La chica del tambor
- Автор: Ле Карре Джон
- Язык: испанский
- Жанр: Шпионские детективы
Электронная книга - «La chica del tambor». Краткое содержание книги:
Dirigiendo la vista a la ventana, Kurtz pregunt�:
-��Y esta noche? �Ahora?
A Litvak no le gustaba que le hicieran preguntas tan concretas. Repuso:
-�Ahora est�n en el autom�vil camino de la ciudad, para hacer el amor. Para efectuar un trabajillo y esconder el resto de los explosivos. �Qui�n sabe? �Por qu� tenemos que explicarnos tantas y tantas cosas?
Grab�ndose los detalles en la memoria, mientras segu�a meditando, Kurtz pregunt�:
-��En d�nde est� ella en estos instantes, en realidad? Litvak repuso:
-�En la camioneta.
-��Y d�nde est� la camioneta?
-�Al lado del Mercedes, en el aparcamiento. Basta una orden para que traslademos a la
chica.
-��Y Yanuka?
-�Tambi�n est� en la camioneta. Es la �ltima noche que pasan juntos. Hemos dado sedantes a los dos, tal como acordamos.
Kurtz volvi� a coger sus prism�ticos, los elev� a mitad de camino de los ojos, y los volvi� a dejar en la mesa. Junt� las manos y frunci� las cejas. Dirigi�ndose a Becker, a juzgar por la postura de su cabeza, Kurtz dijo:
-�Proponedme un m�todo diferente. La metemos en un avi�n y la devolvemos a su casa, la dejamos en el desierto de Negev, la encerramos. �Y qu� pasa? �Qu� habr� sido de ella?, se preguntar�n. En el momento en que la chica desaparezca, sospechar�n lo peor. Pensar�n que se ha pasado al enemigo, que ha desertado. Que Alexis la ha atrapado. Que la han atrapado los sionistas. Piensen lo que piensen, creer�n que sus operaciones corren peligro. Y no cabe la menor duda de que dir�n: �Licenciamos al equipo, que cada cual se vaya a su casa.�
Despu�s de una pausa, Kurtz resumi�:
-�Deben tener pruebas concretas de que nadie tiene a la muchacha en su poder salvo Yanuka y Dios. Deben saber que la chica est� tan muerta como Yanuka. �No est�s de acuerdo conmigo, Gadi? �O me enga�o al creer que en tu expresi�n se lee que tienes una idea mejor?
Kurtz se limit� a esperar, pero la mirada de Litvak, fija en Becker era inocente, en el momento en que necesitaba que Becker compartiera su culpabilidad.
Despu�s de hacerles esperar un siglo, Becker dijo:
-�No.
Pero Kurtz advirti� que en la cara de Becker hab�a aparecido una dura expresi�n de fidelidad.
De repente, Litvak atac� a Becker, de manera que su voz y sus palabras parecieron saltar al aire desde el lugar en que el muchacho estaba sentado:
-��No? �No, qu�? �No se hace la operaci�n? �Qu� significa no? Becker, sin prisas, replic�:
-��No� significa: no tenemos otra alternativa. Si soltamos a la holandesa, jam�s aceptar�n a Charlie. La se�orita Larsen, viva, es tan peligrosa como Yanuka. Y si queremos seguir adelante, �ste es el momento en que tenemos que hacerlo.
Con desprecio, Litvak repiti� el condicionaclass="underline"
-�Si queremos.
Kurtz restableci� el orden por el medio de formular una pregunta que dirigi� a Litvak, en tal tono que parec�a desear que Litvak le diera una contestaci�n afirmativa:
-��Es que la chica no puede dar nombres �tiles? �Alg�n dato que pudi�ramos comprobar con su colaboraci�n? �Alguna raz�n para retenerla con nosotros?
Litvak encogi� enf�ticamente los hombros, y dijo:
-�Conoce a una corpulenta chica alemana llamada Edda, s�, del norte de Alemania. S�lo la ha tratado una vez. Adem�s de Edda hay otra chica que no es m�s que una voz que llama por tel�fono desde Par�s. Detr�s de esta voz est� Khalil, pero Khalil no tiene la costumbre de entregar tarjetas de visita.
Litvak estuvo callado unos instantes y repiti�:
-�Es medio cretina. Se droga hasta tal punto que s�lo estar a su lado basta para que uno quede drogado.
Kurtz dijo:
-�Bueno, parece que la chica es un callej�n sin salida.
Litvak ya estaba abroch�ndose su oscuro chubasquero. Con una sonrisa carente de toda alegr�a, se mostr� de acuerdo con su jefe:
-�Si, es un callej�n sin salida.
