Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
El hombre de la reina - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

El hombre de la reina

Электронная книга - «El hombre de la reina». Краткое содержание книги:

En 1193, el joven Justin de Quincy descubre casualmente una pista que puede desvelar el paradero de Ricardo Corazón de León, a quien se da por muerto. Leonor de Aquitania, la reina que escandalizó al mundo al divorciarse del que sería rey de Francia (Luis VII) para casarse con Enrique II, le encomienda una investigación que le obligará a adentrarse en el complejo y peligroso mundo de las intrigas que rodean la corte de Leonor.
1 ... 62 63 64 65 66 67 68 69 70 ... 82
Перейти на страницу:

La protesta de Aldred fue más eficaz que la de Nell. Al subir Gilbert a la montura del caballo, le agarró del brazo y trató de tirarlo al suelo. Lo que siguió fue el revuelo más absoluto. Justino y Lucas fueron corriendo hacia ellos. El vendedor de la milla hizo lo mismo. La lona saltó por los aires al salir súbitamente Jonás del carro. El único espectador inocente, el hombre que le estaba dando agua a su caballo, se volvió para mirar y los perros empezaron a ladrar. Asombrada por la velocidad con que ocurrió todo, Nell permaneció de pie, como una estatua. Gilbert profería juramento tras juramento tratando de quitarse de encima a Aldred mientras su caballo resbalaba sobre la tierra encharcada. Y en ese crucial momento se vio un resplandor metálico a la luz del sol, un grito ahogado procedente de Aldred y, al salpicar la sangre su cara y sus manos en alto, Nell se puso a gritar.

Aldred se desplomó en el suelo a sus pies y Nell se arrodilló junto a él, rasgándose el velo. El cuello de Aldred estaba cubierto de sangre y ella trató con empeño de contener la hemorragia. Pero estaba obrando instintivamente, porque nada de esto le parecía real, ni el muchacho que se quejaba ni la pelea que estaba ahora teniendo lugar a poca distancia de los dos. Lucas había logrado acercarse al lugar del suceso, y había llegado a agarrar las riendas del caballo del Flamenco. Pero Gilbert empezó a dar tremendas patadas en la cabeza del justicia. Lucas se echó a un lado y la bota le dio en el hombro, con tanta fuerza que le arrojó lejos tambaleándose. Clavando sus espuelas en los flancos de su montura, Gilbert dirigió el caballo hacia el bosque lejano.

Lo único que Nell podía hacer era mirar. Jonás estaba todavía a cierta distancia, pero Justino se encontraba encima de ellos. Cuando vio al Flamenco arrojar violentamente a Lucas, giró y silbó con fuerza. Copper levantó la cabeza y se lanzó a galope tendido, con las riendas colgando. Nell se habría maravillado al ver a un caballo mejor entrenado que la mayoría de los perros, pero ahora sólo podía pensar en Aldred, aterrada de que se desangrara en su regazo.

Pero para su gran sorpresa, pronto intentó sentarse. A pesar de la mucha sangre que había perdido, la herida no era mortal; la navaja del Flamenco afortunadamente no había cortado venas ni arterias. A Lucas le había dejado medio muerto, pero se levantó tambaleándose, profirió procaces juramentos y se dio la vuelta para coger su propio caballo, en el momento en que Justino pasaba a toda velocidad por donde estaban ellos. Los veloces cascos de Copper revolvían la tierra convirtiéndola en un chaparrón de barro.

– ¡Oh, no, Dios mío! -gritó Nell, horrorizada, al darse cuenta de que el Flamenco volvía a escaparse. Justino lo estaba persiguiendo, pero el caballo de Gilbert llevaba ventaja. En cuanto a los otros, no formaban ya parte del juego: Lucas a punto de montar en su semental, Jonás a pie y echando maldiciones. El caballo que estaba más cerca pertenecía al espectador que estaba boquiabierto. Corriendo hacia él, Jonás empujó a un lado al hombre, que no salía de su asombro, y cogió las riendas. Pero Nell sabía que era demasiado tarde. Una vez más Gilbert el Flamenco se escapaba, y quedaba libre para seguir matando y hasta para encontrarla a ella y vengarse del ardid a que le había sometido.

– ¡Se escapa! -gritó, y sus palabras se convirtieron en sollozos.

Aldred se sujetó el ensangrentado velo de Nell contra la herida de su cuello y se levantó tambaleándose.

– No, no se escapa. Justino me dijo que cortara los nudos de la cincha de la silla de su caballo -jadeó Aldred.

