Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
La chica del tambor - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

La chica del tambor

Электронная книга - «La chica del tambor». Краткое содержание книги:

La chica del tambor
1 ... 91 92 93 94 95 96 97 98 99 ... 163
Перейти на страницу:

Kurtz hizo callar la mquina, y orden:

-Mostrad sus manos a la seorita.

Cogiendo una de las manos de Michel, el muchacho con la cara afeitada la abri rpidamente y la mostr a Charlie, cual si de una mercanca se tratara.

Mientras se acercaba al grupo, Kurtz explic:

-Mientras trabaj la tierra, tuvo las manos endurecidas por el trabajo manual. Pero ahora es un gran intelectual. Tiene montones de dinero, montones de chicas, buena comida y tiempo que perder. No es as, muchacho?

Kurtz se acerc al sof, puso su recia mano sobre la cabeza de Michel y le dio una vuelta obligndole a mirarle. Kurtz dijo: -Eres un gran intelectual, verdad?

La voz de Kurtz no era cruel ni burlona. Pareca que estuviera hablando con un travieso hijo suyo, y en su voz se daba tambin el mismo tono de triste cario. Kurtz dijo:

-Y haces lo preciso para que tus chicas trabajen en vez de ser t quien lo haga.

Dirigindose a Charlie, Kurtz explic:

-En cierta ocasin, se sirvi de una chica a modo de bomba. Embarc a la chica en un avin, con bonito equipaje, y el avin estall. Creo que la chica jams supo que fue ella la que hizo estallar el avin. Esto es de muy mala educacin muchachito. Tratar as a una seora es de mal educado, muchachito.

Ahora, Charlie reconoci el olor que no haba podido identificar anteriormente. Era el olor de la locin para despus del afeitado que Joseph haba dejado en todos los cuartos de bao que haban compartido. Seguramente haban rociado locin de esta clase a Michel, para la presente ocasin. Kurtz pregunt a Micheclass="underline"

-No quieres hablar con esta seora? No quieres darle la bienvenida a nuestra villa de recreo? Comienzo a preguntarme a qu se deber que no quieres seguir cooperando con nosotros.

Poco a poco, al influjo de la persistencia de Kurtz, los ojos de Michel despertaron, y su cuerpo, obediente, se enderez. Kurtz le dijo:

-Quieres saludar correctamente a esta seora tan linda? Quieres desearle buenos das? Quieres decirle buenos das, muchachito?

Y as lo hizo, desde luego. En una tona versin de la voz grabada en el magnetfono, Michel dijo:

-Buenos das.

Sin que apareciera la nota del rencor en su voz, Kurtz insisti: -Se dice Buenos das, seora.

Joseph, en voz baja, dijo a Charlie:

-No contestes.

Michel dijo:

-Seora.

Kurtz orden:

-Hacedle escribir algo.

Y solt a Michel. Sentaron a ste ante una mesa, colocando en ella papel y pluma, pero Michel poco pudo hacer. A Kurtz esto ltimo le import muy poco. Deca: Mira cmo coge la pluma, cmo de una manera natural se le curvan los dedos para trazar los signos rabes. Aadi:

-Quiz una noche te despertaste y le encontraste despierto, haciendo cuentas. Comprendes? En este caso, tena ese aspecto.

Mentalmente, Charlie hablaba a Joseph. Scame de aqu. Me parece que me voy a morir. Oy el pesado sonido de los pies de Michel, mientras le hacan subir la escalera quitndole del alcance de la vista y del odo de los presentes. Pero Kurtz no dio respiro a Charlie, tal como tampoco se lo conceda a s mismo:

-Charlie, tenemos que hacer otra cosa, dentro de esta campaa. Y creo que ms vale que nos ocupemos de ello ahora mismo, incluso si ello resulta un poco pesado. Ya sabes, hay ciertas cosas que deben hacerse.

En el cuarto haba silencio, igual que en cualquier otro cuarto de estar normal y corriente. Cogida al brazo de Joseph, Charlie subi la escalera, siguiendo a Kurtz. Sin saber exactamente por qu, a Charlie le pareci ms cmodo arrastrar un poco los pies, igual que Michel.

