La isla misteriosa
- Автор: Верн Жюль Габриэль
- Язык: испанский
- Жанр: Другие приключения
Электронная книга - «La isla misteriosa». Краткое содержание книги:
-Sin contar -dijo Pencroff-que este molino de viento ser ms alegre y producir buen efecto en el paisaje.
Pusieron manos a la obra, eligiendo maderos para el armazn y el mecanismo del molino. Varias piedras grandes de aspern, que se hallaban al norte del lago, podan transformarse fcilmente en muelas, y en cuanto a las aspas, la inagotable cubierta del globo les dara la tela necesaria.
Ciro Smith form los planos y se eligi el sitio donde deba levantarse el molino, un poco a la derecha del corral y cerca de la orilla del lago.
Todo el armazn deba descansar sobre un eje mantenido por gruesos maderos, de modo que pudiese girar con todo el mecanismo que contena, segn las exigencias del viento.
La tarea qued pronto concluida. Nab y Pencroff haban llegado a ser carpinteros muy hbiles y no tenan que hacer ms que seguir los dibujos que haba hecho el ingeniero.
Se levant en el sitio designado una especie de garita cilndrica, coronada de un techo agudo. Los cuatro bastidores que formaban las aspas se implantaron slidamente en el rbol, de manera que formaran un ngulo con l, y se fijaron por medio de fuertes espigas de hierro. En cuanto a las diversas partes del mecanismo anterior, la caja destinada a sostener las dos muelas, la yacente y la giratoria; la tolva o gran cajn cuadrado, ancho por arriba y estrecho por abajo, que deba permitir a los granos ir cayendo poco a poco sobre las ruedas; la canaleja oscilante destinada a regular el paso del grano, y a la que su perpetuo tictac ha hecho dar el nombre de charlatana, y en fin, un cedazo para la operacin del tamizado, que separa el salvado de la harina, todo se verific sin trabajo. Los tiles eran buenos y el trabajo poco difcil, porque las partes de un molino son muy sencillas. No fue ms que cuestin de tiempo.
Todo el mundo haba trabajado en la construccin del molino y el primer da de diciembre estaba terminado.
Como siempre, Pencroff se manifest entusiasmado con su obra y no dudaba que el aparato fuese perfecto.
-Ahora -dijo-, un buen viento, y vamos a moler nuestra primera cosecha.
-Un buen viento, s -contest el ingeniero-, pero no demasiado viento, Pencroff.
-Bah! Nuestro molino girar as ms de prisa.
-No es necesario que gire tan de prisa -repuso Ciro Smith-. La experiencia ha demostrado que se produce ms trabajo en un molino cuando el nmero de vueltas que han dado las aspas en un minuto es seis veces mayor que el nmero de pies recorrido por el viento en un segundo. Con una brisa media, que da veinticuatro pies por segundo, tendremos diecisis vueltas de las aspas en un minuto, y no necesitamos ms.
-Justamente -exclam Harbert-sopla una hermosa brisa del nordeste; es la que nos conviene.
No haba razn para retrasar la inauguracin del molino, porque los colonos tenan prisa para probar el primer pedazo de pan de la isla Lincoln; por consiguiente, aquel da, desde por la maana, se molieron algunas cuartillas de grano, y al da siguiente, al almorzar, un magnfico pan, quiz demasiado compacto, aunque hecho con la levadura de cerveza, figuraba en la mesa del Palacio de granito, y todos comieron de l con delicia, como se puede suponer.
Entretanto el desconocido no haba vuelto. Muchas veces Geden Spilett y Harbert haban recorrido el bosque por las inmediaciones del Palacio de granito sin encontrar seales suyas y se empezaban a inquietar por aquella ausencia prolongada. Sin duda el antiguo salvaje de la isla Tabor no poda encontrar dificultad para vivir en aquellos bosques, tan abundantes en caza, pero no era de temer que recobrase sus hbitos y que aquella independencia reanimase sus instintos feroces? Sin embargo, Ciro Smith, por una especie de presentimiento, persista en decir que el fugitivo volvera.
