La chica del tambor
- Автор: Ле Карре Джон
- Язык: испанский
- Жанр: Шпионские детективы
Электронная книга - «La chica del tambor». Краткое содержание книги:
Mientras terminaba de abrir la cartera de hombre de negocios, Kurtz concluy:
-Y como sea que, habida cuenta de las circunstancias, no podamos confiar en ti para que nos dieras toda la gama de tu literario estilo epistolar, decidimos escribir las cartas por tu cuenta.
Es natural, pens Charlie. Acto seguido dirigi una mirada a Joseph, quien se hallaba sentado con la espalda muy erguida y con aspecto de inslita inocencia, juntas las manos por las palmas, entre las rodillas, como quien en su vida ha matado una mosca.
Las cartas se encontraban en dos grandes sobres de color pardo, aunque uno de los sobres era ms grande que el otro. Kurtz eligi primero el ms pequeo de los dos sobres, que abri con torpes ademanes, con sus enguantados dedos, y esparci el contenido sobre la mesa. Charlie reconoci la escritura de Michel en tinta negra y con caligrafa infantil. Kurtz abri el segundo sobre y Charlie, como entre sueos, reconoci su propia caligrafa. Las cartas que Michel te dirigi y que aqu ves son fotocopias, dijo Kurtz, ya que nosotros tenemos las cartas originales en Inglaterra, a tu disposicin. Ahora bien, tus propias cartas son originales, por lo que pertenecen a Michel, no crees?
Charlie dijo:
-Es natural.
Pero en esta ocasin lo dijo en voz alta. E instintivamente mir Joseph, aunque lo hizo concretamente hacia sus manos juntas, en una postura claramente indicativa de que l no era el autor de las cartas.
Charlie ley en primer lugar las cartas de Michel, debido a que estimaba que le deba tal deferencia. Eran unas doce, cuyo contenido iba desde el texto francamente sensual y apasionado al tono autoritario. Haz el favor de numerar tus cartas, y si no las numeras ms valdr que no escribas. No puedo gozar de tus cartas si no tengo la seguridad de que recibo todas las cartas que me escribes. Y te pido esto en beneficio de mi personal seguridad. Entre prrafos de delirantes elogios de su arte de actriz haba otros prrafos de densas exhortaciones a interpretar solamente papeles de significado social que puedan despertar la conciencia del pblico. Al mismo tiempo, Charlie deba evitar asistir a actos pblicos que pudieran revelar sus convicciones polticas. Charlie deba dejar de ir a reuniones radicales, a manifestaciones o sentadas y otros actos pblicos. Deba comportarse de acuerdo con los modales burgueses, y causar la impresin de aceptar los criterios burgueses. Deba hacer lo preciso para que la gente creyera que haba renunciado a la revolucin, en tanto que, en secreto, deba proseguir por todos los medios las lecciones del radicalismo. En estas cartas de Michel haba gran nmero de contradicciones en materia de lgica, muchos errores sintcticos, e incluso faltas de ortografa. En ellas hablaba de nuestra reciente reunin, refirindose posiblemente a la futura reunin en Atenas, y tambin haba unas sugestivas referencias a las uvas, al vodka y a dormir mucho antes de reunirnos de nuevo.
A medida que lea, Charlie se fue formando una nueva y ms humilde imagen de Michel, una imagen que se acercaba mucho ms a la del prisionero que se hallaba en el piso superior. Charlie musit:
-Es como un nio.
Dirigi una acusadora mirada a Joseph, a quien dijo:
-Le diste demasiada importancia en tus descripciones. No es ms que un cro.
Al no recibir respuesta, Charlie cogi las cartas que figuraban como escritas por ella a Michel, y las cogi con remilgo, como si contribuyeran a revelar un gran misterio. En voz alta, Charlie dijo:
-Cosas de colegiala.
Lo dijo con una estpida sonrisa en la cara, al dirigir una primera y nerviosa mirada a las cartas, debido a que, gracias a los archivos del pobre Ned Quilley, el viejo georgiano haba sabido reproducir no slo los extraos gustos de Charlie en materia de papeles en los que escribir -mens de restaurantes, facturas, cartas con membrete de hoteles y de teatros-, sino tambin las espontneas variaciones en su caligrafa, desde los casi infantiles trazos de los primeros momentos de tristeza hasta la apasionada letra de una mujer locamente enamorada, desde la caligrafa de la actriz fatigada a ms no poder, enjaulada en su camerino y ansiando un poco de respiro, hasta la caligrafa de la pseudo-erudita revolucionaria que se tomaba la molestia de copiar un largo prrafo de Tolstoi, pero que escriba la palabra ocurri con una sola erre.
