se droga hasta tal punto que slo estar a su lado basta para que uno quede drogado.

Kurtz dijo:

-Bueno, parece que la chica es un callejn sin salida.

Litvak ya estaba abrochndose su oscuro chubasquero. Con una sonrisa carente de toda alegra, se mostr de acuerdo con su jefe:

-Si, es un callejn sin salida.

Pero Litvak no avanz hacia la puerta. Todava esperaba una orden concreta. Kurtz le dirigi una ltima pregunta:

-Qu edad tiene la muchacha?

-La semana prxima cumple los veintiuno. Es que tiene alguna importancia?

Despacio, con cierta solemnidad, Kurtz tambin se puso en pie, y se enfrent normalmente con Litvak, al travs del atestado cuartito, con sus muebles de madera labrada, propios de un pabelln de caza, y con sus adornos de hierro forjado. Kurtz dio la siguiente orden:

-Shimon, pregunta uno a uno a cada miembro de tu equipo. Chico, chica, quieres apartarte de esta operacin? No hace falta que den explicaciones, y no se pondr una mala nota al lado del que no quiera seguir. Una votacin libre, honesta.

Litvak dijo:

-Ya lo he hecho.

Kurtz levant el brazo izquierdo, mir el reloj y dijo:

-Pues vulvelo a hacer. Dentro de una hora, exactamente, me llamas por telfono. No me llames antes. Y nada hagas hasta haber hablado conmigo.

Dentro de una hora, pens Kurtz, cuando se d el momento de menos trnsito. Y cuando yo haya tomado ya mis disposiciones. Litvak se fue y Becker se qued.

Primero Kurtz llam por telfono a su esposa, Elli, con pago revertido, debido a que era puntilloso en materia de gastos. Cuando Kurtz se dispona a llamar a su esposa, Becker se levant para dejarle solo, pero Kurtz, que estaba orgulloso de llevar una vida sin secretos, dijo tranquilamente a Becker:

-Qudate aqu, Gadi, por favor.

En consecuencia, durante diez minutos, Becker tuvo que escuchar una conversacin sobre temas tan trascendentales como qu tal le iba a Elli con su grupo de estudios bblicos, o cmo se las arreglaba para ir de compras a las tiendas, teniendo el automvil averiado. Becker no tuvo necesidad alguna de preguntar por qu razn Kurtz haba elegido precisamente aquel instante para abordar aquellos temas. En otros tiempos, Becker haba hecho exactamente lo mismo. Kurtz quera tocar terreno seguro, antes de lanzarse a la matanza. Quera or la viva voz de Israel.

Kurtz colg y, la mar de entusiasmado, dijo a Becker:

-Elli est perfectamente bien. Te manda recuerdos y me ha encomendado que te diga que vuelvas a casa tan pronto puedas. Dice que hace un par de das se encontr con Frankie, y que Frankie tambin est bien. Debido a tu ausencia se siente un poco sola, pero est bien.

La segunda llamada de Kurtz fue a Alexis, y, al principio, Becker hubiera podido suponer, si no hubiera conocido a Kurtz tan bien cual le conoca, que se trataba de una llamada de amistad ms. Kurtz escuch las noticias que su agente alemn le dio acerca de su vida familiar. Y Kurtz le pregunt por el hijo que esperaba. Si, la madre y el nio se encontraban en excelente estado. Pero, terminados estos preliminares, Kurtz se puso serio y atac directamente el cogollo del asunto, debido a que en las ltimas conversaciones que haba tenido con el buen doctor, Kurtz haba percibido una clara mengua de la devocin que aqul tena hacia l. Jovialmente, Kurtz anunci a Alexis:

-Paul, parece que cierto accidente del que hablamos recientemente va a ocurrir de un momento a otro, y no hay nada en el mundo que usted o yo podamos hacer para evitarlo. Por esto le ruego que tome papel y lpiz.

A continuacin, y cambiando el tono de la voz, Kurtz habl rpida y torrencialmente en alemn:

-Durante las primeras veinticuatro horas siguientes a la notificacin oficial que usted recibir, limitar usted sus investigaciones a los mbitos universitarios de Frankfurt y Munich. Difundir usted que los principales sospechosos son un grupo de activistas izquierdistas que se sabe tienen vinculaciones con una clula de Pars. Comprendido?

Kurtz hizo una pausa para permitir que Alexis anotara todo lo anterior. Despus de haber recibido evidentes seguridades de que poda continuar, Kurtz as lo hizo:

-En las veinticuatro horas siguientes, hacia el medioda, se presentar usted en la oficina principal de Correos de Munich y recoger una carta dirigida a usted, con nombre y apellidos, dejada en poste restante. All encontrar la identidad del primer culpable, que ser una chica holandesa, y recibir asimismo datos referentes a la intervencin de esa muchacha en anteriores incidentes.

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