-S, volver! -repeta con una confianza de la cual no participaban sus compaeros-. Cuando ese desgraciado estaba en la isla Tabor, saba que se hallaba solo; pero aqu sabe que sus semejantes le esperan y, ya que ha hablado a medias de su vida pasada, ese pobre arrepentido nos la contar toda y desde ese da no volver a separarse de nosotros.
Los sucesos iban a dar razn a Ciro Smith. El 3 de diciembre, Harbert se haba alejado de la meseta de la Gran Vista para ir a pescar a la orilla meridional del lago. Iba sin armas y hasta entonces no haban tenido necesidad de tomar ninguna precaucin, pues los animales peligrosos no se dejaban ver en aquella parte de la isla.
Pencroff y Nab trabajaban en el corral y Ciro Smith y Spilett estaban ocupados en las Chimeneas fabricando sosa, por haberse agotado la provisin de jabn. De repente resonaron grandes gritos.
-Socorro, socorro!
Ciro Smith y el periodista estaban demasiado distantes para or aquellos gritos, pero Pencroff y Nab abandonaron a toda prisa el corral y se precipitaron hacia el lago.
Antes que ellos, el desconocido, cuya presencia en aquel sitio nadie hubiera podido sospechar, atraves el arroyo de la Glicerina, que separaba la meseta del bosque, y salt a la orilla opuesta.
Estaba Harbert enfrente de un jaguar, semejante al matado en el promontorio del Reptil. Sorprendido, se mantena en pie apoyado en un rbol, mientras el animal, recogindose sobre s mismo, se preparaba para lanzarse sobre el joven. Pero el desgraciado, sin ms armas que el cuchillo, se precipit sobre la temible fiera, la cual se volvi contra aquel nuevo adversario.
La lucha fue corta. El desconocido tena una fuerza y una destreza prodigiosas. Asi al jaguar por la garganta con mano poderosa, apretndolo como con unas tenazas, sin cuidarse de las garras de la fiera que penetraban en sus carnes, y con la otra mano le hundi el cuchillo en el corazn.
El jaguar cay. El desconocido le empej con el pie e iba a huir de nuevo, cuando los colonos llegaron al teatro de la lucha, y Harbert, abrazndose a l, exclam:
-No, no se ir as.
Ciro Smith se acerc al desconocido, cuyo ceo se frunci al verlo. La sangre corra por sus hombros bajo su chaqueta desgarrada, pero no haca caso. -Amigo -le dijo Ciro Smith-, acabamos de contraer con usted una deuda de gratitud. Ha arriesgado su vida por salvar a nuestro hijo.
-Mi vida! -murmur el desconocido-. Y qu vale mi vida? Menos que nada. -Est herido. -Poco importa. -Querr darme su mano?
Y mientras Harbert trataba de tomar aquella mano que acababa de salvarlo, el desconocido se cruz de brazos, levant el pecho, brillaron sus ojos, pareci que quera huir; pero en seguida, haciendo un violento esfuerzo sobre s mismo, dijo en tono brusco:
-Quines son y qu pretenden ser para m?
Era la primera vez que preguntaba la historia de los colonos. Tal vez contndole aquella historia el desconocido referira la suya.
En pocas palabras Ciro Smith le puso al corriente de todo lo que haba pasado desde su partida de Richmond, cont cmo haban llegado a la isla y haban adquirido los recursos de que disponan. El desconocido le escuchaba con atencin profunda.
Despus, el ingeniero le dijo los nombres y cualidades de todos, Geden Spilett, Harbert, Pencroff, Nab y l, y aadi que la mayor alegra que haban experimentado en la isla Lincoln era haber visto aumentar la colonia con un compaero venido de la isla Tabor.
Al or estas palabras, el desconocido se ruboriz, abati la cabeza sobre el pecho y se reflej en su rostro un sentimiento de confusin.
-Y ahora que nos conoce -aadi Ciro Smith-, quiere darnos la mano?
-No -contest el desconocido con voz sorda-, no. Ustedes son personas honradas, mientras que yo
17. El "salvaje" cuenta su pasada vida de criminal