El sudor haba dejado pegajosa la barandilla de madera. En los peldaos haba tiras de color que parecan papel de lija, pero Charlie, al pisarlas, no oy el sonido rasposo que lgicamente caba esperar. Charlie se fij atentamente en estos detalles debido a que hay momentos en que los detalles son lo nico que nos vincula con la realidad. Vio un retrete con la puerta abierta, pero cuando se fij ms advirti que no haba tal puerta, sino solamente el vano, y que de la cisterna no colgaba cadena alguna. Charlie supuso que, cuando uno est obligado a ir arrastrando a un preso de un lado para otro durante todo el da, incluso en el caso de que el prisionero est tan drogado que no sepa lo que hace, uno tiene que pensar en estos detalles, s, uno tiene que conservar la casa en buen orden. Hasta que no hubo meditado debidamente estos importantes detalles, Charlie se neg a reconocer ante s misma que acababa de entrar en un cuarto acolchado, con una sola cama, adosada a la pared del fondo. Y en la cama, sentado, estaba de nuevo Michel, desnudo, con la nica salvedad de su medalln de oro, con las manos en el sexo, y sin apenas una arruga en barriga o vientre. Los msculos de sus hombros eran slidos y redondeados, los del pecho eran planos y anchos, y las sombras que haba abajo eran lmpidas como rayas trazadas con tinta china. En obediencia a una orden dada por Kurtz, los dos muchachos pusieron en pie a Michel y apartaron del sexo las manos. El sexo era bien desarrollado, circunciso y hermoso. Silenciosamente, con las cejas fruncidas en expresin de desaprobacin, el muchacho con barba indic una blanca mancha de nacimiento, como una mancha de leche, en un flanco, despus la marca oscura de una cicatriz resultante de una herida con arma blanca en el hombro derecho, y luego el tierno arroyuelo de vello negro que descenda desde el ombligo. En silencio, obligaron a Michel a dar media vuelta sobre s mismo, y Charlie se acord de Lucy y de la clase de espalda que ms le gustaba a su amiga, una espalda con la columna vertebral profundamente hendida entre los msculos. Pero en aquella espalda no haba orificios de bala, no haba nada que menguase su pura belleza.

Kurtz dijo:

-Mostradle los pies.

Tumbaron a Michel de espaldas y le levantaron los pies para que Charlie los viera. Charlie vio las cicatrices producidas por los azotes que los jordanos propinaron a Michel, cuando an era un nio. Eran extraos surcos en las plantas que terminaban en manchas blancas, en los extremos del puente del pie. Comenzaron a poner de nuevo en pie a Michel, pero Joseph pareci haber llegado a la conclusin de que Charlie ya haba gozado durante demasiado tiempo del espectculo, y Joseph ya la estaba conduciendo de prisa, escaleras abajo, sostenindola con un brazo alrededor de la cintura, y cogindole con la otra mano la mueca, con tal fuerza que causaba dolor a la muchacha. En el lavabo junto al vestbulo, Charlie se detuvo el tiempo suficiente para vomitar, pero lo que ms ardientemente deseaba era irse. Salir de aquel piso, apartar de su vista a aquellos hombres, apartarlos de su mente y de su piel.

Charlie corra. Si, era una jornada deportiva. Corra a cuanta velocidad poda. La dentadura de cemento formada por los lmites superiores de los edificios, dentadura que morda el cielo, pasaba veloz bambolendose, procedente de la direccin contraria a la que Charlie segua. A la vista de Charlie, los jardines de las azoteas estaban unidos por estrechos senderos con el piso de ladrillos, carteles de ciudad de juguete le indicaban lugares cuyos nombres no poda leer, y sobre su cabeza, en lo alto, tuberas de plstico azul y amarillo trazaban rayas de colores. Charlie corra tan de prisa como poda, subiendo y bajando escaleras, y tomando una especie de inters hortcola en las variedades de vegetacin que encontraba a su paso, en los alegres geranios, en los arbustos cuajados de flores, en las colillas de cigarrillos y en las zonas de tierra pelada, cual tumbas sin lpida. Joseph iba a su lado, y Charlie le gritaba que se fuera, que se alejara de ella. Una pareja entrada en aos les sonri nostlgicamente imaginando que era una pelea entre enamorados. Charlie recorri dos manzanas de esta manera, hasta que lleg a una barandilla y un precipicio con un aparcamiento abajo. Y Charlie no se suicid debido a que anteriormente haba ya decidido que su tipo humano no era el del suicida, y, adems, quera vivir con Joseph, en vez de morir con Michel. Charlie se detuvo, y descubri que apenas jadeaba. La carrera le haba sentado bien. Debiera correr ms a menudo. Pidi un cigarrillo a Joseph, pero ste no llevaba cigarrillos. Joseph la llev a un banco, en el que Joseph la sent, pero Charlie se puso inmediatamente en pie, en un acto de afirmacin de su personalidad. Por otra parte, Charlie haba aprendido que las escenas con fuertes juegos de emocin no pueden representarse eficazmente entre personas que caminan, por lo que se qued quieta.

1 ... 91 92 93 94 95 96 97 98 99 ... 163
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)