El Vizconde Que Me Amo
- Автор: Куинн Джулия
- Язык: испанский
- Жанр: Исторические любовные романы
Электронная книга - «El Vizconde Que Me Amo». Краткое содержание книги:
La joya más preciada, la joven y hermosa Edwina Sheffield, es su elección natural. Pero para conseguirla ha de obtener antes la aprobación de la hermana mayor de la muchacha, Kate. Anthony comprobará que convencer a esa mujer arrogante y decidida de que ha dejado de ser un vividor no es tarea fácil. Como tampoco lo es quitársela de la cabeza cuando llega la noche.
– No digas eso -dijo con voz entrecortada-. No tienes que revivir eso.
– No, pero tengo que explicártelo. Fue la primera vez, incluso después de todos estos últimos años esperando mi propia muerte, que de verdad supe qué significaba morir. Porque si tú hubieras fallecido… no me quedaría nada por lo que vivir. No sé cómo lo consiguió mi madre.
– Tenía a sus hijos -dijo Kate-. No podía dejaros.
– Lo sé -susurró-, pero cuánto debió de sufrir…
– Creo que el corazón humano es más fuerte de lo que nosotros nos imaginamos.
Anthony se quedó mirándola durante un largo instante, sus miradas se unieron hasta que él se sintió como si fueran la misma persona. Luego, con mano temblorosa, la cogió por la nuca y se inclinó para besarla. La adoró con sus labios, le ofreció cada gramo de amor, devoción, veneración y oración que sentía en su alma.
– Te amo, Kate -susurró, soplando contra su boca aquellas palabras-. Te quiero tanto.
Ella asintió, pues no podía hacer sonido alguno.
– Y justo ahora, deseo… deseo…
Y entonces sucedió la cosa más extraña. Se le escapó una carcajada. Le invadió la pura dicha del momento, y tuvo que contenerse para no levantar a Kate y lanzarla en volandas por el aire.
– ¿Anthony? -preguntó, sonaba confundida y divertida a partes iguales.
– ¿Sabes qué más significa amor? -murmuró al tiempo que plantaba sus manos a ambos lados del cuerpo de Kate y dejaba que su nariz se apoyara en la de ella.
Kate negó con la cabeza.
– No podría ni aventurar una respuesta.
– Significa -refunfuñó- que estoy empezando a encontrar esta pierna rota un puñetero fastidio.
– Ni la mitad que yo, milord -dijo dedicando un mirada compungida a su pierna rota.
Anthony frunció el ceño.
– Dos meses sin hacer ejercicio, ¿eh?
– Al menos.
Puso una mueca, y en ese momento su aspecto era exactamente el del mujeriego del que en una ocasión ella le había acusado ser.
– Está claro -murmuró- que tendré que ser muy, pero que muy delicado.
– ¿Está noche? -preguntó con voz ronca. Él negó con la cabeza.
– Ni siquiera yo tengo el talento para expresarme con un toque tan ligero.
Kate soltó una risita. No podía evitarlo. Quería a este hombre y él la quería a ella y, tanto si él lo sabía como si no, iban a hacerse viejos, muy viejos, juntos. Y eso era suficiente para volver tarambana a cualquier chica; incluso a una chica con la pierna rota.
– ¿Te estás riendo de mí? -preguntó con una de sus cejas arqueada con gesto arrogante mientras colocaba su cuerpo justo al lado de ella.
– Ni lo soñaría.
– Bien. Porque tengo algunas cosas importantes que decirte.
– ¿De veras?
Él asintió con semblante grave.
– Tal vez no sea capaz de enseñarte esta noche cuánto te amo, pero te lo puedo contar.
– Nunca me cansaré de oírlo -murmuró ella.
– Bien. Porque cuando acabe de explicártelo, te voy a contar cómo me gustaría demostrártelo.
– ¡Anthony! -chilló.
– Creo que empezaré por el lóbulo de tu oreja -musitó-. Sí, está decidido, el lóbulo de la oreja. Lo besaré, luego lo mordisquearé y, luego…
Kate soltó un jadeo. Y después sintió un escalofrío. Y después se enamoró de él una vez más.
Y mientras él le susurraba dulces tonterías al oído, tuvo la más extraña de las sensaciones, casi como si pudiera vislumbrar todo su futuro ante ella. Cada día era más valioso y pleno que el anterior, y cada día se enamoraba y se enamoraba…
¿Era posible enamorarse del mismo hombre una y otra vez, cada día que pasaba?