Nell le miró fijamente y se volvió después a contemplar el espectáculo de la persecución. Todo seguía igual. Justino había reducido la distancia que le llevaba Gilbert, aunque no lo suficiente. Pero repentinamente la situación cambió. El caballo zaino parecía estar acortando el paso y en un momento de desesperación Gilbert lo agarró por la crin, haciendo un esfuerzo sobrehumano para mantener el equilibrio cuando la silla empezó a resbalar. Un momento después, el caballo castaño lo había adelantado. Sacando los pies de los estribos, Justino se arrojó sobre el hombre y los dos cayeron pesadamente al suelo. Aldred gritó y echó a correr con paso vacilante hacia ellos. Nell se levantó las faldas e hizo lo mismo.

Se dio cuenta de que Justino tenía problemas porque su largo hábito de monje obstaculizaba sus movimientos y no podía coger las armas. Estaban ambos rodando por el suelo en lo que parecía ser una batalla desesperada de supervivencia, mucho más violenta y salvaje que ninguna otra pelea de taberna que ella hubiera visto jamás. El Flamenco logró soltarse e incluso se sonrió, con la mueca fiera y amenazadora de un hombre que no tiene nada que perder. Al ver la daga en su puño, Nell habría vuelto a gritar pero había perdido la voz. Justino esquivó la primera puñalada, pero la segunda le rasgó la manga y el Flamenco se acercó más.

Pero para entonces ya había llegado Lucas. Saltó del caballo antes de que el animal se hubiera parado del todo, rodeó al forajido, lo echó hacia atrás y los tres hombres rodaban ahora por el suelo. Pero Gilbert continuó resistiendo como una fiera, con tal rabia, con tal frenesí, que tuvieron dificultad en contenerlo, porque trataban de mantenerlo vivo y él lo único que quería era matar. La lucha no terminó hasta que Jonás llegó galopando sobre el caballo del que se había apropiado. A diferencia de Justino y Lucas, desmontó sin prisa, caminó hacia los hombres que luchaban en el suelo y le dio al Flamenco una patada en el rostro. A éste le fallaron las fuerzas y pareció haber perdido el conocimiento. Por fin todo había concluido.

Aldred le pareció a Nell extraordinariamente animoso, teniendo en cuenta que casi le habían degollado. Pero al verle ir en pos de Jonás como un cachorro deseoso de agradar, comprendió el porqué. No sólo se había rehabilitado de su anterior metedura de pata, sino que iba a tener una cicatriz de la que valdría la pena vanagloriarse, prueba espeluznante de su heroico enfrentamiento con el criminal. En lo que de ella dependiera, su dinero no tendría que gastarlo en la taberna, porque el muchacho se había ganado al menos un mes de bebidas gratis.

Lucas y Justino estaban aún tirados en el suelo, con la respiración entrecortada, tratando de inhalar el aire con la misma avidez con que inhalaban la cerveza que estaban compartiendo de la cantimplora de cuero de Lucas. Tumbada junto a ellos, sin importarle el barro que cubría el suelo, Nell gesticulaba sin emitir un gemido y Justino le pasaba la cantimplora. Sabía, pero nunca lo reconocería, que ambos hombres yacían traumatizados por aquel encuentro brutal y fatídico. No dudaba que pronto bromearían acerca de él. Pero todavía no.

Jonás había mandado a alguien a buscar una soga y con ella ataba las manos y los pies del bandido. Gilbert no se movía y Nell se preguntaba si estaría muerto. Con una crueldad que la dejó a ella misma sorprendida, deseó fervientemente que así fuera. Hubo hombres que lograron escaparse de la horca, pero ni un engendro del demonio podía engañar a la Muerte. Cuando le pasó la cantimplora a Justino, le sorprendió ver que habían atraído un gran número de curiosos. A su derecha vislumbró una nota de color, del mismo tono azul que el manto de Nora. Pero cuando volvió a mirar había desaparecido.

Rebosante de justificada indignación, el espectador venía corriendo en dirección a ellos.

– ¡Ese es mi caballo!

Jonás no le hizo caso hasta que completó su misión. Dándole un último apretón a la soga del Flamenco, se quedó mirando al hombre.

– En ese caso, lo mejor que puedes hacer es ir a buscarlo.

El rostro del hombre adquirió un color granate; hasta los lóbulos de sus orejas se oscurecieron. Farfulló, pero las palabras parecían quedarse trabadas en su garganta. Dándose la vuelta, caminó con dificultad en persecución de su caballo, que galopaba ahora sin dirección por el extremo del campo.

1 ... 62 63 64 65 66 67 68 69 70 ... 82
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)