Gracias a Leon, el estilo de la prosa de Charlie no era menos exacto que su caligrafa. Charlie se ruboriz materialmente al comprobar con cunta perfeccin haban sabido imitar sus coloristas hiprboles, sus incursiones en torpes e inacabadas argumentaciones pseudo- filosficas, su furia violenta y feroz contra el gobierno conservador, a la sazn en el poder. A diferencia de Michel, las referencias que Charlie haca a sus actos de amor fsico eran grficas, explcitas. Las referencias a sus padres eran insultantes. Y cuando se refera a su propia infancia se mostraba airada y vengativa. Charlie conoci a la Charlie romntica, a la Charlie penitente, y a la Charlie mala bestia y caradura. Conoci aquella faceta suya que Joseph denominaba la rabe que llevas dentro, o sea la Charlie enamorada de su propia retrica, cuya idea acerca de la verdad no estaba inspirada en lo realmente ocurrido, sino en lo que hubiera debido ocurrir. Cuando Charlie hubo ledo todas las cartas, form con ellas un montn, juntando las de los dos, y, cogindose la cabeza con las manos, ley de nuevo ntegramente la correspondencia: sus cinco cartas por cada una recibida de Michel, las contestaciones suyas a las preguntas de Michel, y las evasivas de Michel a sus preguntas.
Por fin, y sin levantar la cabeza, Charlie dijo:
-Gracias, Joseph. Muchsimas gracias. Si me prestas un instante esa linda pistola que tenemos a medias, saldr del cuarto y me pegar un tiro.
Kurtz ri a grandes carcajadas, pero pareca ser el nico que experimentaba alegra en aquel cuarto. Dijo:
-Vamos, vamos, querida Charlie, no eres justa para con nuestro amigo Joseph. Todo fue labor de una comisin. Fueron muchos los que trabajaron en estas cartas,
Kurtz tena que formular una ltima peticin: Se trata de los sobres que contienen tus cartas, querida. Si, Kurtz los tena all. Todava no estaban franqueados y no llevaban matasellos como es natural, y asimismo Kurtz an no haba metido las cartas en los sobres, con el fin de que Michel cumpliera con el requisito puramente formal de abrir los sobres. Dijo que se trataba de una cuestin de huellas dactilares. Primero las tuyas, querida, despus las de los funcionarios de correos, y, por fin las de Michel. Pero tampoco haba que olvidar el detalle de la saliva. Si, el sobre y los sellos deban ser pegados con la saliva de la propia Charlie, cuya saliva, sometida a anlisis, revelara su grupo sanguneo, no fuera que algn ser astuto tuviera la idea de pedir comprobaciones al respecto, ya que no debemos olvidar que entre los enemigos hay gente astutsima, cual tu excelente, excelentsimo, trabajo nos revel, o mejor dicho, nos confirm, anoche.
Charlie record el largo y paternal abrazo que Kurtz le dio, ya que en el momento en que se lo dio pareci tan inevitable y necesario como la propia paternidad. Sin embargo, Charlie no guard el ms leve recuerdo de la despedida de Joseph, la ltima de toda una serie de despedidas, no, no record el modo en que se despidieron, ni el lugar en que lo hicieron. Record la sesin de informacin. Record el regreso a Salzburgo, que hizo en la parte trasera de la camioneta de Dimitri, en un trayecto de hora y media, y sin hablar a partir del anochecer. De la misma manera, record su aterrizaje en Londres, ms sola de lo que jams haba estado en toda su vida, y record el olor de la tristeza londinense que la recibi incluso cuando an se hallaba en la pista de aterrizaje, aportndole de nuevo a la mente qu fue aquello que la encamin hacia la adopcin de medidas radicales: la maligna negligencia de las autoridades y la acosada desesperacin de los vencidos. Haba huelga de celo de maleteros y una huelga de ferrocarriles. El lavabo de mujeres pareca una crcel. Como de costumbre, el aburrido funcionario de aduanas la detuvo y la interrog. Con la diferencia de que en esta ocasin Charlie dud si acaso aquel individuo tena otra razn para interrogarla, adems de la de charlar con ella.