Kate suspiró mientras se acomodaba entre las almohadas, dejándose llevar por sus palabras maliciosas.
Por Dios, iba a intentarlo.
Epílogo
Lord Bridgerton celebró su cumpleaños en casa con su familia.
Esta Autora cree que se trataba del trigesimonoveno aniversario, pero ella no estuvo invitada.
De todos modos, los detalles de la fiesta han llegado a los oídos siempre atentos de Esta Autora, y parece que se trató de una reunión de lo más divertida. El día empezó con un breve concierto: lord Bridgerton a la trompeta y lady Bridgerton a la flauta. La señora Bagwell (la hermana de lady Bridgerton) se ofreció por lo visto a intervenir al pianoforte, pero la oferta fue rechazada.
Según la viuda del vizconde, nunca se ha interpretado un concierto más discordante, y también nos cuentan que al final el joven Miles Bridgerton se subió a una silla y rogó a sus padres que pararan.
Nos explican también que nadie reprendió al muchacho por su descortesía, sino que más bien todo el mundo dio grandes suspiros de alivio cuando lord y lady Bridgerton dejaron sus instrumentos.
REVISTA DE SOCIEDAD DE LADY WHISTLEDOWN,
17 de septiembre de 1823
– Debe de tener un espía en la familia -dijo Anthony a Kate sacudiendo la cabeza.
Kate se rió mientras se cepillaba el pelo antes de meterse en la cama.
– No se ha dado cuenta de que tu cumpleaños es hoy, no ayer.
– Un detalle sin importancia -refunfuñó-. Debe de tener un espía. No hay otra explicación.
– Todo lo demás es correcto. -Kate no pudo evitar advertir-. Insisto, siempre he admirado a esa mujer.
– No lo hicimos tan mal -protestó Anthony.
– Fue espantoso. -Dejó el cepillo y se fue al lado de él-. Siempre somos espantosos, pero al menos lo intentamos.
Anthony cogió a su esposa por la cintura y apoyó la barbilla en lo alto de la cabeza. Pocas cosas le producían tanta paz como sostenerla en sus brazos. No sabía cómo un hombre podía sobrevivir sin una mujer a la que querer.
– Es casi medianoche -murmuró Kate-. Tu cumpleaños ya casi ha acabado.
Anthony hizo un gesto de asentimiento. Treinta y nueve. Nunca hubiera pensado que llegaría este día.
No, no era cierto. Desde el momento en que dejó que Kate entrara en su corazón, sus temores se fueron desvaneciendo poco a poco. Pero, de cualquier modo, estaba bien tener treinta y nueve. Era tranquilizador. Había pasado buena parte del día en su estudio, mirando fijamente el retrato de su padre. Y se descubrió a sí mismo hablando. Durante cuatro horas completas, había hablado con su padre. Le habló de sus tres hijos, de los matrimonios de sus hermanos y de sus correspondientes hijos. Le habló de su madre, y de cómo le había dado recientemente por pintar al óleo, y que la verdad se encontraba muy bien. Y le habló de Kate, cómo había liberado su alma y cuánto la quería, cuánto.
Anthony comprendió que eso era lo que su padre siempre había deseado para él.
El reloj situado sobre la repisa empezó a dar la hora. Ni Anthony ni Kate hablaron hasta que sonó la duodécima campanada.
– Ya está entonces -susurró Kate.
Él asintió.
– Vamos a la cama.
Ella se apartó y Anthony se dio cuenta de que estaba sonriendo.
– ¿Así lo quieres celebrar?
Él le cogió la mano y se la llevó a los labios.
– No se me ocurre una forma mejor. ¿Y a ti?
Kate sacudió la cabeza, luego soltó una risita mientras se iba corriendo a la cama.
– ¿Has leído qué más escribía en su columna?
– Esa bruja Confidencia.
Ella hizo un gesto afirmativo.
Anthony plantó sus manos a ambos lados de su esposa y le lanzó una mirada lasciva.
– ¿Era acerca de nosotros?
Kate negó con la cabeza.
– Entonces no me importa.
– Era sobre Colin.
– Anthony soltó un pequeño suspiro.
– Parece escribir mucho sobre Colin.
– Tal vez tiene debilidad por él -sugirió Kate.