Pero Litvak no avanz� hacia la puerta. Todav�a esperaba una orden concreta. Kurtz le dirigi� una �ltima pregunta:
-��Qu� edad tiene la muchacha?
-�La semana pr�xima cumple los veintiuno. �Es que tiene alguna importancia?
Despacio, con cierta solemnidad, Kurtz tambi�n se puso en pie, y se enfrent� normalmente con Litvak, al trav�s del atestado cuartito, con sus muebles de madera labrada, propios de un pabell�n de caza, y con sus adornos de hierro forjado. Kurtz dio la siguiente orden:
-�Shimon, pregunta uno a uno a cada miembro de tu equipo. �Chico, chica, quieres apartarte de esta operaci�n? No hace falta que den explicaciones, y no se pondr� una mala nota al lado del que no quiera seguir. Una votaci�n libre, honesta.
Litvak dijo:
-�Ya lo he hecho.
Kurtz levant� el brazo izquierdo, mir� el reloj y dijo:
-�Pues vu�lvelo a hacer. Dentro de una hora, exactamente, me llamas por tel�fono. No me llames antes. Y nada hagas hasta haber hablado conmigo.
Dentro de una hora, pens� Kurtz, cuando se d� el momento de menos tr�nsito. Y cuando yo haya tomado ya mis disposiciones. Litvak se fue y Becker se qued�.
Primero Kurtz llam� por tel�fono a su esposa, Elli, con pago revertido, debido a que era puntilloso en materia de gastos. Cuando Kurtz se dispon�a a llamar a su esposa, Becker se levant� para dejarle solo, pero Kurtz, que estaba orgulloso de llevar una vida sin secretos, dijo tranquilamente a Becker:
-�Qu�date aqu�, Gadi, por favor.
En consecuencia, durante diez minutos, Becker tuvo que escuchar una conversaci�n sobre temas tan trascendentales como qu� tal le iba a Elli con su grupo de estudios b�blicos, o c�mo se las arreglaba para ir de compras a las tiendas, teniendo el autom�vil averiado. Becker no tuvo necesidad alguna de preguntar por qu� raz�n Kurtz hab�a elegido precisamente aquel instante para abordar aquellos temas. En otros tiempos, Becker hab�a hecho exactamente lo mismo. Kurtz quer�a tocar terreno seguro, antes de lanzarse a la matanza. Quer�a o�r la viva voz de Israel.
Kurtz colg� y, la mar de entusiasmado, dijo a Becker:
-�Elli est� perfectamente bien. Te manda recuerdos y me ha encomendado que te diga que vuelvas a casa tan pronto puedas. Dice que hace un par de d�as se encontr� con Frankie, y que Frankie tambi�n est� bien. Debido a tu ausencia se siente un poco sola, pero est� bien.
La segunda llamada de Kurtz fue a Alexis, y, al principio, Becker hubiera podido suponer, si no hubiera conocido a Kurtz tan bien cual le conoc�a, que se trataba de una llamada de amistad m�s. Kurtz escuch� las noticias que su agente alem�n le dio acerca de su vida familiar. Y Kurtz le pregunt� por el hijo que esperaba. Si, la madre y el ni�o se encontraban en excelente estado. Pero, terminados estos preliminares, Kurtz se puso serio y atac� directamente el cogollo del asunto, debido a que en las �ltimas conversaciones que hab�a tenido con el buen doctor, Kurtz hab�a percibido una clara mengua de la devoci�n que aqu�l ten�a hacia �l. Jovialmente, Kurtz anunci� a Alexis:
-�Paul, parece que cierto accidente del que hablamos recientemente va a ocurrir de un momento a otro, y no hay nada en el mundo que usted o yo podamos hacer para evitarlo. Por esto le ruego que tome papel y l�piz.
A continuaci�n, y cambiando el tono de la voz, Kurtz habl� r�pida y torrencialmente en alem�n:
-�Durante las primeras veinticuatro horas siguientes a la notificaci�n oficial que usted recibir�, limitar� usted sus investigaciones a los �mbitos universitarios de Frankfurt y Munich. Difundir� usted que los principales sospechosos son un grupo de activistas izquierdistas que se sabe tienen vinculaciones con una c�lula de Par�s. �Comprendido?
Kurtz hizo una pausa para permitir que Alexis anotara todo lo anterior. Despu�s de haber recibido evidentes seguridades de que pod�a continuar, Kurtz as� lo hizo:
-�En las veinticuatro horas siguientes, hacia el mediod�a, se presentar� usted en la oficina principal de Correos de Munich y recoger� una carta dirigida a usted, con nombre y apellidos, dejada en poste restante. All� encontrar� la identidad del primer culpable, que ser� una chica holandesa, y recibir� asimismo datos referentes a la intervenci�n de esa muchacha en anteriores incidentes.